domingo, 26 de febrero de 2017

Carnaval sin Máscaras

Por Enrique Guillermo Avogadro (*)
“En esta tierra nuestra, la verdad ha muerto hace mucho tiempo”. Fernando Aramburu
Los disfraces han desaparecido, los antifaces han sido olvidados y ya todos sabemos quién es quién en el baile. Después del carnaval, el miércoles de cenizas nos traerá nuevamente a la realidad pero, como la semana hábil será muy breve, el final de fiesta se producirá el lunes 6 de marzo.
Entre ese día y el siguiente, se producirán algunos hechos de relevancia pero distintos, aún cuando todos comparten la imagen que sirve de título a esta nota. El Presidente Macri habrá regresado de su paseo triunfal por Madrid, que tendrá repercusiones positivas en un futuro mediato pero si, ingenuamente, espera encontrar aquí a unos caballeros que, al menos por un elemental pudor, lo respetaran por no haber desnudado en su momento la crisis que recibió en 2015, se equivocará una vez más.
Enfrente tiene la peor clase de tahúres, los que padecen de amnesia voluntaria, capaces de simular el olvido de su propio y reciente pasado, de abjurar del kirchnerismo en el que participaron y seguir jugando sucio en el partido. Lo único que buscan es volver al poder, practicar el más abyecto populismo y enriquecerse en el camino.
Los gremios que nuclean a los “trabajadores de la educación” –ex maestros-, anunciaron encantados que el ciclo lectivo no comenzará el 6, como estaba previsto, y que están dispuestos a seguir extorsionando a la sociedad. Perjudican -¿los llamarán “daños colaterales”?- a los más desprotegidos de los chicos con tal de disparar contra el Gobierno y se asocian, descaradamente, a la campaña de desestabilización en la que están empeñadas varias usinas afines. Lamentablemente, y además de la trágica pérdida de días de clase en el “siglo del conocimiento”, entre otras cosas las escuelas cerradas implican niños sin alimentos y padres que pierden el “presentismo” por la necesidad de permanecer en casa cuidándolos.
Como reinvidicación sindical, todo vale: la resistencia a la evaluación y el perfeccionamiento de los docentes, a la corrección del sideral ausentismo, la duplicación de cargos hasta el infinito. Si bien los salarios nominales que perciben pueden parecer bajos, al menos en la ciudad de Buenos Aires un maestro recién recibido, con una jornada básica de cuatro horas, percibe más de once mil pesos. ¿Es un motivo real, cuando toda la ciudadanía está sufriendo mientras paga los errores y los robos de la década kirchnerista o, simplemente, se está haciendo demagogia y oposición salvaje con la huelga?
Me pareció altamente positivo un movimiento, generado a través de Tweeter, por voluntarios a-partidarios, que se ofrecen para dar clases durante la huelga nacional anunciada por Roberto Baradel, líder del gremio más combativo, y sus congéneres de los demás sindicatos, y evitar así, al menos parcialmente, los enormes perjuicios que causará. Y digo positivo porque muestra el profundo hartazgo social frente al accionar de estos verdaderos delincuentes que, embanderados en los reclamos gremiales, buscan sólo réditos políticos.
Ese mismo lunes veremos, por primera vez, a los retoños de doña Cristina, el Diputado Máximo y la joven Florencia, concurrir a los Tribunales de Comodoro Py para prestar declaración indagatoria en la causa Los Sauces, y los seguirá Cristina al otro día. Tienen razón Luis D’Elía y Eugenio Zaffaroni en preocuparse, ya que es posible –aunque altamente improbable- que quede detenida pese a tratarse, después de la denuncia del Fiscal Nisman por encubrimiento del terrorismo, de la causa que más la preocupa.
Nuestra abogada exitosa volvió a usar Tweeter para brindar su apoyo e invitar a sus fieles a sumarse a la marcha contra el Gobierno que, también para el martes ha sido dispuesta por los triunviros de la CGT; pero la catarata de tuits no contuvo uno sólo que se refiriera al Gral. Milani. No es para menos ya que, después de apañarlo durante años, de encumbrarlo a la jefatura del Ejército, de ponerlo al frente del espionaje interno y de darle cifras siderales para su equipamiento –y para que robara a manos llenas-, hoy el noble guerrero se ha transformado en la bala más potente que haya atravesado el relato trucho y el negocio de los derechos humanos tuertos.
Luego del anuncio de la principal central obrera, rápidamente aprovecharon CTA y ATE, los piqueteros, los desocupados, el atomizado PJ pegado con engrudo en San Vicente, los educadores y cuantos pretenden expulsar a Macri y volver a las recientes épocas de corrupción y latrocinios impunes, para recuperar protagonismo. Los convocantes son quienes reciben las peores calificaciones de una sociedad que, sin embargo y por inacción o por abulia, permite que sus dirigentes se perpetúen en sus cargos.
Porque, si bien la economía personal de los argentinos no da demasiado espacio para el optimismo todavía, me pregunto qué pretenden  quienes marcharán el martes que haga el Gobierno: ¿seguir aumentando el déficit, la emisión, el endeudamiento, los impuestos o los subsidios?; cualquiera de esas recetas lleva a mayor inflación, el impuesto más gravoso para los pobres, es decir, para aquéllos a quienes dicen representar. ¿Qué harán por ellos, si siguen en esta tesitura en vez de capacitarlos, cuando el progreso de la ciencia expulse del mercado laboral a los menos preparados?; ¿harán huelga como la de Pablo Moyano, cuando consiguió que los bancos siguieran mandando los extractos en papel y por correo?
¿Dónde deberían buscarse recursos para hacer frente a los reclamos? Hay una sola respuesta: en el crecimiento de la economía, y para ello se necesitan varios elementos: inversión, productividad, seguridad jurídica, previsibilidad, respeto a las normas, y debemos ser nosotros mismos, con las verdaderas fortunas que muchos tienen en el exterior, quienes nos pongamos el país al hombro, porque el mundo se hartó de escuchar nuestros llantos mientras, una y otra vez, nos pegamos tiros en los pies. ¿O es que no hemos oído fuera, cada vez que intentamos que vengan a invertir, la lapidaria apelación: “comiencen ustedes por confiar en la Argentina”?
 Macri y Cambiemos podrían fracasar, claro, pero al menos están intentando apartarnos del rumbo de segura colisión con un iceberg en que tantos años de politiquería, de corrupción y de populismo nos habían colocado. En 2015, y por escaso margen, los argentinos decidimos que no queríamos transformarnos en la tristísima Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en la paupérrima Cuba de Fidel y Raúl Castro, o en otro cualquiera de los engendros con que el “socialismo del siglo XXI” había sembrado nuestra sufrida región. Si ese fracaso se produjera, allí estarán los personeros del pasado para regresar y, otra vez, suicidarnos en masa.
No incurramos en el disparate, instalado por los medios y por las usinas K, de igualar las denuncias que se hacen contra Cambiemos, todos los días, con la corrupción kirchnerista y, mucho menos, caigamos en la estupidez de Jorge Asis que, hace poco, llamó a éste “tercer gobierno radical”, o de Sergio Massa, tratando de instalar la comparación con Fernando de la Rúa; todo ello no hace más que dar aire a los golpistas, que hay ya muchos.
Los errores del Gobierno me duelen, y mucho, pero creo que no me queda otra que apretar los dientes, seguir para adelante y, en la medida de mis escasas posibilidades, evitar que siga cometiéndolos. 
Bs.As., 25 Feb 17
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com
Fuente: Comunicación personal del autor

