domingo, 12 de junio de 2016

Otra visión de la vida

Por Manuel Hinds (*)

Suiza acaba de demostrar por qué es un país rico. El domingo tuvo un referéndum en el que la pregunta era si el país debería tener un sistema de ingreso universal básico (IUB), en el que el gobierno daría a cada ciudadano 2.550 dólares anuales, sin hacer preguntas. El país es lo suficientemente rico para pagarlos. El 78 por ciento de la población votó en contra. El mismo día votaron sobre otro tema, si convertían las empresas de telecomunicaciones en empresas sin propósito de lucro, poniendo además un límite a los sueldos de sus ejecutivos. El 68 por ciento de los ciudadanos votaron en contra.
Mucha gente afuera, pensando que los suizos son socialistas, se sorprendieron de estos resultados. Pero no fue una sorpresa para los suizos mismos. En el país todos se conocen muy bien y saben que Suiza es un país con una tradición fuertísima de libertad económica. Pequeña como es (apenas 8 millones de habitantes, un poco más grande que El Salvador), sus empresas (privadas todas) han tenido tradicionalmente y siguen teniendo una presencia muy importante en los mercados internacionales, no solo en bancos (UBS, Credit Suisse) sino también en alimentos (Nestlé, Lindt, Toblerone), productos farmacéuticos (Novartis, Roche), relojes (Breitling, Omega, Rolex, Longines, Swatch, Patek Phillipe, Cartier Watches) y maquinaria pesada y de precisión. Es el exportador más grande número 20 en el mundo y el importador número 18. Con 290 mil millones de dólares de exportación en 2015, exportó casi un 50 por ciento más que Brasil, que exportó 190 mil millones. Su economía nunca ha sido planificada. Todas sus empresas son el resultado de la iniciativa privada en un país que precia su libertad por encima de todo. Jamás se han juntado para decidir sobre un modelo de país. Suiza es lo que los suizos han ido haciendo a través de su historia, no el resultado de ningún acuerdo nacional de cómo debe ser el país como no lo hay en ningún país civilizado.
(*) Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).