lunes, 27 de junio de 2016

El punto sobre la i

Por Arturo Damm (*)
“No tiene sentido condenar la desigualdad, es como decir que el progreso es malo. La desigualdad se produce cuando un grupo humano avanza. Así que no solo es un indicador de éxito, sino un incentivo para alcanzarlo.”Angus Deaton
 No confundamos, y muchos lo hacen, pobreza con desigualdad, ni identifiquemos, como muchos lo hacen, a la desigualdad como la causa de la pobreza. Salvo en los casos de explotación (por ejemplo: esclavitud), que X tenga más que Y no es un problema, ni el que X tenga más es la causa de que Y tenga menos.
La desigualdad se define como la situación en la cual X tiene más que Y, y tiene más que Y porque produce más que Y (salvo, insisto, en los casos de explotación). La pobreza se define como la situación en la cual Y no es capaz de generar, por medio de un trabajo bien pagado, un ingreso suficiente para satisfacer correctamente sus necesidades, comenzando por las básicas.
Las posibles combinaciones son cuatro. 1) Que X y Y produzcan y tengan lo mismo (igualdad), y que ni X ni Y puedan satisfacer correctamente sus necesidades (pobreza de ambos). 2) Que X y Y produzcan y tengan lo mismo (igualdad), y que X y Y sí puedan satisfacer correctamente sus necesidades (riqueza de ambos). 3) Que X y Y no produzcan y no tengan lo mismo (desigualdad), y que X y Y sí puedan satisfacer correctamente sus necesidades (riqueza de ambos). 4) Que X y Y no produzcan y no tengan lo mismo (desigualdad), y que X sí pueda satisfacer correctamente sus necesidades pero Y no (riqueza de X y pobreza de Y).
¿Cuáles de estas posibles combinaciones son problema? Quienes creen que el problema es la desigualdad responderán que la tercera (desigualdad y riqueza de ambos) y la cuarta (desigualdad y riqueza de X y pobreza de Y). Quienes creen que el problema es la pobreza responderán que la primera (igualdad y pobreza de ambos). Ambos, quienes creen que la desigualdad es el problema, y quienes creen que el problema es la pobreza, no verán ningún problema en la segunda combinación, que sintetiza “lo mejor” de los dos mundos: igualdad entre X y Y, y riqueza para X y Y.
¿Por qué entrecomillé, en el párrafo anterior, la expresión lo mejor? ¿Realmente lo mejor sería igualdad y riqueza: todos iguales, sobre todo en materia de ingresos, y todos capaces de satisfacer correctamente sus necesidades? Si usted, lector, tuviera que elegir una de las cuatro combinaciones, y la elegida por usted sería la regla, ¿cuál elegiría? Doy por descontado, al considerarlo una persona sensata, que elegiría entre la segunda (igualdad y riqueza de ambos) y la tercera (desigualdad y riqueza de ambos), porque reconoce que lo importante es que tanto X como Y satisfagan correctamente sus necesidades, que superen eficazmente la pobreza, sin importar que X tenga más que Y, o que Y tenga más que X, sin importar la desigualdad, que en este caso sería desigualdad de ingresos.
La única igualdad de ingresos aceptable es la que se daría a partir de la igualdad natural de condiciones, sin ninguna redistribución de parte del gobierno, algo que es prácticamente imposible, porque es prácticamente imposible que todos los seres humanos avancen al mismo paso, en la misma dirección, y con los mismos resultados. La igualdad, sobre todo de ingresos, es antinatural, y solamente es posible (suponiendo que realmente lo sea), por medio de la redistribución del ingreso, con el gobierno quitándole a X, lo que es de X, para darle a Y, lo que no es de Y, redistribución del ingreso que hoy es la principal tarea de cualquier gobierno, el principal reclamo de la mayoría de los ciudadanos.
Por ello, pongamos el punto sobre la i.
(*) Arturo Damm Arnal. Economista. Artículo publicado en Asuntos Capitales el 19 de Junio de 2016