La reforma de la coparticipación federal

Editorial de La Nación (*)

El gobierno nacional, en consulta con las provincias, está trabajando en un proyecto de ley para reformar el sistema de coparticipación federal de impuestos. Su propósito es lograr, antes de la finalización de su mandato, su entrada en vigencia a través de una ley convenio aprobada por la totalidad de las provincias. Debe recordarse que la Constitución Nacional de 1994 estableció que esta reforma debía estar implementada en 1996. Hasta hoy no se ha cumplido.
El criterio con el que el Poder Ejecutivo Nacional intenta ahora elaborar el nuevo régimen fue definido por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien señaló que se aspira a cambiar el sistema de coeficientes fijos por uno basado en criterios racionales de reparto, respetando el mandato constitucional que así lo estipula. "Este criterio -añadió- pretende cubrir la brecha entre lo que cada jurisdicción necesita gastar para poder prestar servicios de calidad y lo que puede recaudar haciendo un esfuerzo fiscal equitativo." La intención es conceptualmente correcta aunque supone cierta ingenuidad al esperar que 24 provincias puedan acordar que están recaudando lo posible y que acepten que alguien defina todos los años cuáles son sus necesidades de gasto. Claramente, por no funcionar la realidad de esa manera es que han pasado 22 años sin que haya podido acordarse una modificación del sistema.

La coparticipación federal de impuestos no es un sistema original de la organización nacional. Hasta 1934, cada una de las entonces 14 provincias cubría sus necesidades presupuestarias recaudando sus propios impuestos. Cuando se creó el impuesto a los réditos de las personas en 1932, las provincias protestaron por tratarse de un gravamen directo que correspondía a su jurisdicción. La Corte Suprema, sin embargo, lo convalidó, pero con la condición de que fuera transitorio. Además, fue necesario que dos años después el Congreso Nacional, en acuerdo con los gobiernos provinciales, sancionara una ley convenio por la cual el 17,5% del producido por el impuesto a los réditos se entregara a las provincias en proporción a lo recaudado en cada uno de sus territorios. Fue el inicio de la coparticipación, pero en esa ocasión sólo con un criterio devolutivo. Desde entonces se crearon nuevos impuestos y el de réditos, hoy Ganancias, vive a pesar de su transitoriedad. Las 14 provincias son hoy 24, habiéndose incorporado la Capital y en distintas fechas los ex territorios nacionales.

El sistema de coparticipación fue varias veces modificado. La Nación redujo su participación primaria. La distribución secundaria entre provincias debió incorporar un criterio redistributivo al provincializarse los territorios. La Ley 23.548 de 1988, vigente hasta el día de hoy, fijó el 42,34% para la Nación y el 54,66% para las provincias, con porcentajes establecidos para cada una de ellas. Del total de la masa coparticipable se separaba previamente un 2% para las provincias de Buenos Aires, Chubut, Neuquén y Santa Cruz, y un 1% para aportes discrecionales del Tesoro Nacional.

Al crearse o aumentarse impuestos no coparticipables, fue creciendo la porción de la torta reservada a la Nación y también las cantidades distribuibles en forma discrecional. La consecuencia fue el uso de esa discrecionalidad para la sujeción política, el favoritismo y la corrupción. Los gobernadores pasaron a estar gran parte de su tiempo en Buenos Aires intentando mayores aportes y el federalismo se debilitó. El gobierno de los Kirchner fue el ejemplo más acabado de esta deformada situación que hemos denominado unitarismo fiscal.

Tal vez la peor consecuencia del sistema vigente es la desalineación de los incentivos. A los gobernadores podría convenirles que se evadan los impuestos nacionales coparticipables porque, de esa manera, quedan en la totalidad en su provincia. Además, por gastar ellos lo que el gobierno nacional recauda, tienen el beneficio político de ampliar sus erogaciones o su planta de empleados públicos, sin tener el perjuicio de aumentar sus propios impuestos. Se ha alejado así del sano principio de la correspondencia fiscal, o sea que quien gasta recauda. Eso se llama en términos sencillos gastar con billetera ajena.

La responsabilidad de recaudar lo que se gasta es la única forma de alinear correctamente los incentivos y que los ciudadanos, a la vez contribuyentes, pongan atención en el nivel del gasto público provincial y resistan su incremento o su mala asignación. No es por casualidad que el gasto y el empleo público provincial han crecido a niveles insostenibles.

El criterio para la reforma que declara seguir el Gobierno no corregirá esta deformación. Los gobernadores han demostrado sentirse más cómodos con mecanismos de discrecionalidad y con la práctica de influencias que con un sistema que los impulse a la eficiencia y la austeridad.
No perciben que todos pelean por la misma torta y que el déficit fiscal de la Nación no le permitirá ceder ni una centésima porcentual en favor de las provincias. Nos animamos a decir que el camino elegido irá en vía muerta, como ha ocurrido en los últimos 22 años.
El objetivo no puede ser aumentar los fondos públicos sino generar un sistema que impulse a gastar menos y gastar mejor.
De las propuestas arrimadas al Gobierno parece plausible aquella que devuelve potestades tributarias a los gobiernos provinciales y retiene para la Nación determinados impuestos que sólo cubren sus necesidades presupuestarias. Por ejemplo, las provincias recaudarían en su territorio los impuestos directos y los claramente identificables con su generación geográfica. Sería el caso del impuesto a las Ganancias de personas físicas, el impuesto a los Bienes Personales, los impuestos Internos y los actuales gravámenes propios provinciales. La Nación retendría los impuestos indirectos tales como el impuesto a las Ganancias de personas jurídicas, el IVA y los impuestos al comercio exterior. El impuesto a los Combustibles sería provincial, aunque su producido se canalizaría a un fondo de redistribución horizontal asignado con coeficientes fijos a las provincias. Estos coeficientes se determinarían de manera que en el inicio del nuevo régimen se empalme con la distribución secundaria que resulta del sistema de la ley 23.548 hoy vigente.
Esto sería necesario para evitar una abrupta desfinanciación de las provincias menos desarrolladas y, además, para hacer políticamente posible la reforma. No se discutirían necesidades de gasto ni cambios en la repartición de la torta,
Lo esencial es que si en el futuro un gobernador quisiera aumentar su gasto, debería incrementar sus propios impuestos. El alineamiento pasaría a ser el correcto. Se suprimiría la coparticipación vertical y el fondo de redistribución horizontal sería administrado y controlado por un ente conformado por las propias provincias. También debe tenerse muy en cuenta que no debería haber una reforma tributaria sin que antes se discuta una nueva ley de coparticipación. La cuestión del Fondo del Conurbano, en tanto, debería discutirse y resolverse en forma separada.

