jueves, 22 de diciembre de 2016

Felices fiestas y un buen 2017

Por CEPyS (*)
(*) El Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPyS) es una herramienta de difusión del conocimiento, sin ningún interés de lucro. En el participan autores de diferentes corrientes de pensamiento que contribuyen con escritos, opiniones, investigaciones, publicaciones, etc. al enriquecimiento de lectores ávidos de información calificada. Nuestro país ha transcurrido un difícil año y llegando a su fin deseamos que cada uno de nosotros mantenga las esperanzas y el íntimo deseo que el 2017 nos permita avanzar para alcanzar el objetivo de un país cada vez mejor como es el que nos merecemos!
Después de un arduo año de trabajo en el que consideramos haber hecho nuestro pequeño aporte, tanto a nuestros lectores, como a nuestros colaboradores les agradecemos con un: MUCHAS GRACIAS!! Y nuestros deseos de un feliz y próspero 2017!!

lunes, 19 de diciembre de 2016

Arranca Argentina

Por Libertad y Progreso (*)
(*) Libertad y ProgresoLibertad y Progreso es un centro de investigación en políticas públicas creado a partir de la fusión entre CIIMA, Foro Republicano y Futuro Argentino. Nos unimos para formar un centro de pensamiento crítico e investigación aplicada a resolver los problemas de la ciudadanía, promoviendo los valores y principios de la República Representativa Federal.
Somos una fundación sin fines de lucro, privada e independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental. No aceptamos dinero del Estado. Nuestros fondos provienen únicamente de aportes individuales de personas, fundaciones y empresas comprometidas con el futuro del país. Video publicado en el Canal Youtube de Libertad y Progreso, Diciembre de 2016

El verso de la brecha del ingreso

Por Roberto Ccachanosky (*)
No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media
De acuerdo a los datos publicados por el INDEC la pobreza alcanza al 32,2% de los habitantes, dato que nuevamente se ha vuelto a publicar luego que el kirchnerismo escondiera la pobreza detrás del famoso argumento de Kicillof que era para no estigmatizar a los pobres. Aclaremos que el dato del INDEC está en línea con los datos que publica la UCA sobre pobreza, de manera que, si bien el ajuste parcial de algunos precios relativos que había dejado el kirchnerismo pudo haber aumentado un par de punto la pobreza heredada del kirchnerismo, es claro que 12 años de una economía cerrada, con sustitución de importaciones, estatizaciones, regulaciones de precios, control de cambios, aumento del gasto público, presión impositiva descomunal y planes sociales solo consiguieron aumentar la tasa de pobreza. El kirchnerismo es el ejemplo más categórico de lo letal que es el intervencionismo estatal, el estatismo y el estado benefactor para la calidad de vida de la población.
En este sentido, sería bueno que el macrismo reflexione y entienda que no es cuestión de administrar “bien” un sistema con incentivos perversos como el que dejó tantos pobres con el kirchnerismo. Tampoco tiene que concentrarse el gobierno en la distribución del ingreso. Hablar de la distribución del ingreso no tiene sentido, pero sí tiene sentido bajar la pobreza.
Respecto a la distribución del ingreso voy a dar un ejemplo de lo tramposo que puede ser el tema. Supongamos que en el momento 1 el sector que menos gana tiene un ingreso de 10.000 y el que más gana de 50.0000, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 5 veces.
Supongamos que vamos a una economía de mercado y el que, sin inflación, el que menos gana tiene un ingreso de 55.000 y el que más gana de 550.000. La diferencia entre ambos es de 10 veces. O sea, la distribución del ingreso empeoró respecto al momento 1 pero resulta que ahora el que menos gana multiplicó por 5,5 veces su ingreso respecto al que menos gana del momento 1 y encima gana más que el que más ganaba en el momento 1. ¿Cuál es, entonces, el problema que la distribución del ingreso haya “empeorado”? El problema no es la distribución del ingreso, que es en lo que se concentran los políticos populistas, sino el nivel de pobreza.
El problema es que los políticos, para conseguir más votos y retener el poder, apuestan siempre al corto plazo, esto es, suelen señalar como a los que más ganan como los responsables de la pobreza de los que menos ganan. Por eso hay que expoliarlos con impuestos. Hay que matar con impuestos a las empresas y a los que más ganan para redistribuir ese dinero entre los más pobres en nombre de la solidaridad social, la justicia social y todo lo que tenga como adjetivo social. Siempre queda bien para lucir sensible como político para conseguir más votos.
Ahora, ¿cuál es el resultado de este tipo de trampa política que se ocupa de perseguir a los que más ganan? Muy sencillo, al castigarse con mayor intensidad a los que invierten y son emprendedores se quitan los incentivos para invertir, generar más puestos de trabajo y mejorar la productividad, factores que permitirán aumentar el ingreso real de los que menos tienen. El progresismo y el populismo lo que logran es igualar hacia abajo. Que todos sean pobres en vez de que los más pobres sean cada vez más ricos y mejoren su calidad de vida.
Durante décadas Argentina ha tenido políticas de castigar impositivamente la inversión y perseguir a los innovadores obteniendo como resultado este 32% de pobreza. Porque, además, para poder incrementar la carga tributaria, el estado tiene que disponer cada vez de más poder arbitrario para expropiar impositivamente a la gente, creando inseguridad jurídica y espantando las inversiones.
Mucho bien le harían los políticos a los pobres si en vez de mirar a los ricos se miraran a sí mismos y se dieran cuenta que no es persiguiendo al innovador y al que invierte como se elimina la pobreza. Que el problema no es la distribución del ingreso, sino que el haber perseguido a las inversiones es lo que genera la pobreza.
No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media, con gente sin agua potable, corriente eléctrica, ni cloacas, mala alimentación y sin un sistema de salud eficiente.
Vean la Venezuela chavista con su modelo socialista del siglo XXI. Ha sumergido al grueso de la población en la pobreza más aberrante. Los emprendedores y de mayor ingreso emigraron hace rato y la única gran diferencia en la distribución del ingreso es entre los jerarcas chavistas, que tienen todas las comodidades a punta de fusil (copiando el modelo de Fidel Castro) mientras el resto de la población revuelve la basura para encontrar comida y los saqueos están a la orden del día.
Con la historia de la distribución del ingreso, lo que se ha conseguido no es sacar a los pobres de la pobreza, sino bajar a la condición de pobres a la clase media, dejar a los pobres en la pobreza, hacer que los emprendedores emigren y ampliar la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero con la característica que los más ricos pasaron a ser los dirigentes políticos que decían que iban a reducir la brecha entre ricos y pobres. En síntesis, el negocio de los políticos ha sido el hablar de la brecha entre ricos y pobres. La dirigencia política ha sido la gran ganadora del verso de la brecha entre ricos y pobres.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Artículo publicado en "Economía para todos" en su edición N°657 el 19 de Diciembre de 2016

