lunes, 4 de abril de 2016

Sancionar la corrupción: la base del plan económico

Por Roberto Cachanosky (*)
El que quiera progresar siendo corrupto tendrá como destino la cárcel
Mi impresión es que buena parte del electorado que votó por Cambiemos lo hizo, entre otras cosas, con la esperanza que por primera vez en la historia política reciente de Argentina, la corrupción sería sancionada con todo el rigor de la ley, aclarando que esa sanción no debería recaer solo sobre los perejiles, sino sobre los jerarcas del régimen k. No es un deseo de venganza lo que impera en buena parte de la sociedad, solo el deseo de aplicar la ley y que impere la justicia.
Macri ganó las elecciones sin tener mayoría en ninguna de las dos Cámaras del Congreso. En ese contexto parece haber dos líneas de argumentación al respecto. Por un lado están quienes dicen que como Cambiemos necesita el apoyo del peronismo en el Congreso para obtener ciertas leyes, un avance frontal de la justicia contra la corrupción de la “década ganada” generaría pérdidas de apoyo particularmente en el Senado. Tengo mis serias dudas al respecto, pero en todo caso sabemos que si algo no tiene la dirigencia política en general y el peronismo en particular es lealtad. Eso del día de la lealtad es parte del folclore argentino y si no vean como, ante la perspectiva de tener caja vía endeudamiento externo, en el senado buena parte del FPV aprobó el acuerdo con los holdouts. Digamos que billetera mata lealtad. Los mismos que en 2001 aplaudían de pie la entrada en default, la semana pasada votaban salir del default para tomar más deuda.
Por otro lado hay otra línea de argumentación sobre el tema de la corrupción que consiste en pedirle a la justicia que avance a paso redoblado para sancionar el latrocinio que el kircherismo llevó a cabo durante 12 años con toda impunidad, la persecución a quienes pensaban diferente fue moneda corriente y el abuso del poder y el uso del estado para amedrentar a los opositores rozó el terrorismo de estado, si no es que efectivamente lo fue. Quienes siguen esta línea de argumentación sostienen que sin proceder a un nunca más de la corrupción y del abuso del poder será imposible tener un verdadero sistema republicano.
¿Cuál de las dos posiciones resulta más útil? Si uno especulara con la conveniencia política de corto plazo, tal vez la primera alternativa podría llegar a ser la más beneficiosa para el gobierno, siempre y cuando solo buscara ventajas de corto plazo sabiendo que el PJ fuera del poder es una máquina de entorpecer al que gobierno para voltearlo. El peronismo nació golpista con Perón participando del golpe del 30 y parece que nunca ha perdido sus mañas al respecto.
Volviendo, ¿por qué la segunda opción es la más conveniente? En primer lugar, en lo que hace a la gobernabilidad, es tan desastrosa la herencia económica dejada por el kirchnerismo que dejarla al descubierto junto con la  escandalosa corrupción de estos años le haría comprender mejor a la gente las razones de medidas que pueden resultar antipáticas pero que inevitablemente hay que adoptarlas para superar el destrozo k. En otras palabras, denunciar la herencia recibida y la corrupción de estos 12 años hace a la política económica. Es parte de la política económica. Es parte de la comunicación que el gobierno tiene que brindarle a la población sobre la herencia recibida, tanto en las distintas áreas del gobierno como en lo que hace a la corrupción. Es parte de su deber republicano informar sobre el estado de la nación.
Ahora bien, pensando en el largo plazo, denunciar y que el Ejeccutivo colabore para que la justicia investigue los actos de corrupción es el camino adecuado para el crecimiento de largo plazo. Decía antes que denunciar y apoyar los actos de corrupción son parte de la política económica.
En efecto, los países que prosperan son aquellos que tienen instituciones con crean las condiciones de crecimiento de largo plazo.
Esas instituciones son normas, códigos, leyes, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado. Pero las normas, códigos, leyes y costumbres que le dan vida a las instituciones se basan, en última instancia, en los valores que imperan en la gran mayoría de la población. En un país donde el valor principal es vivir a costa del trabajo ajeno, no habrá inversiones, ni crecimiento,  ni mejora en la calidad de vida de la población. Si no hay costo por abusar del poder y cometer actos de corrupción la corrupción será la forma de gobierno. ¿Por qué no ser corrupto si es todo beneficio y tiene cero costos? Y en una sociedad gobernada por corruptos el sistema económico no se basa en la inversión y en desarrollar la capacidad de innovación de las personas, sino en el latrocinio. La regla es destruir riqueza robándole el fruto de su trabajo a los que producen. Pocos tienen estímulos para producir y muchos quieren consumir, con lo cual no hay crecientes bienes y servicios a disposición de la gente que es, en definitiva, lo que permite mejorar la calidad de vida de la población.
Si la regla es robar con impunidad, la inversión brillará por su ausencia y la pobreza cubrirá a la mayoría de la población, en tanto que al ser el robo la regla, la violencia también dominará a esa sociedad.
Por el contrario, si la corrupción es sancionada con toda severidad al igual que el abuso del poder, los gobernantes se cuidarán de incurrir en ambas prácticas porque saben que irán presos y las inversiones llegarán al país y la capacidad de innovación de la gente se desarrollará de tal manera que el país será un país de emprendedores con abundante trabajo y bien remunerado.
En síntesis, en mi opinión, aplicar sanciones ejemplares a quienes abusaron del poder durante los últimos 12 años y practicaron la corrupción con total impunidad es la base misma del plan económico, tanto de corto plazo como de largo plazo.
Sancionar el abuso de poder y la corrupción implica sentar las bases institucionales (reglas de juego) por las cuales quien quiera progresar en Argentina tendrá que trabajar. Y el que quiera progresar siendo corrupto tendrá como destino la cárcel.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de Economía para todos. Artículo publicado el 3 de Marzo de 2016 en el Edición N°620

