martes, 27 de septiembre de 2016

Pertenecer: un programa posible para la juventud no incluida

Por Diana Ferraro (*)
La mayor oportunidad de éxito duradero para el gobierno actual reside en la capacidad que demuestre para contener a los millones de jóvenes que no estudian, no están capacitados para ningún trabajo que requiera una mínima formación y que tampoco trabajan regularmente. Junto a ellos, una segunda categoría de adultos en casi las mismas condiciones, con alguna capacitación precaria y experiencia laboral, también precisa una atención urgente. En vez de hablar de un 30% de pobres, resultaría más apropiado y cercano a un tipo de solución hablar en términos de inserción comunitaria, educación y capacitación laboral.  
Asumiendo que los niños hasta 12 años ya están identificados y cubiertos mínimamente por los planes existentes que se proveen a sus madres para su alimentación y educación gratuita en la escuela primaria, quedan por identificar los jóvenes mayores de 12 a 25 años y asegurarse de insertarlos en un plan de educación y capacitación que sirva a la vez de pertenencia y control comunitario.  Un equipo a cargo de representantes de los ministerios nacionales de Educación, Trabajo, Interior y Defensa trabajando en asociación con los ministerios provinciales y equivalentes municipales y en estrecha colaboración con la CGT nacional y sus delegaciones provinciales y municipales puede lograr en un corto tiempo una completa red de pertenencia con educación secundaria específica de bachillerato laboral abreviado de dos años, de capacitación laboral a cargo de las escuelas sindicales y de inserción laboral en un régimen de aprendiz, similar a las pasantías.
El programa tendría en cuenta no sólo la educación, la capacitación y el primer trabajo-aprendiz sino la importancia de una inmediata inserción comunitaria ya como estudiante ya como aprendiz, de modo de crear las condiciones básicas de una inclusión genuina y duradera.
Para los mayores de 25 años y hasta los 60 o 65 años en los cuales recibirían la jubilación universal, hay que adjuntar un programa de capacitación y aprendizaje, voluntario, sumado a la creación de un seguro de desempleo universal financiado a escala nacional por aportes de los trabajadores y empleadores, semejante al aporte de las ART.  
Los costos de este programa son los de un censo inicial con identificación obligatoria y empadronamiento para todos los jóvenes de 12 a 25 años (incluyendo a los que ya están insertos en escuelas secundarias, universitarias o profesionales y no precisan ningún tipo de contención o ayuda económica); un plan mínimo de ayuda para quienes lo precisen (boleto transporte hacia y desde la institución educativa, de formación o aprendizaje; seguro de salud sindical mínimo); adecuación de sedes educativas a ser habilitadas en los sindicatos e instituciones educativas ya existentes; pago de honorarios mínimos a docentes sindicales y de viáticos a docentes e instructores voluntarios.
La financiación de estos costos debe ser conjunta. Junto a la mejor y mayor contribución posible del Estado y de los sindicatos, hay que ingresar las contribuciones de dinero o voluntariado de todas las personas, empresas, e instituciones privadas preocupadas por el deterioro juvenil, muchas veces en el origen de episodios de inseguridad. Extender la responsabilidad a la comunidad, solicitando voluntarios para la instrucción, capacitación y entrenamiento de los jóvenes, puede originar una gran ola de simpatía por la iniciativa y, a la vez, solucionar una inmediata integración de los jóvenes en una comunidad con modelos positivos, cercanos y fáciles de imitar.
El programa debe ser pensado como un todo integrado y puesto en marcha al comienzo en pequeños sectores, de modo de ajustar sus características y equilibrar los aportes públicos, sindicales y privados y constituir así un modelo a ser repetido a escala a nivel nacional.
Mucho se habla del peronismo como competidor posible del macrismo. El hecho es que hoy no hay programas integrales peronistas como supo haber antaño, ni siquiera los fracasados programas de inclusión kirchnerista que sólo crearon más pobres. La mayor parte de los dirigentes peronistas funcionan con un estatismo en piloto automático y el macrismo, que sí hace peronismo actualizado cuando apunta a una economía de libre mercado que asegure trabajo y una riqueza genuina para la Nación, no siempre acierta en encontrar su modo original de contención social. 

El lugar popular de un peronismo que incluya de verdad a los sectores más desposeídos está vacante y el actual gobierno está ubicado en una posición privilegiada para hacer un peronismo tan genuino como el original, que en poco tiempo levante a millones hacia una sólida pertenencia comunitaria, contando con la ayuda de los sindicatos y la colaboración del resto de la comunidad, hoy víctima impotente del fracaso de la política. 
(*) Diana Ferraro. Escritora, analista política. Artículo publicado el 25 de Septiembre de 2016, en su blog personal.