El error imperdonable de perder

Por Jorge Asís (*)
“¿Te caíste? Me tenías podrido con tu éxito, ahora sí que podés ser amigo mío. Venga un abrazo”. Hugo Guerrero Marthineitz
Perder, en la Argentina, es una desgracia. Un error imperdonable. El que pierde paga.
El que gana se garantiza el plazo de la impunidad. Si luego de cuatro años es reelecto, la impunidad puede también extenderse. Espera el agotamiento inapelable que reproduce la sociedad.
Le pasó al primer Perón, a Menem y a La Doctora (teléfono para Macri).
Con el que pierde no existen contemplaciones. Se le revisa minuciosamente hasta la última factura de restaurante. Del tiempo en que las balas no penetraban. Cuando lo celebraban por las pautas generosas.
Cabe el común reconocimiento a Disraelí. “No hay amistades permanentes, hay intereses”.
El que pierde, como Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, tiene que aclarar hasta el último detalle de los viajes viejos, y de las compañías nuevas. Debe probar que no está rodeado de testaferros. Que no se dejó tentar por el estupro. Que no tiene invalorables campos en Tandil, ni hoteles en la Costa Esmeralda.
Un año atrás, al Líder de la Línea Aire y Sol no le entraba una bala. Mortificaba al semejante con la ideología del vitalismo. Derrochaba fe, traficaba esperanzas, siempre para adelante.
La bala inicial que lo rozó se la disparó él solo. 2015. Sobre el epílogo de la campaña presidencial cometió el inconcebible error de marketing. El viaje a Italia para desenchufarse, con el pretexto de ajustarse el brazo ortopédico. Justo cuando Buenos Aires, la provincia (inviable) que gobernaba, atravesaba la situación límite de la inundación. Pifiada para quien había acertado en política durante 18 años. Desde que el célebre motonauta había sido improvisado por la señora Claudia Bello, cuando estallaban las diferencias entre los “compañeros” Carlos Menem y Eduardo Duhalde. 1997. A pesar de la reticencia del Premier Eduardo Bauzá, y con el apoyo de Menem, el iniciado triunfó en la interna del peronismo porteño. Contra el experimentado Miguel Ángel Toma, al que apoyaba Duhalde.

Cuero por piel

Scioli supo destacarse por la lealtad hacia los jefes sucesivos. Arrancó con Menem, el que “lo descubrió”. Luego fue el relámpago de Adolfo Rodríguez Saa, en la semana que conmovió el país. Diciembre de 2001. Adolfo lo promovió como Secretario de Turismo y Deportes. Lo acompañaría hasta en la capitulación en San Luis. La lealtad pasó a Duhalde, que lo confirmó en el ministerio. Preparaba, mientras tanto, la candidatura para jefe del Artificio Autónomo. Hasta que Duhalde se dispuso a subastar el poder. Luego de pintoresco periplo, la sortija de la candidatura presidencial la iba a ligar Néstor Kirchner, El Furia. Y cuando parecía que el vice de Kirchner iba a ser Tito Lusiardo, alias Juanjo Álvarez, recibió la visita del Tovarich K. Un emisario de Kirchner. Scioli creía que Kirchner quería apoyarlo para el Artificio.
“Intuyo que no”, dijo el lacónico Tovarich.
Por el atributo de la popularidad deportiva, Kirchner prefería, como compañero de fórmula, a Scioli. La militancia porteña iba a quedar colgada y con diez mil afiches listos para el engrudo. Sólo lo perdonaron cuando juró como número dos del Estado.
Obsesionado por dejarlo afuera a Menem, por la inteligencia perversa de Duhalde, en 2003 comenzaron a triunfar los segundos sobre los primeros. Kirchner-Scioli.
Mientras se lanzaba a construir su propio poder, basamentado sobre los dos fuertes pilares -Hugo Moyano y Héctor Magnetto-, El Furia decidió congelarlo a Scioli. Lo “frizó” durante más de un año. Por la prematura chiquilinada de pretender diferenciarse. El Furia le quitó hasta el control de la Secretaría de Turismo. No le dejo otra alternativa que refugiarse en el Senado. Era peor. Imperaba la senadora Cristina Fernández de Kirchner, La Doctora, que le. transmitía su distante superioridad cultural. Lo sometía a feroces humillaciones que le rebotaban. Scioli comenzaba a tener cuero por piel. Mientras tanto, paulatinamente Kirchner comenzaba a levantarle la excomunión. A aceptarlo.
En adelante Scioli le sería también leal a Kirchner, que iba a seguir el ejemplo de Menem. Para despachar al vicepresidente (Scioli) hacia la gobernación de Buenos Aires. E instalar a La Doctora en la presidencia, acompañada del radical Julio Cobos. Le serviría al matrimonio para valorar a Scioli.
Ahora, con el cuero por piel, iba a ingeniarse para expresar lealtad a los dos. Hacia la pareja del “doble comando”. Escenas del peronismo conyugal.
El Furia se dedicaba a agitar los conflictos que nunca hubieran existido si el presidente fuera él.
Los conyugues, cabe aceptarlo, competían. Al Furia le costaba aceptar que La Doctora tuviera cinco puntos más de imagen positiva, y cinco menos de negativa.
Pero constaba que el candidato, en 2011, iba a ser Kirchner.
Aquí tampoco, con los dos desequilibrados, iba a ser muy fácil la existencia de Scioli. Los competidores lo sometían a cotidianos esmerilamientos que impresionaban.
¿Cómo aguanta tanto Scioli? ¿Por qué no los manda al c…?
Lo denigraban. Lo subestimaban. Pero a él le rebotaba. Sufría con fe y esperanza, siempre para adelante.
Lo que más fastidiaba a Kirchner, según nuestras fuentes, era que a Scioli no le entrara ninguna bala. Que lo acompañara hasta en las derrotas que lo destrozaban al Furia, que salía en girones, mientras Scioli permanecía indemne. Intacto. Lo más pancho.
Pasó con la llamada “crisis del campo”. Para probarlo, El Furia lo hacía hablar a Scioli en los mítines más espantosos de la historia del peronismo. Pero nadie nunca lo registraba.
Las palabras se olvidaban a medida que las pronunciaba.
Y después del “no positivo” de Cobos, El Furia quiso obligar a La Doctora a la dramática renuncia. Pero ella no renunció un pepino. Y esa noche en Santiago del Estero, precisamente en la inauguración del aeropuerto de Eurnekián, La Doctora se mostró radiante, exultante, con los ojos brillosos y casi feliz. Su marido se había quedado fundido. En la lona de Olivos.
Tampoco se lo vio abatido a Scioli cuando perdieron “testimonialmente” juntos contra Francisco De Narváez. 2009.
Al día siguiente, El Furia estaba “hecho percha”. Y le tiró a Scioli con la dirección del PJ por la cabeza. Siempre positivo, con esperanza y fe.
Incluso hasta pudo aguantar cuando El Furia había decidido aniquilarlo. A la vista de la militancia y de la totalidad de los medios. 2010 y sigilosamente El Furia lo preparaba, para gobernador, a Amado Boudou, en un acuerdo con Martín Insaurralde. A raíz de un crimen conmovedor, y ante la demanda de seguridad, Scioli había declarado que “tenía las manos atadas”.
El Furia no se lo perdonó. En su discurso preguntó:
“Diga, Gobernador, ¿quién le ata las manos?”.
Momento de los más tensos. Pero dos días después El Furia iba a padecer por los reclamos desatendidos del cuerpo. Con la irrupción de la carótida sensible, El Furia profundizaba otro error imperdonable. El de morirse.
Morirse antes de arreglar todos los quilombos pendientes. Los que planificaba resolver, según nuestras fuentes, en la próxima presidencia.
Cinco años después, los quilombos se convertirían en causas judiciales. La construcción recaudatoria de la política iba a desmoronarse, al fin y al cabo, por torpezas de la hotelería.

