jueves, 27 de octubre de 2016

En el socialismo, la propiedad privada deja de ser un legado familiar

Por Andrea Rondón García (*)
Me tomaré la libertad de relatar una experiencia personal para iniciar este artículo cuyo propósito es denunciar lo que nos hacen como seres humanos las violaciones de la propiedad privada que son una constante de los regímenes socialistas.
Mi papá era así para mí:
Además de los recuerdos y enseñanzas, uno esperaría conservar su biblioteca tal como la dejó; su escritorio con los escritos que dejó a medio hacer un sábado; y si te entra nostalgia ir a su oficina a la que iba todos los días, incluidos los sábados, y cuando más joven hasta los 24 y 31 de diciembre.
Pero como en Venezuela cualquier propiedad está en riesgo de expropiación o expoliación (esto último lo más común), corres a vender y te olvidas de lo anterior, justo lo que es parte de tu condición humana, con tus virtudes y errores, muy probablemente con más errores.
Más allá de lo que está documentado en libros, estos dos últimos años con la querida profesora Isabel Pereira en el Observatorio de Propiedad de programa País de propietarios he aprendido a nunca dejar por fuera de mis artículos y mis análisis los efectos de las violaciones de la propiedad privada, aquellos efectos que llegan al alma de cada individuo y posiblemente pasen de forma desapercibida. Veamos a que me refiero con esto.  
En A theory of Socialism and CapitalismHans-Hermann Hoppe señala que en el socialismo la propiedad: (i) es nominal, porque se respeta y reconoce solo en el papel, pero en los hechos se desconocen los atributos de disposición, uso y goce (el mejor ejemplo de esto es el control de precios, la regulación de los cánones de arrendamiento, el salario mínimo); (ii) la redistribución es la regla porque ningún propietario es libre de disponer a cabalidad de los ingresos resultado de su esfuerzo (el mejor ejemplo de redistribución y que goza de la mayor de las aquiescencias son los impuestos); y (iii) se produce un cambio en la estructura social-moral de la sociedad porque se favorecen roles no productivos, convirtiéndose la sociedad en cómplice.
En este último sentido, Hoppe afirma que «Dado que el socialismo socialdemócrata favorece roles no-productivos tanto como los productivos que escapan el escrutinio público y por tanto no pueden ser alcanzados por los impuestos, el carácter de la población cambiará en concordancia con ello.» (Hoppe, Hans Hermann: A theory of Socialism and Capitalism. En: Libertad o Socialismo, Universidad San Francisco de Quito, Quito, 2009, p. 77).
Este esquema de redistribución no sólo tiene efectos económicos, sino también en la sociedad misma, porque estás recibiendo algo por lo que no has trabajado y es algo que otro ha ganado. Esa sociedad se convierte en cómplice de esta especie de robo.
Si esto ocurre en la socialdemocracia, en regímenes como el venezolano la situación es peor. Definitivamente la destrucción de valores es resultado de recibir algo por lo que no has trabajo, y en ello también contribuye la precariedad de la propiedad privada que te obliga a desprenderte de tus afectos y recuerdos. El temor a la expropiación, expoliación o invasión es mayor que el deseo de preservar el recuerdo familiar.
Desde el pensamiento liberal defendemos que a partir de la propiedad privada se pueden ejercer otros derechos y libertades y puedes hacer tu proyecto de vida. Pero además, forma parte de lo que eres como persona —cuerpo y alma—, porque es la que te permite elegir libremente, sin depender de los designios de un tercero, y también son parte de tus vínculos con los seres queridos que ya no están.
Cuando no tienes propiedad o libre disposición sobre ella o goce y uso de ella; cuando debes actuar en contra de tus verdaderos deseos (más por necesidad); cuando solo puedes transitar un único camino (el de la servidumbre como diría Hayek); poco a poco van aniquilando tu alma, la forma más vil de ataque, porque de él el retorno no existe o es casi imposible.
En regímenes como el venezolano, no escoges vender porque consideras que es la mejor opción; no escoges libremente los términos y condiciones de venta al existir un control de cambio; simplemente no escoges, porque ya se eliminaron las opciones en un mercado inmobiliario deprimido; en un país en el que no existe economía libre de mercado ni se respeta la propiedad privada.
En estas líneas mi intención es destacar que la propiedad privada no es solamente un tema económico o patrimonial, es principalmente ético, porque es la base y es lo que permite que tenga efectiva vigencia un código de valores en el que la libertad se erige como un valor por encima de los demás valores; se reafirma al individuo —en toda su dimensión—; se rechaza la democracia ilimitada y al Estado omnipresente.
Solo me queda decirte papá que tu recuerdo se preservará. Tu ne cede malis, sed contra audentior ito.
(*) Andrea Rondón García es Doctora en Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Directora del Comité de Derechos de Propiedad del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice Libertad), Directora Académica del Instituto Ludwig von Mises Venezuela, miembro de la Cátedra Carlos Rangel de la UCV y Profesora de la Escuela de Derecho y de la Maestría de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Artículo publicado por El Cato el 4 de Octubre de 2016