miércoles, 29 de junio de 2016

El desafío más grande y complicado es achicar el déficit fiscal

Por Manuel Solanet (*)

China no crece tanto, Brasil podría caer más y Estados Unidos está achicando su brecha fiscal con mejores números de empleo pero con una inflación que preocupa. Estas son situaciones condicionantes para la Argentina, por eso el desafío es mayor.
En ese orden, el Ing. Manuel Solanet se mostró preocupado. “El kirchnerismo hizo un crecimiento del gasto sin precedentes en la historia –dijo- con un gasto de 46 puntos del producto agregado (nación, provincias y municipios) y una presión impositiva de 40 puntos del producto. Esto es algo inédito que le genera muchos problemas al Gobierno actual. En este panorama se hace necesaria una reducción del gasto que estimamos en un 11%, para volver a tener equilibrio fiscal.
El tema es dónde hacer esa reducción, porque hay ítems como jubilaciones que no se pueden tocar. Las metas más fáciles de abordar para esto serían reducir los subsidios económicos, los gastos superfluos de la política (viajes, automóviles con chofer, etc) y el costo que genera la corrupción”, dijo el economista.
(*) Manuel Solanet. Presidente de la Fundación Libertad y Progreso.

lunes, 27 de junio de 2016

Problemas de razonamiento en el BCRA

Por Roberto Cachanosky (*)

Es un error conceptual decir que cuando el BCRA coloca LEBACs en el mercado y paga una tasa de interés desorbitante, aumenta la demanda de moneda
De acuerdo a los confusos argumentos que esgrimen algunas de las autoridades del BCRA, todo parece indicar que no parece ser que tengan muy en claro algunos principios básicos de política monetaria.
En forma confusa hablan de fijar la cantidad de moneda, de demanda de moneda y de la tasa de interés. Una mescolanza preocupante porque tienden a creer que la colocación de LEBACs a tasas inconsistentes con el sector real de la economía genera una absorción monetaria que pueden denominar demanda de moneda.
Veamos, lo primero que las autoridades del BCRA deberían tener presente es que la moneda es una mercadería como cualquier otra. Deberían recordar que la moneda es un descubrimiento del mercado que permitió pasar del trueque al intercambio indirecto haciendo más fluido el comercio.
Lo segundo que deberían considerar las autoridades del BCRA es que la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, tiene la característica de ser aceptada ampliamente como medio de intercambio y como reserva de valor. La función de unidad de cuenta es derivada de ser reserva de valor. Para que una mercadería sea considerada moneda debe cumplir con estas características.
Ahora bien, como toda mercadería, la moneda tiene una demanda y una oferta. Veamos el tema de la demanda de moneda. ¿Qué es la demanda de moneda? La cantidad de pesos que la gente quiere tener en el bolsillo por si acaso. Si el BCRA emitió 100 y la gente guarda siempre en sus billetera por las dudas 20, la demanda de moneda es 20.
Ahora, la demanda de moneda puede aumentar o disminuir de acuerdo a las expectativas que tenga la gente. Si los agentes económicos creen que la inflación se va a acelerar, es probable que no guarde esos $ 20 porque sabe que si los guarda, cuando quiera comprar algo, con esos $ 20 podrá comprar menos bienes por efecto de la inflación. ¿Qué hace la gente en ese caso? Disminuye su demanda de moneda o, la inversa, aumenta la oferta de moneda que es lo mismo que decir que demanda más bienes y servicios. La gente sale a comprar antes que suban los precios.
Por el contrario, si piensa que los precios van a bajar, aumenta su demanda de moneda. Es decir, posterga la compra de bienes a la espera de una baja de precios y, por lo tanto, si antes gasta 80 de los 100 emitidos, ahora gasta 60 con lo cual la demanda de moneda pasa a ser de 40, pero, al mismo tiempo, al demandar menos bienes y servicios los precios tienden a bajar.
Oferta y demanda de moneda tiene que ver con la tenencia de saldos monetarios no remunerados. Pesos que tenemos en el bolsillo y no usamos. Los tenemos por si acaso. Y oferta es cuando nos quitamos de encima esos pesos.
Es un error conceptual decir que cuando el BCRA coloca LEBACs en el mercado y paga una tasa de interés desorbitante, aumenta la demanda de moneda porque el BCRA demanda moneda. Lo que está haciendo el BCRA es colocar activos financieros y la gente comprando activos financieros, pero la demanda de moneda en el sentido antes expresado, no se modifica. Lo que sí puede ocurrir es que el ahorro que tiene la gente destinado a la compra de bienes sea destinado a la compra de LEBACs, con lo cual el BCRA absorbe ahorro pero no modifica la demanda por moneda. Lo que hace la gente es destinar sus ahorros a comprar un activo financiero llamado LEBAC.
Es cierto que si el BCRA absorbe ahorro del mercado y lo inmoviliza, disminuye la demanda de bienes y los precios tienden a bajar o a subir menos. Pero lejos está de significar un aumento en la demanda de moneda en el sentido que la gente retiene más pesos inmovilizados en su bolsillo.
Ahora, lo que también debería plantearse la gente del BCRA es que los pesos que emite no son moneda en el estricto sentido de la palabra porque los pesos no son reserva de valor. Esto significa que luego de tantos años de inflación y de destrucción de signos monetarios, los argentinos elegimos como moneda el dólar, en consecuencia comparar la tasa de interés que paga el BCRA para absorber ahorro contra la inflación en pesos no es correcto. La tasa de interés hay que compararla contra la evolución del tipo de cambio. Y si la cuenta se hace de esa manera, terminamos con una tasa de interés en dólares que es absolutamente inconsistente con la rentabilidad que puede ofrecer el promedio de la actividad económica lícita.
Puesto de otra manera, si la tasa de interés en dólares que paga el BCRA es del 32% en dólares, ¿a quién le puede prestar a esa tasa para poder devolver el importe de las LEBACs llegado del momento? La respuesta es más que obvia. A nadie, por lo tanto, cuando el BCRA coloca LEBACs subiendo la tasa de interés, lejos está de aumentar la demanda de moneda. Lo que está armando es un arbitraje entre tasa de interés y tipo de cambio que es inconsistente con el funcionamiento del sector real de la economía. Una ficción que termina mal. Ya lo vimos en 1988 con el plan primavera que terminó en la hiperinflación luego del estallido del 6 de febrero de 1989.
No estoy diciendo que estemos marchando a una hiperinflación y a un estallido como el de 1989, pero la inconsistencia es más que evidente.
En síntesis, ni por casualidad aumenta la demanda de moneda cuando el BCRA sube la tasa de interés como lo está haciendo ahora. Solo está armando una especulación financiera para ganar tiempo. Tiempo que debería ser asignado a reformar el gasto público y reducir su peso sobre la economía, para tener disciplina fiscal y así llegar a la disciplina monetaria sin necesidad de recurrir a artilugios financieros que hemos visto infinidad de veces terminar muy mal.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de Economía para Todos. Artículo publicado el 26 de Junio de 2016, Edición N°632

