miércoles, 29 de marzo de 2017

Basta con modificar un artículo para mejorar la educación

Por Edgardo Zablotsky (*)

En el último año he publicado en este mismo espacio dos notas, las cuales sostienen que sin el apoyo activo de los padres la revolución educativa que el Gobierno ha prometido iniciar a partir de la Declaración de Purmamarca puede quedar en una expresión de deseos.
Junto al anuncio del presidente Mauricio Macri de los lamentables y predecibles resultados generados por la evaluación Aprender, el Gobierno ha hecho pública su intención de enviar para su tratamiento en el Congreso el denominado Plan Maestro. Se compone de 108 artículos. Nadie puede estar en desacuerdo con la iniciativa, de la misma forma que no es razonable estarlo con la Declaración de Purmamarca.
Sin embargo, en la Argentina de hoy parece utópico un plan con metas al año 2021 y 2026, anunciado en el medio de un salvaje paro docente y contemporáneo a la Marcha Federal, que estuvo plagada de discursos políticos que nada tienen que ver con la educación sino con disputas ideológicas y partidarias.
Salvando las distancias, semejante plan necesitaría el equivalente a un Pacto de la Moncloa para convertirse en una política de Estado. No puede ser una mera iniciativa política del Gobierno enviada para su tratamiento en el Congreso en pleno año electoral, con el posible objetivo de retomar la iniciativa frente a un conflicto docente que se ha ido profundizando.
Por ello, esta nota propone una alternativa mucho más sencilla, la cual por cierto expuse en las dos notas previas mencionadas. Para comenzar una revolución educativa no hace falta una ley, como el Plan Maestro, compuesta de 108 artículos. Con modificar el artículo 97 de la ley 26206 de educación nacional se generarían las condiciones para que una verdadera revolución educativa sea exigida por los mismos padres de los niños y los jóvenes afectados por la tragedia educativa que hoy vive nuestro país. Su indignación le daría al Gobierno el apoyo sin el cual no es posible enfrentar a los sindicatos docentes, los más acérrimos defensores del statu quo.
El artículo 97 establece: "El Ministerio de Educación, el de Ciencia y Tecnología y las jurisdicciones educativas harán públicos los datos y las indicadores que contribuyan a facilitar la transparencia, la buena gestión de la educación y la investigación educativa. La política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los alumnos, los docentes y las instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización, en el marco de la legislación vigente en la materia".
¿Quiénes pueden tener más derechos que los padres a conocer el nivel educativo de las escuelas a las que concurren sus hijos? Al impedir la publicidad de los resultados de cada colegio lo que se está haciendo es sustraer del debate público el elemento de juicio central para saber si el actual sistema educativo satisface la principal inquietud de cualquier padre: que sus hijos aprendan en el colegio al cual concurren. Por supuesto, también priva de información valiosa a la hora de decidir a qué escuela enviar a sus hijos a aquellos padres para quienes sus posibilidades económicas no convierten a la educación pública en la única alternativa factible, transformando a esta en un virtual monopolio, con todos los costos que ello implica.
¿Estigmatización? Por supuesto, se debe preservar la identidad de los alumnos y los docentes, pero no así de las instituciones educativas. No es posible llevar a cabo una revolución educativa sin el apoyo y la participación activa de los padres. Es necesario que ellos admitan la realidad y reaccionen. Con dicho fin, las evaluaciones educativas son la llave del reino, pero los resultados a nivel de escuela deben ser de su conocimiento. Muchos padres tienen en su imaginario la fantasía de que la educación argentina se encuentra en crisis, pero que la que reciben sus hijos en el colegio al cual concurren es adecuada.
Un proyecto de ley como el Plan Maestro, con sus 108 artículos con metas dentro de 10 años, me hace recordar a los viejos planes quinquenales. Bien sabemos que un plan de dichas características difícilmente se logre materializar en resultados concretos.
Por el contrario, una modificación de tan sólo un artículo de la ley de educación nacional como la que propongo generaría las condiciones ideales para lanzar una verdadera revolución educativa, pues serían los mismos padres quienes la demandarían.
Hoy los padres son invitados de piedra de un conflicto cargado de intereses políticos que afecta significativamente el futuro de sus hijos y agiganta la desigualdad de oportunidades contra la cual el Gobierno desea luchar.
El camino más largo comienza por el primer paso, ya es hora de darlo. ¿Qué mejor ejemplo de ello que modificar el artículo 97 de la ley 26206 de educación nacional? 

