martes, 15 de diciembre de 2015

Confiar en uno mismo es el jaquemate contra el populismo

Por María Marty (*)
Nacemos, y en cuanto podemos, intentamos gatear, trepar, caminar, correr, leer, nadar, escribir y subirnos al árbol más alto. Nos gustan los desafíos y la aventura. Queremos probarnos y hacer las cosas por nosotros mismos.+
No importan los moretones, raspones y errores. Preguntamos el por qué de todo y esperamos explicaciones. Queremos entender la naturaleza y sus leyes. Queremos experimentar el mundo, dominarlo y disfrutarlo. Y sentimos, consciente o inconscientemente, que estamos equipados con las herramientas necesarias para lograrlo: una mente y un cuerpo eficaces.+
En un hogar y en una escuela, a unos les confirman lo anterior. Los felicitan ante un logro. Les hablan de un mundo aprehensible y lógico. Les presentan la vida como algo digno de ser vivido. Los incentivan a tomar decisiones, a explorar, a cuestionar. Sus errores no se convierten en drama, pero tampoco en culpa del vecino.
Les enseñan, más con el ejemplo que con la palabra, a respetar la libertad y la propiedad, propia y ajena. Para cuando están listos para votar, ya no sólo sienten, sino que también piensan que son adecuados para cruzar la maravillosa puerta que los conducirá hacia la independencia.+
En otra casa y en otra escuela, a otros les dan una respuesta diferente. A sus preguntas, les responden con un “porque lo digo yo y punto”; a sus intentos con un “no vas a poder”, a su creatividad con un “mejor hazlo como todos”, a sus sueños con un “mejor ir por lo seguro”. Toda aventura se convierte en peligro, toda desobediencia en castigo, todo error en desilusión.
El sentido de propiedad es etiquetado de egoísmo, y el amor por la libertad es considerado rebeldía. El mundo que parecía lógico y benévolo se derrumba, junto con la confianza en sí mismos. Para cuando están listos para votar, están convencidos de que la mejor receta para no fallar, es poner sus vidas en manos de alguien que “sepa” más.+
Llegan las elecciones. ¿Por quién votarán unos y otros? La respuesta es simple: por el candidato que coincida con su autoconcepto. Si creen que son valiosos, votarán por quien respete su dignidad. Si piensan que son inútiles, votarán por quien los trate como tales. Crudo pero cierto.+
Si alguien piensa que no está capacitado para hacerse cargo de su vida, ¿votará acaso por alguien que le prometa libertad, competencia, dejarlo solo y en paz? ¿O se sentirá más atraído a votar por el asistencialismo, subsidios, defensa contra potenciales enemigos y distribución de riqueza ajena? ¿Eligirá a quien le diga que es el único responsable por su futuro y por los hijos que decida traer al mundo, o por alguien que le ofrezca subirse a una espalda ajena?+
Y cuando haya elegido al populista de turno, el círculo vicioso habrá comenzado a girar, porque una vez que el “salvador” está en el poder, hará lo imposible para que lo sigan votando, generando una continua necesidad de él. Como cualquier estupefaciente, se nutrirá de la debilidad para generar adicción.+
Si escuchamos los discursos de todos nuestros políticos, es fácil —y triste— deducir qué piensan de sus votantes. Todos parecen pelearse por ser el que más viviendas, escuelas y hospitales hizo. Por ser el autor intelectual de las asignaciones universales por hijo. Por haber implementado los centenares de planes sociales que existen hoy en día. Por haber subsidiado, por haber protegido, por haber cuidado.+
Pero el asistencialismo está lejísimos de ser un triunfo. Es, más bien, una clara demostración de un fracaso rotundo; la evidencia absoluta de que no han sabido generar un sistema que permita a la gente salir de la pobreza y la dependencia, parándose en sus propios pies. Un Gobierno exitoso diría: “Acabamos con todos los planes sociales y servicios públicos. Ya nadie los necesita. Todo ciudadano está ahora en condiciones de pagar por los productos y servicios que necesitan y desean para su vida”.
(*) María Marty es licenciada en Comunicación Social, guionista y libertaria. Es la directora ejecutiva de la Fundación para la Responsabilidad Intelectual (FRI). Artículo publicado en Panam Post en español el 15 de Diciembre de 2015