viernes, 18 de diciembre de 2015

Macri y el lado oscuro de la fuerza (I)

Por José Benegas (*)
Este post no contiene spoilers sobre Star Wars, si sobre la Argentina, una película que ya vi varias veces. Voy a analizar las implicancias del episodio del envío de los jueces en comisión a la Corte en la definición del tipo de poder y de gobierno que será el de Macri. Pero primero necesitamos hacer un poco de memoria.
En el 2003 cuando todos estaban encantados con la “construcción de poder” de Nestor Kirchner, el pingüino entretuvo a su audiencia políticamente correcta con un decreto que lleva el número 222 de ese año. No se si alguien más lo criticó, en mi caso lo hice con todos los medios a mi alcance. No porque sea adivino, simplemente me atuve entonces y me atengo ahora, al manual de instrucciones de una república no solo en lo que tiene de reglamentario, sino en su espíritu. También soy conciente de que la república platónica no es compatible con la república liberal, esto quiere decir que no es cuestión de tener prohombres a cargo, sino de tener libertad. Así funciona una república liberal con división de poderes.
Distribuir el poder entre sabios no tiene ningún sentido, lo que hay que hacer con ellos es permitirles tomar todas las decisiones por nosotros. Guiarnos hacia el Gran Puerto que solo ellos ven.
En la etapa de civilización de la república liberal se aprendió que eso es una falacia. Por lo tanto los jueces tienen que saber de derecho únicamente para defender la libertad. Los jueces que saben de “derecho” para defender al estado, son inaceptables aunque se hubieran sacado 10 y tengan colecciones de medallas de oro.
Claro que me van a decir que no todos comparten ese ideal de libertad y república. Correcto, lo estúpido es hacer como que ni siquiera existiera el dilema, al menos para que nos enteremos de que estamos eligiendo amos bien formados, en lugar de taparlo todo con un mando de curriculums en nombre de una “independencia del poder judicial” que no tendría sentido alguno. Eso nos permitiría entrar en el debate acerca de para qué se necesita división de poderes en un gobierno de gente que sabe hasta cómo debe cotizar el dólar o cree que disponer que hay un derecho a una heladera es gratis, porque las heladeras están ahí, provistas por la naturaleza.
Ya voy a llegar a Macri y al lado oscuro si me tienen paciencia, pero es necesario ordenar algunas cosas primero.
El decreto 222 era la promesa a los Carrió, Oyhanarte, Sabsay, de los Beliz/Kirchner de que se iba a voltear a una Corte de gente sin buenas notas, por otra de medallas de oro. Justo lo que consume la república platónica con gran provecho para el lado oscuro que se muere de risa mientras lo alimentan. El decreto 222 fue un medio para tapar la naturaleza de crimen contra la república de deshacerse de una Corte que pensaba defender el derecho de propiedad en la cuestión del corralito y que, como sus antecesoras, había considerado cumplidos los efectos de las llamadas leyes de obediencia debida y punto final de Alfonsín. Que, por lo tanto, los casos que habían sido resueltos en base a ellas no eran revisables.
Pero cómo iba yo a convencer de este engaño a Carrió y compañía, si la república platónica también estaba encantada con hacer posible la causa de los “derechos humanos” (concepto que incluye cualquier cosa  a esta altura del partido), que era una justicia tan platónica que justificaba cualquier tipo de medio. Nuestro Palpatine no tenía ni un pelo de zonzo, sabía que los conducía directo a convalidar sus propósitos meramente criminales. Sin el platonismo Jedi no hay Imperio.
El decreto 222 representa por lo tanto la lucha del bien contra el mal, donde el bien está siendo conducido por el mal y se olvida de que la cuestión de los medios utilizados es un gran indicio de cuál es el fin. Un bien ajeno por completo al propósito de una república liberal, cuyo valor es la libertad y que requiere independencia judicial mucho más que sabiduría técnica de un derecho que pueda responder a cualquier filosofía.
Pero como Palpatine no tenía suficiente se rió aún más de los Jedi con malos libros. Hablaban de espíritu republicano porque el presidente se auto limitara, lo que equivale a decir voy a ser bueno; esto es, la comprobación de que no responde a ningún límite sino a sí mismo. Dicho de otra forma, el carácter de “auto”, excluye el concepto republicano de “límite”. Tan sencillo de entender y tan fácil de tapar en el medio del platonismo donde lo que prima es la “virtud” y no el contrapeso. Límite es que el presidente no pueda, no que no quiera.
Pero ni siquiera respetó eso, con la complicidad de su lugarteniente Jedi Beliz ignoró por completo las objeciones que se presentaron a varios de sus candidatos. En lugar de abrir una instancia de comprobación o discusión sobre las tachas a los aspirantes, las compensó a su modo con otras cartas que hablaran bien de ellos mandadas por sus lacayos. Una farsa completa.
Los Jedi platónicos tan encantados con su dictadura buena y tan comprometidos con ella, hasta el día de hoy siguen diciendo que Kirhcner armó una Corte “de lujo” y los que ya sienten un poco de vergüenza de decirlo, siguen enarbolando el decreto 222 como si representara la quintaesencia del nombramiento republicano de jueces. A ver, muestren sus notas, a eso se reduce para ellos el republicanismo, así les cambiaron a Reposo por Gils Carbó, pero una ley de la vida dice: nunca aprenderán.  Ahora viene Macri.
