jueves, 31 de marzo de 2016

Argentina: Bajar la presión tributaria ya

Por Roberto Cachanosky (*)

A propósito del gradualismo económico que se debate en estos días, se presenta una situación curiosa. Se argumenta que hay que bajar gradualmente el gasto público para evitar una crisis social. Ahora bien, siendo que el gasto público se financia con impuestos o bien con el impuesto inflacionario, la pregunta es: ¿por qué el contribuyente, que soporta una asfixiante carga tributaria puede seguir perdiendo nivel de vida y soportarlo sin que se produzca una crisis social y el que vive sin producir a costa del contribuyente no puede esperar? ¿Acaso el que vive a costa del contribuyente tiene alguna prerrogativa ante la ley, lo cual sería inconstitucional? No se entiende por qué el contribuyente tiene que seguir siendo explotado por el ñoqui o por el que vive de subsidios como si fuera su derecho a ser mantenido indefinidamente porque si el ñoqui o el subsidiado tienen que buscar un trabajo sería una política de ajuste. Una actitud de falta de solidaridad.

Acá hay una muy mala interpretación de lo que significa bajar el gasto público. En primer lugar no es solo hacer que los ñoquis vayan a trabajar, algo que, en todo caso, sería un acto de justicia, también es decirle a quienes reciben subsidios sociales que no los van a recibir para siempre, que tienen que re-empadronarse y que en caso de surgir algún trabajo acorde a sus habilidades tendrá dos opciones: a) tomar el trabajo, cobrar el sueldo y además el 50% del subsidio por 6 meses o b) si no toma el trabajo automáticamente deja de cobrar el subsidio.

Por otro lado, bastante gasto público se podría podar mediante una revisión de los contratos de obra pública que, en muchos casos, han sido verdaderos bolsones de corrupción.
Resulta realmente disparatado que a los ñoquis que están en el estado viviendo del trabajo ajeno le ajusten los salarios por inflación y a los contribuyentes que pagamos ganancias o bienes personales nos tengan con mínimos no imponibles de 14 años atrás sin indexar. No se entiende por qué en un caso se denuncia costo social y en el caso de los que producimos y somos exprimidos con impuestos no tengamos costo social.

Es falso que para bajar la presión impositiva primero haya que reducir la evasión y luego las tasas. Es exactamente al revés. Para poder reducir la evasión impositiva, primero hay que simplificar el sistema tributario y reducir las tasas de los impuestos. Al reducir las tasas de los impuestos disminuye el premio por evadir y el que está fuera del sistema considera que es más conveniente entrar al sistema que asumir el costo de ser detectado por no pagar los impuestos.

Creo que en Argentina nos fuimos del otro lado de la curva de Laffer. La teoría de Laffer era que a medida que crece la tasa del impuesto sube la recaudación. Pero llegado un determinado punto, si el estado sigue subiendo la tasa del impuesto, comienza a recaudar menos porque estimula la evasión o bien disminuye la actividad porque la presión tributaria hace que no sea rentable producir.

En Argentina, la voracidad fiscal es tan grande que el estado ha aumentado hasta tal nivel la presión impositiva que estimula la evasión y desestimula la producción y la inversión. Tanto exprimió al contribuyente que éste produce menos y, por lo tanto, la base sobre la que recauda es cada vez menor. Dicho de otra manera, si antes el estado aplicaba un 20% de impuesto sobre $ 1000 de base imponible, recaudaba $200. Ahora aplica una tasa del 30% pero sobre una base imponible de $600 con lo cual recauda $180. Aumentó la carga impositiva un 50% pero recauda un 10% menos porque la economía produce menos y la evasión es mayor. Las altas cargas impositivas maginan a la gente del sistema formal y hacen que la economía se achique, de manera que por más que aumenten las tasas de imposición ya sea nominalmente o bien en términos reales no ajustando por inflación los balances, los mínimos no imponibles y las deducciones no van a recaudar más. Por eso considero que es un error de estrategia postergar la reducción de la carga tributaria, en particular de ganancias.

Lo que se necesita desesperadamente es que la economía crezca. Que la gente produzca más. Uno de los mayores obstáculos para captar inversiones y producir más es, justamente, esta locura de sistema tributario que ha dejado del kirchnerismo. Mi visión es que habría que hacer exactamente la inversa. Bajar ya la presión impositiva para agrandar la economía y sobre una mayor riqueza recaudar más o lo mismo que antes.

Por supuesto que pueden intentar sostener estas tasas de imposición y buscar reactivar la economía con deuda externa recurriendo a la receta keynesiana, pero habrá que tener en cuenta que se estarán distorsionando las variables económicas al recurrir al endeudamiento externo, no se solucionarán los problemas heredados y una vez que se acabe el financiamiento externo volveremos al punto de partida.

Me parece que hemos caído en tal locura de gasto que el estado no aplica un sistema tributario para financiar sus gastos de funcionamiento sino que parte de la siguiente premisa: ¿cuánto puedo exprimir al contribuyente para llevar la carga tributaria al máximo y así financiar la colección de programas populistas que tengo en el presupuesto? El principio es cuánto puedo explotar al contribuyente, no qué gastos necesito para tener un estado austero y eficiente.

¿Por qué una persona puede estar dispuesta a vivir en sociedad sacrificando parte de sus ingresos y libertad? Para resguardarse de los ladrones errantes. De otros grupos de delincuentes. Si uno se une a grupos más amplios para defenderse de los depredadores tendría más posibilidades de defenderse de ellos. Sin embargo el populismo estatista y distribucionista terminó por transformarse en el gran depredador. Los que producen le delegaron transitoriamente el monopolio de la fuerza a un grupo de personas para que los defienda de los depredadores y ese grupo de personas terminó utilizando el monopolio de la fuerza para depredar a los que producen y mantener a los que no producen.

En síntesis, tengo la impresión que el camino indicado no es postergar la disminución de la carga impositiva sino, por el contrario, anticiparla para estimular la generación de más riqueza que es igual al ingreso y así tener más ingresos fiscales por ampliación de la base imponible.