(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado en Infobae el 28 de Marzo de 2017

Las fases del ciclo económico

Por Juan Ramón Rallo (*)
(*) Juan Ramón Rallo es economista y abogado liberal libertario español de la Escuela austríaca. Director de Instituto Juan de Mariana. Rallo es escritor, docente en varias universidades y también es conocido por su presencia mediática en espacios de análisis económico. Video en  el Canal Youtube de JRR

martes, 28 de marzo de 2017

Las provincias tienen que poder recaudar y hacerse responsables de lo que gastan

Por Manuel Solanet (*)
En el marco de su tradicional ciclo de desayunos en el Hotel Feirs Park, realizados con el apoyo de la Fundación Naumann y RELIAL, la Fundación Libertad y Progreso presentó ayer su propuesta de reforma del sistema de coparticipación federal de impuestos.  Manuel Solanet, director de la Fundación, fue el encargado de la presentación. “A partir de nuestra propuesta se alinearán los incentivos de forma correcta, ya que todo gobernador que quiera gastar de más deberá recaudarlo en su provincia pagando el costo político consecuente, pero a la vez si quiere atraer inversiones deberá intentar bajar la presión impositiva en su territorio.
La propuesta consiste en devolver a las provincias potestades tributarias, manteniendo otras en la esfera de la Nación, de manera que ésta sólo recaude lo necesario para mantener su propio gasto y las provincias recaudarían en su conjunto lo necesario para el suyo. Se generaría un fondo de redistribución entre provincias para no alterar la situación actual de cada una. Según Solanet la reforma propuesta no excluye la necesidad de una reforma tributaria, aunque se diseñó con los impuestos vigentes.
En la propuesta, las provincias recaudarían el Impuesto a la Transferencia de Combustibles, Impuestos Internos (por ejemplo el de los cigarrillos), Ganancias de Personas Físicas y Bienes Personales. La Nación, en tanto, retendría la recaudación de IVA, Ganancias de Personas Jurídicas y los impuestos al comercio exterior. “De esta forma el gobierno nacional recaudaría aproximadamente lo que hoy le deja la distribución primaria de fondos de la Coparticipación Federal y lo mismo sucedería para el conjunto consolidado de las provincias”, dijo Solanet.
“Es ilusorio pretender un cambio en las distribuciones secundaria y primaria, basados en una evaluación de las necesidades de cada provincia y del conjunto de éstas versus la Nación. Las necesidades no son homologables y los excesos históricos de gastos burocráticos e innecesarios no son parejos entre provincias. Los argumentos en defensa de las necesidades de mayor gasto son infinitos. Por esta razón nuestra propuesta es un avance para alinear incentivos”, explicó el director de Políticas de Libertad y Progreso.
De acuerdo al experto, el esquema vigente actualmente en la coparticipación permite obtiener excedentes sobre los recursos de asignación automática y permite así un manejo discrecional de esos fondos.
“Hemos observado en el pasado gobiernos que premiaban a gobernadores e intendentes afines, y castigaban a los no sumisos. En el gasto provincial está financiado en más de un 60% con fondos transferidos por la Nación y más de dos tercios de las provincias reciben una proporción que excede el 70%. Para un gobernador es políticamente más redituable acrecentar los fondos recibidos de la Nación, que ponerle más presión tributaria a sus propios ciudadanos. De la misma manera, cualquier gobierno provincial tiene pocos incentivos para facilitarle a la AFIP el control de la evasión en su territorio, ya que todo impuesto nacional evadido queda en un 100% dentro de la provincia, mientras que si es recaudado sólo vuelve en una proporción mucho menor. Además, los gobernadores dedican gran parte de su tiempo a permanecer en Buenos Aires presionando para la obtención de más fondos del manejo discrecional”, explicó Solanet.
En el esquema propuesto por Libertad y Progreso, las provincias continuarán recaudando sus actuales impuestos propios. Para no dejar de lado el efecto redistributivo del actual régimen, se crearía el Fondo de Redistribución de Recursos (FRR), al cual aportarán las provincias el producido del impuesto a los combustibles. El criterio de redistribución del FRR será aquel que permita que no se alteren los porcentajes que resultan de aplicar el régimen actualmente vigente. La Comisión Fiscal Federal (CFF), con representación de todos los gobiernos provinciales, supervisará la distribución del FRR. Se produciría un empalme de regímenes sin variar la proporción de lo que recibe cada una. Lo importante es que los porcentajes asignados a cada provincia en el inicio se mantendrán luego inalterados. Todo aumento del gasto de una provincia por encima de lo que le corresponde tendrá que tener como contrapartida un aumento de sus propios recursos impositivos. El endeudamiento provincial deberá estar estrictamente regido por reglas macrofiscales que la misma ley debiera establecer. Esto quiere decir que si un gobernador desea ganar el rédito político de un aumento del gasto, deberá también enfrentar el costo político de aumentar sus propios impuestos locales para no superar su límite de endeudamiento”, dijo Solanet.
Para Libertad y Progreso, la enorme ventaja de un régimen de este tipo sería la supresión del crónico conflicto Nación-provincias, el correcto alineamiento de incentivos para reducir y hacer más eficiente el gasto público, un mejor control de la evasión, y la creación de un más efectivo control horizontal entre las provincias. La modificación legal deberá tener el carácter de Ley Convenio. Un nuevo régimen de estas características es compatible con la Constitución Nacional.
El desayuno contó con la participación de los ex ministros de Economía Domingo Cavallo y Ricardo López Murphy; del abogado Horacio Liendo (h); del ex senador Eduardo Menem, del ex senador José Romero Feris; de varios senadores y diputados nacionales de un amplio espectro partidario y de un sinnúmero de empresarios.
(*) Manuel Solanet es Director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso. Publicado el 27 de Marzo de 2017