El punto sobre la i

Por Arturo Damm (*)
“No tiene sentido condenar la desigualdad, es como decir que el progreso es malo. La desigualdad se produce cuando un grupo humano avanza. Así que no solo es un indicador de éxito, sino un incentivo para alcanzarlo.”Angus Deaton
 No confundamos, y muchos lo hacen, pobreza con desigualdad, ni identifiquemos, como muchos lo hacen, a la desigualdad como la causa de la pobreza. Salvo en los casos de explotación (por ejemplo: esclavitud), que X tenga más que Y no es un problema, ni el que X tenga más es la causa de que Y tenga menos.
La desigualdad se define como la situación en la cual X tiene más que Y, y tiene más que Y porque produce más que Y (salvo, insisto, en los casos de explotación). La pobreza se define como la situación en la cual Y no es capaz de generar, por medio de un trabajo bien pagado, un ingreso suficiente para satisfacer correctamente sus necesidades, comenzando por las básicas.
Las posibles combinaciones son cuatro. 1) Que X y Y produzcan y tengan lo mismo (igualdad), y que ni X ni Y puedan satisfacer correctamente sus necesidades (pobreza de ambos). 2) Que X y Y produzcan y tengan lo mismo (igualdad), y que X y Y sí puedan satisfacer correctamente sus necesidades (riqueza de ambos). 3) Que X y Y no produzcan y no tengan lo mismo (desigualdad), y que X y Y sí puedan satisfacer correctamente sus necesidades (riqueza de ambos). 4) Que X y Y no produzcan y no tengan lo mismo (desigualdad), y que X sí pueda satisfacer correctamente sus necesidades pero Y no (riqueza de X y pobreza de Y).
¿Cuáles de estas posibles combinaciones son problema? Quienes creen que el problema es la desigualdad responderán que la tercera (desigualdad y riqueza de ambos) y la cuarta (desigualdad y riqueza de X y pobreza de Y). Quienes creen que el problema es la pobreza responderán que la primera (igualdad y pobreza de ambos). Ambos, quienes creen que la desigualdad es el problema, y quienes creen que el problema es la pobreza, no verán ningún problema en la segunda combinación, que sintetiza “lo mejor” de los dos mundos: igualdad entre X y Y, y riqueza para X y Y.
¿Por qué entrecomillé, en el párrafo anterior, la expresión lo mejor? ¿Realmente lo mejor sería igualdad y riqueza: todos iguales, sobre todo en materia de ingresos, y todos capaces de satisfacer correctamente sus necesidades? Si usted, lector, tuviera que elegir una de las cuatro combinaciones, y la elegida por usted sería la regla, ¿cuál elegiría? Doy por descontado, al considerarlo una persona sensata, que elegiría entre la segunda (igualdad y riqueza de ambos) y la tercera (desigualdad y riqueza de ambos), porque reconoce que lo importante es que tanto X como Y satisfagan correctamente sus necesidades, que superen eficazmente la pobreza, sin importar que X tenga más que Y, o que Y tenga más que X, sin importar la desigualdad, que en este caso sería desigualdad de ingresos.
La única igualdad de ingresos aceptable es la que se daría a partir de la igualdad natural de condiciones, sin ninguna redistribución de parte del gobierno, algo que es prácticamente imposible, porque es prácticamente imposible que todos los seres humanos avancen al mismo paso, en la misma dirección, y con los mismos resultados. La igualdad, sobre todo de ingresos, es antinatural, y solamente es posible (suponiendo que realmente lo sea), por medio de la redistribución del ingreso, con el gobierno quitándole a X, lo que es de X, para darle a Y, lo que no es de Y, redistribución del ingreso que hoy es la principal tarea de cualquier gobierno, el principal reclamo de la mayoría de los ciudadanos.
Por ello, pongamos el punto sobre la i.
(*) Arturo Damm Arnal. Economista. Artículo publicado en Asuntos Capitales el 19 de Junio de 2016

El Reino Unido recupera su independencia frente a la Unión Europea

Por Eneas A. Biglione (*)

“Si el resto de la Unión Europea decide aprender la lección, los habitantes de sus países miembros podrán eventualmente gozar de una mayor libertad y una auténtica prosperidad económica.”
Hartos de las regulaciones innecesarias, los presupuestos desorbitados y los burócratas del Parlamento Europeo diciéndoles qué deben hacer, el 52% de los habitantes del Reino Unido votó en favor de salir de la Unión Europea. Una decisión valiente y polémica, que esperamos sirva de lección para toda Europa y el mundo.
Dicha decisión constituye claramente un desafío al “establishment” global y al socialismo económico de todos los partidos alrededor del mundo. Los grandes perdedores en la pulseada política por mantener al Reino Unido dentro de la Unión Europea fueron claramente el Presidente Barack Obama y los líderes de la OTAN, que buscaban evitar esta decisión ejerciendo una fuerte presión internacional.
Los votantes del Reino Unido basaron su decisión en el déficit democrático impuesto desde Bruselas (aduciendo que al Parlamento Europeo le falta legitimidad democrática para imponer o rechazar legislación dentro de la Unión Europea), el gran costo anual de pertenecer a la UE (más de 13 mil millones de libras al año, recibiendo menos de la mitad en “beneficios”) y la clara debilidad de la mayoría de las economías de la euro zona (con Grecia e Italia encabezando la lista) abocadas a redistribuir riqueza entre países en lugar de multiplicarla.
El Brexit constituye un duro golpe a la Unión Europea y sus partidarios temen que eventualmente pueda contagiar a otros países miembros. Una encuesta reciente del Pew Research Center muestra que en Francia, país fundador de la UE, tan sólo el 38% de los ciudadanos tienen una imagen favorable de la misma, es decir una imagen favorable un 6% inferior a la de los habitantes del Reino Unido. Por otro lado, en ninguno de los demás países donde se practicó la encuesta, hubo apoyo suficiente a la idea de transferir poder a Bruselas. Esto debería llamar a los líderes de la UE a poner las barbas en remojo y hacer una fuerte autocrítica hacia sus políticas intervencionistas.
Por su parte, y más allá de todo el revuelo que levanta la noticia, el Reino Unido sigue siendo la segunda economía más grande de Europa, miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y un país con excelentes relaciones con Washington DC. Por lo tanto, fuera de la UE el Reino Unido seguirá siendo un jugador de gran importancia en el ámbito internacional en cualquiera de los escenarios posibles.
En materia económica interna, los que se oponían al Brexit han augurado una fuerte recesión en el Reino Unido, pero las autoridades de su Banco Central han salido a confirmar a los medios internacionales que su país está bien preparado para afrontar los cambios que se vienen. Está claro que la Unión Europea no puede permitirse un desprendimiento total del Reino Unido, y viceversa. De hecho las partes ingresan ahora a un período de dos años donde se negociarán los términos y condiciones de esta polémica pero mayoritariamente positiva separación.
Un Reino Unido independiente, en pleno siglo XXI, tendrá la capacidad de volver a convertirse en el ícono de libertad que fuera en su momento para toda Europa y el mundo. Si el resto de la Unión Europea decide aprender la lección, los habitantes de sus países miembros podrán eventualmente gozar de una mayor libertad y una auténtica prosperidad económica.
(*) Eneas Biglione Director ejecutivo de la Fundación Hacer. Artículo cortesía de HACER
 de Junio de Articulo publicado en Asuntos Capitales el 27 de Junio de 2016

Meras enmiendas electorales

Por Alberto Medina Méndez (*)


Pese a los recientes anuncios, la ansiada reforma política se ha convertido  en una eterna asignatura pendiente. Se escucharon durante meses grandilocuentes discursos y una larga nómina de potenciales modificaciones que luego quedaron atascadas, como tantas otras, a mitad de camino.

