martes, 16 de agosto de 2016

¿Porqué no ensayar la libertad?

Por Meir Zylberberg
El descubrimiento que hizo célebre a Adam Smith consistió en haber demostrado que la práctica secular de la división del trabajo y el intercambio dieron origen al progreso de los pueblos. El grado de seguridad jurídica, la eficiencia de los medios de comunicación, el uso y calidad de la moneda, el nivel de especialización y amplitud del mercado distinguieron en todos los tiempos a las naciones relativamente ricas de las pobres.
La teoría del valor fue estudiada con mayor precisión, desde fines del siglo pasado, por los economistas de la escuela austriaca, quienes pusieron énfasis en las mutuas ventajas del cambio pacífico y voluntario. El término economía define, de esta manera, al bienestar emergente del trabajo, industria, comercio, agricultura, y nunca la obra de ministerios políticos que tienen estos rótulos.
El Centro de Estudios sobre la Libertad difunde estos principios desde su creación en el año 1956. «¿Por qué no ensayar la libertad?», interrogante que aún no tuvo respuesta, fue el título de una serie de conferencias pronunciadas por Leonard Read, en abril de 1958, a invitación de la referida entidad.
Las conferencias de Leonard Read
El sustento moral de la creación del gobierno proviene según el disertante del derecho del individuo a impedir, prohibir o restringir las actividades destructivas de los demás. Si cada persona se constituyese en su propia autoridad tendríamos tantos gobiernos como individuos y los malhechores no tardarían en tomar el poder.
El noventa y nueve y medio por ciento de los seres humanos en los países civilizados deben su existencia a la economía basada en la división del trabajo y el intercambio. La baja de la tasa de mortalidad y el consiguiente aumento del promedio de vida son los resultados más elocuentes del sistema capitalista. La incomprensión del concepto de gobierno, como agente dedicado a la defensa colectiva, ha conducido a las graves incoherencias del pensamiento contemporáneo. Se considera, por un lado, crimen cuando un particular impone, por la fuerza a un semejante, lugares y tareas a realizar, horarios de labor o retribuciones a percibir. En cambio, cuando es la autoridad quien legisla sobre estas materias, la esclavitud se convierte en «Justicia Social» o «Política de Ingresos». Otro contrasentido que destacó el presidente de la «Foundation for Economic Education» es organizar la sociedad en función de fuerza agresiva, con el objeto de fabricar automóviles, producir penicilina o criar pollos. En virtud de estos procedimientos, los individuos ven reducidas las posibilidades de elegir sus ocupaciones. La diversidad vocacional de los hombres pesa cada vez menos hasta terminar por limitarse: u obedecer o morir.
¿Puede una nación embarcada en el intervencionismo modificar el rumbo? De acuerdo con las investigaciones del orador, los ejemplos históricos no son muchos. El experimento de mayor trascendencia ocurrió en la Inglaterra posterior a las guerras napoleónicas. La nación británica se encontraba, en aquel entonces, en las primeras etapas del moderno industrialismo. La deuda pública superaba con creces los recursos fiscales, no obstante los impuestos confiscatorios vigentes. Los ingleses, bloqueados por la maraña de obstrucciones al intercambio, debieron recurrir al contrabando en gran escala para poder sobrevivir. Una hábil campaña educativa encarada por la Liga de Manchester logró finalmente convencer a la opinión pública. Las leyes contrarias a la importación de cereales y demás normas obstaculizadoras de la libre competencia fueron abolidas por Acta del Parlamento del año 1846. La subsiguiente prosperidad británica se debió a la acción de dos líderes populares, Richard Cobden y John Bright, quienes basaron su éxito político resaltando la naturaleza expoliatoria del régimen proteccionista.
Read negó, en esas mismas disertaciones, que el dirigismo pueda ser erradicado gradualmente. En igual sentido se pronunció respecto a la aplicación del método de los males compensatorios, al estilo de la indexación, como remedio del empapelamiento. El caos hiperinflacionario advirtió es el trágico fin a que conduce el intervencionismo estatal.
«Las ideas acarrean consecuencias»
Los resultados del Proceso de Reconstrucción Nacional han desconcertado a muchos espíritus bien inspirados, que han querido ver en el movimiento militar iniciado el 24 de marzo de 1976 un paso adelante hacia la definitiva restauración de las instituciones republicanas. El error de estos analistas se debió al estudio superficial de las doctrinas que abonaron los actos salientes de gobierno. En efecto, el mensaje que acompañó a la ley 21.281 del 2 de abril de 1976, sobre actualización de deudas y créditos fiscales, firmado por el doctor José A. Martínez de Hoz, es ilustrativo para interpretar los acontecimientos posteriores. Según este documento «es necesario, con carácter permanente, una mayor disciplina de los contribuyentes en sus obligaciones tributarias, pues la sustracción en magnitud y tiempo de los recursos que corresponden al Estado, implica frustrar al gobierno en sus planes destinados al bienestar social de la comunidad, la plena realización de sus ha­bitantes y la materialización del destino de grandeza de la Nación».
Quizá sea útil este mensaje a modo de guía para adoptar en el futuro el camino distinto. Es decir, acompañar, a la disciplina tributaria, orden en los gastos del Tesoro: restringir los planes de gobierno a neutralizar la violencia y el fraude; remover obstáculos legales que impidieron la autorrealización de varias generaciones de argentinos; en fin, materializar la grandeza de la Nación de acuerdo con los postulados de las sociedades libres y competitivas.
El desdén hacia los derechos civiles de los argentinos que exhiben la mayoría de las plataformas partidarias en este incierto panorama electoral, recuerda el comentario que hiciera Raúl Lamuraglia, hace veinticinco años, en ocasión de presentar a Leonard Read: «La libertad no puede ser desmenuzada en partes grandes o pequeñas conforme a nuestras propias ideas o intereses, ni aplicar para cualquiera de esas partes el rótulo de liberal en tanto se abomina o reniega de las otras».
Libertad privada
«La propiedad privada es fruto del trabajo, la propiedad es deseable, es un bien positivo del mundo. Que alguien sea rico muestra que otros también pueden hacerse ricos, y es por esto un estímulo para la industria y la empresa».
«No dejes que aquel que no posee una casa destruya la casa de otro, sino déjalo que trabaje con diligencia y que construya una propia, asegurando así, con el ejemplo, que la suya no esté expuesta a violencia cuando ya esté construida».
«No se puede lograr la prosperidad desalentando una economía prudente. No se puede fortalecer a los débiles debilitando a los fuertes No se puede ayudar al asalariado restringiendo al patrono. No se puede llevar adelante la hermandad del hombre alentando el odio de las clases No se puede ayudar al pobre destruyendo a los ricos. No se puede establecer una economía sana con empréstitos. No se puede evitar una calamidad gastando más de lo que se gana. No se puede forjar carácter y valentía, quitando al hombre su iniciativa e independencia. No se puede ayudar al hombre permanentemente, haciendo por él lo que él pudiera y debiera hacer por sí mismo».
Abraham Lincoln, 1848
«El verdadero precio a la libertad es su defensa permanente»
Thomas Jefferson