lunes, 27 de marzo de 2017

Por favor, papá, lucha por mi educación

Por Edgardo Zablotsky (*)
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"Los maestros toman nota: los niños no pueden tomar medidas para defender sus derechos"
Al igual que en años anteriores, el comienzo de las clases escolares tuvo lugar en medio de huelgas y movilizaciones de maestros motivadas por las habituales discusiones salariales. Nada nuevo, nada extraordinario. Después de todo, ¿qué mejor predictor de la llegada del otoño que los conflictos de los maestros que dañarán principalmente a los niños que tienen menos?
Sin embargo, esta mañana leyendo en los periódicos una noticia inusual me hizo pensar en la terrible realidad educativa que enfrentaba nuestro país: una huelga general de niños, decretada por sus delegados sindicales y demandada en medio de fuertes berrinches.
En una reciente entrevista radial, un niño de 10 años, miembro de uno de los sindicatos infantiles de la provincia de Buenos Aires, dijo que "no había otra alternativa que llegar a esta situación, dada la falta de respuesta de los adultos con respecto a su deseo de ir a la escuela"
Numerosos estudios del adolescente afirman en varios medios: "La falta de respeto a la Constitución Nacional, que en el artículo 75, sub-cláusula 22, incorpora la Convención sobre los Derechos del Niño, es un hecho vergonzoso". Ante el re-cuestionamiento de los periodistas, aclaró que "el artículo 28 de la Convención reconoce explícitamente el derecho del niño a la educación".
Algunos analistas predicen un escenario de crisis si estas reivindicaciones no son reconocidas, ya que varios grupos ya han decidido no ir a jugar, mucho menos comer o acostarse cuando sus padres lo requieran, y extender estas demandas por 48 horas, aunque la medida de fuerza puede extenderse aún varios días más .
En declaraciones extraoficiales surgió la posibilidad de grandes concentraciones de niños en las áreas de juego de las plazas, acompañados por sus padres, que se enfrentarían a la extorsión por sus amenazas de llorar durante la noche, sin respetar el derecho elemental de los padres a una noche de sueño después un día de trabajo. Probablemente algún juez tendrá que intervenir ante las presentaciones ya realizadas por algunos sindicatos de padres en defensa del mencionado derecho.
El conflicto se ha intensificado en la virulencia después de que las demandas de los niños aumentaron de tono, con grupos de familias muy pobres exigiendo el estricto cumplimiento del artículo 28 de la Convención sobre los Derechos del Niño, que estipula que el derecho a la educación debe posibilitarse en condiciones de igualdad de oportunidades.
"¿Cómo es posible hablar de igualdad de oportunidades?", Preguntó una niña muy pobre y de familia trabajadora. "Ya que voy a una escuela pública no tengo clases de nuevo debido a otra huelga por los sindicatos de maestros, mientras que en otras escuelas los niños tienen clases? Cuando crezca, no sabré lo mismo que los niños que tienen clase ", se quejó, balbuceando mientras lloraba.
Es hora de volver a la realidad. ¿Cómo es posible que en un país donde las huelgas y las manifestaciones callejeras son eventos cotidianos, nunca haya oído hablar de una gran demostración callejera de padres que exigen educación para sus hijos? Está claro que el sistema educativo ha hecho a los padres tan letárgicos que no perciben el daño que sufren sus hijos al no recibir una educación adecuada.
Es obvio que los niños no pueden tomar medidas de fuerza en defensa de sus derechos. Si nuestra sociedad no privilegia su derecho a aprender, nuestros hijos y adolescentes no tendrán futuro en la sociedad del conocimiento en la que desarrollarán sus vidas y nosotros, los adultos, seremos los únicos culpables.
¿Cómo podemos ayudarlos? ¿Cómo puede el gobierno proporcionar igualdad real de oportunidades para cada niño, sin tener en cuenta la situación económica de la familia?
Los padres que deciden enviar a sus hijos a una escuela privada deberían recibir un voucher por un monto equivalente al costo de educar a un niño en una escuela pública. El gobierno continuaría subsidiando la educación, pero los recursos serán asignados a los estudiantes en lugar de ir a las escuelas. El hecho de que los padres puedan elegir qué escuela es mejor para sus hijos los colocará en una mejor posición para exigir excelencia.
El sistema no dañaría a nadie salvo a los sindicatos de maestros. Ninguna familia se vería obligada a dejar de enviar a sus hijos a la escuela pública donde estudian actualmente. Si eligen otra opción, es porque piensan que la alternativa ofrece mejores servicios educativos, o una educación más adecuada para las necesidades, gustos o aptitudes de sus hijos.
Dada la realidad educativa argentina, es hora de que nuestro gobierno lo haga - ya no hay excusas para no proveer igualdad de oportunidades para todos y cada uno de nuestros hijos.