Todo mal

En un rapto tardío de lucidez, La Doctora debió resignarse y aceptar que Scioli era el mejor candidato que podía presentar. Aparte, era el único. Aunque se le enojara Florencio Randazzo.
No podía ser reelecta, y en las legislativas de 2013 Sergio Massa, con su triunfo, había pulverizado cualquier posible invención.
Cabe consignar que La Doctora carecía de aptitudes básicas para ser Jefa, o Conductora.
A esta altura del relato, no se debe dar crédito a los imaginativos que aún sostienen que La Doctora prefería que ganara Mauricio Macri, el adversario ideal, y no Scioli, el aliado diferente. Tonterías.
Ocurrió que a la pobre, como Conductora y Jefa, le salió todo mal. No pudo siquiera imponer autoridad sobre el ministro Randazzo.
Y a Scioli hasta le puso –lo más grave- la tobillera electrónica de Carlos Zannini. Como compañero pesado en la fórmula.
En su soberbia, taponada por el orgullo o la ceguera, La Doctora no supo registrar el hartazgo que ya producía el kirchnerismo, en su versión cristinista, entre las capas medias y alta de la sociedad blanca. Vivía agobiada por imposturas de cadenas nacionales. Tensiones vanas. Grandes causas perdidas.
El final es más conocido que la propia historia. Se perdió. Fue Scioli quien perdió. Cometió el error imperdonable.
A La Doctora la aguardaban, con su paciencia infinita, los juzgados federales. Y a Scioli la desgracia de la derrota, que iba a exponerlo a las balas. Las que ahora entraban, sucesivamente, una tras otra. Las balas partían de las recámaras más inesperadas.
Mientras tanto (o mejor, para colmo), La Doctora y Scioli amenazan con la impertinencia del regreso. Es peor. Irritan más.
En la Argentina pendular se impone devastarlos. Antes que, por el bio-ritmo político, estimulados por la carencia, compongan juntos la ficción de recuperarse.
(*) Jorge Asís. Escritor, periodista, ensayista. Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2016 en su blog "JorgeAsisDigital.com"

El año de los siete velos

Por Enrique Guillermo Avogadro (*)
“Que gane el quiero la guerra del puedo, que los que esperan no cuenten las horas, que los que matan se mueran de miedo”. Joaquín Sabina
El Gobierno, me parece, está pecando de innecesaria humildad. Se niega a contarnos qué han significado, en especial para el interior del país, algunos de sus más importantes logros. Así, no habla de la grandiosa recuperación de la industria metalmecánica, del record en el área sembrada, de la sideral cosecha que se espera y del gigantesco ingreso de divisas genuinas que traerá aparejado, de la recuperación de los valores de tierras e inmuebles, de la sorprendente venta de tantas camionetas para el trabajo, de la prosperidad que se palpa en los pueblos y ciudades que dependen del campo, etc., y se concentra en las malas noticias que la economía produce todavía, ampliadas por las voces opositoras y por los caraduras del “círculo rojo” empresarial, que aún se niegan a invertir y apostar por el país, mientras continúan reclamando mayores protecciones aduaneras.
Estamos a dos semanas, casi los minutos finales, de un año que fue para los argentinos en general, incluyendo al Gobierno, muy complicado; al respecto, pongo a su disposición un trabajo del Dr. Juan Carlos Sánchez Arnau, titulado “La pobreza en Argentina 2016”, por su esencial contribución al análisis del tema. Y, hasta que llegue el pitido final de este primer tiempo, aún es posible que se complique todavía más por obra y gracia de algunos salvajes kirchneristas que, mientras son alimentados con dinero del Estado, siguen ilusionados con obligar a Mauricio Macri a renunciar y huir en un helicóptero. Destaco que el Partido Justicialista no comparte ese interés por desestabilizarlo, tal vez porque por el momento carece de alguien capaz de constituirse en su único líder o nuevo macho alfa.
Ahora bien, si los ministerios de Seguridad y las distintas policías, que cuentan además con un -aunque viejo- extenso informe que había preparado el Gral. Milani, ahora procesado por enriquecimiento ilícito, para Daniel Scioli cuando éste era candidato a Presidente, sigo sin entender por qué ya no están presos quienes instigan públicamente a saquear comercios en el Conurbano, puesto que esa conducta constituye en sí misma un delito, con prescindencia de que no encuentren un clima propicio para tales desbarajustes. A esta hora, ya deberían estar tras las rejas personajes como Fernando Esteche, Luis D’Elía, Hebe de Bonafini, algunos ex intendentes de las zonas conflictivas y, posiblemente, algunos en actividad.
También podría contribuir a generar situaciones incómodas el trámite en el Congreso de la modificación del mal llamado impuesto a las ganancias (debiera ser “a los ingresos”, como en el resto del mundo). Desde hace décadas, este tributo, el más justo y redistributivo de todos, se transformó en un dislate, pero el kirchnerismo lo convirtió, durante sus doce años en la Casa Rosada, en un verdadero calvario para los trabajadores registrados: al negarse a ajustar su base imponible -mínimo no imponible, otro error de nombre- al ritmo de la inflación galopante, prácticamente no dejó a nadie exento. Pero, si la CGT, tal como amenazan las ramas del transporte, decidiera realizar un improbable paro general para reclamar la sanción, seguramente no haría una contribución a la paz social.
El Gobierno logró en ese debate indudables pero fugaces triunfos: consiguió que Sergio Massa quedara pegado a los personajes más denostados de la anterior administración (Kiciloff, Recalde, etc.), el ex Ministro de Economía debió confesar que había cometido un sideral error en el cálculo del impacto fiscal del proyecto que tiene media sanción de Diputados y, al introducir la posibilidad de no vetar la ley si fuera sancionada así, obtuvo el apoyo de gran cantidad de gobernadores, todos peronistas, para evitarlo. En el balance final, dentro de la interna del PJ, el mayor beneficiado fue el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, cuya conducta se constituyó en la mayor muestra de racionalidad.
Pero ese éxito deberá ser rápidamente olvidado, ya que necesitará volver a negociar con el Frente Reciclador (¡genial definición de Fernando Iglesias!) para obtener las leyes que necesita; aunque triunfara en las elecciones legislativas del año próximo, Cambiemos no obtendrá la mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso. De todas maneras, no olvidemos que la negociación es la base fundamental de la democracia.
Los velos que menciona el título de esta nota se refieren a los de la corrupción que, aquí y en varios otros países de la región, fueron cayendo desde que comenzó el año y expusieron ese rasgo esencial del populismo criminal. No fue una casualidad que nuestra emperatriz patagónica se reuniera esta semana, en San Pablo, con Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, ya que la cabeza del PT está ya en el ojo de la tormenta desatada por las investigaciones de la justicia brasileña sobre las coimas que, desde las empresas públicas y privadas, fueron pagadas a políticos de todos los partidos. Es claro que los tres están buscando armar, desde el llano, un escudo protector y venderlo a las izquierdas mundiales de escritorio para mantenerse fuera de la cárcel, disfrazados de víctimas del imperio, como hacen con Milagro Salas; cuentan, sin duda, con la colaboración de otros próceres de ese siniestro relato: Correa, en Ecuador; Morales, en Bolivia; Ortega, en Nicaragua; y el inefable Maduro, en Venezuela.
Que no se hayan sumado Bachelet (Chile), Castro (Cuba) ni Temer (Brasil) habla de los problemas que este trío padece. La primera afronta un clima sumamente adverso, derivado del negociado de su nuera y su hijo; el gerente caribeño, aún de duelo, pisa con cuidado los huevos del descongelamiento operado por Obama y las amenazas latentes surgidas con el triunfo de Trump; y el propio Presidente en ejercicio está inmerso en la peor crisis política que recuerde la historia verde-amarela, a la cual se suma la fuerte recesión que golpea a su economía, que repercute negativamente sobre el resto de los países. Ninguno, entonces, tiene tiempo, ni ganas de acompañar la aventura de los ladrones que ya están en el llano.
El próximo lunes 19 será para sacar balcones, puesto que se celebrará en la Sala I de la Cámara de Casación (Figueroa, Hornos y Borinsky) la audiencia para determinar si se abre, finalmente, la investigación sobre la denuncia del asesinado Fiscal Nisman contra Cristina Elizabet Fernández, Héctor Timerman y varios más (entre otros, nuevamente Esteche y D’Elía) por traición a la patria, encubrimiento al terrorismo y asociación ilícita. Se presentarán el Fiscal General De Luca, un conspicuo integrante de “Justicia Legítima”, que pretende cerrar el caso, y la DAIA, que exige la apertura.
Esta es la causa que más preocupa a la ex Presidente por su repercusión internacional; por eso, su principal escudero judicial, Carlos Zannini, desarrolla tantos esfuerzos –y desembolsa tanto dinero- para impedir que se investigue, después que la cerraran dos veces, sin siquiera escuchar las miles de horas de grabaciones interceptadas, el Juez Rafecas y la Sala I (Freiler y Ballesteros) de la Cámara Federal.
La que tiene en sus manos es mi última nota del año, ya que sólo volveré a escribir a partir del sábado 7 de enero. Entonces, sólo me cabe desearle, a usted y a los suyos, una feliz Navidad; o feliz Janucá, si es usted uno de mis muchos amigos judíos. Sigo siendo optimista, y tengo la certeza de que 2017 será el año de la recuperación de nuestro querido país, al que tanto hemos maltratado.
Bs.As., 17 Dic 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