Las mejoras siempre son bienvenidas, aunque ellas sean parciales. Pero se comete un grosero error cuando se desaprovechan tan alevosamente las actuales circunstancias que resultan más que favorables y se elude la posibilidad de ir a fondo con lo realmente imprescindible. Quedarse en lo superficial sin ir por lo profundo constituye una equivocación gigante.

Ya se sabe que el patético esquema de boletas de papel es arcaico y vetusto además de un mecanismo inmoral muy conveniente para los estafadores crónicos que siempre pululan en la política doméstica. Por eso era imperioso buscar variantes y adentrarse en el estudio de otras posibilidades que previeran la incorporación de tecnología para darle mayor celeridad.

Nadie duda que las "colectoras" o cualquier otro ardid similar, son funcionales a las perversas trampas de la política tradicional. Son demasiados los vicios que conviven dentro del actual régimen. Las normas deben encargarse de poner freno a estos dislates y contribuir de un modo efectivo a otorgarles mayor legitimidad de origen a los candidatos elegidos.

Los organismos que fiscalizan lo electoral deben ser independientes, pero no solo desde lo retórico, sino desde lo fáctico. Para ello es preciso precisar los mecanismos que tiendan a evitar que los intereses del gobernante de turno interfieran, de algún modo, en la genuina voluntad ciudadana.

Los dirigentes de hoy se han llenado la boca hablando de agilidad, transparencia y equidad, pero han omitido cuestiones demasiado relevantes para que esos términos se conviertan en verdaderos objetivos a cumplir suficientemente creíbles. Lo hecho hasta acá solo muestra tímidamente algo de esto, pero no exhibe una convicción profunda para lograr ese cometido.

Hablar de reforma política sin abordar cómo se financian los partidos, las campañas y las elecciones es una falta de respeto a la sociedad toda, una absoluta defraudación a la confianza de la gente. Si estos aspectos "sucios" pero esenciales de la política de este tiempo no se encaran con valentía y determinación solo se seguirá girando en círculos.

El Estado de la mano de la corrupción estructural y el silencio cómplice de las corporaciones siguen siendo la principal fuente de recursos para la actividad política. Lo hacen sin explicitarlo abiertamente, en forma disimulada, a escondidas, con todo lo que eso implica.

Quienes esperan que las cosas cambien en serio, no pretenden solo un poco de insustancial maquillaje o la implementación de algunos parches, sino que aspiran a transformaciones más trascendentes. Cuando los que asumieron la tarea de hacer los deberes como corresponde, finalmente no lo hacen, terminan pareciéndose demasiado a sus antecesores y eso no es bueno.

Todas las propuestas de modificaciones son interesantes pero queda la sensación de que son incompletas e insuficientes. Se precisa mucha más claridad conceptual, un dialogo responsable y un conjunto de propuestas desafiantes que conduzcan los esfuerzos hacia un nuevo sistema superador. No se alcanzará jamás algo definitivo, pero se debe aspirar a un nivel cercano al óptimo para no conformarse con casi cualquier cosa.

Se avanza solo en pequeños retoques que además no son consensuados. No sirve de nada hacer modificaciones con mayorías circunstanciales. Los cambios consistentes y que pueden permanecer en el tiempo, son aquellos que gozan de enormes apoyos concretos. No se debe buscar homogeneidad total en la visión, pero si es preciso que lo acordado goce de un colosal beneplácito que asegure cierta continuidad de estas reglas en el futuro.

Esto de proponer ideas aisladas, que no han sido debidamente debatidas por la sociedad y que solo fueron escasamente acordadas con una parte del arco político opositor culminan, inexorablemente, en simples apuestas por el corto plazo. Aun si se lograran los acompañamientos parlamentarios necesarios, estas cuestiones no se han madurado del todo aun y por lo tanto son solo un engranaje de una estrategia absolutamente coyuntural.

Las reformas serias no se trabajan ni se instrumentan, con esta premura, sino con paciencia e inteligencia. También se diseñan con una dosis mayor de grandeza, mirando fundamentalmente a las próximas generaciones y no a la inmediatez que siempre propone la mediocre política contemporánea.

Todo hace pensar que se está desperdiciando otra brillante ocasión para hacerlo todo mucho mejor. Esta es solo otra muestra más de que sigue reinando la improvisación, la infaltable especulación sectorial y por ello los progresos son casi siempre marginales y totalmente inestables.

Este camino que recién se empieza a transitar debería hacer una pausa para reconsiderar el esquema central que se ha seleccionado. Es preciso no solo cambiar el sistema electoral vigente sino fundamentalmente el enfoque elegido para que el resultado de este proceso no sea tan insignificante.

Existe un importante riesgo de que las desilusiones del pasado, que todas las quejas que la gente tiene en el presente se pasen por alto otra vez y sean nuevamente postergadas para una ocasión mejor que nunca llega.

Lamentablemente, todo lo que se ha sabido hasta ahora, muestra que la tan mentada reforma política en las que tantas esperanzas se habían depositado desde la ciudadanía será, al menos por ahora, solamente una interminable lista de meras enmiendas electorales.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político
albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com

Fuente: Comunicación personal del autor

Las noches tristes de tres tigres

Por Enrique Guillermo Avogadro (*)

