miércoles, 8 de febrero de 2017

Exceso de industrialización: una respuesta a Andres Asiain (de pagina 12)

Por Adrián Ravier (*)
1ra nota: “Des-industrializar la Argentina“, por Adrián Ravier (El Cronista)
2da nota: “Exceso de industrialización“, por Andres Asiain (Página 12)
Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas. F. Bastiat

Estas fueron las palabras de Frédéric Bastiat en “Lo que se ve y lo que no se ve“, un documento clásico escrito en 1850.
En una nota del lunes 30 de enero, publicada en El Cronista bajo el título “Des-industrializar la Argentina“, sostengo –en línea con Bastiat- que Argentina debe abandonar la política proteccionista y permitir que sean las personas, y no los políticos, los que configuren la estructura económica de nuestro país.
Un detalle no menor de este planteo fue mostrar la estructura económica de 26 países, y concluir que Argentina está “demasiado industrializada” en relación con aquellos, notando que países de características similares a las nuestras como Australia (11,4 %), Canadá (16,5 %), Estados Unidos (13,3 %) y Nueva Zelanda (14,5 %) tienen una industria cuyo peso relativo en relación al PIB es menor que el de Argentina (21,3 %).
En pocas palabras, si Argentina se encuentra “excesivamente industrializada”, la respuesta la vamos a encontrar en el proteccionismo, los subsidios y las enormes transferencias de capital que el gobierno le ha girado a la industria desde 1930 en adelante, período en el que se observa poca diferencia entre los sucesivos gobiernos justicialistas, radicales y militares.
El experimentado economista Andrés Asiain, conocido por sus polémicas columnas en Página 12, ha ofrecido en este diario una respuesta ideológica a esta nota. Digo “ideológica” porque si bien se apresura a mencionar como “dudosos” los datos presentados en la nota, no se ha tomado el trabajo de cotejarlos. Haría bien en buscar “sus” datos para analizar si contradicen el planteo original. En la “era digital” esto no lleva mucho tiempo.
Pero ese no es su único fallo. Acusa de “dogmatismo ultraliberal” al que piensa distinto y cree de forma infundada que el planteo tiene alguna relación con lo ocurrido en los años 1990. Sintéticamente, me identifico sí, con un modelo liberal, con un modelo ortodoxo donde se pregona el equilibrio fiscal, monetario y cambiario, lo que de aplicarse daría lugar a la estabilidad monetaria, sin deuda, ni intervenciones sobre el mercado cambiario. Es un modelo al que en general adherimos todos los economistas que no creemos en falacias socialistas, ni soluciones mágicas de política económica.
El menemismo, por el contrario, fue un modelo basado en continuos déficit fiscales, con fuerte endeudamiento, con un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, y una economía cerrada al Mercosur. Identificar al menemismo con el liberalismo ha sido siempre una fantasía ideológica que numerosos documentos desmitifican, pero que en general se desconoce, o más bien se decide ignorar. (Ver aquíaquí y aquí, como punto de partida)

Dice el autor en su último párrafo que no reflexiono sobre las consecuencias de la robotización, la globalización o la “tercera revolución industrial” sobre el empleo de los servicios. Primero, debería leer mi libro “la globalización como orden espontáneo” (Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires, 2012). Segundo, le pido un poco de imaginación, puesto que los puestos de trabajo que indefectiblemente se perderán en estos procesos, generarán oportunidades, desplazamientos hacia una nueva estructura económica, que bien haríamos –me parece- en dejar andar. No tenemos el conocimiento para adivinar lo que millones de personas harán en materia empresarial y laboral. Su “fatal arrogancia”, recordando el último libro de Hayek en 1990, le hacen creer que él sí puede adelantarse a ese proceso, creyendo además que el gobierno puede planificar mejor que estas millones de personas, cuál debería ser la estructural económica argentina.

El mercado no es perfecto, pero con precios libres, coordina. Las ganancias y las pérdidas, los precios, las tasas de interés, los tipos de cambio -no intervenidos- permiten que los agentes, a través de un proceso de prueba y error, asignen los recursos con relativa eficiencia, y conduzcan a la economía al pleno empleo. Si habrá mayor o menor industrialización de la que tenemos hoy en la Argentina es una respuesta que debe resolver el mercado, con la interacción de millones de personas. Creer que ciertos iluminados pueden planificar mejor que estas millones de personas planificando de forma descentralizada, no me cabe duda, ha sido el mayor error del siglo XX.

(*) Adrián Ravier. Economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de Doctor en Economía Aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto (Ver Memoria). Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su Licenciatura en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002). Artículo publicado en "Punto de vista económico" el 8 de Febrero de 2017