sábado, 23 de julio de 2016

El populismo industrial es el responsable de la decadencia

Por José Luir Espert (*)
(Reportaje)

Con un estilo tan claro como confrontativo, José Luis Espert es el economista con los más altos registros de amores y odios. Son pocos los que pueden quedar indiferentes ante cualquiera de sus intervenciones. Cree fervientemente que la Argentina debe aprovechar su ventaja competitiva de producir y exportar alimentos y bioenergía. "La Argentina debe abrirse al comercio con una economía más libre y con un Estado que sea la mitad de este. Tenemos un Estado que es impagable para el sector privado que está en blanco". Afirma.

¿Cómo califica la política agropecuaria del gobierno de Mauricio Macri?

Con respecto al de Cristina Kirchner es extraordinaria. Mira al campo como hay que mirarlo, un sector dinámico, competitivo, que directa o indirectamente genera empleo. Quizás hubiera sido más agresivo a favor del campo bajando más rápido las retenciones. Y espero que mantengan la promesa de bajar 5 puntos de retenciones por año a la soja.

¿Qué pronóstico tiene el campo para 2017?

Creo que la política a favor del campo va a continuar pero el margen de este dólar se le va a acabar. Incluso hay que ver como evoluciona la economía del mundo. Lo veo razonable. No soy ni pesimista ni muy optimista.

¿Mantiene la idea que el mayor problema del agro y del desarrollo del país es el populismo industrial?

Sí, claro. El populismo industrial ha generado una decadencia en la Argentina que es materia de estudio en las universidades del mundo. Hace setenta años estábamos número 10 en el ránking de ingreso per cápita del mundo y hoy estamos abajo del puesto 50. La explicación de este fracaso en materia económica es el populismo industrial. ¿Qué es el populismo industrial? Es la entronización de la industria sustitutiva de importaciones. La mesa está servida sólo para la industria que sustituye importaciones. Todo el resto de las actividades están sometidas.
¿Está hablando del comercio, el agro, el turismo?
Al populismo industrial, la industria exportadora no le interesa, el campo es un sector rentista, el turismo es irrelevante y el comercio es un problema. Para el populismo industrial el único sector que genera valor agregado y empleo es la industria sustitutiva de importaciones. Todas estas premisas son falsas. Pero a pesar de la decadencia que ha generado el populismo industrial sigue teniendo rating.
¿Y cómo se expresa operativamente?
Para que la industria sustitutiva de importaciones se pueda desarrollar tiene que estar blindada a la competencia extranjera. Entonces se blinda la economía con aranceles altos, con restricciones cuantitativas para importar, con medidas antidumping, con las DDJJ de la década ganada. Por eso muy pocas veces se escucha un pedido de la industria sustitutiva de exportaciones para que se devalúe. Están tan blindados a la competencia que el atraso cambiario no les hace demasiado daño.
¿Y cómo afecta al agro?
El esquema necesita alimentos baratos porque así el esfuerzo que tiene que hacer el industrial para pagar salarios es mucho menor que si los alimentos tuvieran el precio internacional. Para que el alimento sea más barato ya sabemos lo que se aplica: retenciones, trabas para exportar. Así nos quedamos sin vacas, sin trigo, sin leche, y en otro capítulo también nos quedamos sin energía.
¿Cuáles son los abanderados de este populismo?
El principal y mejor lobbista de esto es José Ignacio de Mendiguren. Y la UIA como entidad. En las universidades, salvo en el CEMA, quien más quien menos, todas coquetean con esta idea. Pero esto ya no es un problema de elites, sino que es un problema del país. La gente cree en esto.
Y siendo el agro tan afectado ¿por qué cree que la dirigencia no la enfrenta?
Hay honrosas excepciones, yo creo que Luis Miguel Etchevehere tiene un poco más de claridad con esto. Pero paradójicamente la dirigencia del agro es parte del problema porque observa sólo lo que tiene que ver con las retenciones al campo. No entiende, y esto me consta, que es tan perjudicial para el agro un arancel de importación de cualquier producto, aún los que supuestamente el agro no consume, que las retenciones. Como concepto es lo mismo de perjudicial, como número no.
¿Cree que se puede salir de este modelo?

Yo lo que no entiendo es cómo la Argentina todavía no ha salido. Si se puede salir no tengo idea porque eso es adivinar. Lo que no entiendo es cómo no sale por el costo que está pagando. Es obvio que este modelo es un cáncer para el país.
(*) José Luis Espert. Economista. Publicación de La Nación el 23/7/2016