jueves, 6 de octubre de 2016

Demandas que degradan

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
De acuerdo al criterio de Malena Galmarini (hay otros proyectos en danza) referido a que debería haber un cupo del 50% para cubrir en cargos electivos por mujeres -no siendo de ninguna manera misógino, sino por el contrario muy respetuoso de la mujer y sus derechos-, pienso que:
1) la propuesta degrada a la mujer porque la impone por obligación legal y no por sus méritos,
2) con el mismo criterio cualquier minoría grupo, o secta (o llámeselo como se quiera), podría pretender tener un cupo: ¿porque no un cupo para los ambientalistas, o para los gay o para los musulmanes, o para los judíos, o para las comunidades originarias.. ?????, y la lista sigue...... todos merecedores de mi respeto y consideración,.. pero no por ello de un cargo público.
Estos proyectos "imponen" derechos de sectores, grupos o facciones que se sienten que "deben" de acceder a lo que desean por imposición.
Estas imposiciones desatienden a muchos que tienen mejores condiciones y desalientan el camino del mejoramiento personal, como el de la sociedad.
Los derechos de ellos parecen estar así por encima de los derechos de los demás. Y sabemos que en países de medianos a bajos ingresos y con bajas oportunidades, la perspectiva de imponerse a través de la carrera política luce como una oportunidad muy atractiva.
Con proyectos de este tipo se desmerece la meritocracia y que ocupen los cargos de gobierno aquellos que más méritos tienen para ello (aunque reconozco que ya bastantes tarados hay que ocupan bancas, cargo, funciones, etc. sin mérito propio y por solo ser militantes, avivados, amigos o parientes de funcionarios o políticos de turno).
El proyecto del cupo femenino 50% impone sin tener en cuenta los valores, ni la capacidad de quienes deberían ocupar esos cargos. Ello da como resultado una menor perspectiva de mejorar el gigantesco e ineficiente estado que tenemos y mayores para caminar hacia una democracia plagada de estupidez.
Por otro lado -y esto queda oculto en la discusión- existe un tema que atañe a la filosofía política: ¿Que es más importante (o debe priorizarse) en una democracia para que un país logre los objetivos que la misma supone: respetar los derechos individuales o superponer a ellos los derechos sociales?,.. digo esto porque se habrá notado que existe una notoria contradicción entre ambos.
Los derechos individuales son el resultado de miles de años de evolución de la humanidad, y se consagran institucionalmente porque son útiles a la convivencia y cooperación entre los hombres para alcanzar sus objetivos. Por ello son derechos universales, que luego son legitimados por la legislación y ninguno de ellos (salvo el derecho a la vida) son derechos absolutos.
Por otra parte existen otros bienes cuya protección y cuidado son importantes para el desarrollo de una sociedad (como por ejemplo la educación o la salud), por lo que se los considera de “interés público” y hacen al interés de toda la comunidad por sus consecuencias inmediatas o alejadas.
Pero determinados grupos de presión han incorporado “derechos” que solo son de interés de esos grupos específicos y que no hacen al conjunto, sino a su propia protección, lo que resultaría innecesario si se observan y cumplen los primeros derechos: los universales o individuales (que permiten a cada uno decidir sobre su propia vida sin imponer nada a los demás). Y que son precisamente de los que los colectivistas -y no por casualidad- reniegan. 
Pero de igual forma son impuestos e incluso difundidos como prevalentes y no solo que sirvan de ejemplo para que la sociedad no solo los respete, sino también los imite y difunda, como la forma más adecuada de vida. Y aunque cada uno pueda elegir lo que desee como camino para definir sus propios objetivos de vida, la coerción que a través de estos “derechos de grupos” se ejerce resulta atentatoria de la convivencia social. Y se los trata de imponer como modelos de vida, aunque sea de interés de solo algunos, o derechos de algunos que debieran adoptar y proteger todos. Se trata de una forma de imposición de un pensamiento que supone iguales en importancia los “derechos de grupos” y los derechos individuales o los de interés público.      
Si los derechos individuales (y/o los de interés público) quedan subsumidos a los grupos de interés,.. poco podemos esperar de la democracia, ya que los grupos a los que representa cada uno de los derechos sociales (inacabables e infinitos) podrá imponer su voluntad a todos!
De hecho ya sucede que facciones, o grupos para reclamar por lo que consideran sus derechos (sin ponerlos en tela de juicio) vulneran los derechos individuales que son la base de la convivencia social.
En el caso que nos ocupa: si una mujer accede a un cargo "por cupo"!,.. impide probablemente el acceso de otro que puede estar más capacitado. El resultado es que pasando por encima de uno perjudica a todos. 
Este es un tema importante que incluso es motivo de grandes controversias -por posicionamientos ideológicos diferentes- cuyo debate incluye el pensamiento de muchas universidades.
Los que defendemos como base los derechos individuales -sin dejar de considerar que existen otros que son de interés público de gran importancia, pero que en todos los casos tienen límites (salvo el derecho a la vida) y no son todos los que se reclaman- somos criticados por un pensamiento dominante que pretende que cada uno pueda reclamar a su gusto por lo que considera su derecho,.. (lo que resulta inconmensurable e imposible) y que además se reclama al estado que pagamos todos!!
El colectivismo -perdida la batalla política- encontró la forma de colarse ideológicamente en la sociedad.

Buenos Aires, 6 de Octubre de 2016
(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS 6 de Octubre de 2016