(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado el 24 de Marzo en el Buenos Aires Herald
(Traducción del Dr. Eduardo Filgueira Lima)

Aumento de la inversión en educación no mejoró la calidad

Por IDESA (*)
Aun cuando se hizo un gran esfuerzo para aumentar la inversión en educación, las mediciones de la calidad confirman la decadencia. La nueva ley que se propone debatir persiste en el camino de sumar recursos a la infraestructura escolar y a los docentes. Más pertinente sería asumir que la crisis es terminal y que la vía para superarla es revolucionando las escuelas en base a un uso intensivo e innovador de las nuevas tecnologías junto con el replanteo del rol de los docentes.
Los resultados educativos de la evaluación nacional APRENDER señalan que de los chicos que están empezando la secundaria el 33% no tiene competencias de lectura y el 41% de matemática. Entre los que terminan la secundaria, el 46% tiene capacidades limitadas de lectura y el 70% de matemáticas. Estos resultados no sorprenden ya que desde hace más de una década las evaluaciones internacionales vienen alertando sobre la decadencia. Desde posiciones de liderazgo en Latinoamérica en el año 2000, se descendió por debajo de Chile, México, Uruguay, Costa Rica, Brasil y Colombia en la actualidad.
Resulta paradójico que esto ocurra cuando la Ley de Financiamiento Educativo sancionada en el 2005 impulsó un importante aumento del gasto en educación. La meta de invertir un 6% del PBI en educación pública se logró en el 2010 y fue motivo de algarabía. Pero la calidad de la educación cayó y la insatisfacción de las familias aumentó.
Para indagar en las causas de este fracaso resulta de utilidad apelar a los datos del Ministerio de Educación nacional. Según esta fuente, entre los años 2006 y 2016 se observan las siguientes tendencias en educación primaria de las escuelas estatales: 
  • El salario docente testigo pasó de $9.250 a $13.900 a precios del 2016, es decir, se incrementó en un 50% por encima de la inflación.
  • Los cargos docentes pasaron de 240 mil a 285 mil, o sea, aumentaron en 19%.
  • La matrícula pasó de 3,6 a 3,3 millones, o sea, se redujo en -8%
Estos datos muestran que el aumento del gasto en educación pública que mando la Ley de Financiamiento Educativo del 2005 se asignó fundamentalmente a elevar el salario real y aumentar los cargos docentes. En paralelo se produjo una importante caída en la matricula. Se trata de un derrumbe en la productividad de magnitudes sorprendentes. Se invierten más recursos para atender a menos alumnos a los que se les ofrece un servicio de peor calidad. Este es el resultado de haber aumentado los presupuestos educativos en función de los intereses corporativos postergando las necesidades de las familias.
Frente a este panorama y la parálisis del sistema educativo por las huelgas se propuso discutir una nueva ley en el Congreso. En su esencia la iniciativa sigue la misma tónica de la fracasada Ley de Financiamiento Educativo. Esto es, querer superar la decadencia sumando recursos que toman como principal destinatario a los docentes mientras los alumnos siguen siendo relegados a un rol accesorio. Si bien hay metas de cobertura (como la expansión de la educación inicial y evitar la deserción en la secundaria), se insiste con el salario y la carrera docente, más días y horas de clases y más construcción de escuelas.
Un camino alternativo es asumir que se está ante una crisis terminal y que, por lo tanto, se imponen cambios estructurales. Un determinante de la decadencia es que las escuelas no han cambiado su manera de funcionar en las últimas décadas. El docente es el actor central en el suministro de aprendizajes y los alumnos son pasivos receptores. El rechazo a la innovación –además de comportamientos abusivos como las altas tasas de ausentismo– es uno de los principales factores que explican la caída de la productividad en el sistema público de educación. Pero lo más importante es que además genera desmotivación entre los alumnos que perciben que la escuela está muy divorciada de su realidad cotidiana.
La crisis es la oportunidad para repensar las escuelas. La tecnología está revolucionando todos los ámbitos de la sociedad. No hay motivos para que no lo haga también en la educación. Los alumnos pueden asumir roles más activos, administrando sus autoaprendizajes y aprovechando a pleno las nuevas tecnologías con las que están familiarizados. El docente debe asumir un rol de acompañamiento, apoyo y monitoreo. Para eso no se necesitan más docentes sino perfiles diferentes. Menos docentes mejor preparados abren espacios para pagar salarios más altos. En paralelo, en lugar de seguir construyendo escuelas con la lógica tradicional, la infraestructura debería replantearse para cobijar las nuevas tecnologías y muchas más actividades recreativas y sociales.
(*) IDESA. Informe N°697 del 26 de Marzo de 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

Adam Smith, el hombre que revolucionó las certezas de su tiempo

Por Mario Vargas Llosa (*)

