martes, 16 de agosto de 2016

La pobreza no se resuelve con planes sociales

Por Roberto Cachanosky (*)
Del aumento de la pobreza, ¿cuánto es responsabilidad del kirchnerismo y cuánto de Cambiemos?
La semana pasada el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que publica el informe sobre la situación de la pobreza, dio a conocer los datos de 2015 y el primer trimestre de 2016. Del informe presentado surge que el kirchnerismo dejó un 29% de pobreza y que en los primeros meses de este año el nuevo gobierno llevó esa cifra al 34,5%, con lo cual se plantea si esta política económica no está profundizando la pobreza, un bocado político para el kirchnerismo del cual puede agarrarse para señalar a Macri como el responsable de la caída en el nivel de vida.
En rigor buena parte de ese aumento de la pobreza se debe a las distorsiones de precios relativos que dejó el kirchnerismo y que este gobierno tiene que corregir y otra parte, a mi juicio, a errores de implementación de la política económica y a una horrible política de comunicación del gobierno. Tengo para mí que la gente muestra grandes dosis de paciencia con el nuevo gobierno porque sabe que el kirchnerismo hizo un destrozo mayúsculo con la economía. Es más, el común de la gente acertadamente asocia los escándalos de corrupción con la difícil situación económica que una vez más tenemos que pasar los argentinos.
A pesar de los muy buenos precios de las commodities, el kirchnerismo no logró disminuir la pobreza. La terminó aumentando. Al punto tal que el INDEC dejó de publicar los datos para nos estigmatizar a los pobres según Kicillof.
Sin embargo, en los años k hubo un auge artificial del consumo financiando con la expropiación de los ahorros que teníamos en las AFJP, la confiscación de las ganancias del sector agrícola, consumiendo stock de capital como fueron 12 millones de cabezas de ganado, el sistema energético, las rutas y la infraestructura en general.
Es como si el kirchnerismo hubiese heredado a una tía rica y hubiese repartido la plata para consumir. Cuando se acaba la plata de la herencia surge la realidad: no éramos ricos. Éramos pobres. Así escondió el kirchnerismo la realidad. Realidad que por la herrada onda zen de amor y paz que es inaplicable con corruptos como los kirchneristas.
En mi opinión, el aumento de la pobreza que detecta la UCA en los primeros meses de este año responde, en gran medida, a la necesidad de terminar con la corrección del tipo de cambio, que fue parcial, y con el conflictivo incremento de las tarifas de los servicios públicos. La parte de responsabilidad que le adjudico a Cambiemos por el aumento de la pobreza tiene que ver con la pésima implementación de la política económica que, por ahora, hizo recaer sobre el sector privado el grueso de la corrección de los precios relativos. Por ejemplo, no bajar la carga tributaria en las tarifas de luz y gas que representan más del 50% del valor consumido. Si el gobierno baja esos impuestos y tasas municipales y sube la tarifa, el impacto de la suba de tarifas no sería tan feroz, especialmente si eliminan la nefasta tablita tarifaria inventada por De Vido. De esta forma es posible solucionar el problema del atraso de las tarifas de los servicios públicos con un impacto menor en el bolsillo de la gente. Eso sí, el estado tiene que bajar el gasto público para equilibrar las cuentas públicas.
La otra parte de la cuota de responsabilidad que le adjudico a Cambiemos en el aumento de la pobreza tiene que ver con la elevada tasa de inflación que deliberadamente utiliza como herramienta de política económica para licuar el gasto público.
Es cierto que en términos reales el déficit fiscal viene cayendo dado que está igual que el año pasado en términos nominales pero con una inflación superior al 40% anual. Es decir, lo que hace el gobierno es dejar que la inflación vaya erosionando el gasto público aumentándolo en términos nominales por debajo de la tasa de inflación, con lo cual la inflación para licuar el gasto público hace caer el salario real e incrementar la pobreza. La forma de reducir el déficit fiscal es usando la inflación en vez de una reforma estructural del sector público que permita bajar sus gastos y hacerlo útil a la sociedad.
En mi opinión es una estrategia errada que no construye esperanza. La gente paga un costo en nivel de vida para corregir parte del desastre k pero no ve un horizonte de salida porque no hay un plan económico que haga que la población vea una salida de crecimiento.
El plan A era que arreglando con los holdouts, iban a llover dólares para reactivar la economía pero la realidad es que no llovieron. Ahora el B es que con el blanqueo también van a llover dólares, la realidad es que no se ve claramente que eso vaya a ocurrir.
Sigue faltando un plan económico con medidas que no sean aisladas como ahora. Falta un plan económico que debe ser anunciado con una previa y detallada descripción del desastre económico heredado del kirchnerismo y cuál es la salida que se plantea. La hoja de ruta a seguir.
Es posible que sin la suficiente fuerza en el Congreso, Cambiemos no puede avanzar en reformas de fondo. Es más, tal vez no sea la filosofía de Cambiemos de cambiar en serio el modelo populista y limitarse a quitar lo más guarango que dejó el kirchernismo en materia de política económica. Por el momento todo parece indicar que está más inclinado a mantener un estado sobredimensionado que ahoga al sector privado que a modificar esa situación heredada. En ese caso, la larga decadencia argentina continuará su camino inexorablemente y será complicado solucionar el problema de la pobreza.
La única opción que queda para salir de la pobreza y darle una esperanza a la gente que no está sufriendo en vano económicamente, es plantear un plan económico que incluya: 1) reforma del estado, 2) reforma impositiva que simplifique y reduzca la carga tributaria, 3) buscar rápidamente una integración económica al mundo y 4) comenzar a tener un discurso que cambie los valores hoy imperantes, porque con estas propuestas demagógicas de que todos tienen derecho a vivir a costa del trabajo ajeno solo podemos prometer menos inversiones y más pobreza.
El discurso de afirmar que los subsidios son un derecho, es decir que alguien tiene derecho a vivir a costa del trabajo ajeno, no hace más que dejar intactos los valores que destruyeron la argentina.
Volver a establecer la cultura del trabajo y de la competencia empresarial es el pasi inicial para revertir la pobreza heredada del kirchnerismo. El resto es vender humo.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de Economía para todos. Artículo publicado el 14 de Agosto de 1969 en la edición N°639