Balance 2016. El experimento Macri: rarezas de un nuevo ciclo político

Por Carlos Pagni (*)
Brexit. Avance de Podemos sobre el socialismo en Galicia. Derrota de Merkel en beneficio del nacionalismo en su propio distrito y en Berlín. Aplastante victoria de la oposición a Matteo Renzi en el referéndum italiano. Triunfo del "no" en el plebiscito de Colombia por la paz. Elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Occidente vive un ciclo de rarezas. Y, tal vez por estar adentro de esa ola, en la Argentina no se percibe con tanta nitidez que la llegada de Cambiemos al poder pertenece a ese inventario de excentricidades. Para un observador distante podría ser la más llamativa.

Las elecciones de 2015 plantearon una escena muy atípica. A mediados de ese año la gran incógnita era cómo haría Mauricio Macri para alcanzar la Presidencia, si en la provincia de Buenos Aires estaba condenado al fracaso. Vaticinar que ganaría la carrera no a pesar de ese feudo sino por él, hubiera parecido una locura. La ola de cortes de boleta que consagró a María Eugenia Vidal y sepultó a Aníbal Fernández es un fenómeno extrañísimo, que abrió la puerta a una dinámica que, al cabo de un año, sigue sorprendiendo.

No fue la única singularidad. La caída bonaerense del PJ, por segunda vez en su historia, condujo a que, por primera vez, un candidato se convirtiera en presidente a través del ballottage. De la combinación de estos factores deviene otra extrañeza: un gobierno que, también por primera vez, carece de mayoría en las dos cámaras del Poder Legislativo. Con una peculiaridad adicional: nadie tiene la mayoría en Diputados.

Este mapa contrasta con toda la historia precedente. Pero, sobre todo, con la de los últimos 12 años. El kirchnerismo llegó a constituir un monopolio de poder. Su propensión a obtener resultados a través de un conflicto permanente entre "ellos" y "nosotros" fue viable porque ese "nosotros" era autosuficiente. Desde las elecciones del año pasado ese estilo es inviable. Ningún grupo puede mover la rueda sin la colaboración de otro. El método de los Kirchner destruía el centro. Hoy la política tiende al centro. Una dirigencia acostumbrada a la confrontación debió ejercitarse en la negociación y el acuerdo. La derivación más obvia de este juego es que ningún proyecto se realiza tal como fue concebido. Es la principal lección que debe aprender el oficialismo. Los programas elaborados en la fundación Pensar eran eso: pensar. Materializar esas ideas supone concesiones y renunciamientos. Por eso la habilidad negociadora de Macri y su equipo está en permanente observación.

El dilema del peronismo

La fragilidad propia y la dispersión ajena desafía a Cambiemos con un problema que esa fuerza no ha podido resolver: cómo abordar al peronismo. Mejor dicho: a los peronismos. La hipótesis inicial del presidente fue acordar con Sergio Massa. Parecía inevitable. Una franja importante de electorado de Massa se superpone con el oficialismo, como se demostró en la segunda vuelta electoral. Además, mientras Cristina Kirchner seguía dominando al Frente para la Victoria, Massa era el único peronista disponible para un pacto. Y ese pacto tendría una ventaja adicional: suministrar gobernabilidad a Vidal, que también se encuentra en minoría. Sin embargo, el entendimiento con Massa fue pronto insuficiente porque, si bien facilita el trámite legislativo en Diputados, es inocuo en el Senado.

El nuevo orden que se abrió en 2015 reintrodujo a otro actor que había permanecido en la penumbra: el club de gobernadores. Desalojado de la Casa Rosada, el PJ se asienta en ese cuerpo, cuyo "gremialista" es Miguel Pichetto, su hombre en el Senado. Quiere decir que la debilidad institucional de Macri no sólo produjo un reflujo de poder hacia el parlamento. También revitalizó los liderazgos provinciales. Quien más temprano comprendió esta lógica fue Ricardo Lorenzetti. Consciente de que el Senado, del cual dependen los ministros de la Corte Suprema, remite a los gobernadores, impulsó el fallo de reposición de la coparticipación a Córdoba, Santa Fe y San Luis. Fue la bengala que inauguró el nuevo mapa de poder. Macri, indignado, intentó licuar a Lorenzetti designando dos jueces por decreto. Al cabo de seis meses él también tomó conciencia de que el bloque de senadores peronistas, subordinado a los mandatarios provinciales, era el peaje ineludible de cualquier iniciativa.

La relación con los gobernadores pasa por un eje fiscal. La prioridad de esos jefes del interior es el financiamiento. A lo largo del año fueron los grandes aliados del gradualismo. Ellos, como Macri, pretenden evitar una reducción drástica del gasto aprovechando las facilidades del endeudamiento. Esta preferencia puede haber conducido al Gobierno a un malentendido. La colaboración del peronismo federal nunca sería indiscriminada. Sólo permitió aprobar aquellas leyes imprescindibles para que las provincias pudieran financiar su déficit sin tener que hacer recortes antipáticos: holdouts, blanqueo, presupuesto. Pero no tuvo contemplaciones para imponer a la Casa Rosada medidas inconvenientes, como la doble indemnización, una emergencia social generosísima o una reducción irresponsable del impuesto a las Ganancias. Tampoco permitió que Macri se acredite una victoria política como, por ejemplo, la reforma electoral. En síntesis: el peronismo real sólo ayudó a Macri cuando eso significaba ayudarse a sí mismo.
El Presidente recién tomó conciencia de este límite en el último trimestre. Los fracasos parlamentarios inducen en Cambiemos una discusión identitaria. A mediados de año, varios dirigentes oficialistas, con Ernesto Sanz a la cabeza, aconsejaron pactar una agenda con el PJ hasta las elecciones del año próximo. Macri rechazó esa receta. Su criterio era razonable: él se ve a sí mismo en el espejo que le muestran Marcos Peña y Jaime Durán Barba, es decir, como el impulsor de una renovación, de un cambio, no sólo respecto del kirchnerismo sino del paradigma político anterior. Entre las peculiaridades de este trance histórico está también que llegó a la Casa Rosada, por primera vez, un producto de la gran crisis de 2001. En el centro de Cambiemos está Pro, un partido que, desde su nacimiento, se propuso reparar las frustraciones de los sectores medios con la política. El perfil de Macri, un empresario y dirigente futbolístico que rechaza la etiqueta de líder profesional, refuerza ese mensaje. Y sugiere un aire de familia con figuras como Berlusconi, Piñera o Trump. Hay que poner la lupa en el fenómeno. Después de 12 años de prédica anticapitalista, a Cristina Kirchner la sucede un empresario. Es la peor de las derrotas: la derrota cultural. Mucho más llamativa porque se verifica en una sociedad que, por lo general, penaliza la riqueza.