Al “padre de Economía” lo apasionaban todas las ciencias, y él siempre se consideró un filósofo moral.
MADRID.- Antes que por su sabiduría, fue famoso por sus distracciones. Un día, el cochero de la diligencia de Edimburgo a Kirkcaldy divisó en pleno descampado, a varias millas de este pueblo, una figura solitaria. Frenó los caballos y preguntó al caballero si necesitaba ayuda. Sólo entonces, éste, mirando sorprendido el rededor, advirtió dónde estaba. Hundido en sus reflexiones, llevaba varias horas andando (mejor dicho, pensando). Y un domingo se lo vio aparecer, embutido todavía en su bata de levantarse, en Dunfermline, a quince millas de Kirkcaldy, mirando el vacío y hablando solo. Años más tarde, los vecinos de Edimburgo se habituarían a las vueltas y revueltas que daba por el barrio antiguo, a horas inesperadas, la mirada perdida y moviendo los labios en silencio, aquel anciano solitario a quien todo el mundo llamaba sabio.
Lo era, y esa es una de las pocas cosas que conocemos de su infancia y juventud. Había nacido en Kirkcaldy un día de 1723. Es una leyenda falsa que lo secuestró una partida de gitanos. Fue a la escuela local y debió de ser un aprovechado estudiante de griego y latín porque la Universidad de Glasgow lo exoneró del primer año, dedicado a las lenguas clásicas, cuando entró en ella a los 14 años. Tres años más tarde obtuvo una beca para Oxford y de los seis años que pasó en Balliol College sólo sabemos que fue reprendido por leer a escondidas el Tratado de la naturaleza humana de David Hume -más tarde su íntimo amigo-, detestado por su ateísmo por la entonces reaccionaria jerarquía académica. Al salir de Oxford, pronunció célebres conferencias en Edimburgo, que sólo conocemos por los apuntes de dos estudiantes que asistieron a ellas. Desde entonces se lo consideraría una de las más destacadas figuras de la llamada Ilustración Escocesa.

Fue profesor en la Universidad de Glasgow, primero de Lógica y, luego, de Filosofía Moral y sus clases tuvieron tanto éxito que vinieron a escucharlas estudiantes de muchos lugares del Reino Unido y Europa, entre ellos James Boswell, quien ha dejado un vívido testimonio de su elegancia expositora. Mucho se hubiera sorprendido el señor Smith de que en el futuro lo llamaran el padre de la Economía. Él se consideró siempre un filósofo moral, apasionado por todas las ciencias y las letras, y, como todos los intelectuales escoceses de su generación, intrigado por los sistemas que mantenían el orden natural y social y convencido de que sólo la razón -no la religión- podía llegar a entenderlos y explicarlos.
Su primer libro, que se publicaría póstumamente, fue una Historia de la astronomía. Y, otro, un estudio sobre el origen de las lenguas. Vivió fascinado por averiguar qué era lo que mantenía unida y estable a la sociedad, siendo los seres humanos tan egoístas, díscolos e insolidarios, por saber si la historia seguía una evolución coherente y qué explicaba el progreso y la civilización de algunos pueblos y el estancamiento y el salvajismo de los otros.