De acuerdo con la opinión de reconocidos constitucionalistas, una reforma como la descripta es compatible con la Constitución Nacional de 1994. Estamos en tiempos de reformas estructurales. Es importante ver el fondo y las causas de nuestros crónicos problemas para saber corregirlos. La cuestión de la coparticipación y el federalismo es uno de esos casos.
(*) La Nación. Editorial del día domingo 26 de Febrero de 2017.

Trump y el mundo

Por Armando Ribas (*)
La llegada de Trump a la Casa Blanca, ha enrarecido aun más el panorama mundial. Todo parecía y así lo creía yo, que el el Trump presidente sería diferente al Trump candidato. Todo parece indicar que estábamos equivocados, porque salvo en algunas instancias que sus decisiones políticas, que a mi juicio pueden ser relativamente favorables   tal como el acuerdo con Putin,  el resto parece partir de una confusión de los objetivos expuestos.
Voy a comenzar con el muro de México, que pretende que su construcción sea pagada por México. En primer lugar a nuestro juicio si el objetivo del muro es evitar la entrada de latinoamericanos-mexicanos incluidos- en Estados Unidos, el muro debía construirse en territorio americano. Consiguientemente el pago le corresponde al que considera conveniente su construcción por objetivos que les son propios..
Demás está decir que la amenaza de imponer un impuesto del 20% a las exportaciones de México a Estados Unidos, evidentemente implicaría un mayor costo para los consumidores americanos. Por otra parte según las noticias al respecto, el comercio con México crea numerosos puestos de trabajo en En Estados Unidos. Esa política supuestamente no se habría basado en un interés económico, sino en la pretensión de la lucha contra el terrorismo, lo cual a nuestro juicio constituye una falacia adicional. Ya durante su campaña se había referido prejuiciosamente contra la nacionalidad de los mexicanos, pero pero al respecto se retractó. Vaya la discordancia.
Si bien el muro entraña una contracción del comercio y la inmigración, a su llegada la Casa Blanca dictó el decreto referente directamente a la inmigración. Así la supuesta lucha contra el terrorismo pretende justificar la emisión del reciente decreto por el cual se suspende por 120 días la entrada en el país de los musulmanes procedentes de siete países del medio Oriente. Puedo decir que en primer término esa decisión implica una violación de la Enmienda 1 se la Constitución americana que dice: “El Congreso no hará ninguna ley respecto a un establecimiento de religión o prohibir el ejercicio libre de la misma; o de acortar la libertad de expresión o de prensa. O el derecho del pueblo de reunirse pacíficamente; y reclamar al gobierno por la reparación de una reivindicación”.
Al establecer esa medida Trump convierte la lucha contra el terrorismo en una lucha de religiones, que como antes dijimos es inconstitucional. Pero peor aun genera una lucha entre naciones. No podemos menos que recordar que los musulmanes todavía tienen el resentimiento por las Cruzadas, y al respecto lo enseñan en los colegios. La realidad es que los musulmanes todavía hoy enfrentan la situación que enfrentaran los cristianos por siglos y que llegara hasta el siglo XX con la Segunda Guerra Mundial. Por ello Montesquieu en Las Cartas Persas recuerda que los musulmanes consideraban que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos.
Evidentemente los musulmanes padecen la situación de no haber logrado separar al estado de la Iglesia, lo que implica per se la falta de libertad. Cuando es Dios el que gobierna, el que se le opone es un hereje y hay que matarlo. (La Inquisición) Pero hoy ante la realidad del mundo los musulmanes pretenden alcanzar la libertad y por ello emigran de sus propios países donde persiste la guerra, como en Syria. Si bien han emigrado a Europa, no es de extrañar que hoy elijan a Estados Unidos. “El sueño americano”. Como he dicho en otras ocasiones, el sueño no es americano, es universal, lo que es americano es la posibilidad de hacerlo realidad.
Otro aspecto que ha deteriorado lo que se puede considerar las relaciones de Occidente, ha sido su declaración denigratoria de la NATO. Esa declaración incluye la decisión de eliminar algunas de las sanciones a Rusia por haber intervenido en Ukrania. Si bien su declaración respecto a que la Unión Europea debía participar en mayor medida en el pago del costo de la NATO y así como su intención de arreglar las relaciones con Rusia pueden ser razonables, en la práctica parece haber causado un enfrentamiento político con la Unión Europea. En particular con la Sra. Merkel que sostiene que el veto a la entrada de los musulmanes constituye una violación  del acuerdo de la Convención de Ginebra, conforme a la cual se establece la obligación de los países participantes de proteger a los refugiados. En fin estas discordancias pueden definir  la eliminación del pacto trasatlántico, lo que tendría un efecto en la economía americana y en la mundial.
Otro aspecto de la política de Trump que a nuetro juicio implica también una violación de la Constitución Americana es su decisión de prohibir a las empresas americanas de invertir en otros países. Ello a mi juicio implica la violación del derecho de propiedad que es uno de los principios fundamentales de los derechos individuales. Y asimismo desconoce el principio que Locke consideraba fundamental de la libertad que es el derecho a la búsqueda de la felicidad.
Por otra parte la tendencia proteccionista decididamente no mejoraría la situación económica de Estados Unidos, que entre el 2007 y el 2016 tan solo creció un 1,39% por año. Ello se ha debido tanto como en la Unión Europea al aumento del gasto público. Al respecto Trump dijo que reduciría el impueto a la renta, lo cual si aceptamos la teoría de Laffer al repecto determinaría un incremento en la recaudación. Pero hasta la fecha no ha hecho ninguna declaración al respecto de la necesidad de reducir el gasto público, sino tan solo de modificar el Obamacare, pero tampoco ha dicho como.
Otro aspecto a tener en cuenta es su declaración previa al respecto de romper las relaciones con Raúl Castro. Hasta la fecha el muro de México parece monopolizar sus decisiones respecto a las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Por supuesto en sus últimos días de presidente Obama eliminó el llamado sistema de pies secos y pies mojados por el cual los cubanos tenían el privilegio de entrar a Estados Unidos. Hoy parece lógica esa decisión que implicaba un privilegio de los cubanos respecto al resto de los latinoamericanos. Pero permítanme recordar la causa de la misma. La responsabilidad por la falta de libertad en Cuba la tuvieron los americanos durante la presidencia de Eisenhower y Kennedy. No olvidemos que durante la crisis de los misiles Kennedy acordó con Krouchew entregar a Cuba a la órbita soviética.
En fin Trump ha alterado la visión del mundo en que vivimos. Y particularmente como reconoce The Economist ha desarticulado las normas que regulan la política en Estados Unidos y así como su role como   preminente poder en el mundo. Pero se sigue ignorando el fracaso y la crisis de la Unión Europea en manos de la demagogia del socialismo que ahora denominan populismo. Así no parece reconocerse que el mundo enfrenta políticamente el sistema que cambió la historia del mundo, en nombre de la falacia de la igualdad. Al respecto un artículo de Foreign Affairs señala que el capitalismo está en crisis por su enfrentamiento con la democracia.   En otras palabras se ignoran los principios en que se basa el Rule of Law, que no es la democracia mayoritaria.
(*) Armando Ribas. Abogado, filósofo, ensayista, escritor y analista político. Artículo publicado por la Fundación Libertad y Progreso el 10 de Febrero de 2017

martes, 21 de febrero de 2017

¿Y si la reforma educativa de Trump es exitosa?