El malestar de origen

La propuesta regeneradora del oficialismo cobija una novedad todavía más desafiante. Ese dirigente proveniente del empresariado sueña con fundar una transversalidad, inversa a la que ensayó el primer Néstor Kirchner: desde una base que se localiza en las capas medias, Cambiemos, y sobre todo Pro, aspira a representar también a los desamparados. Sumergir a su administración en un pacto bipartidista sería sacrificar la esencia de ese experimento. La apuesta de Macri es la de un dirigente que se incorporó a la política cuando esta actividad promovía un intenso malestar. Su ingreso fue una de las múltiples respuestas que obtuvo el reclamo "que se vayan todos". Es muy comprensible, entonces, que su oferta esté modelada por esa demanda. Es decir, que exprese un reproche antipolítico. De modo que la coalición gobernante, y sobre todo Pro, tienen un aire de familia con otras organizaciones que florecen en este ciclo histórico: de Podemos a Trump. Sólo que, en el caso de Macri y de su grupo, hay una disonancia que señala el sagaz Pablo Gerchunoff. El Presidente conduce una experiencia antipolítica que, a diferencia de todas las demás, no es antiglobalización.
No podría serlo: la estrategia principal de la administración se basa en el gradualismo fiscal. Esto significa que, para evitar un ajuste que desde el punto de vista político y social sería insostenible, apuesta al financiamiento externo. Por eso la adhesión de Macri a la globalización es inusual: se propone evitar la receta ortodoxa. La jugada es contraintuitiva: el oficialismo devaluó, levantó el cepo cambiario, acordó con los holdouts, organizó un blanqueo y sedujo al sistema financiero para no dinamitar el consenso social. Más extravagancias.
El temperamento antipolítico, como marca de nacimiento, explica la tensión permanente y general que, desde el corazón del Gobierno, se establece con la dirigencia tradicional. Lo que Jaime Durán Barba llama "círculo rojo". Una propensión que se agudiza por una encrucijada particular: la crisis de confianza en la esfera pública que produjo el espíritu autoritario y la corrupción del kirchnerismo. La contraposición con los Kirchner ha sido el principal aglutinante de Cambiemos. Sólo así se comprende que la UCR se encolumne detrás de Macri. Y algo más impensable todavía: que también lo haga Elisa Carrió. Estas adhesiones desafían la plasticidad de Macri. Para contenerlas, debe ensayar un nuevo estilo. No le alcanzará con ser el ingeniero pragmático que viene a "resolver los problemas concretos de la gente". Tendrá que satisfacer también las expectativas de un saneamiento institucional.
La contradicción con el peronismo que gobernó en los 12 años anteriores está determinada también por otra peculiaridad: por primera vez un gobernante llega al poder a través del ballottage. La contradicción con Cristina Kirchner, entonces, no sólo otorga cohesión a la alianza Cambiemos. Sirve también para fidelizar a un electorado que optó por Macri aunque en las primarias, o en la primera vuelta, no lo haya preferido.
Este rasgo constitutivo plantea una contradicción difícil de resolver. Porque el Gobierno obtiene consenso por oposición al elenco anterior. Pero, como está en minoría, no puede administrar el Estado sin negociar con ese elenco. A lo largo de su primer año de gestión, la relación de Macri con el pasado inmediato ha oscilado entre la impugnación y la transacción. Su vocación por prestar más atención a la opinión pública que a la dirigencia no es errónea. Es insuficiente. Porque el rechazo a los acuerdos partidocráticos deja sin resolver un problema: cómo administrar las demandas de los distintos sectores de la dirigencia. En especial del peronismo, que se expresa a través de los gobernadores, los sindicatos y los movimientos sociales.
Esa fuerza política ofreció a Cambiemos una ventaja inestimable. Se mantuvo dividida, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Ese territorio será el año que viene el gran banco de pruebas del experimento Macri. Una vez que ganó allí, está obligado a volver a ganar. Además, el principal desafiante del Gobierno, Massa, es bonaerense. Del futuro de Massa depende en gran medida la posibilidad de que el peronismo organice o no, para las presidenciales de 2019, un proyecto de poder. Si eso no sucede, la política estará produciendo un cambio de larga duración. Por primera vez desde 1928 un presidente ajeno al peronismo habrá terminado su mandato. Y hasta podría conquistar la reelección.

La incógnita no podría ser más relevante. Una de las consecuencias principales de la tormenta del año 2001 fue que los sectores medios se vieron privados de un instrumento de intervención en el proceso colectivo. Esa circunstancia fue providencial para los Kirchner y su proyecto de poder. El unicato que inauguró la ex presidenta en 2011 no se debió al 54% de los votos. Se debió a que sus rivales se habían fragmentado de tal modo que ninguno superaba el 17%. El año que viene se sabrá si esas capas medias, distantes del PJ, encontraron en Cambiemos un vehículo para evitar lo que veían como una catástrofe. O si se han dado un nuevo y consistente aparato de poder capaz de garantizar una alternancia. De todas las rarezas, sería la mayor.
(*) Carlos Pagni. Periodista. Columnista de La Nación. Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2016