"Hay un tiempo para vivir y otro para morir". Eclesiastés
Resulta curiosa, salvando algunas diferencias no menores, la similitud en los finales de los tres regímenes populistas más importantes de la región en los últimos años, comenzando por las atribuciones de la derrota a la prensa libre. Nicolás Maduro está acorralado por una inédita crisis que está hambreando y, literalmente, matando a la población de Venezuela, mientras intenta perdurar convirtiéndose en un dictador sostenido sólo por las armas de sus fuerzas de seguridad, todas cómplices del narcotráfico. Dilma Rousseff ve, cada día, como los jueces de Brasil mandan a la cárcel a sus principales colaboradores, mientras espera ser destituida al concluir el período de la suspensión que le fuera impuesta. Y Cristina Elisabet Fernández ya ha ingresado a la cloaca máxima de la historia argentina.
Esta semana fue la peor en el calvario que el kirchnerismo está recorriendo desde el 10 de diciembre, y en el camino va dejando jirones de personajes nefastos, familias y maletas llenas de dinero, mientras ya no hay nombre alguno para llevar como bandera a la victoria; pero aún será más terrible aquélla en la que la ex Presidente sea conducida, finalmente, a la cárcel que merece. En estos días, además de los episodios protagonizados por  López e Ibar Pérez Corradi, que ya han hecho saltar al ¿Frente para la Qué? en mil pedazos, las páginas de los diarios llenan columnas y columnas de pseudo empresarios y ex funcionarios llamados a prestar declaración indagatoria, ya procesados y algunos presos, y antes de diciembre empezarán los juicios orales que tienen como acusados a Ricardo Jaime, otra vez, y a Amado Boudou.
Hace varios años que sostengo en estas notas dominicales que los Kirchner, tan afectos al poder como al dinero ajeno, jamás habrían permitido a Anímal Fernández quedarse con un negocio tan lucrativo como el narcotráfico, que tanto se ha expandido desde que llegaran del lejano sur para saquear al país y dejarlo arruinado; el ex Jefe de Gabinete nunca pasó de ser el gerente de aquellos verdaderos jefes.
De Cristina se puede pensar cualquier cosa y seguramente no habrá calificativo exagerado, pero no se puede decir que sea idiota, o que ignore cómo se hace política entre nosotros; su finado marido fue su profesor y ella, sin duda, aprendió muy bien. Por eso, creer que cometió un error suicida con la designación de ese nefasto personaje -La Morsa- como candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en desmedro de otros kirchneristas un poco más potables, como Julián Domínguez, me parece una simpleza. Pese a ignorar cuáles fueron las cuentas que intentó pagar la noble viuda o qué órdenes de los carteles internacionales de la droga se vio obligada a obedecer, estoy convencido que sabía lo que hacía, y por qué.
Llama la atención la conducta de los jueces federales y de sus superiores, los camaristas y miembros de los tribunales orales que, a pesar de haberse decidido a actuar, una reciente actitud que han asumido en defensa propia después de haber cajoneado por años las causas que ahora aceleran sin piedad, aún parecen depender de confesiones de arrepentidos, de antiguas revelaciones periodísticas, de la denuncia de un jornalero, de la aparición de filmaciones o de los servicios de inteligencia extranjeros para la detención de prófugos para seguir adelante con las investigaciones.
El Juez Claudio Bonadío tiene en sus manos la causa que más cerca está de dar a la sociedad la certeza de que la impunidad se ha terminado, "enriquecimiento ilícito", y debiera ser la de más rápida resolución, ya que las declaraciones juradas presentadas por Cristina y sus hijos constituyen un verdadero escándalo; ni siquiera los contadores que la AFIP de Echegaray mandó al sur para dibujar las inconsistencias pudieron hacer encajar sus tremendos incrementos patrimoniales. Y no estamos hablando de aquellos bienes que figuran como propiedad de sus testaferros ni, menos aún, el dinero sucio depositado en paraísos fiscales, cambiado por diamantes en Angola, oculto en valijas o enterrado en bóvedas sacramentales.
Como en ese delito la carga de la prueba está invertida (art. 268, Código Penal), serán los Kirchner quienes deberán explicar cómo hicieron para amasar semejante fortuna -reitero- blanca y registrada. El repugnante ex Juez Norberto Oyarbide, ahora bailantero, cerró sin investigar causas similares por períodos anteriores, que podrán ser reabiertas si la Corte Suprema aplica la teoría de la sentencia írrita, tan bien planteada por Federico Morgenstern y Guillermo Orce, en un esencial libro prologado por Alejandro Carrió y Carlos Rosenkrantz, éste recién incorporado al máximo Tribunal.
Volviendo a la actualidad política, se percibe que todos los proyectos de insurgencia que pretendía motorizar la emperatriz de Calafate para desestabilizar al Gobierno de Macri y soñar con volver al poder en 2019 se han derrumbado y las bancadas adictas en el Congreso se presentan cada día más menguadas; es que, en un régimen que se disfrazó de izquierda para tener impunidad, los episodios recién conocidos han sumido en el desconcierto y la vergüenza hasta a los más ingenuos y crédulos de sus seguidores.  
Hay un aspecto que, como sociedad, debemos tomar en cuenta rápidamente. En general, de la "noble viuda" para abajo, todos los imputados por causas de corrupción han utilizado a sus respectivos funcionarios dependientes para descargar sobre ellos toda la responsabilidad; el mismo jueves, el inefable ex Ministro y actual Diputado Julio De Vido se defendió diciendo que López, Jaime y otros de sus secretarios de Estado imputados actuaban libremente, sin que él se enterara y por fuera de su autoridad. Olvidaron todos así que la gran mayoría de los presos políticos, militares, policías y civiles que aún hoy se pudren en las cárceles comunes por haber luchado contra la subversión en los 70's, han sido detenidos -y, en algunos casos, condenados- utilizando la teoría de la responsabilidad "funcional", es decir, no por sido acusados de matar o torturar personalmente sino por ser quienes ejercían el mando sobre quienes habrían podido cometer esos delitos.
La Justicia debe terminar, entonces, con su mirada tuerta y su tradicional esquizofrenia: si esa teoría sirve para unos, debe serlo para todos y, si es inaplicable, debe liberar ya mismo a quienes hoy mantiene en sus mazmorras hasta que les llega la muerte, como ya ha sucedido con casi cuatrocientos, sin los derechos ni los beneficios de los que gozan todos los demás internos del sistema penitenciario.
La noche triste de Cristina no ha hecho más que comenzar y no habrá estrella que la guíe en su largo derrotero por el desierto. Al final, desde Comodoro Py llegará a Ezeiza, donde seguramente volverá a ver a los muchos parientes, amigos y cómplices que poblarán las celdas vecinas.
Bs.As., 26 Jun 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com


Fuente: Comunicación personal del autor

Caminar al paso o al trote, esa es la cuestión…

Por Elena Valero Narváez (*)