Por Edgardo Zablotsky (*)

De todas las nominaciones del presidente Donald Trump, ninguna generó tanta oposición del mal llamado progresismo norteamericano como la de la secretaria de Educación Betsy DeVos. Los demócratas del Senado votaron en bloque contra ella y lograron convencer a dos republicanas y a otras tantas independientes. Esto provocó que por primera vez fuese necesario que el vicepresidente interviniese para desempatar la votación de un nominado al gabinete.
La millonaria de Michigan ha cometido el más imperdonable de los pecados en la visión de los pseudoprogresistas: apoyó financieramente múltiples esfuerzos para permitir a los padres elegir las escuelas que consideran más apropiadas para sus hijos, independientemente de sus posibilidades económicas. A lo largo de los años Betsy DeVos ha aportado millones de dólares a las campañas de candidatos que comparten con ella su visión de facilitar a niños de familias de bajo ingresos emigrar de escuelas públicas de muy bajo nivel, ubicadas en los más pobres vecindarios, a escuelas que les permitan adquirir una mejor formación.
La realidad es que los demócratas se estremecen ante la perspectiva de que pueda tener éxito. Por lo general, el secretario de Educación, equivalente a nuestro ministro, es un funcionario banal dentro del Gobierno norteamericano. Sin embargo, en esta ocasión, si DeVos demuestra los beneficios de permitir a los padres elegir cuál es la mejor alternativa educativa para sus hijos dentro del menú de opciones aprobado por el Gobierno, asestaría un golpe de gran magnitud a los sindicatos docentes y a toda la estructura burocrática que lucra del poder monopólico de la escuela pública, en general a costa de la educación de aquellos que menos tienen.
No es ningún secreto porque Randi Weingarten, líder del sindicato norteamericano de profesores, calificó a DeVos como "la nominada para el cargo que históricamente tiene una posición más contraria a la educación pública". Si a los estudiantes se les otorga la libertad de ser educados fuera del asfixiante sistema que los sindicatos docentes han contribuido a crear, disminuirá considerablemente el dinero que perciben, dado que de producirse una menor demanda de maestros por parte de las escuelas públicas ello se verá reflejado en las cuotas sindicales que aportaban y, lo que es de mayor relevancia, en las significativas contribuciones que realizan los gremios docentes a las campañas de los candidatos demócratas.
Permitir a los padres nuevas opciones no significa estar contra el fortalecimiento de la educación pública. Simplemente consiste en habilitar a aquellos padres que ven beneficios para sus hijos en otra forma de educación a llevarlo a cabo, aun en aquellas familias pertenecientes a los estratos más pobres de la sociedad. Nadie puede estar peor por tener la posibilidad de elegir.
El pasado 8 de septiembre, Trump, por entonces candidato presidencial, lo expresó con claridad: "Como su Presidente, voy a ser el mayor promotor del derecho de los padres a elegir la escuela a la cual concurrirán sus hijos. Quiero que cada uno de los niños de familias humildes que está hoy atrapado en una escuela que falla en proveer educación de calidad tenga la libertad —el derecho civil— de asistir a la escuela de su elección".
Entre otras descalificaciones se acusó a Betsy DeVos de no haber asistido, trabajado o enseñado nunca en una escuela pública y de haber enviado a sus cuatro hijos a escuelas privadas. Es claro que sería interesante conocer cuántos de sus acusadores lo han hecho. Extrapolándolo a la realidad argentina, ¿cuántos de nuestros políticos, que defienden a rajatabla la educación pública en toda declaración que realizan, han enviado a sus hijos a escuelas públicas? ¿No resulta tragicómico?
Si la reforma educativa de Donald Trump tiene éxito, mucho habrá de cambiar para mejor en el terreno educativo y no sólo en Estados Unidos. Por eso, más allá de posiciones, a mi criterio, absolutamente equivocadas en otras áreas, la política educativa propuesta por el nuevo Presidente merece el mayor de los respetos.
(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado en Infobae el 21 de Febrero de 2017

sábado, 18 de febrero de 2017

El populismo

Por Guillermo Luis Covernton (*)
(*) Guillermo Luis Covernton. Doctor en economía, docente einvestigador. Presentación sobre el Populismo en el Círculo Liberal Bastiat de Sevilla, España el 17 de Febrero de 2017

Fuente: en el Canal Youtube de José Manuel González https://www.youtube.com/watch?v=TC-IjgDpT9Q&feature=youtu.be 

Entre el respeto y la censura

Por Horacio Giusto Vaudagna (*)
En la cultura argentina desde hace décadas se ha congelado la premisa que los desaparecidos durante el último gobierno de facto han sido 30.000, cifra que para las organizaciones que luchan por el respeto de los Derechos Humanos es intocable. Desde ya es oportuno aclarar que así sea una persona o cien mil, toda víctima de un hecho criminal merece ser respetada por la justicia de su nación. Sin embargo, es por esa cifra que se abre nuevamente un debate en la agenda política nacional.
El Veterano de Guerra de Malvinas Mayor Gómez Centurión en una entrevista televisa dijo la controvertida frase “no es lo mismo ocho mil verdades que veintidós mil mentiras”, generando un disparador mediático en relación a la memoria de un hecho obscuro en la historia argentina. Frente a este panorama resulta prudente y oportuno plantearse nuevas ideas que no estaban siendo analizadas para poder evolucionar como sociedad. La legitimación del día nacional de la Memoria, Verdad y Justicia  debe importar como un verdadero motor la búsqueda de aquello que objetivamente sí ocurrió para que Argentina sea una República donde impere lo justo por sobre la venganza, y así poner punto final a una guerra que primero dividió la sociedad mediante ataques armados y ahora la divide por conflictos ideológicos.