Fixture angustiante

Por Enrique G. Avogadro (*)

“La verdad es una venda que, cuando se corre de los ojos, nunca puede volver al lugar en el que estaba” Jean-Paul Sartre 
El primero corresponde al torneo de aumentos de tarifas de servicios públicos que, con la enorme inflación, han comenzado a azotar a la clase media urbana, principal cantera de los votos del PRO, y están arrastrando a la pobreza a más de un millón de argentinos. Amén de resaltar el costo político que el partido de gobierno está dispuesto a pagar, sólo diré que, durante el kirchnerismo, mientras se fogoneaba la demanda a fuerza de regalar esos servicios, el congelamiento de precios paralizaba la inversión y, en muchos casos, permitía a Néstor y Cristina robarse empresas, como pasó con YPF; pero esa anómala situación, en realidad, sólo beneficiaba a quienes habitamos en Buenos Aires y el Conurbano, ya que en el resto del país se veían obligados a enfrentar facturas que llegaron a cuadruplicar las nuestras en materia de energía y transporte. Por cierto, resultó realmente irritante que, el mismo día en que los aumentos fueron anunciados, la Cámara de Diputados nombrara presidentes de sus comisiones de Energía y de Economía nada menos que a Julio de Vido y Axel Kiciloff, que fueron quienes gerenciaron tamaño desastre.
Esa compleja maraña de subsidios cruzados -cuyos "retornos" explican sólo parte de la fortuna de la ex familia imperial- se transformó en un laberinto armado por el populismo reinante para intentar seducir a sus beneficiarios, sin éxito alguno como demostraron las últimas elecciones, que enterraron el proyecto de perpetuidad eterna. El Gobierno no tuvo otra alternativa que lanzar el "tarifazo", puesto que mantener el esquema implicaría aumentar aún más el pavoroso déficit fiscal que ha heredado y, con él, caer en la hiperinflación y en la crisis terminal. Resulta verdaderamente curioso que quienes rechazan los aumentos, que ni siquiera terminan con el problema, no nos digan cómo debería financiarse esa sangría: ¿con emisión, con nuevos impuestos, con deuda?; porque todos sabemos cómo termina esa película.
Confío en que el Presidente logre, con su eficaz equipo, controlar rápidamente la inflación y hacer que la economía vuelva a crecer y generar empleo, porque éstos son los flancos más débiles que presenta la imagen del Gobierno, que serán puestos ya mismo sobre el tapete por los sindicatos y la oposición, y pueden poner en peligro la paz social. Por eso sugiero que, esta misma semana, Mauricio Macri tome el toro por las astas y utilice la cadena nacional para explicarnos claramente la situación presente y su visión del futuro inmediato, y nos comprometa, como sociedad y como individuos, a poner el hombro para la indispensable resurrección, aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas.
El miércoles dijo que esperaba que los jueces actuaran con celeridad -se refirió, concretamente, al Juez Tortuga Casanello, pero no se puede olvidar a sus colegas Oyarbide, Rafecas, Rodríguez, Canicoba Corral, y a muchos camaristas- y se comprometió a que su administración haría todas las denuncias del caso, amén de instruir a la Oficina Anticorrupción para presentarse como querellante en las causas. El Consejo de la Magistratura debe ponerse el sayo y comenzar a investigar, ya mismo, la conducta de esos magistrados federales que funcionan como un enorme paraguas protector del pasado mafioso y no han entendido aún que ya no pueden seguir "cajoneando" los expedientes que comprometen al kirchnerismo y sus distintos socios.
