miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ahora hay que reconstruir la Argentina

Por Roberto Cachanosky (*)

Se frenó el proyecto de chavización. Ahora hay que reconstruir la Argentina
A lo largo de la campaña electoral, en dos oportunidades me consultaron si acompañaba con mi firma el apoyo a Macri y acepté sin problema. No tengo nada que esconder al respecto. Acompañar y apoyar a un candidato no significa dar un cheque en blanco. Ni a Macri ni a nadie. Y no porque sea Macri, sino porque no corresponde. Ya tuvimos esta triste y larga experiencia como para insistir con esto de la democracia delegativa, es decir votar y luego desentenderse de lo que hagan los gobernantes hasta la próximo elección.
Incluso brindé mi apoyo público a pesar de no coincidir con todas las propuestas que formula Cambiemos, pero ese espacio sí cumplía con una serie de condiciones básicas para recibir ese apoyo que era la prioridad de terminar con el intento de chavización que buscaba el kirchnerismo. Ese objetivo se logró. Primero había que recuperar el concepto de república y limitar el abuso del poder del estado.
Ahora viene la etapa de reconstruir la Argentina, y en ese punto estaré apoyando desde dónde sea, con una crítica sana tratando de aportar ideas. Seguramente cambiaré el tono. Fueron demasiados años de agresión, atropello y violencia verbal del kirchnerismo. Viene la etapa en que, llegado el caso, se puede disentir amablemente. Plantear puntos de vista diferentes sin por eso descalificar al otro.
Lo que deja el kirchnerismo es tierra arrasada, en lo económico y en los valores que imperan en la sociedad, pero sobre todo deja 12 años de abuso del poder y escándalos de corrupción.
¿Cómo creo que debería encararse el inicio del nuevo gobierno? En primer lugar, considero que debería llamarse a una auditoría internacional para que la gente conozca lo que deja el kirchnerismo en materia económica, institucional y de corrupción. Es como cuando uno compra una empresa. Antes hace una auditoría para ver que no haya pasivos ocultos y que lo que se muestra en el balance es cierto.
O, para ser más drásticos, cuando Eisenhower descubrió los campos de concentración que habían levantado los nazis, hizo que la gente de las ciudades y pueblos cercanos fueran a ver lo que habían encontrado e hizo filmar todo. Había que mostrarle al mundo lo que había hecho el nazismo con los judíos, los católicos, los que pensaban diferente o todo  aquél que osaba disentir con el régimen. Acá hay que hacer algo parecido. Hay que mostrarle a la población y al mundo qué deja el kirchnerismo. Y esto no es una cuestión para que Cambiemos se cubra hacia el futuro. Es un derecho de la gente a conocer qué dejaron porque, si de algo se ha caracterizado el kirchnerismo, fue por esconder y distorsionar deliberadamente la información para que la gente no supiera la verdad. Es un derecho republicano que la gente conozca la verdadera herencia que deja el kirchnerismo. Por supuesto, luego habrá que dejar que la justicia sancione severamente los casos de corrupción y de abuso de poder de todos estos años. Esa va sería una señal muy categórica para mostrar que en Argentina comienza una nueva etapa en la cual quien quiera invertir y trabajar no será víctima de la corrupción y el abuso de poder porque son sancionados por la justicia.
En lo económico, hay que empalmar dos planes en uno. Por un lado, el plan para apagar  el incendio que deja el kirchnerismo. El flanco fiscal es el más delicado junto con el sector externo. El gasto público en niveles récord aún con una presión tributaria asfixiante tiene como saldo un déficit fiscal muy importante. Eso obliga a emitir moneda para financiar el déficit fiscal, emisión monetaria que genera inflación e impide la estabilidad cambiaria. Por el lado del sector externo, haber retrasado artificialmente el tipo de cambio implica que, al liberarse lo que hoy se conoce como dólar oficial, se ubique por encima del actual. La razón es muy sencilla, ningún gobierno le pone un precio máximo al tipo de cambio por debajo del nivel al que opera el mercado. Si el mercado opera a $ 15, poner un tipo de cambio máximo a $ 18 no tiene ningún sentido. Por eso, sin necesidad de decir cuál debe ser el tipo de cambio sabemos de antemano que $ 9,50 es un tipo de cambio artificialmente bajo.
El segundo aspecto del plan económico es sentar las bases para el crecimiento de largo plazo. Torcer tantos años de populismo que llegó a su máxima expresión con el kirchnerismo es, tal vez, una tarea más de docencia. Explicarle a la gente que para poder consumir primero hay que producir. Que los puestos de trabajo no los crea el estado sino que los generan las inversiones. Que el crédito no se imprime en billetes emitidos por el BCRA, sino que se genera a través del ahorro. Que el llamado estado de bienestar tiene como contrapartida una carga tributaria que espanta las inversiones y deja a la gente sin trabajo. Hay muchas ideas erradas que cambiar. Creo, sinceramente, que también es parte de la dirigencia política hacer docencia. No es solo cuestión de conseguir votos, sino de transmitir valores.
Seguramente hasta el 10 de diciembre el kircherismo hará todas las maldades posibles para complicarle la vida al próximo gobierno. Pero que quede claro, no le complicará la vida al próximo gobierno, se la complicará a todos los argentinos.
En mi opinión, para no volver a padecer este populismo totalitario, que no solo destruyó la economía argentina sino que también intentó establecer una dictadura al estilo chavista persiguiendo a los que pensábamos diferente, es fundamental no ser tibios y establecer una economía en la cual el estado se limite a defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Tener una economía con disciplina fiscal y monetaria para evitar la inflación y la  carga impositiva que ahoga la actividad privada. Tener una economía integrada al mundo para generar más puestos de trabajo vía el comercio internacional. Respetar la propiedad privada para atraer inversiones que creen más puestos de trabajo y mejor remunerados por  aumento de la productividad. En fin, no hay ningún secreto para transformar a la Argentina de un país decadente en un país próspero. Solo hay que lograr que el estado no moleste a la actividad privada y permitir que la gente libere su capacidad de innovación.
La riqueza la creará la gente y el estado velará para que esa riqueza que se genera no sea saqueada ni por el mismo estado ni por un particular. No es tan difícil de soñar un país mejor si se siguen estas  reglas básicas. Pero ojo, para reconstruir la Argentina hay que dejar en claro que nadie puede pasar por el gobierno y manejarse con impunidad usando los resortes del estado en beneficio propio y para perseguir a quienes piensan diferente. No es revancha lo que se pide, sino, simplemente, dejar en claro que ya no será gratis llegar con el voto para luego intentar establecer una dictadura.
(*) Roberto Cachanosky. Economista. Director de Economía para todos. Artículo publicado el 23 de Noviembre de 2015