El Estado se encuentra en una difícil tarea de conciliar intereses en pugna. Por un lado, en función de las tesis contractualistas, debe garantizar la paz social promoviendo el respeto entre los ciudadanos, ya que al tener el monopolio de la fuerza es el único facultado para el castigo a las ofensas, sean las mismas de carácter material o moral. Por otro lado, en base al Artículo 19 de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" está obligado a asegurar la libre expresión de un individuo, que no solo incluye verter sin censura sus opiniones, sino a investigar y difundir aquello que desee sin ser turbado por el gobierno de turno. Gracias a que los sectores de la sociedad pueden esgrimir libremente sus argumentos,  Abuelas de Plaza de Mayo pudo conseguir los logros que ha obtenido en los últimos años. Esa libertad de buscar la “verdad” y exponerla es un derecho humano que parece estar reservada sólo a una porción social; un claro ejemplo es que el mismo Gómez Centurión es perseguido judicial y políticamente por haber afirmado públicamente una cifra que se encuentra ratificada por los propios organismos de Derechos Humanos. Si uno accede a sus dichos puede observar que no fomenta un acto de odio hacia una raza, sexo o religión, pero los sectores disidentes al oficialismo utilizaron este hecho para enviar un mensaje a la sociedad, consistente en proscribir todo intento de buscar la verdad. En ese afán de cercenar la libertad de pensamiento, no sorprende que la legisladora Nilda Garré impulsó un proyecto de ley para sancionar con prisión y multa a quienes osen investigar sobre la otra parte de la historia, so pretexto de querer reivindicar cuestiones que en ningún se pusieron en agenda. Sería por demás conveniente para el fortalecimiento de la democracia permitir que todos los espacios puedan exponer sin censura ni persecución sus ideas, de esa forma se avanza hacia un Estado de Derecho que de forma concreta asegura las libertades sagradas de cada individuo. De lo contrario se corren serios riesgos de volver a incurrir en prácticas fascistas, que tanto daño le hicieron a nuestra historia.
(*) Horacio Giusto Vaudagna – Co-Fundador del Centro de Estudios LIBRE y miembro investigador del mismo. Artículo enviado para su publicación el 16 de Febrero de 2017
Fuente: Comunicación personal del autor

De zapatos a chancletas

Por Enrique Guillermo Avogadro (*) 
       “No me importaba aparecer como inteligente o limitado sino aprender la lección para dirigir mejor la acción de gobierno”. Roberto Augusto Ulloa 
Mauricio Macri comenzó su período con un par de zapatos tan bien lustrados que permitían reflejar,  bajo las faldas de Cristina, las negras intimidades del kirchnerismo. Fue una pena que ese panorama estuviera restringida sólo al Presidente y su círculo más íntimo, y que nadie (seguramente por consejo de Jaime Durán Barba) se tomara el trabajo de mostrárselo a la ciudadanía, que así se vio impedida de percibir la catastrófica magnitud de la herencia que la noble viuda había dejado.
Para cualquiera medianamente avisado, era natural y justificado que, a medida que el Gobierno caminara por los encharcados senderos económicos y políticos, el brillo se iría apagando, como sucede con todos los regímenes cuando termina la luna de miel que acompaña sus comienzos. Pero nadie pensaba que Macri se vería obligado a quitarse de apuro los zapatos y calzarse las chancletas para recular.
Tengo certeza de la buena fe y la honestidad del Gobierno y, cada vez que me desesperan algunos de sus actos, pienso qué sería de nuestro país si quienes hoy estuvieran sentados en la Casa Rosada fueran Daniel Scioli y Carlos Zannini, acompañados desde La Plata por nada menos que Anímal Fernández. Aún así, me resulta imposible entender por qué actúa como lo hace.
Mauricio sabe, desde que ganó la elección, que le tocaría gobernar sin mayoría en las cámaras legislativas, y también sabe que la consecuente obligación de negociar permanentemente es una de las piedras basales de la democracia. Tuvo enormes éxitos iniciales en la materia, ya que la oposición le permitió hacerse con las leyes necesarias para salir del cepo cambiario, solucionar el tema de los holdouts, contar con un presupuesto, etc.
Pero, por ejemplo, si –como luego quedó demostrado- no necesitaba pasar por encima del Congreso para que sus irreprochables candidatos a integrar la Corte Suprema de Justicia fueran confirmados, ¿para qué recurrir a un decreto de necesidad y urgencia que estuvo al borde de inhabilitarlos? O, si el feriado del 24 de marzo caerá en fin de semana los próximos tres años, ¿para qué “movilizarlo” si luego se retrocederá?
La solución que encontró el Ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, para poner punto final a la demorada cuestión del Correo Argentino, con su privatización durante el menemismo y la absurda rescisión de su concesión por el kirchnerismo, fue técnicamente correcta. Sin embargo, dado que el concesionario era una empresa perteneciente a la familia Macri, padre, hermanos e hijos del Presidente, la forma en que se llevó a cabo –ad referéndum de la Cámara Comercial- fue un monumental error político. Para enterrarlo, y puesto que estamos en un año electoral, no bastará con volver –algo irreal- a foja cero, como dijo Mauricio al asumir acertadamente la responsabilidad del Gobierno en el cuestionado trámite; la oposición, que siempre y en cualquier época es salvaje, se ocupará de ello.
La modificación de la fórmula de cálculo de los incrementos jubilatorios, un cambio ajustado a la ley vigente, fue otra equivocación mayúscula, en especial por la oportunidad en que fue comunicada, una semana en que se produjeron fuertes aumentos –también justificados- en peajes, medicina prepaga, etc., y anuncios de futuras subas en precios de combustibles. Nuevamente, Macri retrocedió, pero sólo cuando el enorme costo político ya había sido pagado.
La tercera mala señal fue todo el recorrido del acuerdo firmado por el gremio de los bancarios con la patronal, que el Gobierno pretendía no homologar porque supera la pauta máxima de incremento salarial que pretende para todas las paritarias, alineándolas con la inflación prevista; ante la amenaza de una huelga de tres días hábiles, debió también recular y aceptarlo. El próximo puente a cruzar serán las negociaciones con los sindicatos de maestros, que vuelven a disfrazar su recalcitrante kirchnerismo con la defensa de la educación, mientras perjudican dolosamente a los chicos más necesitados, a los que utiliza como rehenes.
Lo peor de esos sucesos es que lograron empañar un excepcional logro del Gobierno, que consiguió que muchos argentinos confiaran tanto en el modo en que conduce la economía como para invertir sus ahorros en bonos en pesos, a diez años y a una tasa del 13%, todo ello en un cuadro mundial sumamente cambiante y riesgoso.
Tengo la impresión de que Macri no quiere asumir, de una vez por todas, el rol que la sociedad le atribuye, y que le confió con sus votos en los mayores distritos electorales del país. Sigue buscando la imposible simpatía del populismo demagógico en todas sus formas, sea el PJ mutante de Diego Bossio y Julián Domínguez, el Frente Renovador (¿reciclador?) del trashumante Sergio Massa, el GEN de la inconsecuente Margarita Stolbizer o en la trasnochada izquierda nacional. Habrá que ver cuál será el costo que pagará por ello Cambiemos en octubre, cuando se expresarán los muchos que eligieron un cambio en 2015 y hoy miran con desilusión este errático rumbo.
No soy quien para dar consejos a la coalición gobernante ni, menos aún al PRO pero, desde mis setenta años muy vividos y con muchos adoquines pateados, me permito sugerir a Cambiemos volver a reunirse en un retiro “espiritual” (tal vez aprovechando el feriado carnavalesco), empaparse de calle y replantear su errática gestión, su medrosa actitud frente a la oposición y la forma en que se comunican las acciones de gobierno.
Macri dijo muchas veces que, al llegar al poder, terminaría con el “curro” (sic) de los derechos humanos pero, ya sentado en la Casa Rosada, tiembla ante las previsibles quejas de los delincuenciales organismos que, a caballo de los sueños compartidos y de las inexplicables indemnizaciones, sienten en riesgo su futuro: mamar irrefrenablemente de la teta estatal y continuar la más abyecta venganza contra aquéllos que impidieron que triunfaran en su guerra de terror y nos convirtieran en la Cuba castrista.
La pusilánime actitud del Gobierno ante la inaguantable existencia de presos políticos en la Argentina, cincuenta y uno de los cuales han muerto desde el 10 de diciembre de 2015, obliga a pensar que debiera recurrirse a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si está interesada en enterrar el pasado y extender un manto de piadoso perdón sobre todos aquéllos (incluyendo a César Milani, la más clara prueba de la falsedad kirchnerista, su justicia “tuerta” y su manipulación de los derechos humanos, que debieran amparar a todos los argentinos) que combatieron hace ya cuarenta años. Para nuestra vergüenza, en Uruguay la pregunta se formuló dos veces y, en ambas, la respuesta fue inequívocamente afirmativa.
Bs.As., 18 Feb 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com
Fuente: Comunicación personal del autor