De lo que se trata es de ir para el otro lado de la curva de Laffer, si es que queremos que el estado deje de ser un depredador y sirva para lo que fue creado: defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Este artículo fue publicado originalmente en Economía Para Todos (Argentina) el 28 de febrero de 2016.
(*) Roberto cachanosky. Economista (UCA, 1980)


La recaudación de Cristóbal: que la corrupción no nos tape el socialismo

Por José Benegas (*)

La noticia deslumbrante es que Cristóbal López y Cristina Kirchner usaron fondos de la recaudación fiscal para comprarse varias empresas, entre ellas una petrolera y medios de comunicación para mentirle a la población. El total de la maniobra fue de 8000 millones de pesos. Pero deberíamos pensar esto no con los ojos de los intereses del estado, sino el de los argentinos, a los que se supone, con mucho optimismo, que el estado sirve. Entonces el problema se ve peor.
El precio tiene dos partes. Ambas tratan de obtener la máxima ventaja del trato. Cuando una empresa no sube un precio, no es como creen los funcionarios anteriores y estos porque tienen “responsabilidad social”, es porque le conviene. El negocio no consiste en subir los precios sino en obtener los mayores beneficios, lo que en parte depende del precio, pero en gran medida del volumen que se logra vender. Las empresas invierten capital para multiplicar su producción y así poder bajar el precio, atrayendo clientes y ganando más dinero. Esta realidad se olvida porque encima en la Argentina el resentimiento social es casi la materia obligatoria más importante del aparato educativo, estatal y privado, también el familiar. Así que se analiza la economía estableciendo malos y buenos, en lugar de intereses. Intereses ya suena políticamente incorrecto, pero saquemos esa emocionalidad resentida y sigamos razonando.
Aquí aparece la distinción acerca de la naturaleza de esos fondos desde el punto de vista exclusivo de la regulación. Lo que se dice es que el impuesto en realidad es directamente plata del fisco y que el agente de retención se lo apodera. No sería una mera deuda, sino un robo. Pero lo cierto es que sin impuesto ese dinero sería parte del precio, por lo tanto desde el punto de vista económico debe considerarse como un costo de las partes de la compraventa de combustible.
En este caso si hay malos, pero olvidemos eso un momento porque es indispensable para entender cuál es el verdadero perjuicio que sufre el público, que no es precisamente la pérdida de recaudación fiscal, sino la recaudación fiscal en si.
Si el impuesto a los combustibles no existiera, Cristóbal Lopez o cualquiera de los otros agentes de retención, hubieran podido vender la misma cantidad de combustible al mismo precio que resulta después de aplicar el gravamen y entonces los 8000 millones estarían donde finalmente estuvieron dando oportunidad al mismo monto de actividad económica nueva; le hubiera alcanzado para comprar varias empresas de medios y una empresa petrolera, demandando una cantidad importante de empleos y servicios de proveedores. Probablemente no hubiera comprado medios para mentir para Cristina Kirchner, que no sería su socia, porque no la necesitaría para nada a ella. Es decir, en lugar de corrupción, habría actividad económica.
También podría haber bajado el precio del combustible e incluso ganar más dinero expandiendo su red de estaciones de servicio, con lo cual la economía mejoraría por ese lado y también por el ahorro al consumidor, que hubiera tenido dinero para dedicarlo a otras cosas, fomentando la aparición de otras empresas.
Si nos limitamos a pensar esto como una pérdida de recaudación fiscal, nos perdemos el principal problema, que es el poder corruptor de la intervención estatal y el daño económico que tenemos a la vista con todo lo que se ha hecho con esta forma de “evasión”. Además hay una recaudación fiscal que ocurre a partir de las ganancias de todos los que se participan de todas esas actividades que habría que poner en la cuenta.
No se de dónde sacan y como suponen todos tan fácil que ese dinero está mejor en las arcas del fisco que en actividad económica. Por supuesto que los medios para mentir no son actividad económica real, se parecen más a agencias estatales, pero esa es la parte del negociado que debe atribuirse a las agentes políticos del negociado. Es decir, la corrupción que pertenece a quienes no tienen en principio interés en el resultado económico de la operación.
Mucho más importante que recuperar la recaudación fiscal, es recuperar el derecho de propiedad de los consumidores y empresas y eliminar el impuesto a los combustibles. Que vayan todos presos, pero que la corrupción no nos tape al socialismo.
(*) José Benegas. Abogado, periodista, escritor, ensayista y analista político. Artículo publicado en su web personal "No me parece" el 31 de Marzo de 2016

Argentina se prepara para su regreso al mercado tras 15 años

Por Elaine Moore (*)

La imagen del presidente estadounidense Barack Obama bailando tango con una bailarina argentina durante su gira por Latinoamérica se viralizó justo en el momento correcto para los mercados emergentes.
Argentina planea para las próximas semanas la colocación más grande y anticipada de deuda del mercado emergente en lo que va del año; y las fotos del mandatario norteamericano en Buenos Aires ayudarán a vender la historia sobre un país que está reanudando su relación con los mercados de capitales internacionales después de 15 años a la intemperie.
¿Quién compraría bonos emitidos por un defaulteador serial que tiene un considerable déficit presupuestario y está preocupado por su agobiante inflación? Aparentemente, todos.
Después de un movido comienzo de año, los mercados están en modo "risk on" (es decir que los inversores están dispuestos a invertir en instrumentos de mayor riesgo), lo que hace que las advertencias de que los inversores globales están perdiendo interés en las economías en desarrollo –como resultado del fortalecimiento del dólar estadounidense, la caída de los precios del petróleo y la desacelaración de China– son prematuras.
Desde principios de marzo, el Índice de Mercados Emergentes MSCI subió 9,8%, comparado con el alza de 5,2% del Índice Mundial MSCI, si bien la prima exigida por los inversores para retener los bonos del mercado emergente por sobre deuda supuestamente más segura se ha reducido.
En total, el Institute of International Finance, que tiene sede en Washington, calcula que los inversores extranjeros volcaron cerca de u$s 37.000 millones en la compra de acciones y bonos del mundo en desarrollo este mes, la suma más elevada en casi dos años.
No interesa que Argentina haya caído en cesación de pagos ocho veces desde su Independencia; el nuevo gobierno pro mercado del país se aseguró un acuerdo con los acreedores holdouts y los mercados emergentes están subiendo. El índice de referencia de acciones trepó más de 10% este año, mientras al mismo tiempo se elevaron los precios de los bonos vigentes. No ha habido en todo el año una mayor oportunidad de que sea un éxito una venta de bonos en los mercados emergentes.
Pero hay una trampa. Pimco, la administradora de bonos más grande del mundo, circunscribe la recuperación de los mercados emergentes a tres C: China, commodities y bancos centrales. Mientras los mercados se liberan de la calma de Semana Santa, los inversores se concentran en la próxima suba de tasas en Estados Unidos.
Los mercados emergentes quizás hayan dado un suspiro de alivio ayer, cuando la presidenta de la Reserva Federal Janet Yellen presentó sus argumentos a favor de una lenta suba de tasas, pero si ella cambia de padecer, la recuperación –y las esperanzas de Argentina de tener una fácil colocación de deuda– podría llegar a un abrupto fin. Las atractivas fotos de Obama no pueden competir con las señales de Yellen.
Traducción: Mariana Inés Oriolo
(*) Elaine Moore. Periodista. Artículo publicado en The Financial Times  el 30 de Marzo de 2016