Su primer libro publicado, La teoría de los sentimientos morales (1759) explica aquella argamasa que mantiene unida a una sociedad pese a lo diversa que es y a las fuerzas disolventes que anidan en ella. Adam Smith llama simpatía a ese movimiento natural hacia el prójimo que, apoyado por la imaginación, nos acerca a él y prevalece sobre los instintos y pasiones negativos que nos distanciarían de los otros. Esta visión de las relaciones humanas es positiva, afirma que “los sentimientos morales” terminan por prevalecer sobre las crueldades y horrores que en toda sociedad se cometen. Libro curioso, versátil, que a ratos parece un manual de buenas maneras, explica sin embargo con sutileza cómo se forjan las relaciones humanas y permiten que la sociedad funcione sin disgregarse ni estallar.
Sólo una vez salió Adam Smith del Reino Unido, pero el viaje duró tres años -de 1764 a 1767- y, como tutor del joven duque de Buccleuch, lo llevó a Francia y Suiza, donde conoció a Voltaire, a quien había citado con elogio en La teoría de los sentimientos morales. En París, discutió con François Quesnay y los fisiócratas, a los que criticaría con severidad en su próximo libro, pese a la buena impresión personal que le causó aquél, con quien intercambiaría cartas más tarde. A su regreso a Escocia, se encerró prácticamente en Kirkcaldy, con su madre, a la que adoraba, y buena parte de los próximos años los pasó en su estupenda biblioteca, escribiendo Investigación sobre la Naturalezay Causas de la Riqueza de las Naciones (1776). La primera edición tardó seis meses en agotarse y con ella ganó 300 libras esterlinas. Hubo cinco ediciones más en vida del autor -la tercera con muy importantes correcciones y añadidos- y éste alcanzó a ver las traducciones de su libro al francés, alemán, danés, italiano y español. Los elogios fueron desde el principio casi unánimes y David Hume, convencido de que ese “intrincado” libro tardaría pero conquistaría una gran masa de lectores, lo comparó, en importancia, a Decline and Fall of the Roman Empire, de Edward Gibbon.
Adam Smith nunca sospechó la importancia capital que tendría su libro en los años futuros en el mundo entero, incluso en países donde pocas gentes lo leyeron. Murió apenado por no haber escrito aquel tratado de jurisprudencia que, pensaba, completaría su averiguación de los sistemas que explican el progreso humano. En verdad, él fue el primero en explicar a los seres humanos por qué y cómo opera el sistema que nos sacó de las cavernas y nos fue haciendo progresar en todos los campos -salvo, ay, el de la moral- hasta conquistar el fondo de la materia y llegar a las estrellas. Un sistema simple y a la vez complejísimo, fundado en la libertad, que transforma el egoísmo en una virtud social y que él resumió en una frase: “No obtenemos los alimentos de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino de su preocupación por su propio interés. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, y nunca hablamos de nuestras necesidades, sino de sus propias ventajas”.
El libro revolucionó la economía, la historia, la filosofía, la sociología. Estableció que gracias a la propiedad privada y a la división del trabajo se desarrollaron unas fuerzas productivas formidables y que la competencia, en un mercado libre, sin demasiadas trabas, era el mecanismo que mejor distribuía la riqueza, premiaba o penalizaba a los buenos y malos productores, y que no eran éstos, sino los consumidores, los verdaderos reguladores del progreso. Y que la libertad, no sólo en los ámbitos políticos, sociales y culturales, sino también en el económico, era la principal garantía de la prosperidad y la civilización. Mucho pueden haber cambiado el capitalismo, la sociedad y las leyes, desde que Adam Smith escribió ese interminable volumen de 900 páginas en el siglo XVIII. Pero, en lo esencial, ningún otro ha explicado todavía mejor por qué ciertos países progresan y otros retroceden y cuál es la auténtica frontera entre la civilización y la barbarie.
Era feo, torpe de movimientos y el lexicógrafo Samuel Johnson (a quien, en una discusión, Adam Smith mentó la madre) afirmaba que tenía una cara de “perro triste”. Pero fue siempre un hombre modesto, de costumbres austeras y sin vanidades, ávido de saber. Nunca se le conoció una novia y probablemente murió virgen, en 1790.
Esta nota se publicó originalmente en La Nación de Argentina. Acceda aquí a la publicación.
(*) Mario Vargas Llosa. Escritor. Premio Nobel de Literatura. Artículo publicado por Punto de vista económico el 20 de Marzo de 2017

¿Manifestaciones o piquetes? Las cosas por su nombre

Por Gustavo Irrazábal (*)


Tanto para la ética como para el derecho somos responsables ante todo por las acciones que elegimos llevar a cabo, y no por nuestras intenciones o motivaciones. Si yo infiero deliberadamente un daño físico a un rival para ganar la competencia, nadie discutirá que dicha acción se llama “lesionar” y no “competir”. Si yo le quito dinero a mi vecino con el fin de comprarme entradas para un recital, dicha acción se llama “robar” y no “conseguir entradas”. Porque en tales casos “lesionar” o “robar” es exactamente lo que elijo hacer, más allá de que mis propósitos últimos puedan agravar o atenuar mi responsabilidad. Si cada uno pudiera describir sus propias acciones en términos de sus motivaciones subjetivas y no de lo que libremente elige y en concreto hace, sencillamente desaparecerían tanto la ética como el derecho.
De la misma manera, cuando un grupo de personas se congrega en el espacio público para dar a conocer públicamente sus quejas y reclamos, su acción puede denominarse “manifestar”, aunque sus desplazamientos puedan provocar problemas de tránsito. Pero cuando un grupo de personas se reúne para cortar una calle o una autopista, esa acción ya no se puede llamar “manifestar”, porque lo que eligen hacer en modo directo es privar a los demás de su legítimo derecho de circular libremente. Es cierto, su motivación es dar a conocer su reclamo, pero la acción que realizan es el bloqueo de la vía pública con el fin de causar trastornos a los demás ciudadanos y por ese medio llamar la atención de las autoridades o presionarlas. En una palabra, quienes practican cortes perpetran una maniobra extorsiva tomando al resto de la ciudadanía como rehén. Está fuera de lugar el intento de justificar su conducta aduciendo que son las víctimas de una sociedad injusta y desigual. Precisamente, prohibir o sancionar estas conductas significa respetar a sus agentes como ciudadanos responsables, mientras que por el contrario, la condescendencia ante estos ilícitos es tratar a los (no siempre) pobres no como personas sino como vacas sagradas, “intocables” no por respeto a su dignidad, sino como objetos de un tabú alimentado por la mistificación de unos y el sentimiento de culpabilidad de otros.
Los piquetes fueron primero reacciones espontáneas de pequeños grupos de desesperados en zonas sumergidas del Norte argentino. De ahí pasó a ser rápidamente algo muy distinto: un instrumento de acción política, de pobres y no pobres por igual, sin que nadie se atreviera a alzar la voz para advertir sobre la diferencia con el fenómeno original. Finalmente se convirtió en una actitud cultural firmemente instalada en todas las clases sociales, un signo claro no sólo del poco respeto que nos queda por la ley, sino del poco respeto que tenemos los unos por los otros. Y hoy, por supuesto, organizado en escala, puede convertirse en una invalorable herramienta de desestabilización institucional.
Cuando el lenguaje jurídico o ético se desentiende de la realidad de las cosas, y sobre todo de realidad de las acciones humanas, los problemas no tardan en multiplicarse. Manifestar y cortar una calle son dos acciones realmente distintas, y el derecho a lo primero de ninguna manera incluye o implica el derecho a lo último. Mientras no se llamen las cosas por su nombre, será imposible encontrar una solución compatible con el imperio de la ley y aceptable para todos.
(*) Gustavo Irrazábal. Artículo publicado por la Revista Criterio el 23 de Marzo de 2017

