miércoles, 25 de enero de 2017

¿Igualdad de oportunidades?

Por Edgardo Zablotsky (*)

La decisión del Presidente Macri de enviar al Congreso una legislación que establezca la obligatoriedad de la escolarización de todos los niños de tres años de edad es una iniciativa que busca introducir una mayor igualdad de oportunidades. La estimulación temprana es fundamental, como lo demuestran, por ejemplo, las contribuciones seminales de James Heckman, ganador del Premio Nobel de Economía en 2000.
Sin embargo, como indicó el Dr. Abel Albino, un hombre que es sinónimo en nuestro país, en la lucha contra la desnutrición infantil: "para tener educación es necesario tener un cerebro. El ochenta por ciento del cerebro se forma durante el primer año de vida. Crece un centímetro por mes. La formación del sistema nervioso central es completado en los dos primeros años de vida. Si durante este lapso el niño no recibe la alimentación necesaria y el estímulo, el crecimiento cerebral se detendrá y si no es desarrollado normalmente, afectará el coeficiente intelectual y la capacidad del niño para el aprendizaje".
Un reciente informe de la Universidad Católica Argentina dice que "en Argentina, la mitad de nuestros niños sufren alguna forma de desnutrición antes de cumplir dos años, sólo considerando la anemia, la baja estatura, la obesidad o el bajo peso.
Esto quiere decir que las consecuencias de la mala alimentación ya hacen su impacto en el momento del mayor crecimiento, cuando se están desarrollando “estructuras vitales ".
¿Cómo es posible hablar de igualdad de oportunidades frente a este cuadro?
El gobierno nacional, lejos de ocultar este grave problema, lo ha admitido, a diferencia de la última administración de Cristina Fernández de Kirchner.
Por ejemplo, ya tiene firmados convenios con la Fundación Conin, en el marco del Plan Nacional de Primera Infancia, lo que permitirá la apertura de diez centros de prevención y tres para la recuperación de casos graves de subnutrición, y además el gobierno también colaborará en la fortificación de otras 20 áreas de prevención, en las que ya están trabajando, bajo la dirección de la Fundación.
No hay duda de que la dirección es la correcta, pero a mi entender la magnitud de los recursos aplicados no lo es. Este artículo se presenta a la consideración de los lectores una propuesta con respecto a cómo liberar recursos mucho mayores para la deuda social más importante de nuestro país: la desnutrición infantil.
El gobierno, que es el encargado de la administración económica de los bienes y recursos públicos, debe decidir cuánto gastar y como maximizar los objetivos prioritarios de la sociedad, teniendo en cuenta la existencia de recursos limitados al hacerlo.
Está claro que en nuestro país las consecuencias siniestras que todos sabemos esto tiene y que ha sido ignorado. No es posible gastar permanentemente más de lo que tenemos y el presupuesto debe asignarse a las áreas de mayor impacto social.
Apliquemos esta sencilla idea a la desgracia de la desnutrición infantil.
¿Qué política pública es más inclusiva: dedicar un mayor presupuesto para asegurar una nutrición adecuada a todos los niños durante sus dos primeros años de vida o mantener el acceso irrestricto a las universidades, con los costos que ello supone, subvencionando estudiantes que asistieron durante su educación primaria y secundaria, a instituciones privadas?
¿No sería más socialmente eficiente conceder becas a aquellos jóvenes que lo requieran y cuyas cualidades sean relevantes, más que a esos estudiantes que pueden pagar por sus estudios universitarios? Yo creo que sí.
Un niño desnutrido en sus primeros años de vida, casi con certeza, no llegará a la universidad. ¿Es justo que eso suceda? ¿No tener la oportunidad de hacerlo, por haber nacido en un hogar humilde?  ¿De qué hablamos cuando hablamos de inclusión o de igualdad de oportunidades?
Hemos aprendido en nuestro país - durante más de 10 años - que una cosa es el discurso y otra cosa muy diferente es la realidad.
Nada es gratis, por supuesto, y la educación universitaria tampoco lo es. El libre acceso a las universidades para los estudiantes que pueden pagar sus estudios sustrae estos recursos se pueden asignar a otros objetivos, como la lucha contra la desnutrición infantil, con grandes esfuerzos. Este es un alto costo que no es posible ignorar.

Por esta razón, este artículo propone que los lectores se pregunten si la educación en la universidad libre, debe mantenerse para los estudiantes que pueden pagar el costo de sus estudios, o si esos recursos deberían utilizarse para hacer frente a la vergüenza en nuestro país que es la desnutrición infantil.
(*) Edgardo Zablotsky. Miembre de la Academioa nacional de Educación y Vice-rector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado el 20 de Enero de 2014
Traducción del inglés: Dr. Eduardo Filgueira Lima