miércoles, 25 de enero de 2017

¿Realmente Cree Francisco Que Los Comunistas Piensan Como Los Cristianos?

Por Samuel Gregg (*)

Los marxistas, las ideas marxistas y los regímenes marxistas han llevado a millones a la muerte y a la destrucción. Sin embargo, según el papa Francisco, «en todo caso, los comunistas piensan como los cristianos». ¿Qué está pasando aquí?
Dentro del primer año de su pontificado, las fuertes críticas de Francisco contra la globalización económica y el capitalismo, lo llevaron a ser acusado de simpatizar con el Marxismo. Sin embargo, puede demostrarse que esos cargos son falsos.
Por una parte, Francisco ha especificado que el Comunismo es una idea equivocada. En una entrevista de 2013 con el periódico La Stampa, el Papa declaró que «la ideología marxista está equivocada». De la misma manera, la «teología del pueblo» nativa de Argentina, la que ha influido en el pensamiento de Francisco, rechaza explícitamente la filosofía y el análisis marxista. Poco ha dudado Francisco de canonizar a católicos mártires de regímenes comunistas. Incluso ha conferido el bonete cardenalicio al sacerdote albanés, el padre Ernest Troshani Simoni, quien fue dos veces sentenciado a muerte por la dictadura de Enver Hoxha —uno de los peores regímenes comunistas. Estas no son las palabras ni las acciones de un compañero de viaje ni de un apologista comunista.
A pesar de eso, en la misma entrevista en la que Francisco calificó al Comunismo como un error, añadió de inmediato, «Pero he conocido a muchos marxistas en mi vida que son buenas personas». Uno se pregunta si el Papa diría algo similar, por ejemplo, acerca de los nazis: «Pero he conocido a muchos nazis en mi vida que son buenas personas».
Lo dudo de alguna manera, aunque los movimientos y los regímenes políticos dirigidos por marxistas y guiados por ideologías comunistas invariablemente incluyan métodos indistinguibles de los de la Alemania Nacionalsocialista. En realidad, si uno considera solamente los números, los comunistas han masacrado a millones más que los nazis. En la Argentina del papa Francisco, los movimientos marxistas, como el Ejército Revolucionario del Pueblo no tuvieron ningún reparo realizando secuestros y asesinatos a finales de los años 60 y principios de los 70 como parte de su intento para establecer una dictadura del proletariado.
¿Les importan los pobres a los comunistas?
Una interpretación posible de las palabras del Papa acerca del Comunismo es que ellas reflejan su creencia de que algunas personas se sienten atraídas al Marxismo porque consideran que el Comunismo está del lado de los marginados del mundo. Durante una entrevista en 2015, el Papa sugirió que los comunistas eran, de alguna manera, cristianos ocultos [closet Christians]. Habían hurtado de los cristianos, dijo él, «la bandera de los pobres».
Estos temas resurgieron en una entrevista más reciente de Francisco —esta vez dirigida por un autodenominado ateo, el periodista italiano del 92 años, Eugenio Scalfari.
Se necesita tener cuidado al leer cualquiera de las entrevistas de Scalfari. Las interpretaciones de Scalfari de sus conversaciones con figuras prominentes se sustentan en memoria más que en notas o grabaciones. Eso obliga a plantear dudas acerca de la veracidad de lo que está escrito (por no mencionar la prudencia de hablar con Scalfari, pero ese es otro asunto diferente). También, las preguntas de Scalfari están diseñadas para alentar al Papa a hacer comentarios polémicos. En la mayoría de los casos, Francisco cortésmente los desvía.
Al mismo tiempo, algunos de los comentarios de Francisco en su última entrevista con Scalfari reflejan afirmaciones extrañas que ha hecho en otras ocasiones. Considere lo que Francisco afirmó acerca de los comunistas respondiendo a los comentarios de Scalfari sobre la igualdad:
Eugenio Scalfari: Así que usted anhela una sociedad donde la igualdad domine. Esto, como usted sabe, es el programa del socialismo marxista y después, del Comunismo. ¿Está usted, por tanto, pensando en una sociedad de tipo marxista?
Francisco: Ha sido dicho muchas veces, y mi respuesta siempre ha sido que, en todo caso, son los comunistas quienes piensan como cristianos. Cristo habló de una sociedad donde los pobres, los débiles y los marginados tienen derecho a decidir. No demagogos, ni Barrabás, sino el pueblo, los pobres, tengan o no fe en un Dios trascendente. Son ellos quienes deben ayudar a lograr igualdad y libertad.
El problema de esas palabras es que la lectura más superficial de los textos estándares marxistas pronto indica que hay poco en la ideología marxista (menos aún en la práctica) que sugiera que siquiera en algo «son los comunistas quienes piensan como cristianos».
En primer lugar, el Marxismo tiene sus raíces en el ateísmo y en el materialismo filosófico. El Cristianismo no. Esa es una diferencia bastante fundamental e irreconciliable. En segundo lugar, prácticamente todos los pensadores y practicantes marxistas —Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, Castro, Che Guevara, Pol Pot, etc.— creen que el fin justifica los medios. El Cristianismo ortodoxo, con ‘o’ minúscula, con su insistencia en absolutos morales que no admiten excepción, refuta específicamente esa creencia. En tercer lugar, el Marxismo, los marxistas y los movimientos marxistas no ven a los pobres como lo hace el Cristianismo, es decir, como seres humanos que necesitan ser amados y ayudados.
