jueves, 25 de agosto de 2016

Las tarifas no son el único rubro para bajar el gasto público

Por Roberto Cachanosky (*)

La herencia recibida en esta materia es pesada, pero Cambiemos se movió con torpeza en el tema de las tarifas de los servicios públicos
La cuestión de las tarifas de los servicios públicos hace rato que se transformaron en el monotema de la política económica, mientras siguen apostando al blanqueo para que en el segundo semestre la economía reaccione del estancamiento en que está sumergida.
Es indudable que el despilfarro que hizo el kirchnerismo subsidiando las tarifas de energía es un tópico que debe corregirse. Los que viven en otras partes del país con razón se quejan al pagar más cara la energía, pero esta disparidad en las tarifas fue hecha deliberadamente por el kirchnerismo para atraer más votos para su lado. Al concentrar los subsidios en Capital Federal y Gran Buenos Aires, apuntó a abaratar artificialmente el costo de la energía a casi el 50% del padrón electoral.
La herencia recibida en esta materia es pesada, pero Cambiemos se movió, a mi entender, con torpeza en el tema de las tarifas de los servicios públicos.
En primer lugar porque deberían haber hecho la audiencia pública de entrada, no solo porque lo indica la ley, sino también porque era una excelente oportunidad para mostrarle a la población el destrozo energético heredado de 12 años de barbarie k. La gente intuye que las tarifas de los servicios públicos están artificialmente baratas y que es imposible tener un servicio de buena calidad con estas tarifas, pero de todas maneras sería clave mostrarle a la población el destrozo k y lo que puede ocurrir si no se eliminan los subsidios. Es como si a un fumador se le mostrara una radiografía de sus pulmones para convencerlo que deje de fumar y entienda lo que le espera si sigue fumando.
Pero a mi entender, sería mucho mejor dejar de tirar medidas aisladas y convencerse que es necesario aplicar un plan económico completo. La idea es que la gente sepa para qué está haciendo un esfuerzo. Acá nadie explica nada y lo poco que explican lo hacen en forma muy confusa.
En muchas oportunidades insistí en que hay que presentar un plan económico global y anunciarlo para que la gente comprenda que no está haciendo un esfuerzo en vano. Si a una persona se le quita el pan, el vino, las pastas, los postres y todo lo rico y no se le explica por qué, ese ser humano va a sufrir sin entender para qué hace el sacrificio. Ahora, si uno le explica que todo lo rico engorda y que si hace ese sacrificio puede bajar 10 kilos y sentirse mejor, la persona va a entender para qué está haciendo el sacrificio de dejar de comer las cosas que le gustan. Bien, al no anunciar un plan económico global, el gobierno le está diciendo a la gente: van a hacer dieta pero no les voy a explicar los beneficios que hay al final del camino.
Pero volviendo al plan económico global, las facturas de los servicios públicos, luz y gas en particular, tienen una gran cantidad de impuestos incluidos que en algunos casos superan ampliamente el 50% del cargo fijo y el monto del gas o de la energía consumida. Dado este disparate heredado, la forma de hacer mucho más digerible el aumento de las tarifas de los servicios públicos es, por un lado, eliminando la maldita tablita tarifaria que ideó De Vido. Es esa tablita la que dispara los ajustes tarifarios a niveles insólitos. Hay que ir a una tarifa única y que cada uno pague por lo que consume. De adoptarse ese sistema de tarifa única, no habría ajustes catastróficos en las tarifas. Nadie recibiría un disparate de cuenta de gas o luz. Eso sí, el estado tiene que eliminar buena parte de la carga tributaria que hay en cada cuenta de luz y gas. Eso existe porque los municipios, las provincias y la nación utilizan a las empresas distribuidoras de gas y luz como entes de recaudación. Como la gente paga la cuenta de luz y de gas para que no le corten el servicio, los tres niveles del estado se aseguran ingresos fiscales. De manera que la propuesta debería ser: pagar hasta el último centavo de lo que se consume de energía o de gas pero bajando drásticamente la carga impositiva que hoy contienen las facturas.
El paso siguiente consiste en reducir el gasto público para que, ante la baja de los impuestos, el déficit fiscal no aumente. Pero, claro, el gobierno no quiere bajar el gasto público en rubros como ñoquis y los llamados planes “sociales”.
Por ahora, tal cual ha planteado el gobierno el aumento de las tarifas, nos está diciendo: no sólo te elimino el subsidio a las tarifas, algo que corresponde hacer, sino que además te aplicó un impuestazo porque los impuestos y tasas que contienen esas facturas son un porcentaje del monto consumido y del cargo fijo. O sea, te hago pagar más la luz, te meto un tarifazo y como no bajo el gasto público te obligo a mantener a una legión de empleados públicos que no generan riqueza y son una pesada carga para los que trabajan en blanco. En definitiva, la política sigue sin hacer su ajuste y le transfiere al sector privado todo el costo del descalabro que dejaron los k.
Para el gobierno, el único rubro del gasto público que puede bajarse es el de los subsidios a las tarifas. No se pueden tocar ni los ñoquis ni los llamados planes sociales.
En estos ocho meses de gobierno de Cambiemos, la estrategia de ir tomando temas aislados y adoptando medidas inconexas no parecen estar dando los frutos esperados. Al inicio pensaron que arreglando con los holdouts y eliminando el cepo cambiario iban a llover dólares para reactivar la economía y eso no ocurrió.
Para el segundo semestre apuestan a que el blanqueo generará un fuerte ingreso de capitales que sacará a la economía de la recesión. Veremos si el blanqueo es tan exitoso como se dice y cuánto vendrá a la Argentina de lo que se blanquee.
Se argumenta que no se pueden adoptar medidas más profundas porque volverían los k. Luce a un poco de extorsión eso de o nosotros o los kirchneristas de nuevo. Finalmente se termina utilizando el mismo mecanismo de planteo que hacía el kircherismo: nosotros o el caos.
En mi visión, estos errores de implementación de la política económica pueden generarle un desgaste al gobierno que aproveche el kirchnerismo para volver. En rigor, imagino que eso no va a pasar porque el kirchnerismo está muy ocupado atendiendo sus casos de corrupción en los tribunales. Gracias a que del otro lado no hay nada es que Cambiemos sigue manteniendo un alto grado de apoyo. Pero que quede en claro que el “gradualismo” no es necesariamente el antídoto a la vuelta de los k o de otro peronismo.
Mi impresión es que girar a un plan completo de aplicación simultanea de reforma del estado, impositiva, monetaria y de apertura al mundo rendirá más frutos para la cosecha política del oficialismo, que estás trompadas al aire que, por momentos, les hacen perder puntos innecesariamente y mantienen en la incertidumbre a la población.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Director de Economía para todos. Artículo publicado el 21 de Agosto de 2016 en la Edición N°640