¿Qué es el peronismo? Es un mandato

Por Raul Acosta (*)

"…rompa el candado o la tranquera o corte el alambrado y pase, para cumplir con la Patria! …". El discurso de cierre de la campaña de febrero de 1946, primera elección que ganó el peronismo, definiendo el país que hoy somos, fue lo suficientemente clara como para que la sola repetición del texto defina hombre y circunstancia.
 
El párrafo completo del discurso del 22 de febrero, discurso de cierre de campaña es, si cabe, más rotundo: "No concurra a ninguna fiesta a que lo inviten los patrones el día 23. Quédese en casa y el 24 bien temprano tome las medidas para llegar a la mesa en la que ha de votar. Si el patrón de la estancia -como han prometido algunos- cierra la tranquera con candado, rompa el candado o la tranquera o corte el alambrado y pase para cumplir con la Patria! Si el patrón lo lleva a votar acepte y luego haga su voluntad en el cuarto oscuro…".
 
El peronismo trajo un mandato claro, también equívoco. Claro en cuanto a que el voto es necesario. El peronismo no aceptó, en ningún caso, el poder sin el voto. Equívoco porque, también en ningún caso, el peronismo entendió la democracia liberal y parlamentaria. Votamos para mandar. Ese fue el mensaje, ese fue el mandato. Era un militar quien daba la orden. Pedía el voto para mandar y en el Ejército las órdenes se cumplen.
 
¿Que es el mandato? Es el precepto u orden que un superior da a sus súbditos. Se trata de una disposición, una resolución o una pauta que, quien se sitúa en la parte superior de una jerarquía, indica a quienes se ubican por debajo. La definición que brinda el ciberespacio define ampliamente lo que sucede en el seno del peronismo.
 
¿Que es una orden? Se le llama orden a la ejecución de las acciones bajo una forma coordinada. No alcanza. Hay una definición anterior.
 
Orden, del latín ordo, es la colocación de las cosas en su lugar correspondiente. El término también se utiliza para nombrar a la buena disposición de las cosas entre sí.
 
En esta búsqueda de un significante que resuma al peronismo, un faro, el mandato y la orden son básicos. El peronismo es un mandato, es una orden, es un destino pasional.
 
Es tan trivial este ejemplo que se entenderá fácilmente. "Mi viejo fue colonista, yo soy colonista, mis hijos serán colonistas…". Ese mandato sobre un afecto (el fútbol) es similar al que resuelve cuestiones socio / económico/ políticas. No se es "peronista" de un modo diferente al pasional. Los cariños filiales, los deportivos y los políticos son, en quienes funcionan basalmente, cuestiones tan dogmáticas como inexplicables. El dogma es sólo cuestión de acatamiento, no soporta, sin resquebrajarse, el análisis racional. El peronismo tiende a refugiarse en el mismo nicho.
 
Todas las veces que se pide una definición: "¿Qué es el peronismo?", quien la requiere está reclamándola desde un sitio. Cualquier respuesta, si no refiere al mismo sitio jurídico, sociológico, arquelógico, entomológico, teleológico, desde donde se la requiere, aumenta la confusión.
 
El peronismo partió, comenzó con un sujeto que advirtió desajustes sociales manifiestos en Argentina, básicamente entre capital y trabajo. Que tuvo permiso del poder político/militar para ensayar reformas. Que apareció en un contexto regional y mundial específico.
 
Quitar el contexto al origen del peronismo es traicionar el análisis o la identificación.
 
El peronismo, desde el culto a la personalidad de su fundador, no planteó la democracia liberal y/o parlamentaria sino un acatamiento irrestricto a leyes que, además, se permitió modificar.
"(...) ¿Que es el peronismo? Es la dura porfía de llegar otra vez al poder, donde se generó. Un huérfano errante que marcha hacia donde su genética le indica que es su hogar, su dulce hogar."
 
El peronismo nace desde el reconocimiento de un desequilibrio al que resignifca como "justicia social" en curso.
 
El peronismo pide que lo voten para cumplir, dado el mandato, con las órdenes que posee, que conoce, que fueron aceptadas antes de entregar el voto.
 
El peronismo define al voto como la orden para actuar y las órdenes, quedó dicho, no se discuten.
 
El balcón de la Casa Rosada, el "ágora peronista", es lo que se advierte. Democracia directa de quien manda con quienes van a apoyarlo. ¿No se entiende? Una democracia directa que es pregunta, respuesta y mandato o delegación de poder al infinito.
 
El peronismo interpreta, sin debates ni reformulaciones, un mandato popular que habilita ejecuciones sumarias sobre cualquier tema. El supremo interés del pueblo lo ampara. También un voto al que seduce, trafica, reinterpreta.
 
Preso de ese requisito (el voto) se entiende que lo busque de todos los modos que le permitan. El peronismo, desde su origen, precisó el voto. Sus seudopodios violentos (como montoneros) advirtieron que esa barrera, infranqueable, limitaba excesos "revolucionarios" (se debe votar periódicamente, las revoluciones no admiten el sufragio universal).
 
Extraña certificación de la sociedad argentina. Un neo seudopodio del '70 alcanza el poder mediante el sufragio universal y las raras circunstancias del 2003 (anomia y desamparo político económico). Por el voto triunfan aquellas fracciones que desconfiaban del voto. En el 2015 la confirmación, tenían razón en desconfiar del voto.
 