Desconcierto para los idólatras del pass-through

Por Javier Milei (*)
Actualmente, uno de los debates de Argentina gira en torno a la relación entre tipo de cambio y nivel general de precios. En este marco, la tribu keynesiana se ofusca con la realidad y señala que cada vez que hay una devaluación se presenta un fuerte traspaso a precios (pass-through) y que desde hace meses el tipo de cambio no se mueve, o hasta tiene el tupé de bajar, y los precios no caen. Sin embargo, dicha visión está contaminada por el uso del herramental analítico keynesiano (ver capítulo 21 de la Teoría general) que, como de costumbre, está mal y cuyo formato conceptual es equivalente a sostener que el Sol ha decidido brillar más fuertemente porque los empresarios heladeros han decidido reabrir sus puertas al público.
En primer lugar, más allá de lo teórico, desde el punto de vista empírico, todos los países de la región, salvo Argentina (y la trágica Venezuela), muestran que las fluctuaciones en el tipo de cambio nominal no ejercen efecto alguno sobre la tasa de inflación, lo cual nos lleva a una pregunta obvia: ¿por qué ocurre esto en el continente y no se cumple dicha situación para el caso argentino?
 Para contestar ello, supongamos que el precio de un bien de la economía sube (el dólar o los bienes expresados en dólares) y que los individuos no están dispuestos a reducir la cantidad demandada (demanda inelástica), por lo cual ello derivaría en un aumento del gasto en dicho bien, al tiempo que el gasto en el resto de los bienes deberá caer y con ello sus precios, por lo que en términos agregados no habrá inflación. Así, de no existir convalidación monetaria que permitiera gastar más en un bien sin dejar de gastar en los otros, no habrá inflación. De este modo, como los países de América Latina llevan a cabo una política monetaria focalizada en la inflación, su ritmo de emisión se gradúa en pos de alcanzar la meta (la tasa de interés induce a crear o destruir dinero) y por ende no genera una masa de dinero que convalide una inflación fuera de la meta. En función de esto, debería resultar claro que la dinámica que adopte la cantidad de dinero será clave para determinar qué pasará con los precios. Esto es, sin convalidación monetaria no habrá un salto en la tasa de inflación.
Si bien el desarrollo anterior explica el motivo por el cual no pasa en el resto de América Latina, parecería no explicar lo sucedido a lo largo de la historia de Argentina salvo la devaluación de 2002 y en parte la de 2016. Por ende, para captar este fenómeno es necesario comprender la dinámica subyacente del modelo que deriva en la depreciación brusca del la moneda.
Así, cuando el Banco Central decide fijar el tipo de cambio y al mismo tiempo emite para financiar al fisco, eso hace que los precios locales suban, lo que torna a los bienes domésticos menos competitivos, al tiempo que las cuentas externas se deterioran. En este contexto, primero se acude al endeudamiento externo, luego, a la venta de reservas y por último se imponen restricciones sobre el mercado de cambios. De este modo, la moneda que se emite no sólo no tiene contrapartida en demanda monetaria, sino que además no puede ser drenada en el mercado de divisas (resultado básico con tipo de cambio fijo), por lo cual aparece un sobrante de dinero dentro de la economía. Naturalmente, cuando las reservas se agotan y los daños que causan los controles cambiarios sobre actividad y empleo se tornan insoportables, no hay más alternativa que liberar el tipo de cambio. De este modo, el dinero que se encontraba atrapado en el sistema deja de ser demandado y ello impulsa la suba tanto del tipo de cambio como del nivel general de precios. En definitiva, el pass-through no es más que un efecto colateral de la política de represión del sistema de precios.
Por lo tanto, bajo un sistema de tipo de cambio flexible lo que suceda con el precio de la moneda extranjera depende de dos elementos. Por un lado, dado que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, en la medida en que la oferta de dinero crezca a un ritmo más rápido que su demanda, el nivel general de precios de la economía (el inverso del poder adquisitivo del dinero) subirá y como el precio de la moneda extranjera en moneda local es un precio más de la economía, también subirá. Por otro lado, está la cuestión de los precios relativos (equilibrio real del sistema), donde interviene la situación de cada uno de los mercados que conforman la economía. Consecuentemente, a la luz de esta visión lo que sucede en la economía argentina en materia de nivel de precios y tipo de cambio nominal se puede explicar por dos causas fundamentales: el Banco Central (BCRA), en su objetivo de bajar la inflación gradualmente a lo largo de cinco años sigue emitiendo y por ende convalidando subas del nivel general de precios; y la recomposición de la demanda de dinero (luego de la estrepitosa caída de marzo 2016) junto al aumento estacional de la demanda de dinero y el ingreso de una gran cantidad de divisas (fruto del blanqueo y del endeudamiento).
Todo ello hace que no sólo se impulse a una pérdida relativa de la moneda extranjera contra la inflación, sino que además su precio nominal también caiga.
En definitiva, si la formación universitaria de la mayoría de los economistas argentinos tuviera muchas más horas aplicadas a Menger, Mises, Friedman, Hayek, Lucas, Barro y Rothbard y no tantas a Keynes y a Olivera, no sólo se comprenderían estos fenómenos con mucha mayor claridad, sino que además se le ahorraría muchísimo sufrimiento a la sociedad.
(*) Javier Milei. Economista Jefe de la Fundación Acordar. Artículo publicado en INFOBAE el 17 de Febrero de 2017. @jmilei

¿Cuán libre es en la Argentina el mercado educativo?

Entrevista a Edgardo Zablotsky (*) 

En la entrevista de La Nación realizada por Luciana Vázquez se refirió a la escuela pública y privada, la obligación del Estado, el rol de los maestros y los sindicatos:

Ver entrevista: AQUÍ

(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Vice-Rector de la Universidad del CEMA. Entrevista realizada el 17 de Febrero de 2017

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1985585-cuan-libre-es-en-la-argentina-el-mercado-educativo

En educación es tiempo de aprender!