El Comunismo ve a los pobres —como al resto de los seres humanos— simplemente como piezas que se mueven en la dialéctica de la historia. Los económicamente menos privilegiados, desde un punto de vista marxista, no tienen un valor por virtud de su pobreza o de su condición de seres humanos. Tal perspectiva materialista e intrumentalista está a años luz de distancia de la visión cristiana de los pobres y de los seres humanos en general.
Desigualdad, desigualdad, desigualdad
Entonces, ¿qué quiere decir Francisco cuando afirma que «son los comunistas quienes piensan como cristianos»? Una clave el pensamiento de Papa puede encontrarse en sus referencias a la igualdad en su más reciente entrevista con Scalfari. Por ejemplo, el Papa sostiene que
«Lo que queremos es una batalla contra la desigualdad, este es el mayor mal que existe en el mundo. Es el dinero el que la crea y va en contra de aquellas medidas que tratan de hacer más dispersa a la riqueza y, por tanto, promover la igualdad».
Desde el inicio de su pontificado, Francisco se ha enfocado con la precisión de un láser en este tema de desigualdad. Como indican las palabras anteriores, la desigualdad concreta que el Papa tiene en mente es la desigualdad económica.
¿Pero es de verdad la desigualdad el mayor mal en el mundo de hoy? ¿Está la desigualdad en las raíces del terrorismo islámico, de regímenes dictatoriales como Corea del Norte, de la muerte en Occidente de millones de niños no nacidos, del resurgido antisemitismo, o de los incesantes intentos para legalizar la eutanasia? Por ejemplo, no existe evidencia de que la desigualdad económica produzca terrorismo.
Más aún, la desigualdad económica no es siempre mala. No hay en la doctrina católica nada que sugiera que las desigualdades de riqueza e ingreso sean intrínsecamente malas. A menudo están justificadas. La persona dispuesta a asumir más responsabilidad, por ejemplo, en la creación y administración de una empresa, suele tener derecho a una mayor participación en las utilidades que el empleado que asume menos responsabilidad y, primeramente, que no aceptó el riesgo de comenzar un negocio.
Otra cosa que los cristianos deben tener en mente —pero a veces no lo hacen— es que la desigualdad y la pobreza no son la misma cosa. Es teóricamente posible que todos sean económicamente iguales porque todos son igualmente pobres. También es concebible que una sociedad pueda tener vastas disparidades de riqueza e ingreso, y que en esa misma sociedad se tengan muy pocas personas que sean pobres en lo material.
Por supuesto, son injustas algunas formas de desigualdad económica. Un ejemplo de nuestros días es el capitalismo de amigos. En estos arreglos económicos, la colusión entre empresas, políticos y reguladores sustituye a la libre competencia bajo el imperio de la ley. Si hoy existe un culpable principal («el dinero») de formas injustas de desigualdad económica, es el de los amigos capitalistas y sus habilitadores políticos y burocráticos.
El capitalismo de amigos debe ser —pero no lo es— el objetivo de la crítica cristiana. La doctrina social católica no dice absolutamente nada sobre este tema. Una parte de la dificultad del comentario del Papa en estos asuntos es que él, como muchas otras buenas personas, no parece reconocer que las economías de mercado están sustentadas en el rechazo a gobiernos otorgando privilegios a cualquier grupo en particular. Este es el argumento central hecho en el libro cuarto de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith (1776).
Una de las muchas paradojas de Francisco es que, mientras consistente y correctamente denuncia cualquier idolatría de la riqueza y del tipo de la mentalidad materialista que reduce todo a aspectos económicos, el Papa con frecuencia articula curiosas explicaciones economicistas de los males del mundo. La pobreza material es algo que todos los cristianos deben comprometerse a trabajar para reducirla. Sin embargo, no pretendamos que los cristianos y los marxistas piensen de la misma forma acerca de la pobreza —ni para el caso, de la igualdad. La simple verdad es que no piensan igual.
Nota:
La traducción del articulo Does Pope Francis Really Believe That ‘Communists Think Like Christians’?   publicado por el Acton Institute el 7 de diciembre de 2016, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.
Este artículo apareció originalmente en The Stream.
(*) Samuel Gregg is director of research at the Acton Institute. He has written and spoken extensively on questions of political economy, economic history, ethics in finance, and natural law theory. He has an MA in political philosophy from the University of Melbourne, and a Doctor of Philosophy degree in moral philosophy and political economy from the University of Oxford, where he worked under the supervision of Professor John Finnis. sgregg@acton.org  Artículo publicado por Instituto Acton el 5 de Enero de 2017