¿Que es el peronismo? Es la dura porfía de llegar otra vez al poder, donde se generó. Un huérfano errante que marcha hacia donde su genética le indica que es su hogar, su dulce hogar.

(*) Raúl Acosta. Periodista y analista político. Artículo publicado en Rosario para Urgente24, el 25 de Noviembre de 2015

Una caricatura de transición democrática

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
Hace pocos días escribí una columna en la que más o menos decía “… el gobierno en sus formas –como intermediario entre el Estado y los ciudadanos, lo que modela la democracia– ha ejercido esa intermediación imponiendo una forma u otra, en mayor o menor medida, la oposición de unos contra otros, tanto como que la violencia, la agresión, o la descalificación sean moneda corriente,… (…)… El gobierno ha perseguido desde los medios adictos o afines, los oficiales, hasta el atril de la Casa de Gobierno, o las cadenas nacionales, todas las formas posibles de agresión y descalificación a todo aquel que no se aviniera a sus deseos, a todo aquel que apenas pusiera en duda sus decisiones o sus “verdades”,.. (…)… el gobierno ha sacado su propio provecho de dividir la sociedad,..”
Hoy estamos –por lo menos eso creía– ante una nueva alternativa. Una nueva fuerza política irrumpió con fuerza y en pocos años (desde 2003) en el escenario político nacional. Y ganó las elecciones presidenciales limpia y legítimamente hace pocos días.
Un nuevo Presidente nos inspiró esperanzas a quienes no compartíamos las ideas o los procederes del gobierno que termina el 10 de Diciembre próximo. Tres fueron las ideas fuerza que nos repitió hasta el cansancio: lograr pobreza “cero”; una lucha frontal al narcotráfico y unir a los argentinos.
Los de un lado pensamos que seguramente era necesario mucho más que eso ante una situación de crisis, que preferimos dejar de lado porque con esa base seguramente sería posible avanzar luego en otras cuestiones también graves que nos aquejan, en particular las económicas.
Los del otro lado también aceptaron que el enfrentamiento y la grieta no habían sido positivas para el país y recriminaciones más, recriminaciones menos, todos aceptamos bajar los decibeles para encontrar caminos de encuentro. 
Con la paciencia, perseverancia e inteligencia de un artesano Mauricio Macri está construyendo su gabinete, cada nombre que surge nos supone esperanzas de avanzar hacia un mejor porvenir: convertirnos en un país normal!
La Sra. Presidente Cristina Fernández acordó con el Presidente electo para hoy a las 19hs una reunión en Olivos. Mauricio Macri adelantó por los medios algunas cuestiones puntuales que le plantearía a la saliente mandataria (probablemente un error de estrategia al adelantarle sus requerimientos) y en particular la idea de lograr una transición ordenada. Esto es lo que debiera suceder en cualquier país normal y que se conviene.
Sin embargo CFK ninguneó a Mauricio Macri, el nuevo Presidente legítimamente electo que como debe suceder cree adecuado saber de las condiciones en las que encontrará cada repartición pública de las que deberá hacerse cargo, a pocos días de su asunción.
La Sra. Presidente, envuelta en su habitual soberbia, se negó a facilitar una transición ordenada! Sus actitudes ya son moneda corriente y no debieran asombrarnos. Pero este es un momento especial. Uno puede tolerar que se desborde al hablar desde un atril y desmerezca a quien se le ocurra, tergiverse la historia a su gusto e interés, dispare cifras locas de su gestión,..etc. aunque no debiera ser así.
Pero esta situación es diferente. El traspaso de gobierno debiera ser un proceso que revistiera total normalidad en el que se va informa, describe, etc. las condiciones y particularidades en las que deja su repartición, a quien llega a hacerse cargo. Más aún incluso esta agenda debiera incluir las cuestiones pendientes, así como las financieras.
¿Qué otra forma existe de que conozcan con que se encontrarán cuando asuman el 10 de Diciembre? La democracia –su respeto– exige un traspaso ordenado y respetuoso.
Pero el despotismo y la soberbia que caracterizan a Cristina Fernández, nos despoja de toda ilusión de superar las diferencias! Porque fueron  los K quienes generaron lo que denominamos “la grieta”,...
Con ella dividieron la sociedad y también hicieron un gran negocio con ello! Muchos –de ambos lados– pensamos que esta situación ahora podría superase,.. Que la grieta sería pronto una cuestión del pasado y pronto olvidada.
Hasta Mauricio Macri propuso la unión de los argentinos, que seguramente es el deseo de todos, hartos ya de vivir en la confrontación. Pero nuestros deseos no tuvieron en cuenta que la división fue orquestada desde "arriba" y la sociedad la compró.
¿Cómo puede asombrarnos que la grieta exista si fue incitada desde el vértice del poder?,..y fue seguida al pie de la letra por los fanatizados seguidores y reproducida como contra parte defensiva por sus opuestos!
Así llegamos a las más graves descalificaciones, oposiciones sin argumentos y rótulos agraviantes, como parodia de un divorcio traumático!
Revertir esta situación puede llevar años y se necesitan muchos esfuerzos para lograrlo.
Federico Andahazi lo graficó muy bien en un programa televisivo: “…dijo hay dos caminos para superar la grieta: uno (el más difícil) es acercarme, superar todo –incluso el amor propio– y abrazar a mi contrincante,.. el otro (mucho más fácil) es no hacer nada,..”
Me pregunté al verlo cual sería el camino que yo personalmente elegiría,… y cuál es el camino que elegirían mis compatriotas. La respuesta no es fácil, pero todos estábamos en buscar el mejor camino para lograrlo,.. muy a pesar que las diferencias subsistan y es lógico que así sea,.. es más: es importante que así sea porque de esas diferencias surgen ideas mejores y ofrecen tanto oportunidades como opciones para que cada uno de nosotros elija libremente y según su voluntad su propio camino de vida.
Por el contrario la actitud de la Sra. Cristina Fernández  en un encuentro que debió encauzarse por ese rumbo y aún acordado, no permitió avanzar con la altura que el momento necesita. Con poco –pero que simbólicamente es mucho- ella pudo profundizar las diferencias, sin acordar una transición ordenada, como la democracia exige. Y ni siquiera brindó alternativas a M. Macri que simplemente dijo: “..la reunión no sirvió para nada,..”
¿La sociedad quiere superar este ciclo de confrontación estéril? Creo que sí pero que aún su deseo le será muy difícil mientras el poder –en este caso CFK– continúe con sus actitudes antidemocráticas, autoritarias y despreciativas, como las que tuvo con el nuevo Presidente y que dan cuenta de que tipo de persona ha sido siempre y es hoy!
Ella desde su vano poder continúa alimentando tormentas,...y cosechará tempestades! Pero es la sociedad la que por este camino no podrá encontrar su rumbo y ningún punto de cohesión! La grieta persistirá -generada en esta última década- aunque la hemos sufrido antes con graves enfrentamientos y con esfuerzo y mayor cultura democrática la pudimos superar y aún las diferencias pudimos mirarnos sin violencias, ni odios! Ahora ha vuelto de la mano de un poder autocrático que se regodea en su uso para su propio provecho, aunque en el medio quede atrapada, como otrora, la sociedad!

