lunes, 27 de junio de 2016

Caminar al paso o al trote, esa es la cuestión…

Por Elena Valero Narváez (*)

La inflación es un problema que sigue afectando la calidad de vida de los argentinos, quienes compraron la política demagógica del gobierno anterior sin pensar en las consecuencias.
  El gobierno del presidente Macri, se debate entre terminar con las técnicas keynesianas que la provocaron y nos han llevado al borde de una crisis, soportando la consecuente animosidad de la gente que debe ajustarse el cinturón, o mantenerlas corrigiendo la economía, con parches, sin encarar de manera estructural el problema. Pese a las buenas intenciones de la administración Macri, el camino se ve incierto, mas tendiendo a la segunda opción, lo cual es preocupante.
 Se anuncian grandes planes de obras públicas para paliar el desempleo sin pensar que generan gasto público, algo que es indispensable reducir, so pena de aumentar la inflación y sus consecuencias.
 En vez de privatizar se está brindando ayuda a empresas deficitarias y por presión de los líderes sindicales aumentos de salarios muy por encima de los niveles de producción y productividad, entre otras medidas que no tienden a la solución del problema que nos aflige.
Algunos economistas se preguntan si el Gobierno sabe hacia dónde va.  Creo que se ve impelido por una oposición activa y perniciosa a  una siesta demasiado larga antes de emprender las soluciones de fondo que inevitablemente habrá que encarar para mejorar la situación.
Es cierto, también, que se necesita perfeccionar la comunicación de los funcionarios con la gente. Se les criticó, con razón, que tardaran en difundir la real situación en que Cristina Kirchner dejó al país y también que no se hayan esforzado por destruir el relato kirchnerista el cual, sin duda, fue exitoso por más de doce años. No se dedicaron efectivamente a mostrar la inconsistencia de las teorías e ideas falsas del kirchnerismo y tampoco a atraer la atención sobre lo que hay que hacer para asomar la cabeza fuera del pozo.
Cuando a una persona deben realizarle una intervención, el médico no la lleva inmediatamente a la sala de operaciones sino que le explica el porqué es necesario realizar la operación y los beneficios que le traerá al paciente pasar por esa estresante situación. Aquí, aunque hay que operar de urgencia, no se explicita el diagnóstico ni las medidas que, aunque duelan, son imprescindibles para la curación.  
Si no se  convence a la gente de que no hay más remedio que ajustar, o sea, reducir el déficit gastando mucho menos, mostrando un programa que indique cómo se logrará  mejorar nuestro  standard de vida,  serán pocos los que acompañen al Gobierno.
Se han  explicitado los objetivos, las metas a las que se quiere llegar. Un país más libre, que se tutee con países democráticos y desarrollados, con infraestructura adecuada que permita trabajar e invertir, donde  cada uno pueda buscar su destino y pueda hallar condiciones adecuadas para hacerlo realidad. Pero no se dijo  cómo, y con que medios piensan lograrlos. Y sobre todo a qué principios ideológicos responden.
Solucionar los problemas con un remedio vencido, es decir el keynesianismo, socialismo disimulado,  fracasado aquí y en los países donde se aplicó con entusiasmo, es marchar hacia una nueva frustración. El desequilibrio económico y social que  ha provocado en nuestro país, como también en los de Europa y en EEUU, fue evidente. Sería suicida apegarse a sus ideas y técnicas.
Ya deberíamos haber aprendido, como bien advierte Kayek, que la inflación, la inestabilidad, la inmoderación en  gastos del estado, el nacionalismo económico, la depresión y el desempleo deben ser combatidos inspirando confianza y limitando la emisión monetaria. Solución que responde a principios liberales, a una sociedad abierta la cual contempla la libre iniciativa de los ciudadanos en un marco democrático y con libertad económica.
La sociedad es un fenómeno espontáneo e imprevisible. Por ello progresar,  es  crear condiciones para dar paso firme a las decisiones individuales, tejedoras de  mercados y el abandono de  utopías carcelarias que pretenden dar la felicidad,  planificando a la sociedad, como intentó hacerlo el gobierno kirchnerista.
Hay que apresurar el paso hacia la transformación orientada hacia el  orden social y económico basado en la libertad.

(*) Elena Valero Narváez
Vicepresidente 1ª de la UCEDE (Unión de Centro Democrático)


Fuente: Comunicación personal de la autora