La inflación es un problema que sigue afectando la calidad de vida de los argentinos, quienes compraron la política demagógica del gobierno anterior sin pensar en las consecuencias.
  El gobierno del presidente Macri, se debate entre terminar con las técnicas keynesianas que la provocaron y nos han llevado al borde de una crisis, soportando la consecuente animosidad de la gente que debe ajustarse el cinturón, o mantenerlas corrigiendo la economía, con parches, sin encarar de manera estructural el problema. Pese a las buenas intenciones de la administración Macri, el camino se ve incierto, mas tendiendo a la segunda opción, lo cual es preocupante.
 Se anuncian grandes planes de obras públicas para paliar el desempleo sin pensar que generan gasto público, algo que es indispensable reducir, so pena de aumentar la inflación y sus consecuencias.
 En vez de privatizar se está brindando ayuda a empresas deficitarias y por presión de los líderes sindicales aumentos de salarios muy por encima de los niveles de producción y productividad, entre otras medidas que no tienden a la solución del problema que nos aflige.
Algunos economistas se preguntan si el Gobierno sabe hacia dónde va.  Creo que se ve impelido por una oposición activa y perniciosa a  una siesta demasiado larga antes de emprender las soluciones de fondo que inevitablemente habrá que encarar para mejorar la situación.
Es cierto, también, que se necesita perfeccionar la comunicación de los funcionarios con la gente. Se les criticó, con razón, que tardaran en difundir la real situación en que Cristina Kirchner dejó al país y también que no se hayan esforzado por destruir el relato kirchnerista el cual, sin duda, fue exitoso por más de doce años. No se dedicaron efectivamente a mostrar la inconsistencia de las teorías e ideas falsas del kirchnerismo y tampoco a atraer la atención sobre lo que hay que hacer para asomar la cabeza fuera del pozo.
Cuando a una persona deben realizarle una intervención, el médico no la lleva inmediatamente a la sala de operaciones sino que le explica el porqué es necesario realizar la operación y los beneficios que le traerá al paciente pasar por esa estresante situación. Aquí, aunque hay que operar de urgencia, no se explicita el diagnóstico ni las medidas que, aunque duelan, son imprescindibles para la curación.  
Si no se  convence a la gente de que no hay más remedio que ajustar, o sea, reducir el déficit gastando mucho menos, mostrando un programa que indique cómo se logrará  mejorar nuestro  standard de vida,  serán pocos los que acompañen al Gobierno.
Se han  explicitado los objetivos, las metas a las que se quiere llegar. Un país más libre, que se tutee con países democráticos y desarrollados, con infraestructura adecuada que permita trabajar e invertir, donde  cada uno pueda buscar su destino y pueda hallar condiciones adecuadas para hacerlo realidad. Pero no se dijo  cómo, y con que medios piensan lograrlos. Y sobre todo a qué principios ideológicos responden.
Solucionar los problemas con un remedio vencido, es decir el keynesianismo, socialismo disimulado,  fracasado aquí y en los países donde se aplicó con entusiasmo, es marchar hacia una nueva frustración. El desequilibrio económico y social que  ha provocado en nuestro país, como también en los de Europa y en EEUU, fue evidente. Sería suicida apegarse a sus ideas y técnicas.
Ya deberíamos haber aprendido, como bien advierte Kayek, que la inflación, la inestabilidad, la inmoderación en  gastos del estado, el nacionalismo económico, la depresión y el desempleo deben ser combatidos inspirando confianza y limitando la emisión monetaria. Solución que responde a principios liberales, a una sociedad abierta la cual contempla la libre iniciativa de los ciudadanos en un marco democrático y con libertad económica.
La sociedad es un fenómeno espontáneo e imprevisible. Por ello progresar,  es  crear condiciones para dar paso firme a las decisiones individuales, tejedoras de  mercados y el abandono de  utopías carcelarias que pretenden dar la felicidad,  planificando a la sociedad, como intentó hacerlo el gobierno kirchnerista.
Hay que apresurar el paso hacia la transformación orientada hacia el  orden social y económico basado en la libertad.

(*) Elena Valero Narváez
Vicepresidente 1ª de la UCEDE (Unión de Centro Democrático)


Fuente: Comunicación personal de la autora

martes, 21 de junio de 2016

El corrupto progresismo

Por Roberto Cachanosky (*)

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”
Seguramente los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández pasarán a la historia como uno de los más corruptos de la historia argentina. Es puro verso eso de que con Néstor hubiese sido diferente. Néstor Kirchner fue el que armó toda la arquitectura para transformar el aparato estatal en un sistema de represión y persecución de quienes pensaban diferentes, y también construyó un sistema de corrupción como nunca se había visto, al menos en la Argentina contemporánea.
Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”, y regular la economía en beneficio de la sociedad.
Tampoco es casualidad que el gasto público haya llegado a niveles récord. El gasto público fue la fuente de corrupción que permitió implementar el latrocinio más grande que pueda recordarse de la historia económica para que unos pocos jerarcas k engrosaran guarangamente sus bolsillos al tiempo que hundían a la población en uno de los períodos de pobreza más profundos.
Con el argumento de la solidaridad social se lograron varios objetivos simultáneamente: 1) manejar un monumental presupuesto “social” que dio lugar a los más variados actos de corrupción (sueños compartidos, Milagro Sala, etc.) 2) crear una gran base de clientelismo político para asegurarse un piso de votos. O me votás o perdés el subsidio. Como la democracia se transformó en una carrera populista, el reparto de subsidios sociales se transformó en una base electoral importante, 3) crear millones de puestos de “trabajo” a nivel nacional, provincial y municipal para tener otra base de votos cautivos. O me votas o perdés el trabajo y 4) una economía hiper regulada por la cual para poder realizar cualquier actividad el estado exige infinidad de formularios y aprobaciones de diferentes departamentos estatales. Estas regulaciones no tienen como función defender al consumidor como suele decirse, sino que el objetivo es poner barreras burocráticas a los que producen para forzarlos a pagar coimas para poder seguir avanzando produciendo. Un ejercicio al respecto lo hizo hace años Hernando de Soto, en Perú y se plasmó en el libro El Otro Sendero. La idea era ver cómo la burocracia peruana iba frenando toda iniciativa privada con el fin de coimear.
Manejar miles de millones de dólares en gasto público, encima manejarlos bajo la ley de emergencia económica que permite reasignar partidas presupuestarias por DNU sin que se discuta en el Congreso el uso de los fondos públicos, es el camino perfecto para disponer de abundantes fondos para el enriquecimiento ilícito.
La clave de todo el proceso de corrupción pasa, por un lado, por denostar la libre iniciativa privada y enaltecer a los “iluminados” políticos y burócratas que dicen saber elegir mejor que la misma gente qué le conviene a cada uno de nosotros. Ellos son seres superiores que tienen que decidir por nosotros.
Establecida esa supuesta superioridad del burócrata y del político en términos de qué, cuánto y a qué precios hay que producir y establecida la “superioridad” moral de los políticos sobre el resto de los humanos auto otorgándose el monopolio de la benevolencia, se arma el combo perfecto para regular la economía y coimear, llevar el gasto público con sentido progresista hasta niveles insospechados para construir el clientelismo político y la correspondiente caja y corrupción.
Quienes de buena fe dicen aplicar política progresistas no advierten que ese supuesto progresismo es el uso indiscriminado de fondos públicos que dan lugar a todo tipo de actos de corrupción. En el fondo es como si dijeran: no es malo el modelo kirchnerista, el problema no son las políticas sociales que aplicaron, que son buenas, sino que ellos son corruptos. Esto limita el debate a simplemente decir: el país no funciona porque los kirchneristas son corruptos y nosotros somos honestos.
Mi punto es que el debate no pasa por decir, ellos son malos y nosotros somos buenos, por lo tanto, haciendo lo mismo, nosotros vamos a tener éxito y ellos no porque nosotros somos honestos. El debate pasa por mostrar que el progresismo no solo es ineficiente como manera de administrar y construir un país, sino que además crea todas las condiciones necesarias para construir grandes bolsones de corrupción. El progresismo es el caldo de cultivo para la corrupción.
Por eso no me convence el argumento que el cambio viene con una mejor administración. Eso podría ocurrir si tuviésemos un estado que utiliza el monopolio de la fuerza solo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. En ese caso, solo habría que administrar unos pocos recursos para cumplir con las funciones básicas del estado.
Ahora si el estado va usar el monopolio de la fuerza para redistribuir compulsivamente los ingresos, para declarar arbitrariamente ganadores y perdedores en la economía y para manejar monumentales presupuestos, entonces caemos en el error de creer que alguien puede administrar eficientemente un sistema corrupto e ineficiente.
En síntesis, el verdadero cambio no consiste en administrar mejor un sistema ineficiente y corrupto. El verdadero cambio pasa por terminar con ese “progresismo” con sentido “social” que es corrupto por definición y ensayar con la libertad, que al limitar el poder del estado, limita el campo de corrupción en el que pueden incurrir los políticos. Además de ser superior en términos de crecimiento económico, distribución el ingreso y calidad de vida de la población.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de Economía para todos. Artículo publicado en la Edición N°631 del 20 de Junio de 2016