Buenos Aires, 25 de Noviembre de 2015
(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS

lunes, 23 de noviembre de 2015

No fue Magia: Mauricio Macri Presidente

Por Gabriela Pousa (*)

Tantas y tan pocas palabras para un cambio tan crucial como decisivo. Aunque nada ha variado todavía, hoy nada es lo mismo. Se ha votado: Mauricio Macri es el próximo jefe de Estado. La apertura de urnas cierra una etapa que debería dejar tantas enseñanzas como amarguras. 
El escenario político admite una lectura fáctica que habla de un estado crítico en lo sucesivo, y al unísono muestra un país decididamente distinto. El  hartazgo le ganó al hastío. Y es que el cambio no es político, el cambio es social: ese dato es lo que torna optimista el panorama y hace que la perspectiva se contraponga a lo que hay. 
El verdadero fenómeno a considerar es la opción de la sociedad por el futuro aún en detrimento de lo coyuntural. Sumida en un cortoplacismo asfixiante, la gente eligió ir más allá. Ahora está en juego su tolerancia, ahora deberá demostrar, amén de comprar Cambiemos, que se entendió el por qué de la conjugación del verbo. 
No será solo el Presidente electo ni su equipo de gobierno el artífice del cambioEl plural no es antojadizo ni casual: los individualismos nos trajeron hasta acá. A la Argentina grande se llega con unión y paciencia. Si alguien cree que el cambio es el resultado de la elección, perdió. No podemos ser como Ícaro desperdiciando la posibilidad de volar por querer hacerlo más alto. Las diferencias en un ballottage nunca fueron siderales.
El escrutinio es el primer paso de un camino largo, ondulante, impreciso. La decisión de comenzar a desandarlo y el final de la inacción es lo que se festeja hoy. Histórica no es la elección, histórico es el compromiso, el deseo de otra cosa, y la capacidad de asumir que no se quiere más de lo mismo. Se ha dejado de lado el miedo, el conformismo, el “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y esa liberación de mitos y dogmas obsoletos nos sitúan frente a la posibilidad de construir un país serio. Es un proceso, una construcción. Nadie amaneció tras comprar el terreno, con el edificio hecho. 
Mauricio Macri es el Presidente electo es cierto, pero hoy se parece más a uno de los miembros del grupo Halcón entrando en la bóveda del Banco Río, sucursal San Isidro, el 13 de enero del 2006. Una vez abiertas las puertas del Banco Central apenas si hallará una nota similar a la que dejaron los boqueteros tras el fatídico ‘robo del siglo’: “En barrio de ricachones sin armas ni rencores. Es sólo plata, no amores“. 
Bien podría ser ese el texto que reciba a los funcionarios de Cambiemos cuando ingresen a la entidad bancaria o a la mismísima Casa Rosada. Esa es la única tristeza que subyace en medio de la algarabía por el final del kirchnerismo, la misma que se experimentó al hallar vivos a los rehenes cuando los delincuentes huyeron. La banda se desarma aunque falte todavía el final feliz de la película: que la impunidad no tenga garantía. 