Matar la inflación requiere más Menger y menos Keynes

Por Javier Milei (*)
En su reciente ‘Medición del Humor Social’ llevada a cabo por la consultora Grupo de Opinión Pública, el 69,3% de los encuestados manifiestan que (por lejos) la inflación representa el mayor problema que enfrenta el país. Al mismo tiempo, lo cual es más grave aún, manifiestan mayoritariamente que la causa de la inflación es resultado de la codicia de los empresarios. Si bien el punto es preocupante porque implica desconocer las verdaderas causas de la inflación, lo es más frustrante para quien quiera realizar un ataque serio contra la inflación.
En este sentido, desde la visión del público, la política correcta que consta en detener la emisión monetaria no califica entre las respuestas, mientras que aquellas medidas que han fracasado sistemáticamente a lo largo de la historia de la humanidad (sin ser Argentina una excepción) desde el año 2.800 AC durante la quinta dinastía egipcia en adelante estarían al tope de sus preferencias.
El origen de tamaña confusión, sin lugar a dudas, son los propios economistas, quienes viviendo de espalda a los datos han optado por abrazarse a los postulados de John M. Keynes. Así, las ‘teorías’ sobre la determinación del nivel general de precios de raíz keynesianas se inspiran en el libro V (Salarios nominales y precios), capítulo 21 (La teoría de los precios) de ‘la teoría general’. En este sentido, en la sección segunda del capitulo mencionado el inglés sostenía: "El nivel de precios en una rama industrial concreta depende, en parte, de la tasa de remuneración de los factores productivos que entran en el costo marginal y, en parte, de la escala de producción. No hay motivo para pasar a modificar esta conclusión cuando pasamos a la industria en conjunto".
Por lo tanto, bajo este formato, cuando los salarios de los trabajadores y/o el retorno de los empresarios suben, habrá una suba en el nivel de precios. Al mismo tiempo, dicha formulación también permite comprender el motivo por el cual, ante una suba en la tasa de inflación, se acusa a trabajadores (apuntando contra los sindicatos) y a la codicia de los empresarios.
Sin embargo, dicha idea de querer determinar los precios en función de los costos en los que se ha incurrido en cada uno de los pasos del proceso productivo (aplicando un margen de ganancia sobre el costo salarial neto de productividad) no sólo es reflejo de una profunda ignorancia sobre la teoría del valor sino también de una obtusa percepción acerca de cómo funciona la economía. Es más, tal como fuera demostrado por Carl Menger en sus Principios de Economía Política mediante la Ley de Imputación, son los precios los que determinan los costos y no al revés. Los consumidores (a partir de sus preferencias) fijan no sólo los precios de los bienes de consumo, sino también de todos los factores de producción.
De este modo establecen los ingresos de cuantos operan en el ámbito de la economía de mercado y son ellos, los consumidores, y no los empresarios ni los sindicalistas (y mucho menos un político), quienes, en definitiva, pagan por cada insumo y a cada trabajador su salario. Por lo tanto, si uno quisiera determinar las causas de por qué suben todos los precios monetarios de la economía, las causas no están en los costos, sino en el aumento de la emisión monetaria.
De hecho, la simple observación de que los precios que ingresan en el índice de precios están denominados en unidades monetarias, debería ser una muestra más que suficiente para que los economistas keynesianos-estructuralistas-marxistas locales pudieran comprender la naturaleza monetaria del proceso. Esto es, así como cuando aumenta la oferta de cualquier bien por encima de su demanda (dado todo lo demás como constante), su precio respecto al resto de los bienes cae, con el dinero pasa exactamente lo mismo. De este modo, cuando sube la cantidad de dinero por encima de su demanda, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y con ello, la cantidad de dinero que se necesita para comprar la misma cantidad de bienes sube.
Así, cuando esta suba en los precios monetarios (pérdida del valor del dinero) es persistente en el tiempo, se define como inflación. En este sentido, tal como afirmara Milton Friedman "la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario y esta se contuvo solamente cuando se impidió que la cantidad de dinero continuara creciendo demasiado rápidamente (proceso que tiene un rezago de 18 meses en Argentina); y este remedio resultó eficaz, se hubieran adoptado o no otro tipo de medidas".
(*) Javier Milei. Economista Jefe de la Fundación Acordar. Artículo publicado en El Cronista el 31 de Marzo de 2016

miércoles, 30 de marzo de 2016

La Competitividad es mucho más que el Tipo de Cambio

Por Diego Giacomini (*)
Argentina estuvo sumergida en un proceso estanflacionario en toda la segunda Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. De hecho, en 2012-2015 la tasa de expansión del PBI promedió +0,3% anual, mientras que la inflación se ubicó en torno a 30% promedio anual. En este marco de estancamiento económico y elevada inflación (estanflación), gran parte de mis colegas economistas volvieron a colocar al tipo de cambio en el centro de la discusión económica.
Según la visión de la mayoría de mis colegas, la economía no podía producir, exportar, ni generar (mantener) puestos de trabajo, porque se había quedado sin competitividad debido al atraso cambiario. Así, la devaluación era propuesta como la piedra fundacional del resurgimiento del nivel de actividad en Argentina. Según esta visión, la devaluación aumentaría la competitividad precio del tipo de cambio, abarataría nuestras exportaciones y encarecería las importaciones y, por ende, al estimular la inversión y las exportaciones, impulsaría la demanda agregada y el nivel de actividad económica.
Por el contrario, nosotros (Javier Milei y yo) teníamos otra visión, porque pensamos que la competitividad no depende únicamente del tipo de cambio, sino también de la relación gasto público-PBI, de la presión tributaria, del costo de capital (tasa de interés), de las condiciones monetarias relativas (emisión e inflación) entre países y de los términos de intercambio. También de la relación salario-productividad del trabajo, de la economía de escala y de las expectativas (inflación y devaluación).
En este contexto, postulábamos que, sin mejorar las condiciones de todas las anteriores variables que influyen en la competitividad, la devaluación haría, por sí sola, resurgir el nivel de actividad. La realidad confirma nuestro planteo. A fines de febrero 2016 y con un dólar nominal a 15,5 pesos, el índice de tipo de cambio real bilateral (TCRB) de Argentina contra Estados Unidos aumentó un 45% desde el mes previo a la salida del cepo, pasando de 0,98 a 1,42 entre noviembre de 2015 y febrero de 2016, respectivamente.

