jueves, 19 de noviembre de 2015

El terrorismo es débil

Por José Benegas (*)

¿Cuál es la posibilidad de morir en un atentado terrorista en Occidente? Infima; despreciable incluso. Fue bajísima en París el viernes. Ciento veinte personas asesinadas en atentados coordinados, es un acto terrorista mayúsculo, sin embargo sigue siendo muy poca la probabilidad de haber muerto ese día estando en la capital francesa.
Vamos a los datos. Los 10 países con más víctimas por terrorismo en el mundo en 2014 son:
1 – Irak – 7.143
2 – Nigeria – 5.341
3 – Siria – 4.634
4 – Yemen – 2.572
5 – Afganistan – 2.273
6 – Somalia – 2.051
7 – Pakistan – 1.526
8 – Libia – 877
9 – Ucrania – 640
10 – República Central Africana – 612
No figura ningún país occidental. Sumemos todas las víctimas de esos diez países y comparémosla con el millón doscientas mil muertes anuales por accidentes de tránsito en el mundo.
Aún en los países en conflicto, morir en un atentado terrorista es una posibilidad muy remota frente a otras.
El 93% de las víctimas de actos terroristas son musulmanes. El terrorismo islámico es islámico efectivamente, pero está lejos de ser en esencia un terrorismo anti occidental. Básicamente se matan entre ellos, lo que no quiere decir que no sean enemigos de occidente. Lo son, pero entender esta diferencia es importante para no contribuir a crear el efecto que buscan los terroristas.
El terrorismo es la estrategia del débil, no del fuerte. Isis manda a disparar a unos jóvenes perdidos y fanatizados a París, porque no tiene nada mejor para hacer. No tiene ninguna posibilidad de invadir Francia. Pueden enfrentar a gente que toma cerveza en un bar o a los que asisten desprevenidos a un recital, no pueden siquiera enfrentar a la policía.
Esto es así en cualquier caso de terrorismo, que no busca vencer físicamente al oponente, dado que no puede, sino psicológicamente. Ante todo el terrorismo es un acto de propaganda. Se realizan acciones que repercuten, impresionan, se agrandan, se ven sin perspectiva creando cambios de conducta, utilizando como recursos unos cuantos fusiles. El fin no son las bajas que producen, sino la manipulación de gobiernos y civiles que colaborarán para hacerlos ver a ellos más importantes y temibles de lo que son en realidad.
Las declaraciones grandilocuentes de los políticos y la inevitable conmoción mundial y atención de la prensa les sirve. Dichos como los del papa poniendo a este grupo de asesinos en el lugar de llevar a cabo una “tercera guerra mundial por pedazos”, les vienen como anillo al dedo.
Los actos terroristas tienen un éxito propagandístico en occidente (y sólo propagandístico como muestran los números), por las características de esos países, no por la amenaza en sí. Son países en los que se vive en paz, con un gran desarrollo de la vida privada, donde los gobiernos están obligados a demostrar preocupación por la población y dónde la aversión al riesgo es inmensa, en comparación con sociedades en las que matarse los unos a los otros es rutina.
En parte Francia hace lo que tiene que hacer que es organizar una represalia contra el enemigo y plantearse la posibilidad de aniquilarlo en su terreno. Es lo que les toca hacer para proteger a su población. Entrenar jóvenes para producir crímenes masivos en su propio país es un acto de guerra. Los países latinoamericanos lo debieron hacer con Cuba en la década del setenta. En vez de eso ahí están esos mismos desquiciados teniendo participación política de tinte neo-dictatorial mientras se dan el lujo de organizar grupos de “derechos humanos”. Pero no quiero desviarme del tema, solo lo recuerdo porque esto de entrenar nacionales para actos de terror, está lejos de ser un invento de los islamistas fanáticos.
El problema es que el gobierno francés en su impotencia hace lo que vienen haciendo los gobiernos occidentales desde el 9-11, pese a los números que detallé al principio: convertir a sus propios países lugares de vigilancia permanente fundando estados policiales donde debía haber libertad. Con tan poca eficacia que se sabe que tenían detectado a uno de los terroristas como vinculado a los yihadistas, pero se ve que no lo estaban siguiendo.
La presencia agobiante de la vigilancia que aumenta cada día más, no se compadece con el dejar a la población inerme y sin entrenar para situaciones como las de enero o de este viernes en París. Un número suficiente de franceses civiles armados en defensa propiaharían que estos atentados se convirtieran en por completo obsoletos. Pero la idea es quitar responsabilidad a la población y concentrarla en el estado, bajo el paradigma de que la propia población es un peligro.
En vez de eso ya se anunciaron más cámaras de vigilancia y una serie de medidas que apuntan a la gente en general y alteran su modo de vivir, para alegría de los terroristas que necesitan justo eso: que se sienta que son importantes y que los países tienen que modificarse por ellos.
Siempre me han impresionado las caras desagradables que ponen los guardias en los aeropuertos militarizados que convierten en una tortura viajar en avión ¿Acaso somos todos terroristas o trabajan con la hipótesis de que es así? ¿O saben que tienen muy bajas oportunidades de detectar a un terrorista de verdad entonces nos quieren demostrar que pueden ser malos con nosotros? Igual que los asesinos fanáticos, aprovechan para ser fuertes frente a quienes no representan amenaza alguna para ellos. Esas son las medidas impotentes que toman los países: hacer sentir su “potencia” con impotencia, frente a la población inerme y pacífica.
Otra barbaridad es mezclar las necesidades de seguridad con sus objetivos purificadores socialdemócratas. Entonces se ocupan de no “discriminar” a la hora de revisar. Este terrorismo proviene de fanáticos del Islam, cualquiera diría que hay que observar a ese grupo, no porque sean todos terroristas, sino porque los terroristas están entre ellos. Si hubiera una banda de rubios asaltando bancos, cualquier persona con sentido común trataría de encontrarlos entre otros rubios, en lugar de molestar a los morochos para ser aprobados en el cielo izquierdista.
No quiero extenderme más, mi opinión es que no hay una política anti terrorista, ni medidas antiterroristas efectivas que tienen que incluir la contra propaganda, ni legislación nacional o internacional adecuadas. Pero  a pesar de eso no estamos a punto de perecer por una bomba, eso es de una probabilidad más que remota. Lo que más daño nos puede causar son nuestros propios gobiernos actuando a ciegas, movidos por sus propios intereses, sobre todo de aumentar el presupuesto.
(*) José Benegas. Abogado, ensayista, analista político. Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 18 de Noviembre de 2015