La sociedad ha optado por la mesura, por el riesgo vital de lo nuevo que implica dejar atrás la falsa paz de los cementerios. Es posible que, por vez primera, no haya sido el bolsillo el órgano más sensible de los argentinos. Esa sería una cabal señal de inteligencia y de moral. El número de fiscales voluntarios en el comicio es también un dato de singular trascendencia a la hora de analizar lo que se ha vivido en esta fecha. 
El compromiso social es lo que ha de legitimar a Mauricio Macri de aquí  en más. Si bien la elección se ganaba con un voto más que el otro, la diferencia marca el límite de acción que tendrá en lo sucesivo el Presidente de los argentinos.  Macri empieza ‘empoderado’, con un buen cheque pero no en blanco. 
Tiene el poder de una mayoría, la sociedad dividida, y la audacia de haber convertido un partido que el kirchnerismo llamaba “vecinal” en una alianza nacional. Tendrá que sumar consenso en sectores relegados hace años. La ciudadanía tendrá que defender su voto más allá de las urnas para demostrar la continuidad democrática. De otro modo, el cambio habrá sido una mera ilusión óptica, la ficción de un tramo. 
De ahora en más, Cambiemos se tiene que transformar en “Cambiando” para aseverar sin refutaciones luego, que cambiamos. Discernir entre lo urgente, lo importante, lo imprescindible y lo necesario es el próximo paso. Macri debe darlo. El titular del PRO experimentó en carne propia la advertencia de Oscar Wilde: “Hay que tener cuidado con lo que se desea. Uno puede llegar a conseguirlo”.  Ahora, a cambiar este incordio por normalidad. 
Es el fin de un ciclo que duró demasiado. El kirchnerismo será lo que el menemismo es. Con el resultado alcanzado se le ha dicho basta a la barbarie, a las ínfulas de grandeza, a la mentira sistemática, a la crispación crónica, a la fractura social. Basta a las amenazas, a la prepotencia, a las siete plagas, al barrilete cósmico. 
Basta al llanto, a la lástima, a lo auto-referencial. Basta al “vamos por todo, a la corrupción, al robo, al fin que justifica los medios, a la guerra como concepción política, al abuso de poder, a tomarnos por tontos, y sobre todo a ser tontos porque nos conviene, porque es más cómodo. El falso confort tiene costo. 
Se está dando la bienvenida no a un predestinado capaz de transformar el barro en oro sino simplemente, a un administrador, un DT que conduzca este equipo y al cual se le dé continuidad según el resultado obtenido. Los “ismos” no han sido eficientes en Argentina, que no sea esta pues una apuesta al macrismo sino a los argentinos. 
“La pesada herencia” no es gratuita, recibirla corrobora hasta qué punto nos involucra su historia. El problema de acá en más no es de Macri, ni es del PRO, ni de Elisa Carrió o de Ernesto Sanz. El problema lamentablemente es un bien ganancial y solo lo redime la certera decisión de separarnos. El divorcio puede ser exprés pero la división de bienes recién está comenzando y va para largo.
Al final, Cristina solo se eterniza en el fracaso. Ha llevado al precipicio al peronismo y lo ha empujado. El hito es demasiado vasto  para analizarlo minutos después de cerrado el comicio. Queda un escenario de derrota y reestructuración para el peronismo, queda un Congreso sesionando hasta el último día de la dama en Olivos, queda una alianza que definirá  cargos, queda la transición, quedan los militantes rentados solapados. El teatro ya no tiene espacio para tanto show.
Mauricio Macri acaba de terminar su discurso tras la elección. Ni una agresión, eso explica tambié por qué es el Presidente electo de la Nación. El día se cierra, también estas líneas. Mientras, se escucha el ruido de rotas cadenas: ¡Oh juremos con gloria morir vivir!
Enhorabuena. 

(*) Gabriela Pousa. Licenciada en medios de comunicación. Magister en economía y Ciencia Política. Directora de Perspectivas Políticas. Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2015


Ahora hay que reconstruir la Argentina

Por Roberto Cachanosky (*)

Se frenó el proyecto de chavización. Ahora hay que reconstruir la Argentina
A lo largo de la campaña electoral, en dos oportunidades me consultaron si acompañaba con mi firma el apoyo a Macri y acepté sin problema. No tengo nada que esconder al respecto. Acompañar y apoyar a un candidato no significa dar un cheque en blanco. Ni a Macri ni a nadie. Y no porque sea Macri, sino porque no corresponde. Ya tuvimos esta triste y larga experiencia como para insistir con esto de la democracia delegativa, es decir votar y luego desentenderse de lo que hagan los gobernantes hasta la próximo elección.
Incluso brindé mi apoyo público a pesar de no coincidir con todas las propuestas que formula Cambiemos, pero ese espacio sí cumplía con una serie de condiciones básicas para recibir ese apoyo que era la prioridad de terminar con el intento de chavización que buscaba el kirchnerismo. Ese objetivo se logró. Primero había que recuperar el concepto de república y limitar el abuso del poder del estado.
Ahora viene la etapa de reconstruir la Argentina, y en ese punto estaré apoyando desde dónde sea, con una crítica sana tratando de aportar ideas. Seguramente cambiaré el tono. Fueron demasiados años de agresión, atropello y violencia verbal del kirchnerismo. Viene la etapa en que, llegado el caso, se puede disentir amablemente. Plantear puntos de vista diferentes sin por eso descalificar al otro.
Lo que deja el kirchnerismo es tierra arrasada, en lo económico y en los valores que imperan en la sociedad, pero sobre todo deja 12 años de abuso del poder y escándalos de corrupción.
¿Cómo creo que debería encararse el inicio del nuevo gobierno? En primer lugar, considero que debería llamarse a una auditoría internacional para que la gente conozca lo que deja el kirchnerismo en materia económica, institucional y de corrupción. Es como cuando uno compra una empresa. Antes hace una auditoría para ver que no haya pasivos ocultos y que lo que se muestra en el balance es cierto.
O, para ser más drásticos, cuando Eisenhower descubrió los campos de concentración que habían levantado los nazis, hizo que la gente de las ciudades y pueblos cercanos fueran a ver lo que habían encontrado e hizo filmar todo. Había que mostrarle al mundo lo que había hecho el nazismo con los judíos, los católicos, los que pensaban diferente o todo  aquél que osaba disentir con el régimen. Acá hay que hacer algo parecido. Hay que mostrarle a la población y al mundo qué deja el kirchnerismo. Y esto no es una cuestión para que Cambiemos se cubra hacia el futuro. Es un derecho de la gente a conocer qué dejaron porque, si de algo se ha caracterizado el kirchnerismo, fue por esconder y distorsionar deliberadamente la información para que la gente no supiera la verdad. Es un derecho republicano que la gente conozca la verdadera herencia que deja el kirchnerismo. Por supuesto, luego habrá que dejar que la justicia sancione severamente los casos de corrupción y de abuso de poder de todos estos años. Esa va sería una señal muy categórica para mostrar que en Argentina comienza una nueva etapa en la cual quien quiera invertir y trabajar no será víctima de la corrupción y el abuso de poder porque son sancionados por la justicia.
En lo económico, hay que empalmar dos planes en uno. Por un lado, el plan para apagar  el incendio que deja el kirchnerismo. El flanco fiscal es el más delicado junto con el sector externo. El gasto público en niveles récord aún con una presión tributaria asfixiante tiene como saldo un déficit fiscal muy importante. Eso obliga a emitir moneda para financiar el déficit fiscal, emisión monetaria que genera inflación e impide la estabilidad cambiaria. Por el lado del sector externo, haber retrasado artificialmente el tipo de cambio implica que, al liberarse lo que hoy se conoce como dólar oficial, se ubique por encima del actual. La razón es muy sencilla, ningún gobierno le pone un precio máximo al tipo de cambio por debajo del nivel al que opera el mercado. Si el mercado opera a $ 15, poner un tipo de cambio máximo a $ 18 no tiene ningún sentido. Por eso, sin necesidad de decir cuál debe ser el tipo de cambio sabemos de antemano que $ 9,50 es un tipo de cambio artificialmente bajo.
El segundo aspecto del plan económico es sentar las bases para el crecimiento de largo plazo. Torcer tantos años de populismo que llegó a su máxima expresión con el kirchnerismo es, tal vez, una tarea más de docencia. Explicarle a la gente que para poder consumir primero hay que producir. Que los puestos de trabajo no los crea el estado sino que los generan las inversiones. Que el crédito no se imprime en billetes emitidos por el BCRA, sino que se genera a través del ahorro. Que el llamado estado de bienestar tiene como contrapartida una carga tributaria que espanta las inversiones y deja a la gente sin trabajo. Hay muchas ideas erradas que cambiar. Creo, sinceramente, que también es parte de la dirigencia política hacer docencia. No es solo cuestión de conseguir votos, sino de transmitir valores.
Seguramente hasta el 10 de diciembre el kircherismo hará todas las maldades posibles para complicarle la vida al próximo gobierno. Pero que quede claro, no le complicará la vida al próximo gobierno, se la complicará a todos los argentinos.
En mi opinión, para no volver a padecer este populismo totalitario, que no solo destruyó la economía argentina sino que también intentó establecer una dictadura al estilo chavista persiguiendo a los que pensábamos diferente, es fundamental no ser tibios y establecer una economía en la cual el estado se limite a defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Tener una economía con disciplina fiscal y monetaria para evitar la inflación y la  carga impositiva que ahoga la actividad privada. Tener una economía integrada al mundo para generar más puestos de trabajo vía el comercio internacional. Respetar la propiedad privada para atraer inversiones que creen más puestos de trabajo y mejor remunerados por  aumento de la productividad. En fin, no hay ningún secreto para transformar a la Argentina de un país decadente en un país próspero. Solo hay que lograr que el estado no moleste a la actividad privada y permitir que la gente libere su capacidad de innovación.
La riqueza la creará la gente y el estado velará para que esa riqueza que se genera no sea saqueada ni por el mismo estado ni por un particular. No es tan difícil de soñar un país mejor si se siguen estas  reglas básicas. Pero ojo, para reconstruir la Argentina hay que dejar en claro que nadie puede pasar por el gobierno y manejarse con impunidad usando los resortes del estado en beneficio propio y para perseguir a quienes piensan diferente. No es revancha lo que se pide, sino, simplemente, dejar en claro que ya no será gratis llegar con el voto para luego intentar establecer una dictadura.
(*) Roberto Cachanosky. Economista. Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 23 de Noviembre de 2015, en la Edición N°602