El presidente Macri decidió suspender la jura de sus candidatos a ministros de la Corte enviados “en comisión” y someter los pliegos al procedimiento de esa estafa con forma de decreto 222, con la anuencia de los Jedi que siguen trabajando para el lado oscuro de la fuerza sin enterarse. Después de muchos años se dieron cuenta de que Palpatine era Darth Sidious, pero no se enteran de la diferencia entre el imperio y la república.
El problema no es la falta de uso del decreto 222, sino la violación a la independencia del Poder Judicial designando jueces sin control del senado, no sin auto control y excelencia académica (tantas veces sinónimo de capacidad de codazo). Después vendrá mi propuesta sobre el verdadero lado bueno de la fuerza, no representado ni por Palpatine, ni por los Jedi de la virtud platónica. Star Wars debió enseñarnos que ambas cosas nos llevan al mismo lugar, pero no ocurrió aún.
En el tercer día de su mandato Mauricio Macri envió en comisión a estos dos jueces a la Corte por decreto, invocando al lado oscuro en nombre del lado bueno creyendo que con eso heredaría un poco de la impunidad de Kirchner. Terminó cediendo en nombre de ese lado bueno que es completamente funcional al lado oscuro. Lo fundamental es que se equivocó acerca de cuál es la fuerza que tiene disponible y que de verdad termina con el lado oscuro. De eso se trata este artículo, pero viene un poco más adelante.
El primer error es interpretar la Constitución despojada por completo de su sistema de valores. Este sistema no tiene que ver con el bien en estado puro como pretenden los Jedi, que es la antesala del mal en estado puro. Se trata de una superación secular de toda épica y la consagración de la libertad mediante el límite al poder.
Muchos liberales incluso se hicieron Jedi. Algunos hace rato, otros van entrando, candidatos a ser atraídos por Palpatine. Entonces como se trataba del Luke Skywalker de los globos amarillos, se metieron en la guerra épica olvidando el objetivo. Algunos puntitos para resumir lo ya escrito en NO ME PARECE al respecto.
El artículo 99, inc 19 de la Constitución habla de la facultad del presidente de nombrar a los empleados que requieran acuerdo del senado en comisión, si el Congreso estuviera en receso.
Los jueces de la Corte se designan a propuesta del presidente, con acuerdo del senado.
Listo, dijeron los Jedi, incluida la mayoría de los liberales que conozco, la causa del bien tiene como continuar. Luke puede es sinónimo de Luke debe, máxime cuando seguro esta operación es para parar algún ataque del imperio. “Siento vuestro odio” parecía decir Darth Sidious mientras les hacía comer su manzana brillante.
El silogismo está mal construido porque olvida premisas, pero lo peor de todo es que todos esos liberales embriagados por la épica del momento, estarían dispuestos a apoyar sin juicio crítico a una Constitución en la que los jueces pudieran ser nombrados a gusto y placer por un año casi por el poder ejecutivo. En el caso de los no liberales este universo de apoyos estaba constituido por adoradores del decreto 222 y de los jueces en comisión al mismo tiempo.
Don Sidious tenía mucho contenido platónico para encantar. Por ejemplo las peores costumbres de la vida constitucional norteamericana, como el New Deal y las aberraciones hechas por Roosevelt en la justicia para imponerlo. Al final ¿tenían razón los que decían “todos somos keynesianos”?
Contaba también con la anuencia de muchos “constitucionalistas”, entre cuyas páginas se pueden encontrar diatribas contra el concepto de derecho de propiedad y convalidación a todo tipo de actos que se dan de patadas con la supremacía de la libertad individual. Pero en estos casos la falacia de autoridad funciona. Es la invocación a la doctrina sin juicio crítico. La doctrina sin juicio crítico por si sola no vale nada. No van a encontrar “constitucionalistas” que hayan escrito contra el decreto 222, casi no hay que protestaran por el modo en que se echó a la Corte que había en el 2003 (incluso la llamarán “menemista” como indicación de que no existe el problema), salvo los que directamente actuaban como defensores.
Salvado eso, las premisas que le faltan al silogismo son la filosofía republicana liberal que hay detrás de todo el sistema constitucional, el concepto de independencia del poder judicial y el carácter vitalicio de la función mientras dure la buena conducta. Esto es ahora hasta los 75 años.
La Constitución no es un manual de instrucciones de una licuadora, sino de un proyecto político. No es que sea bueno que sea así, sino que es así, funciona así, prescribe así; en ese solo sentido. Lo opuesto es ilegal, para los que se preguntaban por la legalidad. La legalidad empieza por la constitución tal cuál es, no vaciada de valores. Tampoco se la puede interpretar en una parte aislada, sin considerar el conjunto. No se puede suponer que se contradice, debe integrarse hasta para conocer el sentido de sus palabras. No es el diccionario nada más lo que permite suponer qué quiere decir empleados, es todo el sistema como un todo. El contexto da sentido incluso a las acepciones del diccionario.