¿Ladrones? no, sólo estúpidos

Por Enrique G. Avogadro (*) 

"El destino no hace acuerdos
Y nadie se lo reproche.
Ya estoy viendo que esta noche
Vienen del Sur los recuerdos".
Jorge Luis Borges
Si no fuera tan trágico, Almodóvar seguramente nos haría morir de risa con lo ridículo de lo sucedido esta semana en un convento de Gral. Rodríguez, pues creo sólo la imaginación del genial español podría construir una escena tan bizarra; recordemos que fue capaz de parir "Mujeres al borde de un ataque de nervios", que aquí hubiera titulado en singular, mirando al Calafate. En esa película tendría un papel protagónico Hebe de Bonafini quien, además de sugerir al Juez que la llamó a prestar declaración indagatoria que usara la citación como supositorio, explicó a sus fanáticos que José López, el arrojador de valijas, era un infiltrado de los servicios y de los medios de prensa en el "movimiento nacional y popular" en el que, millones mediante, milita; y tendría un cómico rol Fernanda Herrera, la increíble abogada hot del preso.
Lo más recalcitrante del kirchnerismo residual (Kunkel, Recalde, Di Tullio, etc.) se metió en un brete complicado ya que, al igual que lo había hecho con Ricardo Jaime y Leopoldo Báez, salió a intentar despegar a sus jefes del accionar de los grandes gerentes de la corrupción de sus gobiernos y, con ese fin, prefirió presentar a Néstor (q.e.p.d.) y a Cristina como un par de estúpidos, ignorantes por completo lo que sucedía bajo sus pies; ésta, ni lerda ni perezosa, aceptó esa posición en la absurda carta que, en reemplazo de su esperada oralidad, publicó en Facebook.
Pero nadie en la Argentina ya cree que, con personajes como esta pareja, unos miserables usureros que concentraron tanto las decisiones políticas y sobre todo crematísticas, algún funcionario o "amigo" pudiera actuar como éstos lo hicieron sin tener órdenes de esos patrones de la vereda, en especial por los recuerdos, que vienen del sur patagónico: Julio De Vido y Julio López cumplían idénticos roles en la Intendencia de Río Gallegos y en la Provincia de Santa Cruz, cuando este par de presuntos lelos ejercían el poder más absoluto. Es que cada uno de los miembros de la asociación ilícita que, encabezada por los Kirchner y gobernó nuestro país en la década "relatada", desempeñaba funciones que servían al propósito general de robar, sin tasa ni medida.
Sergio Schoklender, que mucho sabe de esto, afirmó que el botín representaba un PBI argentino, es decir, nada menos que US$ 540 mil millones; esa cifra debe ser exagerada pero, sin dudas y dado el tamaño relativo de Brasil, podemos asegurar que aquí el latrocinio ha sido infinitamente mayor que en nuestro vecino, donde hay ya muchos políticos, funcionarios y empresarios presos condenados a largas penas de cárcel, para vergüenza nuestra.
Este tema, el de la impunidad local, nos lleva necesariamente a la conducta de los jueces federales que, como siempre he sostenido, nunca se vendían sino que se alquilaban al patrón de turno, que pagaba esos servicios con sobres que llegaban desde la SIDE. Desde el 10 de diciembre, el gobierno de Cambiemos ha terminado con esa abominable práctica y los magistrados se ven librados a su propio albedrío. Por eso y frente a la posibilidad de una pueblada frente a Comodoro Py, todos ellos han acelerado bruscamente las causas que cajonearon durante años y tanto inquietan a la nuestra "abogada exitosa"; debieron aparecer filmaciones de "La Rosadita" o un tipo tirando bolsos con fortunas por encima de las tapias de un convento para que estos penosos personajes se vieran ante la necesidad de actuar, ahora en defensa propia.
Cuando, más arriba, dije que es trágico, me refería a que todo ese dinero -estancias, autos, aviones, barcos, departamentos, bolsos, cuentas en paraísos fiscales, derroches incalificables- faltó en alimentos para los chicos desnutridos, seguridad en nuestras rutas, la luz y el gas que necesitamos, escuelas, hospitales, viviendas, ambulancias, remedios, cloacas y agua potable. Lo lamentablemente es que todo esto nuestra hipócrita sociedad lo sabe desde hace años, y sólo reaccionó cuando se inquietaron sus bolsillos; no necesitaba de obscenos bolsos de dinero para conocer los hechos, pero prefirió ignorarlos.
Por mi parte, llevo más de una década calificando a ambos Kirchner como genocidas, aplicándoles la definición que, para esos delitos, utiliza el Tratado de Roma, que en la Argentina tiene rango constitucional desde 1994: "Se entenderá por 'genocidio' cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial ...".  Lo que se hizo a través del "modelo" durante estos años con los más desposeídos de nosotros, reviste exactamente esas características porque fue ejecutado desde el Estado y, en tal medida, impide que prescriban las causas contra los responsables; dada la sempiterna morosidad de nuestra Justicia, no es un dato menor.
Pero, claro, lo sucedido no sólo ha golpeado al kirchnerismo sino que muchas compañías constructoras argentinas están poniendo las barbas en remojo. En este tema, como para bailar el tango, se necesitan dos: el empresario que paga y el funcionario que recibe, y ambos son condenables. Desde las cárceles brasileñas, Marcelo Odebrecht (condenado a diecinueve años de prisión) y muchos de sus colegas, pueden contarle a los locales qué pasa cuando los jueces trabajan en serio; por lo demás, las coimas se transforman en sobreprecios, que pagamos todos. Y la habitual excusa -"pagaba o no podía trabajar"- es de una rampante inmoralidad.
Otro sector que está conmovido por los hechos es, obviamente, la Iglesia. El fantasma del fallecido Obispo di Monte, que sobrevuela el caso por la elección de su último domicilio y que tantos secretos de la obra pública se llevó a la tumba, constituyó un fuerte cross a la mandíbula de la jerarquía eclesiástica, que reaccionó tarde y mal.
Ahora, cuando a pesar de sí misma la Justicia se acerca tanto a la ex Presidente y -enriquecimiento ilícito, Hotesur, Los Sauces, dólar futuro, etc.- la empuja inevitablemente hacia las rejas, se ha instalado en los medios y en la opinión pública la discusión acerca de si la detención de Cristina o, incluso, de Hebe de Bonafini podrían afectar la gobernabilidad del Gobierno, como en su momento pensaban respecto a Milagro Salas. Obviamente, estoy enrolado entre quienes, no sólo dicen que no lo harían sino que creo que esas medidas resultan esenciales para el futuro moral de la República, aunque el costo que debamos afrontar, como sociedad y como sucede en Brasil, sea elevadísimo. Votamos por Cambiemos para corregir el rumbo; si no lo logramos, habremos caído en el definitivo fracaso y confirmaremos nuestra historia reciente, que nos señalaba como un país inviable desde que Discépolo escribiera su tan actual "Cambalache".
Bs.As., 19 Jun 16  
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com