Los conversos conversan en Miami

Por Carlos A. Montaner (*)
La Feria del Libro de Miami se ha convertido en una actividad muy importante en español e inglés. La cobija el Miami Dade College, una de las universidades norteamericanas que más hispanos educa en el mundo y la mayor de Estados Unidos. De los 165,000 estudiantes que posee, las tres cuartas partes son “latinos”, casi todos escapados o descendientes de los diferentes naufragios latinoamericanos.
El MDC también se ocupa del cine por medio del Miami Film Festival, y de la escena y la representación por el Festival Internacional de Teatro Hispano. Es una institución práctica que forma profesionales, pero también que fortalece y rescata diversas expresiones culturales propias de las élites, algo absolutamente necesario en una ciudad bilingüe y bicultural como no hay otra en Estados Unidos.
No es verdad la amarga ironía de que “Miami es la ciudad latinoamericana más cercana a Estados Unidos”. O que se trata de “un sitio en el que se vive en español y se cobra en inglés”. Miami es una forma enriquecida y plural de ser estadounidense. Es tanto el peso del MDC, y ha hecho tanto por integrar a las minorías en el mainstream norteamericano, que el presidente Barack Obama, ya con un pie en el estribo, acaba de otorgarle la Medalla de la Libertad al rector Eduardo Padrón. Lo ha premiado por demostrar que la diversidad y la variedad son perfectamente compatibles con el carácter norteamericano. Magnífico.
Este año los amigos de la Feria del Libro de Miami me pidieron que presentara un libro extraordinario. Se titula Diálogo de Conversos (Debate, Penguin Random House), y lo escribieron dos chilenos excepcionales: Roberto Ampuero y Mauricio Rojas. Los dos fueron comunistas en su juventud.
Los dos lucharon por aupar a Salvador Allende. Ambos, todavía sin conocerse, tuvieron que huir en 1973 cuando el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar e inauguró una dictadura, hasta que abandonó el poder mediante unas elecciones democráticas y libres en 1990.
Roberto Ampuero, de familia acomodada, pero militante de la juventud comunista, primero se exilió en la República Democrática Alemana –que no era una república, y mucho menos democrática–, luego vivió en Cuba durante cinco años, y más tarde, tras el fracaso de su matrimonio con una cubana de la nomenklatura, regresó a la Alemania roja. En 1983 consiguió trasladarse e la Alemania occidental, y allí, en noviembre de 1989, lo sorprendió, como a todos, el derribo del Muro de Berlín. En 1993 regresó a Chile, pero ya era una persona totalmente diferente. Era un verdadero liberal en el sentido europeo de la palabra. Había conocido el socialismo real y le pareció espantoso.
Mauricio Rojas fue un joven comunista aún más radical que Ampuero. Su origen era más humilde. Mauricio fue miembro del MIR y llegó a Suecia para restaurar fuerzas y regresar a Chile a luchar por medio de las armas contra Pinochet. Su primera mirada al país que lo acogía estaba cargada de esa superficialidad hostil con que el marxismo-leninismo dota a sus militantes. Hasta que comenzó a quitarse las vendas y se asomó a una sociedad asentada en la libertad, los derechos humanos y la propiedad.
Rojas fue a la Universidad de Lund y terminó un doctorado en Historia Económica. Como dicen los españoles: se desasnó. Advirtió que el comunismo era una estafa intelectual que casi siempre conducía al asesinato. Cien millones de personas eran testigos mudos y helados de ese inmenso disparate.
Con el tiempo, abandonó totalmente el marxismo-leninismo y se acercó al Partido Liberal sueco. Pudo sumarse a la socialdemocracia, pero le parecían más apropiadas y eficaces las ideas de Mises y de Hayek, de Friedman, de Gary Becker y de tantos otros pensadores de la libertad. Durante seis años fue diputado por el Partido Liberal sueco en el parlamento de ese país.
Roberto Ampuero había roto con el marxismo-leninismo y había descubierto el pensamiento liberal ante el impacto miserable del socialismo real.
Mauricio Rojas había roto con el marxismo-leninismo y había descubierto el pensamiento liberal tras experimentar las bondades de una de las sociedades más exitosas de la historia.
Los caminos eran diferentes e igualmente dolorosos, pero el resultado era el mismo.

Una vez en Chile, se conocieron y decidieron conversar. De ahí salió este libro imprescindible: Diálogo de Conversos. Bienaventurados los que tienen el valor de cambiar porque de ellos será el reino de la libertad.
(*) Carlos A. Montaner. Periodista. Artículo publicado por la Fundación Libertad y Progreso el 1° de Diciembre de 2016

El duro aprendizaje del arte del acuerdo

Por Roberto Porcel (*)
Una vez más, Argentina parece caer en la lógica del péndulo, siempre de un extremo al otro. Se suceden los gobiernos, pero el mejor argumento político en el que todos siguen confluyendo sigue siendo el de la confrontación. Todos se esfuerzan por generar un adversario único y perverso. Peronismo o antiperonismo, kirchnerismo o antikirchnerismo. Aun cuando la realidad política indique otra cosa, no importa. No hay que dejar opciones. Se debe asentar la conciencia de que sólo existen dos grupos: el correcto, el bueno, el nuestro, y el otro, el despreciable, al que hay que temer y demonizar. Por supuesto, no hay espacio ni tolerancia posible para quien no pertenezca o se identifique con el espacio propio. Tal parece ser lo que está sucediendo una vez más.
Hace unos pocos días, el jefe del bloque de diputados del PRO, Nicolás Massot, hacía público su acercamiento hacia los legisladores del Frente para la Victoria (FPV), elogiando a uno de sus integrantes más cuestionados por la ciudadanía, Axel Kicillof y reconociendo haber trabajado junto al FPV en el Congreso para la elaboración de más de cien leyes. No se agotó en ese reconocimiento el jefe del bloque del PRO, sino que fue más allá y elogió el proyecto de ganancias de Axel Kicillof, al que tildó de "innovador". Hasta allí, todo bien, el juego de la democracia, el arte del diálogo y la concertación. Lo contrario a lo que tantas veces hemos criticado de los Gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, que hicieron del Congreso una escribanía de sus deseos.
Sin embargo, unas pocas horas más tarde, todo este escenario cambiaría. El FPV finalmente no acordó con el oficialismo esta vez, sino que lo hizo con el Frente Renovador, el Bloque Justicialista (BJ), el Frente Amplio Progresista (FAP), el Movimiento Evita y Proyecto Sur. A partir de allí, no solamente se derribaron todos los puentes, sino que los elogios se transformaron en duras críticas. Tras el acuerdo arribado para la media sanción del proyecto de ganancias, se escuchó calificar al Presidente de la Nación de demagogos e irresponsables a los legisladores de la oposición, al tiempo que sostuvo haber vivido como una "pesadilla" la unión de dirigentes del massismo, el justicialismo y el kirchnerismo que lograron imponer su iniciativa y agregó: "Alguien dijo algo muy elocuente, que había tenido como una pesadilla al ver de golpe imágenes del ex jefe de gabinete de Cristina Kirchner, [Sergio] Massa; del ex ministro de Economía, [Axel] Kicillof; del ex responsable de la Anses, [Diego] Bossio; del ex gobernador de Cristina, Felipe Solá; de la ex ministra de Trabajo, Graciela Camaño; todos hablando sobre el impuesto del cual no se ocuparon durante más de una década".
De pronto, la oposición era expuesta como si todos sus miembros fueran lo mismo e integraran un solo y único perverso espacio. Para justificarlo, el Presidente de la Nación recurrió a enunciar "al pasar" los cargos que muchos de ellos ocuparon durante administraciones anteriores, cual si ello habilitara a contrastar la realidad actual y a considerar a todos esos integrantes de distintos bloques y partidos políticos como miembros de un frente único opositor por su mero pasado. Si uno siguiera esa línea argumental, la "pesadilla" podría revivirse y plantearnos nuevos interrogantes recordando verbigracia las largas caminatas de Alfonso Prat-Gay junto a Victoria Donda y Humberto Tumini (secretario general de Libres del Sur) por las playas bonaerenses, cuando compartieron fórmula queriendo disputarle el poder al macrismo, en 2015. O el paso del actual ministro Prat-Gay por la Presidencia del Banco Central durante los Gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Algo similar podría argumentarse respecto de otros encumbrados dirigentes del actual Gobierno, tal el caso de Emilio Monzó, actual presidente de la Cámara de Diputados, quien fuera electo en 2007 diputado de la provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria; ocupó durante su mandato la Comisión de Presupuesto e Impuestos. Y también ministro de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, con Daniel Scioli gobernador, entre 2008 y 2009. El propio Felipe Solá conformó una alianza electoral junto al actual Presidente. O Alberto Abad, quien se desempeñara en el mismo cargo que hoy ocupa durante el período 2002-2008, Gobiernos de Duhalde y Kirchner.
Luego, considero que argumentar sobre el pasado no tiene sentido. Como tampoco lo tiene descalificar en función de dónde estuvieron parados unos y otros antes. ¿Quién puede poner en tela de juicio la idoneidad y la jerarquía de funcionarios de la talla de Alberto Abad, o descalificarlo por haber participado de cargos en otras administraciones? ¿Quién puede condenar a Prat-Gay por haber integrado su fórmula junto a Victoria Donda? En todo caso, nadie puede tirar la primera piedra. Lo que vale para unos vale para los otros. Unirse, consensuar, acordar, debería ser la meta final de todos. De eso se trata la política.
Un muy buen ejemplo de ello es María Eugenia Vidal; la gobernadora de la provincia de Buenos Aires ha sabido transitar la difícil provincia practicando el arte del acuerdo. Por el contrario, el diálogo, el encuentro, parecerían ser la excusa ideal de muchos para desacreditar, para disgregar, para descalificar. No existen en el país sólo dos voces ni dos ideas. Hay muchas más y con matices muy bien diferenciados. Negar esa realidad y pretender que solamente hay dos grupos alimenta y profundiza la confrontación, de eso vivía el "relato" kirchnerista. Nuestro país debe cesar en confrontaciones. Es responsabilidad superior del Presidente de la Nación promover los consensos y no alimentar los disensos. Si de verdad está en el ADN de Cambiemos el cambio, hagamos de la política un instrumento de cambio y no de confrontación.

