martes, 8 de diciembre de 2015

Otro tiro al corazón del socialismo

Por Nicolás Marquez (*)
Aunque el socialismo del Siglo XXI se había tornado insoportable en ineptitud y longitud, nos enseña un antiquísimo refrán popular que “no mal que dure cien años”, aunque también existe otro aforismo que aparenta contradecirlo: “yerba mala nunca muere”.
Como quiera que sea, al fulminante misil que Mauricio Macri le propinó al despotismo izquierdista vernáculo en su línea de flotación en las elecciones pasadas, ahora es el ex chofer de Hugo Chávez y actual dictador de Venezuela Nicolás Maduro, quien acaba de padecer una paliza electoral de proporciones: la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ganó ayer 99 escaños en la Asamblea Nacional, frente a las 46 bancas que estarán a cargo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), partidario del alicaído dictador aferrado a su pajarito revolucionario.
Se le atribuye a Winston Churchill aquella sentencia que afirma que “El socialismo dura hasta que se termina el dinero de los demás”, y en América Latina no sólo se está acabando el dinero ajeno como para seguir financiando la demagogia organizada, sino que se ha terminado la paciencia para con el latrocinio estructural, la corrupción institucional y el engaño sistematizado.
Tanto es así que hasta las muchedumbres mendicantes decidieron “arriesgarse” a no seguir gozando de su migaja clientelar reglamentaria, y apostaron al cambio, a pesar de que ello conlleve el “drama” de que el “mercado malo e insensible” les quite las “conquistas” de ver fútbol a toda hora, de recibir recitales “gratis” interpretados por cantorcitos adinerados que lucran no tanto por su talento vocal sino por su lealtad gobiernista y se priven además de recibir subsidios anestésicos que les permitan conservar su indigencia confortable. Pues bien: ninguna de estas quimeras retóricas han sido capaces de proseguir maniatando el sufragio de las masas dependientes y ululantes.
A toda esta bienaventuranza republicana que peregrina tirunfalmente en gran parte del hemisferio, se le suma el inminente juicio político en Brasil a la ex guerrillera Dilma Roussef y los escándalos de corrupción  que salpican y acorralan a la socialista chilena Michelle Bachelet, curo descrédito personal y gubernamente disminuyó a extremos jamás vistos desde que Chile adoptó su nuevo sistema institucional, es decir a partir de que en elecciones libres el Presidente Augusto Pinochet entregara su mando en 1990´ a las nuevas formas de organización partidocrática trasandina.
Luego, en el mestizo narcotraficante Evo Morales ni el socialista dolarizado Rafaél Correa están en condiciones geopolíticas ni personales de resistir este envión republicano civilizatorio que al parecer, ha irrumpido en la región como un esperanzador efecto dominó a expensas de toda esta larga y triste noche de caciques socialistas, déspotas estatistas y autócratas ensimismados que tanto daño político, económico y cultural le han hecho a un continente con enormes potencialidades que hasta hoy se hallaban oprimidas por el rodillo comprensor de la “solidaridad igualitaria” que emanaba del poder regiminoso.
Ayer se vivió otro tiro al corazón del Socialismo del Siglo XXI: de nosotros, es decir de los hombres libres, depende que este no sea el último tiro.
(*) Nicolás Márquez. Abogado, escritor, periodista y analista político. Artículo publicado en Prensa Republicana, el 8 de Diciembre de 2015