jueves, 24 de noviembre de 2016

Una Argentina sin norte: ¿a qué juega el gobierno?

Por Pablo Portaluppi (*)

La indefinición, una suerte de sentimiento culposo y el temor que parecieran envolver al Presidente Mauricio Macri han comenzado a volverse preocupantes. Por momentos, la cúpula del gobierno disimula ese comportamiento; en ocasiones lo hace con la inestimable asistencia de periodistas -que entrevistan al jefe de Estado para que se luzca. No obstante, existe el riesgo de que las dudas de procedimiento de la Administración se desparramen hacia la ciudadanía, hacia dentro de la propia Administración y hacia las filas de una oposición tan impaciente como ambiciosa. Al cierre, se desconoce a ciencia cierta cuál es el verdadero estado de la República.
 
La economía no parece devolver señales de vida; comienzan a iluminarse los alertas amarillas, incluso en el tablero de los economistas más cercanos al gobierno. Hace cuestión de horas, Roberto Lavagna pronosticó un colapso, de no modificarse el rumbo. Poco interesa si las motivaciones del ex economista son políticas; cabe preguntarse, a tal efecto, qué rumbo debe modificarse. O si las preguntas deban orientarse hacia la existencia -o no- de un plan económico sustentable. Por momentos, el oficialismo parece haberse contaminado con los peores vicios del kirchnerismo, eludiendo la implementación de un conjunto de medidas que apunten a objetivos concretos. Si el país vuelve a crecer el año próximo, opiniones refieren que ello se deberá simplemente a un rebote: cualquier comparación con 2016 sería, en tal caso, positiva. Pero las cuestiones estrictamente técnicas hacen a un lado una realidad más elocuente: la sociedad difícilmente perciba una mejoría. Contexto que no ofrece margen para una prognosis favorable de cara a 2017

¿Ha evaluado el gobierno de Macri qué país entregará al finalizar sus cuatro años? En el actual contexto de confusión, los líderes de los pretendidos 'movimientos sociales' -fragmentados pero numerosos- ofician de lobos que conducen a corderos: en tanto sonríen a Carolina Stanley, presentan un comportamiento lindante con la extorsión, toda vez que agitan amenazas de violencia cuando no se les entrega aquello que demandan. A consecuencia de ello, se asiste a un sobrecalentamiento de las cuentas públicas; éstas se extenúan hasta el límite para otorgar aguinaldos, bonos, premios, y toda suerte de estipendios que, en muchos casos, no implican contraprestación alguna. A la hora de lidiar con la delicada situación, la Administración (y el grueso de la dirigencia política) recurre al remedio de siempre: subir los impuestos o inventar nuevos. Pero -queda claro- ése modus operandi conduce a mayor recesión. Por detrás, corre el proyecto opositor de declarar la Emergencia Social. Y el de Sergio Massa respecto a Ganancias (con apoyatura del plan de su socio Roberto Lavagna para gravar la renta financiera).
 
Mauricio Macri pobló su administración de voces tan disonantes entre sí como las de Federico Sturzenegger, Alfonso Prat Gay y Carlos Melconian. Este último -dicho sea de paso- acaba de respaldar las altisonantes declaraciones de Lavagna.

Se podrá argumentar que la culpa y el temor que parecen carcomer al primer mandatario en algunas de sus marchas y contramarchas (el fallido protocolo antipiquetes es el mejor ejemplo, pero no el único) coincidiría, en rigor, con un atisbo de prudencia -más frente a una sociedad que pocas veces sabe lo que quiere. Y podría ser.
 
Subsiste, sin embargo, la gran pregunta: ¿cuál es el verdadero pensamiento del Presidente de la Nación? ¿Cómo piensa quebrar el círculo vicioso que la política le ha legado al país?

(*) Pablo Portaluppi. Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Periodismo. Columnista político en El Ojo Digital, reside en la ciudad de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, Argentina). pabloportaluppi01@gmail.com.