Por Edgardo Zablotsky (*)
Estados Unidos está a punto de sufrir una revolución y debemos avanzar aquí hacia un sistema que implica una gran elección
En diciembre escribí una columna en este periódico sobre un evento inesperado que ha creado las condiciones para que Argentina, ante la tremenda realidad educativa heredada por el gobierno de Mauricio Macri, comience a discutir seriamente las ventajas y desventajas de la elección de la escuela. El evento fue el triunfo imprevisto de Donald Trump, quien ha propuesto la elección de la escuela como una política desde el comienzo de la campaña presidencial de Estados Unidos.
En ese momento, declaré que su selección de Betsy DeVos –un gran defensor de asuntos escolares como cartas de escuelas y vouchers– tanto como una secretaria de educación, una posición equivalente a nuestro ministro de educación, ofreciendo una fuerte credibilidad a la probabilidad de que nos enfrente a un cambio significativo en el sistema educativo de los Estados Unidos.
Hoy, más de dos meses después, está claro que este es el caso. La posición de Betsy DeVos en estos temas no tiene dudas, gracias a una entrevista que dio en 2013. En ese momento, cuando pensar en una presidencia de Trump no estaba en la imaginación de nadie, ella dijo que su sueño era que "todos los padres, desde su código postal, pueden tener la oportunidad de elegir el mejor entorno educativo para sus hijos. Y que todos los estudiantes tengan así la oportunidad de desplegar su potencial dado por Dios. "
Por su parte, Jeb Bush, ex candidato republicano a la presidencia y ex gobernador de la Florida, expresó a través de su cuenta en Facebook: "Betsy DeVos tiene una larga y distinguida historia defendiendo el derecho de todos los padres a elegir las mejores escuelas que garanticen el éxito de sus niños. Su lealtad es para las familias, especialmente para los muy pobres que luchan por subsistir, no para un modelo obsoleto de educación pública que les ha fallado de generación en generación”.
De todas las elecciones del Gabinete de Trump, ninguno generó una oposición tan fuerte como su nominado Secretario de Educación. Los demócratas en el Senado votaron en bloque contra ella y lograron convencer a dos republicanos y a dos independientes de su posición. Esto hizo necesario, por primera vez en la historia, que el vicepresidente emitiera su voto, con el fin de desempatar  y poder confirmar a la nombrada en el gabinete.
En realidad, los demócratas en los EE.UU. están aterrorizados por la perspectiva de que ella tendrá éxito. Por lo general, el secretario de educación es una asignación banal dentro de la  administración. Pero esta vez, si DeVos demuestra los beneficios de permitir a los padres elegir cómo educar a sus hijos, esto sería una fuerte derrota para los sindicatos de maestros y para toda la estructura burocrática que se aprovecha del poder monopolista de la escuela pública, generalmente a expensas de los que tienen menos.
Sindicatos
No es ningún secreto por qué Randi Weingarten, jefe de la Federación Americana de Maestros, llamó a DeVos el "La candidata más representativa de la educación anti-publica nominada en toda la historia del departamento” Si los estudiantes tienen la libertad de ser educados fuera del sistema que los maestros del sindicato han ayudado a crear, habrá menos maestros de escuelas públicas, su nivel de cuotas sindicales podría caer y, lo que es más importante, mucho menos dinero será dirigido a las campañas que ayudan a elegir candidatos demócratas.
De hecho, la reforma educativa que está a punto de ser llevada a cabo por el nuevo gobierno de Estados Unidos, una administración que ha anunciado políticas absolutamente incorrectas en otras áreas pero cuya política educativa es digna de consideración, encuentra similitudes con la revolución educativa llevada a cabo en Suecia durante los últimos 20 años.
En este sentido, Mario Vargas Llosa se preguntó años atrás, en un interesante artículo: "¿Cuántos de los lectores de este artículo saben que en Suecia hay un sistema de vouchers escolares que ha estado funcionando durante años, estimulando la competencia entre escuelas y permitiendo a los padres una mayor libertad en la elección de las escuelas donde quieren educar a sus hijos? Yo mismo, al menos, no lo sabía. Antes, en Suecia, usted pertenecía a la escuela de su vecindario. Ahora, los padres deciden dónde quieren educar a sus hijos, ya sea en instituciones públicas o privadas, y el estado simplemente les provee un cupón para pagar esos servicios”.
¿Por qué no evaluar un sistema educativo que privilegie la libertad como algo naturalmente apropiado para nuestra realidad? Nadie podría estar peor por tener la posibilidad de elegir.
¿No es hora, si nuestro gobierno quiere llevar a cabo una verdadera revolución del sistema educativo, dejar atrás el miedo a la libertad que ha contaminado a la sociedad argentina en el pasado, y considerarla como una posibilidad? Realmente lo creo.
(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la Universidad del CEMA. @edzablotsky  Artículo publicado en Buenos Aires Herald el 18 de Febrero de 2017
(Traducción de Eduardo Filgueira Lima)