Lo que está sucediendo con la ley sobre ganancias en el Senado es quizás la mejor demostración de para qué sirve la política. Frente a posiciones encontradas, con posturas muy distintas según los intereses que afectan a los sectores, se plantean las discusiones, se esgrimen las posiciones, se escucha a los distintos actores y, al final del día, seguramente se logrará el consenso que contemple y equilibre los distintos reclamos de la sociedad. De eso se trata la política. No hace falta demonizar. Como dijo el Presidente al momento de asumir el actual mandato: "Hay que aprender el arte del acuerdo". Ojalá cunda ese mensaje y no nos desviemos de ese pensamiento. Por el bien de todos los argentinos, para celebrar el cambio y fortalecer las instituciones.
(*) Roberto Porcel. Abogado. Periodista. Artículo publicado en INFOBAE el 17 de Diciembre de 2016

Un empujoncito al carro…

Por Elena Valero Narváez (*)
La marcha de la economía no debiera depender de los intereses políticos del partido gobernante ni de sus intereses electorales, después de un año de gobierno los argentinos exigen más.
El presidente enunció los problemas fundamentales y fijó objetivos, alguno de ellos tomados del campo de la utopía, como pobreza cero, pero los resultados apenas se alcanzan a ver.
No se nos pasa que no se puede hacer milagros, tampoco que hay que cuidar no solo el sistema económico sino también los fines y objetivos que demanda la política y que no se pueden separar. Pero es importante que el Gobierno no subordine la economía a la política al punto de estar sometida a reclamos sociales imposibles de satisfacer.
No hay economista que no se preocupe por el nivel de gasto público. El sobredimensionamiento del Estado es uno de los problemas a resolver porque no permite que baje lo suficiente. También se espera una reforma laboral que flexibilice las normas y así favorezca la creación de empleo. Los líderes sindicales parecen no entender que aunque los trabajadores ganen menos, siempre será mejor que estar sin trabajo o con miedo a perderlo, 9,9 % de desocupación es un número preocupante.
Tanto el gobierno como los empresarios y sindicalistas debieran hacer un acuerdo realista para que baje el porcentaje, teniendo en claro que el trabajo es una fuente de integración, no solo social, sino también psicológica.
En cuanto al asistencialismo se equivoca el Gobierno. No puede darse indiscriminadamente y por mucho tiempo. Tiene que ser transparente para que no suceda como en el gobierno anterior: quien repartieron se quedaron con la mejor parte.
Con doce años de populismo, los argentinos aprendimos que el Estado es un enemigo potencial de la libertad humana. Por eso los medios de producción deben volver del Estado a la actividad privada. De esta manera habrá menos gasto publico, menos burocracia y por ello menos corrupción. Y, por otro lado, mejorará la eficiencia y la producción. El campo muestra como dejándolo de estorbar con impuestos se reacomoda rápidamente y se convierte en un sector productivo.
El estatismo siempre fue atractivo para los gobiernos argentinos y tiene aún el favor de la gente. No entienden que debilita los poderes espontáneos de la sociedad civil, concentrándolos en el Estado, genera afán desmesurado de lucro en la burocracia estatal y pérdida de grados de libertad.
También conduce a extraer de la actividad privada contribuciones excesivas. Es así como le impide prepararse para competir y causa, por necesidad de pagar los gastos que genera, inflación o endeudamiento.
Aunque el Gobierno se decida por un rumbo menos incierto, es real que el Congreso ayuda poco. Espero que los legisladores recuerden la tormentosa época que vivimos durante el gobierno del presidente De La Rua. El impuestazo impulsado por José Luis Machinea, como forma de paliar la crisis que se avecinaba, en diciembre de 1999, le significó al Gobierno la enemistad de varios sectores económicos y la desconfianza de la sociedad en su conjunto.
El peronismo dominaba el Senado, costo sangre que los legisladores accedieran a votar cualquier ley. De allí ¨los presuntos favores personales¨ y demás yerbas. Entre ellas, vimos a un funcionario, apoyado por la Justicia, violar la propiedad privada de un inversor norteamericano en un campo de Entre Ríos.
La seguridad Jurídica es lo que están pidiendo los inversores. Ella les muestra el nivel de confianza que genera el país. Es sinónimo de respeto a las instituciones y a la ley.
El presidente Macri tiene aún el apoyo de buena parte de la sociedad. Ya se le dio el tiempo para preparar a su gobierno. Ahora es tiempo de explicar debidamente hacia dónde vamos y qué se espera lograr. No se pueden dilatar más las soluciones. Los argentinos y los inversores quiere saber donde están parados y para ello el presidente tiene que hacer lo que no hizo: determinar un rumbo bien definido para lograr el consenso necesario en la opinión pública. Falta una conexión mas estrecha. Mas que los timbreos, los medios de comunicación deben ser mejor aprovechados, evitando errores, para atraer el esfuerzo y la tolerancia de la gente y seguir manteniendo la confianza.
(*) Elena Valero Narváez. Periodista, analista política e historiadora.