Para los liberales va esta línea: si se la pudiera interpretar de otra forma, deberíamos derogarla o inclusive desobedecerla. Me sorprende en la trampa que los hizo caer Sidious a muchos.
Las interpretaciones de googleadores llegaron a decir que el artículo 110 de la Constitución confirmaba la constitucionalidad de la medida. El artículo en cuestión dice lo siguiente:
“Los jueces de la Corte Suprema y de los tribunales inferiores de la Nación conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta, y recibirán por sus servicios una compensación que determinará la ley, y que no podrá ser disminuida en manera alguna, mientras permaneciesen en sus funciones”.
Dice “empleos” y se quedaron felices. Eso quiere decir que el inciso 19 del artículo 99 cuando se refiere a los cargos que puede llenar el presidente de esa forma, incluye a estos “empleados”.
Primero la lógica. Es perfectamente coherente con el sistema en sí que el presidente pueda resolver la cuestión de los embajadores, por ejemplo, durante el receso y de modo provisorio. El carácter de empleado es el de empleado a su cargo, a sus órdenes. Choca mucho en cambio con ese sistema de valores que esos empleados sean los mismos que tienen un “empleo” en el artículo principal que define la independencia del Poder Judicial. Daría lugar a alguna duda el presidente del Banco Central, pero dejemos eso porque el Banco Central en sí es un engendro constitucional que no vamos a desentrañar ahora.
Segundo la historia: Se hizo en los Estados Unidos a partir de un momento nefasto de su vida Constitucional, se rompió una barrera y ellos todavía no tuvieron a Sidious (bueno, eso no se). En la Argentina se usó después de Pavón y lo usó Alfonsín que tenía una corte completa sin acuerdo. También desde la perspectiva histórica tenemos que entender que en 1853 reunir al Congreso en extraordinarias llevaba meses, hoy es casi inmediato. Necesariamente tiene el procedimiento de la comisión para todos los casos un sentido de urgencia.
Tercero. Las interpretaciones flexibles son posibles, están en armonía con la Constitución, pero para salvaguardar sus valores, no para apartarse de ella o facilitarle los propósitos al gobierno, por más que sea el de Skywalker. Si mañana cae un meteorito y nos quedamos sin Corte, nombrar jueces provisorios en comisión parece ser una salida razonable, que es mejor que la única alternativa posible que es no tener Corte. La flexibilidad debe ser pro constitucional, no para salteársela.
Cuarto, la propia letra del artículo 110, en armonía con lo anterior. Dispone el carácter vitalicio del “empleo” (ahora hasta los 75 años). Los jueces en comisión no tienen ese resguardo, carecen de la misma independencia que los demás. Pueden durar un año, pueden ser rechazados por el senado por las razones más diversas y además dependen de la voluntad del presidente de mantener su nominación y para sostener que no habría que abrir una gran discusión. Están a tiro de ambos poderes competitivos de su función. Repito, no es que esto “no estaría bien”, es que es contrario a la Constitución como lo que es, un todo con un proyecto político determinado.
En abril de este año la Corte rechazó la lista de conjueces elaborada por el gobierno del imperio, entendiendo que el acuerdo del senado era una garantía fundamental de independencia que tenían los ciudadanos. Lo mismo cabe decir en este caso. Los conjueces sólo pueden ser jueces que ya tengan acuerdo para otros cargos, porque eso indica que no pueden perder los cargos que ya tenían por el contenido políticamente inconveniente de algún voto. Están libres de la represalia.
Quinto, las consecuencias. Lo que unos hacen de Jedi los otros lo hacen de Sith, tan sencillo como eso. Voy a adelantarme a definir al lado bueno de la fuerza en el sentido de que las cosas están bien hechas o mal hechas, no en función de que las hagan los buenos o los malos o con buenas o malas intenciones. Esa es también la clave de la fuerza de ese lado. Una fuerza completamente diferente en su esencia. A partir de este acto lamentaremos eternamente tener otro gobierno como el anterior dispuesto a usar esta nueva “alternativa” que se le presentará gracias al ejercito Jedi ¿Imaginan lo que será eso?
El populismo consiste en sacrificar el largo plazo en función del corto. Sidious les hizo pisar el palito, están muy cerca de vestirse de negro.
Sexto: Jueces no comprometidos con la libertad individual, máximo saliendo de un despotismo brutal, no vale la pena nombrar bajo ningún procedimiento.
Si fuera presidente bajo ningún concepto propondría un juez que no sea estrictamente liberal. No porque con eso responda a mi criterio, sino porque es el modo de no responder a ningún criterio. Cualquier contenido acerca de cosas que deben imponerse desde el poder, cualquier contenido socialista, hace que un juez falle en su propio favor  y en favor del estado y no en el de justicia de la solución. No hay vía intermedia posible en este asunto.
Ahora si, lo prometido. (Ver el siguiente artículo: "Macri y el lado bueno de la fuerza")
(*) José Benegas. Abogado, escritor, periodista y analista político. Publicado en su blog personal "No me parece" el 18 de Diciembre de 2015