La ciudadanía exige que la Justicia actúe e impida que criminales condenados sigan circulando libre e impunemente por la calle. Ese clamor popular fue el que escuchó Macri, y entendió que de darle respuesta dependerá que la sociedad comprenda la realidad del país, lo siga acompañando y acepte los sacrificios que se le están imponiendo para arreglar, de a poco, los enormes desaguisados que esos mismos personajes, y muchísimos más, hicieron durante la década relatada.
La detención ayer de Ricardo Jaime y su socio Vázquez, por "comprar" en 2005 formaciones ferroviarias en España y Portugal, países que estaban dispuestos a pagar a quien se los llevara, por ser chatarra contaminante (ver http://tinyurl.com/gmn9rq2), inauguró el otro fixture, el del campeonato de comparendos judiciales, que quitará el sueño a la ex Presidente y a muchos de sus cómplices, hayan sido funcionarios, testaferros o empresarios privados. A medida que el velo se va descorriendo, aparecen nuevos nombres que pasarán a engrosar las listas de quienes deberán rendir cuentas ante los jueces.
Abril será complicado: el 6 declarará, como testigo, Lázaro Bóvedas Báez y el 7, como imputado, Alejandro Vanoli, ex Presidente del Banco Central, a quien ya precedieron cuatro ex directores de la entidad; cuatro días después, veremos subiendo las escaleras de Comodoro Py a Kiciloff, ex Ministro de Economía. Y el mismo 13 será la gran función: Cristina está citada a prestar declaración indagatoria.
Más tarde, seguirán Pocino (ex Side) el 14, Pérez Gadín (h) el 18, Rossi (ex Rosadita) e Icazuriaga (ex Side) el 19, Pérez Gadín (p) el 20, Martín Báez el 21, César Fernández (Presidente de Austral Construcciones) el 22, Zanzot (piloto del avión de los bolsos) el 25 y, cerrando las fechas de abril, otra vez don Lázaro, entonces como imputado. Con este último, al igual que con Jaime, la incógnita es crucial: ¿Papá Bóvedas permitirá que su retoño y su contador terminen presos calladamente o, como creo, hará girar con más fuerza el ventilador que ya encendió? Me inclino a pensar que sus dichos respecto al patrimonio de Echegaray (ahora también imputado en la causa Ciccone), actual Auditor General de la Nación, y de Alicia Kirchner, Gobernadora de Santa Cruz, fueron nada más que una muestra gratis de lo que está dispuesto a contar; si lo hace, del imperio K no quedará absolutamente nada más que los millones que hayan podido esconder, sea en paraísos fiscales, sea en forma de diamantes comprados en Angola (ver http://tinyurl.com/bv6hqzz).
Porque las hordas legislativas de las que gozó durante sus años en el poder, y a las que sodomizó sin piedad, ya han mostrado, en Diputados y en Senadores, que terminó la época en que no sólo se aprobaban los proyectos que enviaba el Ejecutivo sino que no se les cambiaba una coma. El peronismo ha recuperado la capacidad de pensar (Picheto dixit) y reinstalado el federalismo, por cuenta de las imperiosas necesidades de los gobernadores, y ha premiado los esfuerzos del equipo económico para lograr sacar al país del default buscado como estandarte ideológico. 
Ambos Kirchner, abusadores y practicantes del desprecio por sus subordinados, cosecharon el odio que sembraron; por lo que se ve, tampoco queda quien acepte asumir la defensa de líderes tan inexplicablemente ricos, con la obvia excepción de los rentados jóvenes camporistas, unos pocos actores y cantantes que usufructuaron la sumisión militante, y algunos pseudo intelectuales obnubilados por el disfraz de izquierda con que el matrimonio se vistió al llegar a la Casa Rosada. 
Bs.As., 3 Abr 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com