En relación con Brasil, el índice de TCRB subió un 43% desde la salida del cepo, pasando de 1,16 a 1,66 entre los meses de noviembre pasado y febrero de este año, respectivamente.
Sin embargo, para el caso del sector agroexportador y las economías regionales, a la devaluación hay que sumarle el impacto de la quita (baja) de retenciones. La competitividad precio del sector agro exportador, medida a través del Icopesa E&R, aumentó 67% desde el mes previo a la salida del cepo, lo que permitió que el índice se ubicara un 44% por encima de la salida de la convertibilidad (diciembre de 2001). Las mayores ganancias de competitividad se registraron en trigo (139%), girasol (115%), maíz (86%), carne (83%), cuero (78%). La competitividad precio de las economías regionales, medida por el ICER E&R, mejoró en promedio un 63% con respecto a la salida del cepo. Los productos más beneficiados son los que percibían alícuotas de retención más alta, como el algodón, el tabaco, y la pera, cuyas mejoras alcanzaron 76,1%, 68,4% y 66,2%, respectivamente.

A pesar de que el actual programa económico levantó el cepo, sinceró el tipo de cambio y devolvió competitividad precio al sector agropecuario y a las economías regionales, el nivel de actividad no resurgirá porque todas las otras variables que inciden en la competitividad, o sea, las expectativas de inflación, expectativas de devaluación, presión tributaria, gasto público, la relación salarios-productividad del trabajo y tasa de interés están jugando en contra.

En otras palabras, la devaluación del 60% y la quita (baja) de retenciones no alcanzan para compensar la elevada presión tributaria y la tasa de interés, el desacople entre salarios y productividad, la imposibilidad de seguir financiando (con inflación, impuestos o deuda) el actual nivel de gasto público ni tampoco las fuertes expectativas de inflación.
Dicho de otra forma, el actual gradualismo fiscal pone una pesada mochila sobre los hombros de los contribuyentes y la espalda del Banco Central. Por el lado de los contribuyentes, el programa fiscal mantiene una elevada relación gasto público-PBI y presión tributaria que asfixian al sector privado, lo que desincentiva la inversión, la acumulación de capital, el crecimiento y la generación de nuevo empleo genuino.
Por el otro lado, el gradualismo fiscal dificulta la política antiinflacionaria del Banco Central. El mercado tiene dudas de que el actual programa fiscal pueda ser financiado en forma plena en el mercado y a tasas razonables. En consecuencia, contempla la posibilidad de que se tenga que recurrir al financiamiento con emisión monetaria, que descuenta más (expectativas de) inflación y devaluación. Los números avalan esto último. Antes del anuncio del programa fiscal, el Banco Central acumulaba reservas (79 MM de dólares diarios) y la tasa de las LEBAC (a 30 días) había bajado de 38 a 31 por ciento. Luego de la presentación del programa fiscal, la política antiinflacionaria se dificulta, porque: 1) el Banco Central pasó a perder reservas (-71 MM de dólares diarios); 2) el dólar subió más de la cuenta, lo que encarece más de dos pesos y obliga al Banco Central a emitir por futuros y así abandonar (aunque sea momentáneamente) su sesgo contractivo antiinflacionario; 3) el Banco Central tuvo que subir nuevamente la tasa de las LEBAC (a 30 días) de 31% a 38% anual, lo que impacta negativamente sobre el nivel de actividad.
En síntesis, el actual combo de política fiscal y política monetaria impide despejar dudas, eliminar la incertidumbre y generar expectativas positivas que alienten la inversión y apuntalen el nivel de actividad en 2016. En este contexto en el cual las previsiones sobre inflación, mercado cambiario, costo de financiamiento futuro, costos fiscales y costos laborales no son positivas, el empresario prefiere asumir una postura “wait & see”, no arriesgar y no invertir, con lo cual la mejora de competitividad por tipo de cambio y quita (rebaja) de retenciones queda anulada.
Por Diego Giacomini. Artículo publicado por Comunidad y Política en el Newsletter del 20 de Marzo de 2016