Con pantalones largos

Por Enrique Guillermo Avogadro (*) 
"El peor enemigo de un gobierno corrupto es un pueblo culto".
El sábado 1° de abril, a las 18:00 horas, ha sido convocada la ciudadanía para expresar, en todas las plazas del país, su innegociable decisión de vivir en democracia. Se pide que los asistentes no lleven banderas partidarias, para demostrar que no se trata de dar apoyo a fuerza política alguna, sino de rechazar todos los movimientos destituyentes -el llamado "club del helicóptero"- que hoy pretenden expulsar al circunstancial ocupante de la Casa de Gobierno para regresar al país que sueñan seguir depredando impunemente.
Las usinas kirchneristas llevan semanas enviando por las redes sociales mensajes contradictorios para impedir esta marcha, y muchos tilingos la criticaron por haber sido fijada para un sábado, cuando muchos salen de la ciudad; por eso digo que, si usted no está dispuesto a entregar una tarde, o unas horas, para defender pacíficamente nuestro sistema de vida, no merece disfrutarlo. Piense sólo que le está dejando el monopolio del espacio público a quienes quieren terminar con él y, si logran su propósito, usted será responsable; aquí no hay opciones, seremos Argentina libre o Venezuela esclavizada, saqueada, hambreada.
En estos días, de la mano de Baradel y otros impresentables como él, el kirchnerismo puso finalmente en claro cuáles son sus prioridades: por la vía subversiva tratar de evitar el futuro carcelario que ya respira en la nuca de su jefa espiritual, y mantener en la pobreza a su triste clientela, formada por quienes son obligados a seguir en la ignorancia por la desastrosa educación pública que se les imparte.
Los gobiernos provinciales, con sus ofertas de "cláusulas gatillo" en caso de incremento de la inflación y de premios por "presentismo", dejó a los gremios docentes sin argumentos válidos, y la insistencia en la necesidad de una paritaria nacional, cuando la Nación no tiene una sola escuela ni un maestro a su cargo, desnudó la verdadera sinrazón política de las huelgas salvajes, que prometen continuar. Por su parte, María Eugenia Vidal se ha mantenido firme frente a la extorsión, justificando las encuestas que la señalan como la figura política mejor valorada del país.
Después de la divulgación de la última estadística de la pésima situación en que se encuentra el aprendizaje de los chicos en la Argentina, creo que sobran las pruebas de lo dicho, reafirmado por la resistencia a la evaluación de los propios docentes, que siguen enseñando con formas y contenidos del siglo XIX cuando el mundo entero ya ha entrado en una nueva revolución tecnológica que, como fue la industrial en su momento, está cambiando el futuro de la humanidad.
En la marcha que concretaron el martes, también quedó en claro cómo se aumenta artificialmente el número de manifestantes, cuando un video "viralizado" mostró que se repartían guardapolvos blancos a reconocidos piqueteros para disfrazarlos de genuinos maestros; también fueron difundidas muchas denuncias que hablan del sistema para reclutar a gente muy humilde, mediante el pago de una suma fija mensual para retribuir la presencia habitual en los cortes de calles y avenidas; el dinero que financia todo ese disparate es el mismo que entrega el Estado a las organizaciones y municipios, sin controlar cómo lo utilizan.  
Ante al desmadre cotidiano que impide a los porteños concurrir a trabajar y regresar después de hacerlo, por la permanente ocupación del espacio común que protagonizan quienes obedecen las directivas que llegan desde el Calafate, finalmente el Gobierno se puso los pantalones largos. Después de haber cedido mucho frente a la agresividad de quienes pretenden derribarlo, Macri modificó el tono en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Ese cambio fue reafirmado esta semana por Marcos Peña en su presentación habitual sobre la marcha del país.
El Jefe de Gabinete no trepidó en responder con justificada furia cuando Axel Kiciloff, responsable de los mayores desastres ordenados por Cristina contra la economía del país, dijo que el Gobierno navegaba sin instrumentos; ponderó la metáfora y lo acusó de haberlos destruido, como fue el caso del INDEC; acto seguido, y con la misma vehemencia, exigió a los ex-funcionarios y legisladores K que se hicieran cargo, de una buena vez, de las nefastas consecuencias que dejaron sus más de doce años en el poder.
Cambiemos, de ese modo, ha comenzado a reconciliarse con su base electoral, que lleva meses reclamando que abandone esa postura tan zen que lo hizo olvidar un consejo del propio peronismo ("a nosotros hay que cobrarnos al contado y pagarnos en cuotas") y ceder a las permanentes presiones de quienes usan nuestro dinero para sus acciones destituyentes. Hizo bien, ya que la tolerancia hacia los abusos que todos los días se realizan sobre la libertad para circular no le aportaba en ningún caso la adhesión de los responsables, mientras desilusionaba precisamente a quienes lo votaron pretendiendo un cambio profundo en las costumbres y hábitos sociales.
Vale recordar una reflexión de Fernando Henrique Cardoso, ex Presidente de Brasil: "Leyendo los diarios y revistas, mirando la televisión, conversando en los bares y paradas de colectivos, en las antesalas de ministerios, en los corredores del Congreso y aún del gobierno, se espera, se ruega a veces, por un acto, un gesto heroico, en fin, cualquier cosa que solucione en seguida las aflicciones del pueblo, o los intereses de algún grupo. Estos últimos tal vez puedan ser atendidos en un momento. Los intereses de todo un pueblo, no. Dependen de la acción continuada que cambie prácticas, mentalidades, estructuras".
Es cierto que la economía deja mucho que desear todavía, en especial para los más humildes, pero sólo podrá mejorar cuando lleguen las indispensables inversiones de propios y ajenos y el país comience nuevamente a crecer. Y esto sólo se verá cuando podamos ofrecer al mundo un lugar en el que la Justicia desempeña su rol con independencia, con seriedad y con rapidez; cuando exhibamos un territorio con paz social, con respeto por la ley, la palabra y los contratos, y con reglas claras y precisas que no son modificadas abruptamente. Todo, además, sumado a una sociedad educada y culta, como la que tuvimos cuando Sarmiento logró terminar, en pocas décadas, con el analfabetismo; esa enfermedad social que, como inexplicables suicidas, hemos permitido que nos ataque nuevamente, de la mano de las políticas populistas y clientelistas de los últimos setenta años.
Ayer, las ex-entidades de derechos humanos (Bonafini reconoció que las Madres son una organización política), la izquierda trotskista y todos los kirchneristas celebraron el 24 de marzo en con una nueva "misa" de memoria tuerta, negándose a aceptar la verdad histórica. En este tema también sería altamente positivo que el Gobierno cambiara; una forma de hacerlo, sin necesidad de alterar su discurso políticamente correcto, sería convocar a un plebiscito, como lo hizo Uruguay, para que la sociedad toda sea quien decida, democráticamente, si quiere recuperar la concordia y terminar con la inicua persecución a los ancianos soldados que rescataron a la Patria de las fauces del marxismo cubano y hoy siguen muriendo en las mazmorras de toda la Argentina. 
Bs.As., 25 Mar 17