Fuente: Comunicación personal del autor

La libertad digital

Por Horacio Giusto (*)

Miembro del Centro de Estudios LIBRE
La humanidad constantemente ha evolucionado y se ha revolucionado en búsqueda de su libertad. Intentar que el hombre posea cada vez mayores rangos de acción conllevó a que múltiples ciencias aplicaran sus conocimientos en favor del libre albedrío. La evolución de la ciencia informática es un claro ejemplo de cómo el conocimiento sirve a la autonomía del hombre, ya que sea transportando una simple netbook o utilizando diversas aplicaciones desde un celular, el hombre puede disponer muchas veces de su trabajo, su tiempo o su dinero en cualquier espacio. Más aún, la maravilla de la comunicación en tiempo real otorga la increíble oportunidad de conectar a las personas independientemente de su distancia, permitiéndoles afianzar relaciones de todo tipo o concretar negocios para el progreso de cada individuo.

Esta evolución llega, como no podía ser de otra forma, también a la esfera de la política. Desde hace décadas se ha intentado fomentar la doctrina del “Gobierno Abierto”. Si bien el concepto tiene su origen en la década de 1970 en Inglaterra, muchos países a nivel mundial como Nueva Zelanda, Estados Unidos o España, paulatinamente han incorporado dicha doctrina. Hablar de gobierno abierto implica utilizar las herramientas digitales que la ciencia provee para afianzar los valores republicanos y asentar una democracia más transparente y participativa. En este sentido Guy Sorman (filósofo, periodista, autor y economista de origen francés) expone en diversas obras claramente cómo al implementar un gobierno abierto se fortalecen las instituciones de los Estados, esencialmente lo que es el control presupuestario que realizan los privados sobre la administración pública. Un gobierno informatizado genera cambios más allá de la mera transparencia. La participación mediante las redes permite que cada individuo se pueda involucrar de manera más directa en las decisiones plebiscitadas de manera on-line, tal como sucede en Chile, que desde el año 2012 es encuentra dentro de la alianza “Open Government Partnership (OPG)”. Las gestiones públicas gozan de mayor legitimidad desde el momento en que cada accionar es referenciado por el sector contribuyente, que es en definitiva la parte de la sociedad que sostiene y financia el actuar administrativo del Estado.

Fomentar el desarrollo de capitales y tecnología no es un fenómeno separado de la cultura, la política y la economía. En la antigua Grecia, las Asambleas, que tenían funciones institucionales primordiales para el desarrollo de la sociedad, desde ir a una guerra hasta elegir un funcionario, eran un órgano de participación directa del ciudadano, sin la necesidad de representación legislativa. Esa moral pública en la que cada persona destinaba parte de su valioso tiempo al desarrollo político de la Ciudad hoy puede volver a aparecer gracias a la tecnología. Un mero dispositivo no va a generar un cambio paradigmático en lo cultural, en el que los habitantes quieran involucrase en la lucha por sus derechos individuales, pero sí es un buen comienzo que cada sujeto tenga al menos la oportunidad desde el confort de su hogar de incidir en las políticas públicas. Karl Popper, a mitad del S. XX, en su obra magistral “La sociedad abierta y sus enemigos” demarcaba cómo los gobiernos que se han cerrado burocráticamente terminan siendo totalmente nefastos para sus poblaciones, sobre todo en materia económica. Se podría citar el claro caso de Cuba, lugar en el que el régimen castrista durante décadas prohibía el uso de internet para gran parte de la sociedad civil, evitando que se tuviera información relativa a las condiciones de vida, gobierno y mercado que se gozaban en otros países.

Argentina crea el Ministerio de Modernización el 10 de Diciembre de 2015. Posiblemente sea la medida más inteligente a futuro que pudo tomar el gobierno del “cambio”. Si uno analiza este caso particular verá que esta Nación viene acompañando la idea de integrarse al mundo y dotar de mayores libertades a su población. Es rescatable que dicho Ministerio paulatinamente, al digitalizar el país, vaya disminuyendo parte del gasto público por requerir menos insumos, pero el eje fundamental pasa por su rol de capacitar y jerarquizar el empleo público. Argentina puede ser un verdadero ejemplo a nivel mundial de cómo solucionar el problema del Estado gigante que limita la libertad civil. Piénsese que si el sector privado puede tramitar sus obligaciones municipales, provinciales o nacionales desde una simple computadora personal se estará ganando más tiempo propio para trabajar o disfrutar libremente de lo que quiera. Además de ahorrar tiempo en filas interminables por el exceso de burocracia, elemento típico en muchos países latinoamericanos, el país digitalizado no padece el cercenamiento de libertades cuando los sindicatos en búsqueda de mayores privilegios irregularmente cortan los servicios o impide la libre circulación por los espacios públicos.

Así pues, es válido sostener que el desarrollo del capital, acompañado de un cambio cultural, pueden asentar definitivamente los valores de la libertad en cada Nación. En pleno S. XXI todavía hay países que designan funcionarios por criterios políticos y no por capacidad, ralentizando el funcionamiento administrativo y perjudicando al sector productivo, más el enorme gasto que esto implica al Estado. Modernizar implicará que el contribuyente participe en decisiones políticas, se ahorre tiempo que destinaba al trámite burocrático para invertirlo en lo que desee y fundamentalmente pagará menos impuestos por cuanto el Estado es más chico y eficiente. 

(*) Horacio Giusto 
Miembro del Centro de Estudios LIBRE

Fuente: Comunicación personal del autor

Sarmiento y los feriados que no honran

Por Edgardo Zablotsky (*)