jueves, 16 de febrero de 2017

El interminable mito de que el consumo precede a la producción

Por Alejandro Rodriguez (*)
Bien sabemos que el consumo es un objetivo clave de la actividad económica y la producción es simplemente su medio. Aunque parece evidente que para consumir algo, ese “algo” deba existir primero, en esta sociedad nos rodea con frecuencia la falsa idea de estimular el consumo para expandir la producción. Pero deberíamos saber que los bienes de consumo no caen del cielo, deben producirse y están al final de una larga cadena de procesos entremezclados de producción llamada “estructuras de producción” que cuanto más larga sea, producirá más y mejores bienes. Incluso la fabricación de un producto tan sencillo como un lápiz, requiere una red intrincada de procesos de producción que se extiende en el tiempo y abarca tanto países como continentes.
El proceso de formación de capital a través de “La Teoría Austríaca del Ciclo Económico” fue expuesto por Ludwing Von Mises en 1912 y desarrollado por F.A. Hayek en 1930. El mismo plantea claramente las etapas que deben sucederse para incrementar la productividad, lograr un aumento considerable en el consumo y con ello mejorar la calidad de vida para la población, incluyendo mejoras en el salario. Pero sucede que es un proceso natural, no estimulado artificialmente por los gobiernos de turno a través de sus bancos centrales.
El proceso inicia con un cambio en las preferencias temporales por parte de los consumidores, es decir, ahorristas que a través del precio del dinero, o sea la tasa de interés, valoran más el consumo futuro que el consumo presente y el incentivo es justamente la tasa de interés que recibirán a cambio. Ahora bien, ese cambio en las preferencias temporales producirá en el corto plazo un aumento considerable del ahorro y esa mayor liquidez en el sistema llevará a una caída posterior en la tasa de interés. Dicha reducción estimulará notablemente la inversión debido a que ahora hay mayores proyectos que son viables y que antes no lo eran. Lógicamente, tal postergación de consumo hacia adelante, producirá una caída en el consumo actual y eventualmente las empresas de bienes cercanas al consumo se verán resentidas por la menor demanda y el salario caerá producto de esa menor producción, inclusive puede haber despidos en esas industrias. Sin embargo, al mismo tiempo las industrias de bienes alejadas al consumo incrementaran tanto la demanda de trabajo como el salario para producir en mayores etapas, es decir, habrá un traslado de trabajadores de una industria hacia otra. Adicionalmente, y ya hablando del largo plazo, ese ahorro y modificación en las preferencias de los consumidores no solo permite estructuras de producción mayores sino que obtendrán como resultado mayor productividad y un consumo futuro mucho mayor del que existía previo a los cambios en las preferencias mencionadas, aumentando así la demanda de trabajo en las industrias cercanas al consumo y con ello también los salarios serán mayores allí. Ergo, habrá tanto mayor demanda de trabajo como mayor oferta de bienes provenientes tanto de industrias cercanas como alejadas al consumo y sobre todo a menores precios. No obstante para que el consumo siga creciendo, será necesario que se repita este proceso tantas veces como sea deseado y necesario.
Por otro lado, nótese que todo el proceso descripto anteriormente es tan natural como sostenible en el tiempo puesto que estos cambios en las preferencias de los consumidores hacia el consumo futuro igualan tanto una menor demanda de bienes por un lado como una menor oferta de bienes por otro (porque se produce pensando en el largo plazo), es decir no hay presiones ni excesos de ningún tipo. Sin embargo, si el banco central estimulara artificialmente para que baje la tasa de interés, por ejemplo mediante mayor oferta de dinero en el mercado, también habrá mayor cantidad de proyectos viables, pero en este caso las tasas de interés dejan de ser un precio que comunica información y los agentes económicos no podrán diferenciar qué produjo la baja de esas tasas, si fue por ahorro genuino de la gente o bien por artilugios de la banca central. En este último caso donde hay una clara intervención, las preferencias temporales de los consumidores no se modificaron, es decir, sigue habiendo mayor preferencia por consumo presente que por consumo futuro y esa tasa de interés reducida no estimula a ahorrar. Pero como los proyectos igualmente se llevan adelante, se pasa a producir menos para consumo presente pensando en el futuro y así, se contrae la oferta de bienes pero la demanda sigue firme, produciendo esta vez sí un descalce que presionará sobre los precios inmediatamente, hecho que obligará al banco central a que eventualmente suba los tipos de interés salvo que insista en seguir alimentando esa estimulación artificial (que en algún momento deberá cortarse), poniendo en jaque los proyectos que se están llevando adelante cuando la tasa era menor, volviendo inviables a proyectos que antes si lo eran y obligando a los agentes a desarmarlos, produciendo una crisis.
En conclusión, cuando se rompe la relación que existe entre ahorro e inversión, o lo que es lo mismo, cuando se pone al consumo por delante de la producción y para colmo se desincentiva el ahorro, el resultado es un beneficio de muy corto plazo que termina mal para todos. Muy diferente es el caso, cuando genuinamente los ahorristas trasladan crédito a través de las entidades financieras hacia las empresas para que estas con ese capital, inviertan en procesos de producción que requieran mayores etapas (cuanto más largas esas etapas aún mejor porque se traducen en bienes más importantes). Ello permitirá el crecimiento tanto de la productividad, el consumo, empleo y salarios y la renta nacional en forma permanente, y así el beneficio es total. Es el ahorro lo que permite la inversión y el alargamiento en la estructura de la producción y no viceversa.

(*) Alejandro Rodriguez. Lic. en Adm de Empresas y estudiante de maestria en economía politica. Artículo publicado el 7 de Febrero de 2017 en la web de Fundación Libertad y Progreso 

El miedo a la libertad

Por Edgardo Zablotsky (*) 
Un año atrás el gobierno de Mauricio Macri lanzó la denominada revolución educativa, cuyos ejes se encontraban en la Declaración de Purmamarca, firmada por los ministros de Educación de todas las provincias. Procuraban la obligatoriedad del nivel inicial a partir de los tres años de edad, incorporar progresivamente la jornada extendida y crear el Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa, con el propósito de promover procesos de evaluación a nivel nacional y obtener datos que permitan mejorar el aprendizaje de los estudiantes.
Hoy la evidencia nos demuestra que trabajar en dichos ejes constituye una lenta evolución hacia una mejor educación, adecuada para países con una situación mucho menos crítica, pero no la revolución educativa que la Argentina requiere dada la tremenda herencia recibida.
¿Qué entiendo por una revolución educativa? En esta nota resaltaré la revolución que se lleva a cabo desde hace 20 años en Suecia, la cual, en su esencia, está a las puertas de ser repetida por el nuevo gobierno americano; una administración que ha anunciado políticas absolutamente equivocadas en otras áreas, pero cuya política educativa es digna de consideración.
Años atrás el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se preguntaba en una interesante nota “¿cuántos de los lectores saben que en Suecia funciona desde hace años el sistema de vouchers escolares para estimular la competencia entre colegios y permitir a los padres de familia una mayor libertad de elección de los planteles donde quieren educar a sus hijos? Yo, por lo menos, lo ignoraba. Antes, en Suecia, uno pertenecía obligatoriamente a la escuela de su barrio. Ahora, decide libremente dónde quiere educarse, si en instituciones públicas o privadas -con o sin fines de lucro- y el Estado se limita a proporcionarle el voucher con que pagará por aquellos servicios”.
Hoy el triunfo de Donald Trump, quien ha realizado esta clase de propuestas desde los tiempos de la campaña presidencial, pone a Estados Unidos, un país que invierte una fortuna en educación con los peores resultados, a la puerta de una revolución educativa conceptualmente similar. Su selección como secretaria de Educación de Betsy DeVos, una fuerte defensora de “school choice”, provee fuerte credibilidad a esta predicción.
A modo de ejemplo, en una entrevista que Betsy DeVos concedió en 2013, cuando pensar en una presidencia de Trump no se encontraba en el imaginario de nadie, señaló que su sueño era “que todos los padres tengan la oportunidad de elegir la mejor alternativa educativa para sus hijos. Y que todos los estudiantes tengan la oportunidad de desarrollar todo el potencial que Dios les ha dado”.
 Si nuestro gobierno desea llevar a cabo una verdadera revolución educativa, ¿no es hora que deje en el pasado el miedo a la libertad que contamina la sociedad argentina y lo considere como una posibilidad?
¿Por qué no evaluar un sistema educativo que privilegia la libertad, por supuesto adecuado a nuestra realidad? El permitir a los padres un mayor menú de alternativas no implica incentivar el fin de la educación pública. Sencillamente consiste en permitir a los padres que, por las aptitudes, gustos o intereses de sus hijos, prefieran otra forma de educación para ellos y puedan optar por la misma.
¿Quién estaría más interesado que los padres para decidir qué es lo mejor para sus hijos? ¿Un burócrata? La historia de la última década es clara evidencia de lo peligroso de esta premisa.
(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la Universidad del CEMA. El Economista, Febrero 16 de 2017.