miércoles, 10 de febrero de 2016

Se perdieron u$s 300 mil millones de inversión extranjera

Por IDESA (*)
La presencia del país en el Foro de Davos buscó convencer a los líderes mundiales sobre la decisión de revertir las políticas que espantaron la inversión productiva en la última década. De todas formas, se trata de un proceso largo y complejo que, además de gestos políticos, requiere de un profundo proceso de reconstrucción institucional.  Lo más difícil será recuperar la reputación como un país creíble que no volverá a caer en la tentación de la discrecionalidad y la arbitrariedad.  
El Foro Económico Mundial, que se lleva a cabo todos los años en Davos, Suiza, es uno de los eventos no gubernamentales más importantes a nivel internacional por la presencia masiva de líderes políticos, empresariales y referentes de la sociedad civil. Además de analizar temas de relevancia mundial y procurar consensuar estrategias y abordajes mancomunados, el Foro constituye un ámbito de diálogo político global.
Marcando una clara ruptura respecto a años anteriores, en esta oportunidad las máximas autoridades del gobierno nacional, junto con el principal referente de la oposición, asistieron a la cumbre y tuvieron una intensa actividad. El objetivo subyacente fue restablecer el diálogo con los dirigentes políticos de las naciones desarrolladas y entablar contacto con hombres de negocios a fin de atraer inversiones al país.   
Se puede evaluar la importancia del tema analizando la dinámica de las inversiones extranjeras directas en los últimos años. Según datos de la CEPAL, si se compara la década de los ‘90 con la comprendida entre los años 2004 y 2014, se observa que:
  • En Argentina, el total de la inversión extranjera directa recibida por el país pasó de U$S 68 mil millones a U$S 90 mil millones.
  • En los principales países de la región (Brasil, Chile, Colombia y Perú), la inversión extranjera directa pasó de U$S 171 mil millones a U$S 827 mil millones.
  • Es decir que mientras en Argentina la inversión extranjera directa creció sólo un 33%, en los principales países de la región aumentó un 384%.
Estos datos ilustran la enorme diferencia entre el flujo de inversiones que recibió la Argentina respecto al que se canalizó hacia el resto de la región. Planteado de otra manera, por no haber recibido inversiones en magnitudes similares a los países vecinos, la Argentina dejó de recibir unos U$S 300 mil millones de inversión externa directa en una década. Cabe resaltar que este indicador que elabora la CEPAL no incluye los capitales especulativos sino sólo proyectos productivos que en la mayoría de los casos son de alta productividad y fuente genuina de creación de empleos decentes.
La sistemática pérdida de oportunidades está asociada a las políticas aplicadas en la última década. La inversión extranjera directa es muy sensible a reglas de juego que garanticen la propiedad, la transparencia y la protección ante tratos discrecionales y arbitrarios. En este sentido, las manipulaciones en el sistema estadístico nacional, las interferencias en la Justicia, las expropiaciones, presiones y amenazas a empresas que prevalecieron en los últimos años no conforman un entorno favorable. En contextos adversos, los inversores eluden inversiones en el país o exigen rentas mucho más altas.
Esto impacta en una menor cantidad de empresas extranjeras que invierten en el país y mayores dificultades para que las empresas argentinas accedan al crédito. En la actualidad, idénticos proyectos productivos, si se ejecutan en países vecinos se pueden financiar a un costo menor al 5% anual, mientras que si se hacen en la Argentina deben pagar casi el doble de tasa de interés. Un ejemplo ilustrativo es YPF que no logra acceder a financiamiento si no acepta tasas que dupliquen a las de sus colegas de países vecinos. El resultado es menos inversión, menos empleos y menos calidad de vida.

Los esfuerzos desplegados por los líderes argentinos en Davos van en el sentido correcto porque buscan mostrar que el país aspira a no seguir dilapidando oportunidades. De todas formas, restablecer la confianza para tener acceso a financiamiento a tasas parecidas a las que pagan los países vecinos exige resolver otros desafíos. No sólo incluye destrabar el conflicto con los “fondos buitres” sino también corregir las distorsiones generadas por las malas políticas de la última década. El indicador más simple y contundente de la transformación necesaria para recuperar credibilidad y reputación es el doble desafío de reducir el déficit fiscal junto con moderar la muy elevada presión tributaria.
(*) IDESA. Informe N° 636 del 24 de Enero de 2016