El otoño de los populismos latinoamericanos

Por Jorge Enriquez (*)

Nos resulta reconfortante la lectura de esa nota, no solo por lo que concluye, sino porque se funda en una visión que desde hace muchos años venimos exponiendo, sin la enjundia del académico de la Universidad de Bolonia pero con la certeza de que, aunque fuera muchas veces minoritaria, era la correcta.
Dice Zanatta en el primer párrafo:
“Se equivoca quien piense que América latina está a punto de pasar de una etapa política dominada por la izquierda a otra dominada por la derecha. Aun suponiendo que el eje derecha-izquierda sea útil para entender la historia política, cosa que siempre me ha parecido de un simplismo desarmante, sin duda no sirve para entender lo que está sucediendo hoy. Ese eje tiene sentido en los sistemas representativos pluralistas, donde hay un amplio consenso sobre la institucionalidad democrática y donde la derecha y la izquierda, aunque antagónicas, se reconocen legitimidad mutua”.
A cualquiera que haya escuchado o leído nuestras opiniones durante los últimos años, esas palabras le resultarán familiares. Siempre sostuvimos que los enfoques centrados en la “geografía ideológica” son muy interesantes para países como los europeos, en los que existe un amplio consenso en principios sustantivos del orden institucional, en la democracia pluralista y en el valor de la alternancia, pero resultaban erróneos en países en los que la concepción populista autoritaria pretendía asumir la totalidad de la representación política, relegando a los opositores al lugar de la “antipatria”.
Sigue diciendo Zanatta que ese eje derecha/izquierda:
“No tiene sentido, en cambio, donde impera el populismo, que por su naturaleza pretende monopolizar el espacio de la legitimidad política y, en consecuencia, absorbe en su interior las funciones que suelen desempeñar la derecha y la izquierda: en esos casos, no casualmente, suelen chocar un frente populista y uno antipopulista”.
El politólogo italiano advierte como un signo elocuente del fin del populismo en la región sudamericana el ocaso del kirchnerismo. Refiere también la difícil elección que enfrenta Maduro en Venezuela y, aunque no sea un gobierno de ese grado de autoritarismo, la complicadísima situación del gobierno de Dilma en Brasil.
La esencia del populismo es expuesta por Zanatta de un modo contundente:
“¿Qué es lo que distingue el populismo de un régimen democrático normal? Después de todo, con la excepción de Cuba, en toda América latina se celebran hoy elecciones competitivas y todas las constituciones protegen los derechos individuales, la separación de poderes, el imperio de la ley. Por lo menos de palabra. ¿Donde está el problema? Dejemos que lo explique Nicolás Maduro: “No entregaría la revolución”, dijo, asumiendo la posibilidad de una derrota electoral. Y luego: “Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar”. Traducido: si los electores no me votan, ejerceré el poder con mi gente; las normas sólo se aplican si gano. Brutal, pero claro. Hay Pueblo y pueblo”.