A principios de mes, poco antes de la votación en el Senado del feriado del 17 de junio, Pablo Kosiner, diputado por Salta y autor del proyecto, señaló que “es un feriado del mismo nivel y categoría que se tiene respecto al general San Martín y al general Belgrano” y que “justamente, el fundamento que planteamos es que Güemes, San Martín y Belgrano constituyeron el trípode de la independencia nacional”.
Al defender su proyecto, Kosiner manifestó que la incorporación de un nuevo feriado en el calendario “no hará entrar en crisis el sistema educativo pero sí servirá para reivindicar una deuda que la historia argentina tiene con uno de sus próceres máximos”. Es claro que Kosiner tristemente tiene razón, el feriado no hará entrar en crisis el sistema educativo, el sistema ya está en una crisis cuya magnitud la sociedad no llega a dimensionar. La alegría de muchos padres frente al fin de semana largo que se ha generado no es más que otro síntoma de ello. ¿Qué opinarían nuestros próceres que el día dedicado a su recuerdo no haya clase en las escuelas y los niños, al igual que sus padres, en lugar de reflexionar sobre aquellas gestas heroicas disfruten de escapadas de fin de semana largo?
¿No sería más lógico que fuesen días laborables, que los niños tuviesen clases y que en el horario escolar se realicen actividades que recuerden la memoria de quienes construyeron nuestra Nación? Me imagino lo que opinaría Domingo F. Sarmiento frente a la brillante iniciativa de privar de clases a los niños argentinos. ¿Quién duda que ordenaría, en un lenguaje por demás explícito, eliminar inmediatamente el feriado escolar del 11 de septiembre? Me imagino la ira de Sarmiento al leer el art. 2° de la nueva ley: “el Poder Ejecutivo, a través de los organismos pertinentes, desarrollará acciones de difusión tendientes a promover la reflexión sobre la personalidad del prócer nacional Don Martín Miguel de Güemes y su gesta en defensa de la libertad e independencia de la patria, por medios adecuados y con la antelación y periodicidad suficientes”. ¿Alguien lo puede creer? ¿Dónde se reflexionará sobre Güemes? ¿En los destinos turísticos a los que se trasladan miles de argentinos, de igual forma en que lo hacen los días de reflexión de San Martín o Belgrano? Me lo imagino a Sarmiento afirmar que preferiría que no hubiese ningún acto en su memoria; es más, que ni siquiera un niño argentino recuerde su existencia, antes que privarlo de un día de clases.
Si para algo ha servido el despropósito de este nuevo feriado, es para evidenciar la falta de interés de la sociedad en la educación de sus niños. Nadie más que el Presidente puede iniciar una verdadera revolución educativa. Estoy convencido que Mauricio Macri desea hacerlo, pero sin el apoyo de los padres la misma es imposible. Esta nota tan sólo intenta despertarlos, el futuro de nuestros hijos es el que está en juego.
(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado en Clarín el 17 de Junio de 2016
Fuente: Comunicación personal del autor

Justificaciones que insultan.

Por Alberto Medina Méndez (*)

La corrupción es un fenómeno social que no merece contemplación alguna. Cuando la sociedad siente que se la ha engañado, robándole no solo sus recursos económicos sino también sus ilusiones, no precisa justificadores seriales que ensayen explicaciones insólitas que agravian a todos.
Es imprescindible que los aberrantes hechos del presente no solo sirvan para el debate coyuntural, sino que sean el puntapié inicial para revisar el fondo de la cuestión e implementar los cambios que eviten que sucesos de este tipo se puedan repetir cíclicamente y con tanta frecuencia.
Esta vez lo que horroriza tiene que ver con lo ordinario y lo burdo, con lo grotesco y esa ausencia de barreras inhibitorias de los protagonistas. El descaro absoluto, la falta total de pudor, la desaparición del mínimo aceptable de decoro es lo que, en todo caso, impresiona e impacta.
Ese dirigente político, que haciendo uso de su depravada mentalidad, apela al patético recurso argumental de minimizar la importancia de lo acontecido, aduciendo que otros actores inducen al corrupto en cuestión desde posiciones diferentes, ofende a la sociedad e insulta su inteligencia.
Cuando un "mercachifle" ofrece dinero a cambio de favores comete un delito pero además abusa de la gente en provecho propio. Nadie sensatamente puede defender esa postura. Pero ponerlo en un pie de igualdad con el funcionario que fue colocado allí por quien ha sido electo por la sociedad para administrar lo de todos, es un tremendo error conceptual.
Los que ocupan un lugar en el gobierno, llegan ahí de la mano de elecciones populares, en las que los partidos políticos ofrecen a la sociedad propuestas y también personas que las representarán para generar un círculo virtuoso que impactará en sus vidas de un modo favorable.
Por el contrario, ese ciudadano que algunos definen equivocadamente como "empresario", no es más que un mero "traficante de privilegios", alguien que no ofrece servicios para satisfacer a la sociedad, sino que comercia amparado en la existencia de oscuras normativas que le permiten obtener un cuestionable provecho personal.
Ese deshonesto personaje de esta historia es un simple "ratero", un delincuente común, que jamás ha sido seleccionado por la sociedad directamente, ni tampoco de un modo indirecto. Es un bandido, un pillo,  pero que no representa a nadie. Por eso no está en la misma situación que el funcionario que le ha posibilitado construir su pérfido negocio.
No es relevante, desde un punto de vista ético, establecer categorías de culpabilidad, porque no importa demasiado en qué lugar de esa escala se coloca a cada malandrín, sino su inobjetable lugar en ese proceso diseñado para consumar el perjuicio final.
Pero tampoco se debe aceptar tan mansamente esa suerte de pretexto argumental que cierto sector de la política intenta utilizar para minimizar sus propias culpas, que claramente existen por acción o por omisión.
Si las más altas esferas forman parte de ese perverso plan de saqueo sistemático al Estado, resultan especialmente repudiables no solo por su nefasto cinismo, sino también por su inocultable actitud delictual.
Pero aun si no fueran cómplices directos de  semejante estafa social, tendrían responsabilidades por su evidente negligencia, su indisimulable inoperancia y esa manifiesta incapacidad para conducir un gobierno.
No es saludable detenerse frente a la anécdota. Hay que evitar que la vergüenza convierta a esto que ha ocurrido otra vez, como en tantas otras oportunidades, en solo un eslabón más de una interminable cadena.
Para eso es preciso comprender la naturaleza de la corrupción. No es un accidente, ni un hecho fortuito que brota porque un par de inmorales se ponen de acuerdo. Es un suceso que se concreta gracias a la potestad que tienen los gobiernos de decidir discrecionalmente sobre la vida de la gente.
Si esa facultad no estuviera habilitada no habría margen por donde pasar, y estos indecentes no tendrían la chance de llevarlo a cabo. El problema no es la moralidad de las personas, sino la permeabilidad de un sistema que genera hendijas por donde filtrarse con comodidad, a espaldas de todos.
Si no se quiere seguir transitando este humillante camino no alcanza con reclamar más controles, ni tampoco con mejorar el proceso de selección de los que tendrán la tarea de conducir. La labor implica destruir los pilares de un esquema intrínsecamente corrupto que viene asociado al poder que cualquier gobierno dispone para tomar decisiones inconsultas.
Es tiempo de mirarse en el espejo, y de asumir la parte que le toca en suerte a cada uno. Mucho de lo que ocurre tiene que ver con decisiones erróneas, pero también con ciertas visiones sobre los asuntos públicos que conforman una gran fantasía alejada de la verdad. La presencia de paradigmas distorsionados hace que muchos supongan que las cosas son como deberían ser y no como realmente son. Por eso insisten y se repiten.
A estas alturas ya no se trata de juzgar a los corruptos por el volumen de sus fechorías, sino por lo que hacen a diario. Eso implica independizar la magnitud de lo hecho de sus respectivos actos delictivos. No es significativo clasificar a los ladrones por la dimensión de lo apropiado. Importa, en todo caso, establecer con claridad quiénes son finalmente los malhechores.
El país tiene una enorme oportunidad entre sus manos. La puede dejar escurrir entre sus dedos nuevamente como en tantas otras ocasiones en el pasado, o puede tomar "el toro por las astas" y enfocarse en el núcleo del problema, para que eso no suceda nunca más, o al menos para que si ocurre no aparezcan otra vez estas justificaciones que insultan.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista. Analista político
albertomedinamendez@gmail.com
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Fuente: Comunicación personal del autor