viernes, 5 de agosto de 2016

Carta Abierta, el Estado, Madison y el asterisco

Editorial de la Revista Criterio (*)

Los integrantes del Grupo Carta Abierta, luego del episodio de los bolsos de dinero de José López, el monasterio y el desfile de ex funcionarios por las dependencias de Comodoro Py, se vieron en la obligación de dar una respuesta: “No se puede destruir un colectivo social”, sostuvieron. Y agregaron que “aun en las más difíciles encrucijadas, late una memoria indemne”. En esta coyuntura, afirmaron que “el vituperable caso de López…será un asterisco doloroso que servirá de advertencia para todos los movimientos sociales y democráticos”.
En un esfuerzo dialéctico titánico, pretenden diseccionar al kirchnerismo, separando el “asterisco” doloroso de lo que sería la gesta emancipadora de los últimos diez años. Con su característico estilo barroco pletórico de adjetivaciones, Carta Abierta intenta una compleja carambola a tres bandas: por una parte, aislar quirúrgicamente a la bacteria que sería López y sus bolsos; por la otra, reivindicar al kirchnerismo como el único movimiento colectivo en la historia que encarnó la igualdad; y finalmente, contradecir al macrismo como la derecha neoliberal que domina al Estado representando a los poderes concentrados.
En otras palabras: el movimiento político que representan es el único que puede impulsar una democracia real y sustancial que luche por la igualdad. El contendor (hoy el oficialismo), sólo tiene espurios intereses económicos. La corrupción, finalmente, es una pequeña mancha en el camino hacia la liberación de la opresión que no borrará la marca indeleble de un gobierno popular.
No obstante, un párrafo arruina la carambola, cuando afirman que el kirchnerismo “es un gran nudo paradojal, donde los no justificables ‘flujos ilegales´ se entrelazan con movimientos de reivindicación de temas decisivos que no es difícil rememorar…”. El “nudo paradojal” se torna gordiano, pues parece quedar claro que kirchnerismo y corrupción son indivisibles. Casi simbióticos.
Tras cartón, sostienen que como durante más de diez años fueron quienes representaron cabalmente a la democracia igualitaria, cualquier otra gestión del poder sólo merece reproche. La idea constitucional que enmarca al país, a través de una república democrática que significa alternancia y pluralismo –al igual que en las Cartas anteriores– brilla por su ausencia.
Esta total carencia institucional es lo que entrelaza poder y corrupción. La destrucción sistemática del control republicano en pos de la declamada democracia igualitaria, engendra en su desarrollo la impunidad. En definitiva, el esfuerzo gigantesco de disección resulta vano, porque la estructura sobre la que se construyó el movimiento tiene ínsita la concentración de poder y, por lo tanto, la corrupción.
No obstante, pese a la negación que transpira y la sobre-simplificación de la situación actual, la lectura de este texto debe hacernos reflexionar acerca de la baja densidad de nuestra cultura republicana. El kirchnerismo, la corrupción, los jueces federales, los bolsos, el narcotráfico, surgen de una dinámica del poder que no es nueva en la Argentina y puede resumirse en la falta de encarnación ciudadana de lo que significa la idea de república y la división de poderes.
Cuando Carta Abierta, en el texto que comentamos, de manera permanente acusa al macrismo de ser un mero agente del poder económico concentrado, está descartando de plano la idea original de la Constitución y la ley: un sistema de control, frenos y contrapesos que equilibren –a veces de manera inestable– la enorme cantidad de intereses que tenemos los seres humanos (incluidos los macristas, claro está). Idea que el kirchnerismo efectivamente rechazó, en pos de una “democracia” sin control, pero impregnada de su idea de verdad.
Vale la pena volver a James Madison, que ya vio y puso en palabras hace más de 200 años esta realidad: “La ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición…Si los hombres fueran ángeles, el gobierno no sería necesario… el objetivo constante es dividir y organizar las diversas funciones de manera que cada una sirva de freno a la otra para que el interés particular de cada individuo sea un centinela de los derechos públicos” (El Federalista, LI).
Carta Abierta rechaza enfáticamente la idea de control tan bien expuesta por Madison: la república democrática intenta equilibrar la ambición humana con control, división del poder y organización. Los intereses contrapuestos de los distintos actores sociales serán –en definitiva– las correas que hagan funcionar el principio de división de poderes.
Esta lucha de intereses requiere que ciudadanos comprometidos abracen la idea republicana plasmada en la Constitución. Lo contrario se asemeja a la supuesta democracia que propone Carta Abierta: poder sin control, que entrelaza acción y corrupción, todo paradojalmente anudado.
Como sociedad, debemos hacernos cargo de la dinámica kirchnerista y sus consecuencias y volver a la idea madisoniana de república democrática real con una verdadera división de poderes. Nuestra Constitución cuenta –en los papeles– con estas ideas, así como con la reivindicación de la libertad y la igualdad estructural de oportunidades. Carta Abierta propone volver a una democracia sin instituciones, que se supone reivindica derechos, pero en realidad incentiva el populismo, la corrupción y la concentración de poder.
Se abre una nueva etapa, en la que como ciudadanos podemos ser protagonistas, y con una mirada real despojada de anteojeras y negaciones, intentar construir una democracia más igualitaria, en el marco de equilibrio y libertad que propone la Constitución.
(*) Editorial de Revista Criterio Digital. Autor Diego Botana. Publicación en el N°2428 de 2016