Eso es lo que está en juego hoy en la Argentina. Por eso nadie puede desentenderse detrás de sofisticadas posturas ideológicas. En tal sentido, el llamado de Hermes Binner a votar en blanco sugiere que el líder socialista no está honrando la rica tradición republicana de su partido.
Pero la ola de cambio nace de la sociedad y trasciende a los dirigentes. El 22 de noviembre va a quedar muy claro.
(*) Jorge Enriquez. Columnista de la Nueva Gazeta de Buenos Ayres. Artículo publicado el 21 de noviembre de 2015. En un artículo publicado recientemene en el diario La Nación, el politólogo italiano Loris Zanatta expresa ya desde el título una convicción esperanzadora: “Se desinflan los populismos en la región”.

Se emitieron $230 millones por dia

Por IDESA (*)
Para evitar una gran devaluación del dólar es crucial detener la desenfrenada emisión de pesos. Esto sólo es posible reduciendo el gasto público, donde un componente clave son los subsidios económicos. Por eso, los principales desafíos para el próximo gobierno no pasan por replantear la política cambiaria ni por desarticular el cepo sino por actualizar las tarifas de los servicios públicos y reducir el déficit de las empresas del Estado.
A medida que se aproxima el cambio de gobierno aumenta la ansiedad por dilucidar qué puede llegar a ocurrir con la cotización del dólar. Para un grupo reducido de personas se trata de un interés especulativo, en el sentido de que acertando en los pronósticos pueden obtener ganancias financieras. Pero para la mayoría el tema es relevante porque la cotización del dólar tiene alta incidencia en el resto de los precios de la economía y, por esa vía, en el bienestar de la población. Incluso, como lo demuestran experiencias pasadas, los niveles de pobreza son muy sensibles a lo que ocurra en el mercado cambiario.
El abordaje del tema en la campaña electoral es acorde a la sensibilidad que genera. Procurando generar optimismo se ilusiona con la posibilidad de una importante entrada de divisas cuando, por la reducción de las retenciones a las exportaciones y la desarticulación del cepo cambiario, los productores se decidan a liquidar sus exportaciones retenidas y la mayor confianza induzca un masivo ingreso de capitales desde exterior.
Aunque la atención está en el mercado cambiario es aconsejable mirar también la emisión monetaria. En este sentido, los datos oficiales señalan que:
  • En el año 2010 la base monetaria, es decir la cantidad de pesos emitidos por el Banco Central, ascendía a $160 mil millones.
  • A noviembre del 2015, la cantidad de pesos emitidos asciende a $570 mil millones.
  • Es decir, en los últimos 5 años se emitió a razón de $230 millones por día.
Estos datos muestran la enorme emisión de pesos que se viene haciendo en los últimos años. Para tener un punto de referencia, mientras que el PBI –es decir, la cantidad total de bienes y servicios que genera el país– creció a razón del 2,5% anual en los últimos cinco años, la expansión de pesos emitidos lo hizo a razón del 29% por año. Es decir, desde el año 2010 la cantidad de dinero emitida creció 10 veces más que la producción
Semejante exceso monetario impacta sobre todos los precios, incluido el dólar. Ante las crecientes presiones inflacionarias, el principal paliativo al que apela el gobierno son los controles cambiarios. En esta dirección, se limita la venta de dólares a ahorristas, se controlan las importaciones y se prohíbe el envío de utilidades al exterior. Las consecuencias son los procesos productivos trabados por falta de insumos y equipos importados, las reservas del Banco Central cayendo sin freno y las inversiones estancadas afectando la competitividad de toda la economía.
En la campaña electoral pululan las ambigüedades y los planteos oportunistas. Pero a partir del 10 de diciembre no hay otro camino que un cambio de estrategia. La cuestión más importante y compleja no es cómo salir del cepo sino cómo detener la desenfrenada emisión de pesos. Teniendo bajo control la expansión monetaria, la tranquilidad al mercado cambiario es una cuestión relativamente simple de resolver.
La principal fuente de emisión de dinero es el déficit fiscal. Como no hay margen para seguir aumentando los impuestos y las posibilidades de acceder a endeudamiento público es limitada, resulta ineludible bajar el gasto público. Para ello, se puede reducir el empleo público redundante, combatir la corrupción y modernizar la gestión del Estado. Pero un paso clave es reducir los subsidios económicos no estratégicos. Esto requiere regularizar las tarifas de los servicios públicos y achicar el déficit de las empresas públicas.

Prometer que no habrá devaluación ni aumento de tarifas es faltar a la verdad. Para evitar la devaluación es clave que los precios de los servicios y las empresas públicas cubran sus costos para así dejar de emitir dinero a fin de compensar la diferencia. Con profesionalismo se puede minimizar el impacto social a través de tarifas sociales focalizadas en los hogares más pobres. Por el contrario, perseverar con los subsidios económicos es prolongar el descontrol monetario lo que preludia la próxima gran devaluación.    
(*) IDESA: Informe N°626 del 15 de Noviembre de 2015


Peronismo Libre felicita a Mauridio Macri por su triunfo

Por Dina Ferraro (*)

Los argentinos tenemos un nuevo presidente que ha ganado por su propio esfuerzo en constituir un gran equipo, por lograr una buena administración en la Ciudad de Buenos Aires durante dos períodos, y por haber formado una amplia coalición política nacional con el radicalismo y otros grupos políticos. También por expresar en su política institucional, en su política económica y su política exterior lo que la línea afin del peronismo, la del Gobernador de la Sota, no llegó a expresar como alternativa electoral. Y allí estuvieron los 900.000 votos de la provincia de Córdoba que hicieron toda la diferencia, dando lo que faltaba para ganar, ese 3% de la victoria final. La afinidad implícita y la razón por la cual muchísimos peronistas en todo el país votamos a Mauricio Macri.
Como bien decía el candidato perdedor Scioli, lo que estuvo en juego en este ballotage fueron dos proyectos de país. Ganó el proyecto liberal, por el mismo motivo que el proyecto liberal ganó en los 90: el agotamiento e ineficacia de las políticas estatistas y cerradas al libre comercio en la era global. Se ganó hoy al duhaldismo y a su legado, el kirchnerismo, como se ganó otrora al alfonsinismo. Hoy los radicales parecen haber asimilado la nueva era. El peronismo, en su gran mayoría, todavía no, a juzgar por el casi empate del candidato perdedor.
Para que ese hoy 3% de diferencia crezca hasta construir una mayoría  indoblegable de ciudadanos que comprendan los alcances de un proyecto liberal, es esencial reconocer el enorme rol que cabe al peronismo en esta etapa: liderar este proyecto entre los trabajadores. Por un lado, encontrar los nuevos instrumentos de formación, empleo y protección de los trabajadores ya no a cargo del Estado sino de los sindicatos y otras organizaciones libres del pueblo. Por el otro, contribuir a insertar a los trabajadores en la economía global con una política exterior adecuada que regrese a la Argentina al mundo desarrollado en paridad con los países del G-20, grupo al cual pertenece, justamente, desde los 90 y en el cual ha hecho un lamentable papel en la última década. Este es el nuevo desafío del peronismo en alianza implícita con el nuevo presidente que lo representa mucho mejor que muchos de sus extraviados y/o travestidos dirigentes.
También el desafío de cambio para muchos argentinos que siguen dividiendo al país en categorías cerradas que pertenecen al pasado, sin descubrir que las nuevas categorías hoy son, por la fuerza, híbridos históricos destinados a resolver los nuevos problemas de la nueva era.
(*) Diana Ferraro. Escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en "Peronismo Libre" el 23 de Noviembre de 2015