Fuente: Comunicación personal del autor

La codicia como sinónimo de ineptitud

Por Alberto Medina Méndez (*)
Cuando se trabaja con esmero, se pueden lograr brillantes resultados. El corolario de la tarea bien hecha, de la capacidad de resolver los problemas de la sociedad en el marco de un mercado competitivo, de satisfacer necesidades de un modo óptimo, muchas veces permite generar riquezas.
En cambio, en el ámbito estatal, el único modo de acumular mucho dinero es apelando a la corrupción. Los salarios en el sector público pueden ser inclusive elevados, según la posición que se ocupe, pero jamás se comparan con las significativas ganancias que se pueden lograr en el sector privado.
Sin embargo, en estos países, en el ranking de hombres más acaudalados, invariablemente aparecen dirigentes políticos que ostentan fortunas sin ningún pudor. No es necesario abrir una investigación judicial para darse cuenta de que esos dineros se han logrado recurriendo a negocios espurios.
Nadie puede acumular tantos recursos, en un cargo público con su salario formal. A lo sumo, siendo austero y administrándose muy bien, puede llevar adelante una vida acomodada pero jamás tan ampulosa como la que se le conocen a tantos personajes siniestros por estas latitudes.
La mayoría de los analistas intentan explicar el flagelo de la corrupción enfocándose en sus causas y consecuencias, pero tal vez valga la pena detenerse un poco en comprender como funcionan sus protagonistas.
Es posible entender, aun sin compartir sus criterios, la actitud de algunos que creen que su llegada a las oficinas públicas se constituye en su gran oportunidad para hacerse ricos. Ellos toman esa ocasión como la gran chance para salvarse. Saben que esa circunstancia durará poco tiempo y que si hacen negociados pueden cambiar su situación actual para siempre.
Es evidente que no tienen escrúpulo alguno y que les importa muy poco su eventual desprestigio personal. Algunos apuestan a pasar desapercibidos y que nunca nadie registre sus andanzas, pero su destreza para el disimulo es invariablemente efímera. Tarde o temprano terminan desplegando un patrimonio que jamás podrán justificar.
Indudablemente, su descredito no los incomoda tanto. En su escala de valores disponer de dinero es más relevante que su propia honra. Los tiene sin cuidado lo que opine la sociedad sobre ellos, ni siquiera lo que sus amigos y familiares piensen o la indigna herencia que le dejarán a sus hijos.
Una arista que no se analiza con suficiente profundidad es la otra cara de esa actitud lamentablemente tan cotidiana, de ir por lo ajeno sin pudor alguno, de quedarse con el fruto del esfuerzo de otros, y hacerlo con el descaro y la impunidad que tantas veces se ejercita sin recato.
Ese corrupto que utiliza su poder circunstancial en el Estado, para apropiarse del dinero que no le corresponde, no solo es un delincuente que infringe leyes y un inmoral por su ausencia de principios éticos.
Este individuo, es un incapaz, alguien que no dispone de ninguna habilidad, ni talento, para generar una riqueza legítima y bien merecida. Su valoración sobre sí mismo es muy limitada, casi nula. El no se cree apto. Sabe que no podrá desarrollarse por sus propios medios y el único camino que le queda para lograr su meta es  saquear, sin contemplaciones, a los ciudadanos.
Ni siquiera tiene el coraje de los malhechores que le quitan todo a la gente a cara descubierta. El corrupto es un ser mucho más despreciable aún, porque además de sus burdas acciones diarias, es un cínico sin límites porque habla de la corrupción, como si él no fuera parte esencial de ella. Utiliza palabras como "honestidad" y "transparencia" en su lenguaje habitual, y lo hace a sabiendas de su real comportamiento, lo que lo convierte en un personaje mucho más repugnante.
La corrupción es un fenómeno aberrante, pocas veces combatido con inteligencia. La sociedad supone que solo se trata de elegir a los honestos, sin comprender el complejo entramado estructural que ha sido pergeñado por algunos para que cualquier energúmeno ignorante se aproveche de esas enormes grietas instaladas deliberadamente en el sistema.
Se podrán minimizar los hechos como estos, pero no se eliminarán de raíz hasta que no se logre desmontar el desmesurado tamaño del Estado, la eterna discrecionalidad de sus decisiones y su sombrío accionar.
En ese contexto, seguirán desfilando nefastos personajes por la vida política, sin distinción ideológica ni partidaria. Pero es trascendente entender que los corruptos, no solo son detestables sujetos que se apoderan de lo impropio con absoluta hipocresía, delincuentes de guantes blancos que se aprovechan de la gente, sino también personas que no valen la pena, que no tienen ninguna aptitud y cuya autoestima está por el suelo.
Ellos han elegido voluntariamente el camino del mal, el más humillante de los senderos. Legarán a sus hijos una inmensa fortuna a cambio de que convivan con la pesada carga de sus apellidos. Su patrimonio es la prueba más irrefutable de su absoluta impericia. Ellos solo pueden obtener dinero robando. Jamás podrán ufanarse de haber construido un imperio genuino, ni sentirse orgullosos de su esfuerzo. Es probable que no tengan remordimientos, ni se arrepientan nunca, pero la sociedad jamás los respetará, ni les dará reconocimiento. Su codicia es sinónimo de ineptitud.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político

albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com
Facebook: www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Fuente: Comunicación personal del autor