La herencia educativa

Por Edgardo Zablotsky (*)
El pasado 1 de marzo, el presidente Mauricio Macri, en su discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso realizó un claro diagnóstico de nuestra realidad educativa: “La educación pública tiene severos problemas de calidad y hoy no garantiza la igualdad de oportunidades”. Esta visión difiere radicalmente del discurso impuesto por el gobierno saliente.
Realidad vs. discurso, veámoslo a través de los años. Si bien nuestro nivel de analfabetismo se encuentra por debajo del 2%, el analfabetismo funcional probablemente se ha ido incrementando. La persona sabe leer y escribir, pero su capital humano en la sociedad del conocimiento en la cual le toca interactuar es por demás limitado. Así lo demuestran los resultados alcanzados en las distintas rondas de los exámenes PISA.
Por ejemplo, al conocerse los pésimos resultados de la ronda 2006, el ministro de Educación, Daniel Filmus, sostuvo que: “Chile y Uruguay tuvieron coherencia en las gestiones educativas y una tradición de trabajo fuerte. La Argentina, en cambio, tuvo 34 ministros de educación en 55 años”. Por su parte, el secretario de Educación, Juan Carlos Tedesco, quien sucedería a Filmus días después, señaló que: “Estamos muy mal, especialmente en ese tramo de edad. Pero recordemos que PISA mide la historia educativa de alumnos de 15 años, que ingresaron en el nivel medio en plena crisis”. Excusas razonables pero que fueron cambiando en cada una de las rondas posteriores.
Tres años después, frente a los resultados de PISA 2009, la reacción de Alberto Sileoni no fue distinta: “Chile encabeza en la región porque hace 20 años que viene invirtiendo en educación, aún con las tensiones que esto le significa” y auguró: “Si nosotros persistimos en la inversión seguramente seguiremos mejorando”.
Una nueva excusa. Es claro que Corea o Finlandia, líderes mundiales en educación, llevaban años invirtiendo en el área; pero, como bien señalaba BBC News, ningún otro país europeo había progresado tanto desde 2000 como lo había hecho Polonia, quien invertía en educación alrededor del 5% de su PBI. El presupuesto no lo es todo, Polonia así lo demuestra.
El 11 de septiembre de 2013 Sileoni twitteo: “No decimos que estamos en el paraíso, pero hemos reconstruido el sistema educativo y estamos construyendo un país distinto”. En diciembre, la difusión de los resultados de PISA 2012 habría de reflejar una realidad muy distinta.
¿Cuál fue la reacción oficial? Como ya no es sorpresa, las excusas no se hicieron esperar. El por entonces ministro de Educación declaró: “Hemos logrado mantener los niveles de desempeño de nuestros jóvenes, al tiempo que incorporamos 195.000 alumnos más a la Secundaria”, y enfatizó que: “Argentina, junto a Chile, es uno de los países con mayor tasa de escolarización en el nivel medio. Como sociedad, hemos hecho un enorme esfuerzo para incluir a quienes históricamente estaban excluidos, sin renunciar a la calidad en los aprendizajes”. ¿Mantener los niveles de desempeño? ¿Calidad en los aprendizajes? El ex-ministro no mencionó que Argentina se ubicó en los últimos lugares entre los 65 países participantes.
La negación de la realidad educativa por parte del gobierno saliente fue una constante y no tan sólo en referencia a las evaluaciones PISA. Por ejemplo, el 19 de octubre de 2011 Alberto Sileoni señaló que “hay miles de alumnos y educadores que prueban que la educación pública argentina está viva y en movimiento”, el 31 de octubre de 2012 expresó: “En mi exposición reivindiqué el estado de la educación argentina, el camino recorrido desde 2003”, el 11 de septiembre de 2013 twitteo: “No decimos que estamos en el paraíso, pero hemos reconstruido el sistema educativo y estamos construyendo un país distinto” y el 20 de noviembre de 2014 manifestó que: “la educación popular florece en el marco de un gobierno nacional y popular”.
Durante el último año de la gestión kirchnerista el ex-ministro no hizo sino reafirmar el discurso oficial. Veamos, a modo de ilustración, tan sólo tres de sus tweets del período. El pasado 12 de agosto Alberto Sileoni escribió: “Según el relevamiento, hay un 22% más de trabajadores en el sistema educativo nacional, principalmente en el nivel inicial y en secundaria. Estas cifras hablan de una educación en movimiento, y de la consonancia entre asignación de recursos y resultados de políticas públicas”, el 10 de septiembre señaló que: “no hay un éxodo de la escuela pública a la privada; hay una expansión del sistema educativo argentino, tanto en alumnos como en docentes” y el 9 de octubre llegó a twittear: “No estamos siempre en el mismo lugar, hemos crecido y tenemos un sistema educativo pujante y en expansión”.
Un absurdo. Como muestra es suficiente, la disociación entre la realidad y el discurso del gobierno saliente es evidente.
Los resultados de los exámenes PISA; las usuales tomas de colegios secundarios en la Ciudad de Buenos Aires; la pérdida de días de clase por los habituales paros docentes; las actividades dentro de los colegios de agrupaciones políticas; el éxodo de las escuelas públicas hacia instituciones privadas, aún por una franja de la población que dista de gozar de una buena posición económica; el círculo vicioso de la pobreza representado por beneficiarios de planes sociales incapaces de reincorporarse a la sociedad productiva en virtud de su falta de educación; la alta deserción en la escuela secundaria y en la universidad; la tragedia de los miles de jóvenes que no estudian ni trabajan; son tan sólo algunos de los síntomas de la grave emergencia educativa que recibió el gobierno de Mauricio Macri.
Una revolución educativa es factible e indispensable, pero para ello es necesario que la sociedad internalice la realidad educativa que enfrentamos. Esta breve nota no es más que una pequeña contribución a dicho fin.
(*) Edgardo Zablotsky. Vice-Rector de UCEMA. Artículo publicado para Libertad y Progreso el 28 de Marzo de 2016

martes, 29 de marzo de 2016

The end

Por Gabriela Pousa (*)
Otra vez sopa: gobierno y sociedad con necesidades diferentes. Sin embargo, esta vez las diferencias no enfrentan, no implican ninguna oposición a la actual administración. Sí marcan que las prioridades no son las mismas. Mientras Macri se desvela por cerrar el acuerdo con los fondos buitres y sacar a la Argentina de un default, tan económico como moral, la sociedad quiere castigo para los corruptos con nombre y apellido. 
La ansiedad social no encuentra límite. Es imperioso ver presos a quienes robaron al pueblo. El problema es que esta vez la paciencia escasea y puede que no alcance con un Ricardo Jaime o un Lázaro Báez. Ya todos saben quién es la jefa. La indignación es legítima, el deseo también. La justicia en cambio, maneja tiempos muy peculiares.
Reclamarle a Macri justicia es no haber aprendido nada del error y el horror de la pasada década. Si hay alguien que no debe intervenir en esa materia es el Presidente de lo contrario, el Poder Judicial seguirá siendo lo que fue y parece seguir siendo en muchos casos todavía: un apéndice del Ejecutivo, la anulación misma de la administración de justicia. 
Sin embargo, la gente necesita ser oída. Los jueces deben abandonar la mala costumbre de hablar en los medios y actuar sin presiones y con valentía. Salta a la vista que el Poder Judicial aún no entendió el reclamo de cambio que se hizo en las urnas en octubre pasado. Puede que los tiempos procesales no sean los tiempos sociales pero el reloj los apura a decidir si estarán a la altura de las circunstancias o si urge que el Consejo de la Magistratura lo haga. Así como se limpió ministerios y dependencias públicas de “ñoquis”, hay que limpiar los tribunales. Hay un exceso de despachos donde trabajar es solo sinónimo de “cajonear”. Es tanta la obscenidad manifiesta que todo es materia de duda. La corrupción hizo mella por los cuatro puntos cardinales. 

El sector privado no está ajeno a esas prácticas aunque se dirá que el mal es menor porque en esos casos, el dinero o los intereses que se manejan no pertenecen a la gente. Esto es verdad en cierto punto porque el daño se hace igual aunque no sea netamente material. Veamos el caso de los medios y la militancia comunicacional, tal vez no cercenaron bolsillos pero sí cerebros. 
La consecuencia es la falta de credibilidad en el periodismo en general. De un lado y del otro hay que demostrar ética y probidad. No nos sirve un Estado pulcro si el sector privado no acompaña el cambio. En este escenario, nadie puede ocupar el rol de Poncio Pilato. Los espectadores deben ocupar un rol activo y aprobar o reprobar con el control remoto de la televisión en la mano o haciendo girar el dial de la radio. 

Esta semana, mientras tanto, la sociedad tendrá una demostración cabal de la sentencia de Hobbes: se presenciará el fin del kirchnerismo no por irrupción de otro espacio político sino por implosión. El kirchnerismo es el lobo del kirchnerismo, ya lo dijimos. Se fagocitan entre ellos, las lealtades duraron lo que duró el poder y el dinero
. Como rezaba el anillo del fallecido ex titular de la AFA: “Todo pasa“. Pero duró demasiado e hizo mucho daño. Los efectos colaterales van a sentirse durante un tiempo más. No es gratuito haber hecho la vista gorda a la barbarie porque se nos ofrecían fines de semana largos, cuotas para electrodomésticos o se subsidiaban autos. 