jueves, 19 de noviembre de 2015

Un Consejo de la Magistratura de composición inconstitucional

Por Horacio Minotti (*)

El Consejo de la Magistratura es el órgano encargado de seleccionar las ternas de candidatos a jueces y camaristas, de sancionarlos por incumplimientos e, incluso, el primer responsable de poner a los magistrados al borde de la destitución, acusándolos ante el Jurado en Enjuiciamiento.
Su rol es institucionalmente esencial, porque regula la vida del Poder del Estado independiente de los vaivenes políticos, el Poder Judicial. La creación del Consejo ya generó sus debates cuando se realizó la reforma constitucional de 1994, en torno a la necesidad o no de la existencia de un órgano de tales características, que, a la vez, no sea propio de ninguno de los poderes del Estado constitucionalmente establecidos.
Sin embargo, la aparición del Consejo determinó el principio de la existencia de los concursos para ocupar plazas en el Poder Judicial, y la participación de un sector de los propios magistrados, los abogados y académicos en el proceso. Y en ese sentido, puede considerarse un progreso en términos de calidad institucional.
En base a esas discusiones, el constituyente decidió reglar con bastante justeza el modo en que debe componerse el Consejo. Debe haber, dice la Ley Superior, un “equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultantes de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado asimismo por otras personas del ámbito académico y científico”.
Bastante clara la norma: el órgano que selecciona, sanciona y acusa jueces debe mantener un equilibrio entre representantes de los jueces, del Congreso, y de los abogados matriculados. La primera ley que rigió la composición del Consejo dela Magistratura, la 24.937 de 1997, mantenía ciertos equilibrios: ocho representantes de los legisladores, cuatro de los jueces, cuatro de los abogados, uno del Poder Ejecutivo y uno del mundo académico. Así las cosas, ninguno de los sectores podía imponer su voluntad por sí solo y los equilibrios exigidos por la Constitución estaban más o menos cubiertos.
Sin embargo, el gobierno de Néstor Kirchner emprendió una reforma en la composición del Consejo, que el Congreso sancionó al inicio de 2006, como ley 26.080. A partir de ella, la Magistratura quedó compuesta por: seis legisladores, tres jueces, dos abogados de la matrícula federal, un representante del Ejecutivo y un académico.
Si se comparan ambas composiciones, en la inicial, sumados los legisladores al representante del Ejecutivo, podían contarse 9 miembros pertenecientes al ámbito de “lo político”. Y otros 9 (jueces, abogados y académico) del mundo de la Justicia y el derecho. El equilibrio constitucional.
La nueva composición de la ley 26.080 arroja: 7 miembros del mundo político (6 legisladores y 1 del Ejecutivo) y solo 6 del ámbito no político (los 3 jueces más los 2 abogados y 1 académico). Con el agregado que, tras la reforma, el académico no tiene por qué pertenecer al mundo del derecho, puede ser biólogo o arquitecto, por ejemplo.
Claramente, desde la reforma del Consejo, se rompió y vulneró el equilibrio exigido por la Constitución. De hecho, se han multiplicado las impugnaciones de concursos, los concursos declarados desiertos o que han sido anulados, las irregularidades en los exámenes, en las puntuaciones, etc. La politiquería invadió el Consejo y lo desvirtuó, a partir de 2006, por simple imposición de superioridad numérica.
Contra esa reforma, el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal presentó a la Justicia un pedido de inconstitucionalidad de la ley, porque es evidente que desde hace ya siete años (febrero de 2006) convivimos con una Consejo inconstitucional, que selecciona y acusa jueces sin cumplir el requisito básico del equilibrio en su composición y, por ende, desde la ilegalidad.
Dicha presentación del Colegio Público está, desde hace varios años, a consideración de laCorte Suprema de Justicia, que sigue sin pronunciarse. Y la trascendencia institucional de la constitucionalidad del órgano que nombra  y acusa jueces parece de una magnitud tan superlativa que, por ejemplo, los debates por la Ley de Medios casi deberían quedar en segundo plano. Sin embargo, en cada ocasión en que la Corte recibió incidencias sobre los cuestionamientos a esa última norma, resolvió en pocos días; y probablemente, cuando reciba la cuestión de fondo, no tarde más de dos semanas en emitir su sentencia. ¿Por qué entonces varios años para pronunciarse sobre si este Consejo es o no constitucional?

Sería sustancial que la Corte se expida sobre esta cuestión. De lo contrario, el estatus de los magistrados ternados por este Consejo de la Magistratura padecerá de legitimidad dudosa; y las acusaciones estarán teñidas por una ilegalidad presunta, por muchos años, erosionando gravemente la calidad institucional.
(*) Horacio Minotti. Director periodístico de la Nueva Gazeta de Buenos Ayres. 19 de Noviembre de 2015