Fuente: Comunicación personal de la autora

martes, 13 de diciembre de 2016

La economía de la película LEGO

Por Instituto Mises (*)
(*) Instituto MisesEducación en la economía y la ética del libre mercado en la tradición intelectual de la escuela austriaca. En el Canal de Youtube de Instituto Mises. En este episodio de EconPop, Andrew comenta la exitosa comedia de animación The LEGO Movie. Los temas incluyen el orden emergente, la destrucción creativa, y la planificación centralizada. Publicado el 1° de Agosto de 2015

Hola, Balcarce

Por Alejandro Borensztein (*)
Sos el perro del Presidente, con perdón de la expresión. Ya te vimos sentado en el sillón de Rivadavia.
Por lo tanto, querido Balcarce, me imagino que ya te movés cómodamente por toda la Casa Rosada, accedés a los despachos, los granaderos te acarician y, aunque sos un perro, debés tener alguna influencia en el gobierno de Cambiemos. Más que los radicales, seguro.
Leí tu historia. Te rescataron de un baldío y te llevaron a vivir a la sede del PRO. No egresaste del Newman, no fuiste a la universidad, no hiciste un master, no dirigiste una empresa ni tenés ninguno de los méritos que tienen los funcionarios del gobierno. Pero me parece que tenés más calle que todos ellos juntos.
Por eso creo que podrías darles una patita en aquellas cosas en las que andan medios flojos por falta de potrero. ¿Me entendés, Balcarce?
Por ejemplo. Como vos bien sabés, en el Congreso ahora están las famosas sesiones extraordinarias en las que sólo pueden tratarse iniciativas enviadas por el Poder Ejecutivo. O sea por tu amo.
Pero los chambones que lo rodean (a tu amo) no tuvieron mejor idea que mandar una ley para bajar el impuesto a las Ganancias sin tener negociados los votos para aprobarla. Diciembre. Iban 40 del segundo tiempo. ¿Hacía falta, papi?
Yo entiendo que ahora todos somos muy democráticos, amplios, dialoguistas, buscamos los consensos y todo eso. Pero tampoco comamos Dogui de vidrio, Balcarce.
Vos sabés de lo que estamos hablando. Vos pasaste noches a la intemperie. Tuviste hambre. No sos un Prat-Gay ni un Lopetegui. Sos Balcarce, el de las pulgas. El que se bancó el moquillo y ahora llegó a la cima. Vos entendés. ¿Qué necesidad tenían de arriesgar esa bocha en el área?
Ya te habrás enterado por los gritos en los pasillos de la Rosada que la oposición tiró a la basura el proyecto oficial, se abrieron las puertas del tren fantasma y aparecieron Kicillof, Recalde y todos los perros que se fueron hace un año, abrazados con Sergio Massa y su gente. Todo juntitos con un proyecto que reduce aún más el alcance del impuesto a las Ganancias y le hace un boquete al presupuesto de Macri que ellos mismos ya habían aprobado.
¿Te das cuenta, Balcarce? Los mismos tipos que durante doce años se negaron a discutir el tema Ganancias y la modificación de las escalas, ahora les agarró un ataque de sensibilidad social. Se lo descontaban hasta a las maestras de primaria. Posta.
Obviamente, todo esto no lo hicieron para ayudar a la gente sino para joderlo a Macri. Imaginate que si el tipo se pasó la campaña prometiendo al pedo la eliminación de Ganancias, si ahora pudiera lo haría. No es tan chambón. Pero sabés perfectamente cómo es lo del déficit fiscal, no te lo voy a andar explicando a vos, Balcarce.
Sin embargo, el punto clave para arreglar esto es que, como es un impuesto coparticipable, si se aprueba como lo escribió Kicillof las provincias dejaría de percibir 20.000 millones de mangos. ¿Me seguís, Balcarce?
O sea que lo que es lindísimo para los diputados peronistas pasa a ser espantoso para los senadores peronistas que representan a las provincias y ahora se enfrentan a un dilema: ¿aprobamos la ley y nos quedamos sin guita o la rechazamos y nos repartimos los 20.000 palos?
Pero mientras los senadores se mataban pensando cómo la iban a resolver, salió tu Vicepresidenta Michetti por televisión avisando que si la ley se aprueba, Macri la va a vetar. O sea, le resolvía el problema a los senadores: podían aprobar la ley, quedar bien con el peronismo a sabiendas de que después el presidente la iba a vetar. O sea que las provincias iban a salvar los 20.000 palos gracias al veto y todo el costo político de la maniobra lo pagaba el malo de Macri. Tu amo, ¿entendés Balcarce?
¡¡Hay que buscar un perro callejero para Gaby, urgente!! Y vos tenés que estar más atento, Balcarce. Eso le puede pasar a un tiernito del PRO, pero no a un Balcarce que supo andar en el barro. Ahí tenías que estar vos para ladrar, macho. ¿Qué pasó? ¿Te quedaste parado pensando que iba afuera? Con todo el potrero que tenés, te dejaste cabecear en el área chica.
A partir de ahora, cada vez que escuches que Michetti está por ir a un canal de televisión, vas y le meás los tobillos. O te me vas a ladrar a la oficina de Marcos Peña hasta que el tipo te entienda. Ese es tu aporte al cambio, Balcarce. Tenés que avivarlos. Si hace falta, salís al balcón de la Rosada y aullás toda la noche. Para eso sos el perro fiel de Cambiemos. No tengas vergüenza. Después de que tu amo y Gaby cantaron y bailaron frente a la Plaza, un perro aullando en el balcón del General no va a asombrar a nadie.
Ahora escúchame bien, Balcarce. El plan es el siguiente: vas y le decís al Compañero Mauri que anuncie que él no piensa vetar la ley. Así, enérgicamente. Y que si los senadores la aprueban, entonces que se banquen los 20.000 palos menos de recaudación para sus provincias.
Los tipos van a estar desesperados. Santa Fe pierde 2.500 palos, Tucumán se pierde 1.000, Entre Ríos 900, Formosa 700 y así con todas. Demasiada guita para hacerle la campaña a Massa.
La gobernación de Santa Cruz, que no tiene ni para pagar la cuenta del diariero, se queda sin 300 palos. Ahí gobierna Alicia Kirchner. ¿Sabés quién es? Es la cuñada de la dueña de Simón, el perro de raza mucuchíes que el hermano de Hugo Chávez le regaló a Ex Ella.
Entró al Guinnes: es el primer perro de la historia en ser presentado por Cadena Nacional. Fue el 17 de noviembre de 2013. Otro de los tantos hits de la comedia kirchnerista con la que nos distraíamos mientras José López recaudaba. Y repartía.
Simón, como vos, también zafó de la miseria. Si en Venezuela la gente la está pasando como el orto, imagínate cómo la deben estar pasando los perros. De haberse quedado allá hoy Simón sería mortadela. Es el único venezolano al que el chavismo le salvó la vida.
Por suerte está acá y ahora es la mascota de la cadena hotelera. Mirá cómo es la vida. Balcarce y Simón. Parece una de Disney.
Como viene la mano, yo creo que Simón ya se está bajando. No te digo que se cruce al Frente Renovador, pero no sería raro que en cualquier momento lo veas llevándole el Clarín y las pantuflas a Randazzo, a Bossio o a algún otro.
La fidelidad de un perro termina cuando un Juez te llama y te dice “venga para acá y explíqueme lo que hicieron con Nisman”.
Corré Balcarce. Andá a ladrarle al Presidente antes de que empiece el Superclásico porque después no te va a dar bola.
Contamos con vos. Yo sé que no es fácil discutir con ladridos la ley que modifica el impuesto a las Ganancias, pero dale, ponele onda. No es para tanto. No te estoy pidiendo que le expliques un texto de Carta Abierta.
Tampoco le des mucha vuelta ni se la hagas lunga porque el Compañero Mauri se aburre. La dialéctica política dejala para cuando tengas que intercambiar ideas con Rozitchner. Al Presi hay que hacérsela futbolera para que le sea más fácil.
Te le parás enfrente, movés la cola y la cantás: “Giunta, Giunta, Giunta, huevo, huevo, huevo”. Te va a entender enseguida. Después le hacés un guau guau cariñoso, le chupeteas un poco la cara y lo mandas a dormir.
Vamos Balcarce. No me falles. Unidos triunfaremos.
(*) Alejandro Borensztein. Arquitecto, productor de TV y columnista de Clarín. Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2016