En otro orden de cosas, la visita de Barack Obama merece un párrafo aparte. Una imagen dijo más que mil palabras. La Argentina vuelve a ser algo más que un mal ejemplo en el mundo entero. Ahora bien, el cambio que los países desarrollados esperan de nosotros no radica solo en un cambio de hombres al frente del gobierno. No basta con que el jefe de Estado hable inglés y la Primera Dama sea educada. 
El empresariado y la dirigencia gremial deben demostrar también que prefieren Estados Unidos a Venezuela o Irán. Ambos deben destetarse y asumir la libertad con sus responsabilidades, el Estado no puede seguir asistiéndolos cuando las papas queman o cuando cometen errores garrafales. Si se quiere sentarse a la mesa de los grandes hay que madurar y crecer. El clima de negocios es trascendente porque define inversiones, y solo con inversiones Argentina sale adelante. No hay ni habrá milagros y tampoco hay crédito para relatos. 
Mauricio Macri no es un redentor ni un predestinado, es un administrador lo que equivale a decir que estamos en manos del profesional acertado. El país no podía seguir dirigido por deidades autoproclamadas y héroes falsos. Los pies sobre la tierra no sobre pedestales de barro. ESenado será el teatro donde ver el último acto de la decadencia kirchnerista cuando se vote a favor del pago a los holdouts. También será el lugar donde evidenciar que el gobierno anterior no tenía consensos sino intereses creados, gobernadores extorsionados, obediencia debida y más caja que pericia
Sintetizando, el kirchnerismo se termina. La presencia del Presidente de Estados Unidos puede leerse también como un “The End” de la pesadilla. Pero cuidado porque la implosión hará que salgan disparados kirchneristas en ruinas para todos lados. Puede que malheridos no sean tan dañinos, pero no dejarán de ser lo que siempre han sido: baldosas flojas que en un descuido, salpican y te arruinan la ropa.

(*) Gabriela Pousa. Mag. en Economía y Ciencia Política (ESEADE). Artículo publicado en su blog personal "Perspectivas Políticas", el 28 de Marzo de 2016


jueves, 24 de marzo de 2016

Explicar el aumento del desempleo

Por Javier Milei (*)
En muchos libros de texto de macroeconomía convencional, en su capítulo sobre desempleo, se suele encontrar una frase que señala que una recesión es cuando mi vecino quedó desempleado mientras que la depresión es cuando uno pierde su empleo. Esta situación toma mayor relieve cuando se considera que en los últimos dos meses del año 107.719 personas perdieron su empleo, donde 65.799 lo sufrieron durante el mes de febrero (dato 72 veces superior al del año pasado), al tiempo que las suspensiones se multiplicaron por 12,5 (14.340 casos).
A la luz de esto, un gran número de ?economistas? han salido a criticar fuertemente al gobierno de Mauricio Macri por estos impactos. Sin embargo, un análisis ligeramente más profundo nos debería dejar en claro que las cosas son muy distintas.
En primer lugar hay que tener en cuenta que durante los últimos cuatro años, pese a contar con el mejor contexto internacional de la historia, la economía quedó estancada en términos de su PIB, al tiempo que la inflación promedio trepó a niveles del 30%. Consecuentemente, el sector privado dejó de crear empleo neto, donde el desempleo fue maquillado con un mayor empleo público, por lo que si se detraen esta fuente artificial de empleo (1,4 millones) la tasa de desempleo treparía al 14%. Además, como parte de la cosmética del relato, la Población Económicamente Activa ?no para de caer? desde el 2012, por lo que si la PEA se ubicara en su nivel histórico, la tasa de desempleo treparía a niveles del 18%. De más está decir que si ello se ajusta por los planes sociales, el fracaso kirchnerista adopta ribetes dantescos.
En función de esto, debería resultar claro que el modelo ya se había agotado y que cuanto más se dilatara en el tiempo la corrección, mayor sería el daño social. Así, el flamante gobierno, con un muy buen diagnóstico sobre los daños que causaba el CEPO (donde el exceso de demanda de divisas se correspondía con excesos de oferta generalizados en el resto de la economía) liberó el tipo de cambio y quitó retenciones. Naturalmente, frente al cambio de precios relativos que ello implica, algunos sectores se retraen y otros se expanden, por los que los empleos que se pierden en un sector se ganan en otro.
Sin embargo, como el proceso no toma lugar de modo instantáneo y la intensidad de factores productivos (relación Capital/Trabajo) no es homogénea, en la transición, la tasa de desempleo sube. A su vez, cuanto más rígida la regulación laboral, dicha transición es más lenta y la tasa de desempleo es mucho mayor aún. En este sentido, el trabajo liderado por el diputado kirchnerista Héctor Recalde durante los últimos doce años, lo único que ha hecho es haberse movido justamente en la dirección opuesta. Por otra parte, una forma de mitigar estos daños de la transición es mediante la mejora en la calidad del capital humano, de modo tal que los trabajadores tengan una mayor plasticidad para cambiar de tarea y así minimizar la cantidad de tiempo desempleado.
Nuevamente, en dicha materia, la política del kirchnersimo ha sido peor que desastrosa, ya que pese al incremento en las partidas educativas, no hemos parado de caer en las pruebas PISA. En definitiva, el conjunto de ?políticas? del kirchnersimo en lo concerniente al capital humano se ha transformado en un multiplicador del malestar social.
Finalmente, existe un factor adicional para explicar el aumento del desempleo que deriva de la política económica implementada por el kirchnerismo. Así, trabajando con la curva de Phillips aumentada por expectativas de inflación que desarrollara Milton Friedman, cuando el gobierno acelera la tasa de emisión monetaria se distorsionan las señales de precios tal que los empresarios creen que estarán ganando más dinero, por lo que ofrecen mayores salarios y ello induce a los trabajadores a incrementar sus horas aplicadas al trabajo. De este modo, mientras que el engaño persiste, la economía opera por su nivel de pleno empleo. Sin embargo, cuando cae el velo del engaño, los precios relativos vuelven a su nivel de equilibrio y tanto la producción como el empleo vuelven a su nivel natural. En este sentido, si la comparación se hace en el auge del engaño, el desempleo estaría aumentando.
Por lo tanto, cuando uno revisa los elementos que determinan la dinámica del desempleo, debería resultar más que claro que la única responsabilidad del gobierno de Mauricio Macri en este proceso es haberle quitado la careta que ocultaba la malformación facial de la ?economía? kirchnerista.
(*) Javier Milei. Economista. Jefe de la Fundación Acodar.

lunes, 21 de marzo de 2016

La verdadera discusión de fondo

Por Albero Medina Méndez (*)

La política contemporánea invita permanentemente a encarar debates que son absolutamente periféricos e intranscendentes, que tienen la intención de ocultar contenidos de mayor magnitud. No importa cuál sea el tema que propone la coyuntura. Invariablemente todo gira alrededor de lo mismo.

Lo concreto es que el gasto estatal está totalmente desbordado. La sociedad pretende que el Estado lo haga todo, barato y bien. Eso requiere de recursos que no son inacabables. En ese contexto, la disyuntiva central pasa por definir a quienes saquear en cada ocasión.

Vale la pena recordar que los gobiernos se alimentan de tres únicas fuentes y por más creatividad que se le imprima a este dilema, serán los impuestos, el endeudamiento o la emisión de dinero, las únicas alternativas a las que pueden recurrir los que conducen los destinos políticos de la comunidad.

Se podrán buscar atajos, se utilizarán ardides, se encontrarán inclusive métodos para dilatar los impactos, pero inexorablemente la cuenta algún día se paga. Las vivencias dan testimonio de que cuanto más retorcido es el artilugio, desenredarlo resulta, a su vez, mucho más engorroso.

Esta es la radiografía de muchas sociedades que han intentado hacer del gasto estatal un mecanismo flexible, capaz de soportar cualquier dislate, sin advertir que han fabricado una verdadera "bomba de tiempo".

Esa intrincada construcción no resiste más y administrarla con sensatez parece casi imposible. La clase política ha decidido no dar la mala noticia. Es por eso que siguen hablando del Estado como un ente mágico que todo lo puede y que es capaz de brindar múltiples soluciones a los problemas.

Tal vez sea el momento de empezar a admitir que ese discurso está repleto de repetidas falacias y absurdas mentiras. El Estado no puede siquiera resolver los asuntos más elementales, esos que le dieron nacimiento en el origen de las sociedades organizadas.

La Justicia ya no goza de ninguna respetabilidad y los ciudadanos saben que su seguridad personal, depende más de las acciones preventivas que encara cada individuo que de la protección del las leyes. El Estado no aborda sus funciones esenciales con eficiencia. No puede ocuparse siquiera de lo menos, por lo tanto tampoco puede hacer bien el resto de esas misiones que la ciudadana, en un acto de candidez e ingenuidad, le encomienda.

Claro que la política miente cuando dice que puede hacerse cargo de esos nobles objetivos. El Estado moderno no puede garantizar ni seguridad ni justicia, pero tampoco es eficaz a la hora de educar o curar, mucho menos puede ser empresario o administrar algo más complejo con cierto criterio.

Es tiempo de entender que los dirigentes han ingresado al círculo vicioso del embuste eterno, solo porque no han reunido el valor suficiente para confesar que el sistema que ellos defienden ha colapsado y es ingobernable.

Es importante aceptar que la mayoría de ellos, también, siguen en esa inercia crónica porque existe una sociedad que prefiere la ceguera y la inocencia a la verdad, esa que se verifica en la propia experiencia empírica.

Es más fácil delegar responsabilidades que asumirlas como propias. Será por eso, probablemente, que los ciudadanos siguen buscando a quien endilgarle la tarea que ellos mismos no desean tomar en sus manos.

No se trata de defenestrar a la política y convertirla en la única responsable de todas las calamidades de esta era sino, en todo caso, de comprender que parte de este desatino permanente le toca a cada uno en este juego.

La política debe ser el instrumento para transformar la realidad. Pero es vital distinguir entre su potencial, lo que se puede esperar de ella y su dramático presente, diferenciando lo que debería hacer de lo que hace.

La dirigencia actual ha elegido obedecer a la sociedad, intentando ser consecuente con sus demandas, por eso solo dice lo que la gente quiere escuchar. Son los ciudadanos los que parecen estar muy confundidos al creer que lo que el Estado gasta nace del aire, al punto que muchos se han convencido de que si los políticos dejan de robar, el dinero es inagotable.

La corrupción es mala y no debería ser tolerada jamás, en ninguna de sus formas. Pero es muy ingenuo creer que si el gobierno fuera honesto le sobrarían los recursos para hacer todo lo que la gente pretende.

Como en la vida misma, se precisa comprender que las necesidades insatisfechas son ilimitadas pero también que los recursos son siempre escasos. En definitiva, solo se trata de asignar prioridades y eso implica, irremediablemente, dejar de lado ciertas cuestiones para privilegiar otras.

Mientras no se comprenda esta lógica básica, se seguirá tropezando indefinidamente. En esto, todos son responsables. Primero los líderes por no plantear con franqueza la verdad, aunque sea políticamente incorrecta, pero también la ciudadanía que, a estas alturas, ya no puede alegar ignorancia.

Se puede seguir debatiendo sobre las circunstancias emergentes del presente, sobre si es mejor crear nuevos impuestos o aumentar los existentes, emitir a mansalva o endeudarse como tantas otras veces en el pasado, pero más tarde o más temprano, habrá que enfrentar la verdadera discusión de fondo.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político

albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com
Facebook: www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Fuente: Comunicación personal del autor

Cuando el asco desborda

Por Enrique G. Avogadro (*)

"Sólo hay un tiempo esencial para despertarte, y ese tiempo es ahora". Buda
Describir lo que sucedió esta semana pone a prueba la capacidad de síntesis de quienes pretendemos analizar la realidad; el asco resuma, y resulta arduo ajustarla al escaso espacio de una nota.
Comenzaré por Cristóbal López, y la serie de delitos que él y sus corifeos han cometido. Su compañía Oil retuvo el dinero que, por impuestos, los automovilistas pagamos cuando cargamos combustible; pese a que era sólo un agente de retención, simplemente se quedó con ellos, por una cifra espeluznante, para ampliar su así explicable imperio. Llevo doce años diciendo (http://egavogadro.blogspot.com) que este ¿empresario? es testaferro de los Kirchner, y los elementos que lo prueban se acumulan hasta el infinito: la "obligación" de incorporar otras 1500 tragamonedas que le impuso Néstor para extender la concesión del casino de Palermo; el cobro de los alojamientos en su hotel de Neuquén a través de la cuenta del hotel de Cristina en Calafate; la exponencial diversificación de sus actividades durante la prolongada década; la chocante protección brindada por sus medios de prensa a la ex Presidente, incluyendo las operaciones contra periodistas; y ahora la insólita cobertura que la AFIP -¡Echegaray, teléfono!- y la UFI otorgaron al querido Timba, a pesar de la enorme cantidad de reportes de operaciones sospechosas denunciadas. 
Lázaro Bóvedas Báez desempeñaba idéntico rol en el organigrama de los Kirchner: la cantidad de obras públicas inexistentes o inconclusas, pero sobrefacturadas; el pago preferencial respecto a sus competidores; las sociedades que compartían; los cruces en la propiedad de inmuebles; la adquisición de enormes superficies que serían expropiadas cuando se hicieran las represas de Santa Cruz; la administración de los complejos hoteleros; el pago de innumerables habitaciones -igual que Recalde con Aerolíneas- sin ocupar; el mausoleo de Néstor y su mantenimiento, son sólo la punta del iceberg, y lo prueban más allá de cualquier duda. Adoro las casualidades, y que la propia Cristina, Boudou y La Rosadita de Bóvedas fueran propietarios en el mismo edificio de Puerto Madero es, seguramente, una de ellas.
Fue realmente asombroso que el mismo miércoles por la noche la población no saliera a la calle a reclamar juicio y castigo después de asistir a los videos que mostraron a su hijo y a sus empleados contar montañas de dinero, mientras la sociedad juntaba tapitas de gaseosas para el Hospital Garraham; pero sorprende aún más que ningún juez haya mandado a detener de inmediato a Cristóbal y a Lázaro; que el Juez Casanello haya citado a prestar declaración indagatoria a éste, a su hijo y a algunos más recién para la segunda quincena de abril -¡dentro de un mes!- parece una burla a la sociedad entera. Sigo creyendo que esos billetes fueron cambiados por diamantes, al menos parcialmente, durante el viaje presidencial a Angola (http://tinyurl.com.bv6hqzz).
Cuando uno piensa en qué se hubieran podido convertir las siderales toneladas de dinero -recuerde que se pesaban- que ambos pseudoempresarios y muchos otros colegas -como Ferreyra (Electroingeniería), Cirigliano (TBA y Plaza) o Eskenazi (Banco de Santa Cruz e YPF)- robaron a mansalva durante estos años, en materia de hospitales, escuelas, viviendas, rutas, puertos, ferrocarriles, etc., o cómo se ha multiplicado el narcotráfico de la mano del gobierno de los Kirchner (Anímal Fernández), puede confirmar el aserto: "la corrupción mata"; por la magnitud que ésta durante la década, se transformó en un delito de lesa humanidad y, por ello, resulta imprescriptible.
Pero es más grave desde la economía. El principal flagelo que sufre nuestro pueblo es la inflación. Las causas de éstas son muchas, y todas están relacionadas con actos que sirvieron, básicamente, para que los Kirchner saquearan al Estado. Sostengo desde siempre que la pérdida del autoabastecimiento energético se debió al deseo de Néstor de robarse el 25% de YPF; la necesidad de importar combustibles -otro núcleo de gigantesca corrupción gerenciado por Julio de Vido- derivó en una grave pérdida de reservas monetarias; la ocupación del Estado por millones de militantes, más allá de permitir el pago de su fanatismo, significó un crecimiento sin igual del déficit público, que se financia con emisión; la implantación del cepo cambiario implicó que se terminaran las inversiones externas y produjo una menor oferta de bienes frente a una creciente demanda, incentivada por los billones de pesos sin valor en manos de la población; y los irracionales subsidios a la energía, y muchos de los sociales (Milagro Sala, Bonafini, Shoklender), que permitieron nuevos desfalcos, fueron la frutilla del combo que hizo que alcanzáramos el podio de los países afectados por ella.
El espejo de Brasil, al cual me referí la semana pasada, se empañó más el miércoles, cuando Lula, acorralado, aceptó el cargo de Ministro Jefe de la Casa Civil para obtener un excepcional privilegio: sólo el Supremo Tribunal Federal podrá ordenar su detención; la crema de ese postre fue la divulgación de una grabación en la cual Dilma Rousseff le anuncia el envío del acta de asunción, ya firmada, para que la utilice cuando sea necesario. La reacción popular fue inmediata y la sociedad salió nueva y espontáneamente a pedir la destitución de la Presidente, y la designación fue varias veces suspendida por la Justicia. Por supuesto, el Gobierno recurrió a la receta habitual de los populistas: atribuyó el escándalo a un golpe de los poderes concentrados y de la prensa (¿no le suena conocido?); si así fuera, resultaría algo curioso, toda vez que ya están en la cárcel, además de funcionarios del PT y por idénticos motivos, los principales empresarios brasileños. Allí quien las hace, y es descubierto, va preso, cualquiera sea su rango político o su rol económico; aquí Cristina, sus testaferros y sus cómplices, públicos y privados, se siguen riendo de nosotros.
Por eso disiento con Jorge Fernández Díaz, quien sostuvo que avanzar penalmente contra la ex Presidente implica un riesgo político -la victimización- y social, por los desórdenes que podrían generarse. Estoy convencido de la necesidad de hacerlo, ya que la autoexiliada continúa con sus actitudes destituyentes, pese a que su poder rápidamente se diluye entre sus enjoyados dedos; sólo un procesamiento y una condena ejemplar a quien tanto daño ha causado permitirá quebrar el espinazo de esa resistencia antidemocrática y hará que la sociedad esté predispuesta a aceptar las dificultades por venir.
La Justicia ordenó que el contrato entre YPF y Chevron. le fuera entregado, íntegro, al Diputado Giustiniani, pero la medida fue resistida por la estatal; las razones invocadas para justificarlo se vinculan a la necesaria protección de datos entre las petroleras, con lo cual coincido. Pero la sociedad tiene derecho a saber qué mecanismos financieros fueron utilizados para canalizar los fondos aportados por la estadounidense, qué eventuales beneficios personales lograron los funcionarios que lo firmaron, cuáles son los compromisos de inversión del Estado como accionista, y qué ventajas fueron concedidas para obtenerlo; es decir, se deberían divulgar los aspectos no vinculados a la geología, a las técnicas previstas y a las políticas comerciales, a los proveedores de material, etc., pero sí, por ejemplo, qué se pactó sobre el embargo que trabara Ecuador por contaminación, cuánta soberanía fue cedida (como a la base china) y qué jurisdicción fue pactada para dirimir las diferencias entre los sigilosos socios.
Pcia. de Bs.As., 20 Mar 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
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Fuente: Comunicación personal del autor