(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

Los niños decretaron un paro general

Por Edgardo Zablotsky (*)
“Si la sociedad no privilegia el derecho a aprender de los niños, no tendrán futuro en la sociedad del conocimiento”


Leyendo la tapa de los diarios, me llamó la atención la noticia del paro general de los niños, decretado por sus delegados sindicales, y demandado en medio de fuertes rabietas.
En declaraciones radiales, un niño de diez años, alineado con una de las agrupaciones de la provincia de Buenos Aires, expresó que “no había otra alternativa que llegar esta instancia dada la falta de respuesta de los adultos frente a su deseo de ir al colegio”.
Una adolescente muy estudiosa repitió en varios medios: “Resulta vergonzoso la falta de respeto a la Constitución, la cual en su artículo 75, inciso 22, incorpora la Convención de los Derechos del Niño”. Frente a la repreguntas de los periodistas, aclaró que “el artículo 28 de dicha Convención reconoce explícitamente el derecho del niño a la educación”.
Ciertos analistas prevén un escenario de crisis de no accederse a los reclamos, pues varias agrupaciones ya han decidido no jugar, muchos menos comer ni irse a la cama cuando sus padres lo requieran por 48 horas, aunque se estima que la medida de fuerza podría extenderse un día más.
En declaraciones extraoficiales surgió la posibilidad de importantes concentraciones de pequeños en las áreas de juego de las plazas, acompañados de sus padres, quienes estarían siendo extorsionados por la amenaza de llorar en horarios de la noche, no respetando un derecho de los padres, como es el justo descanso luego de un día de arduo trabajo. Probablemente la Justicia deberá expedirse frente a las presentaciones ya realizadas en defensa del mencionado derecho.
El conflicto ha escalado en virulencia luego que los reclamos de los niños subieron de tono, al exigir agrupaciones de niños de familia muy humildes el cumplimiento estricto del artículo 28 de la Convención, en cuanto a que el derecho a la educación debe poder ser ejercido en condiciones de igualdad de oportunidades.
¿Cómo es posible hablar de igualdad de oportunidades, se preguntaba una niña muy humilde y esmerada, cuando yo por concurrir a la escuela pública no tengo de nuevo clases por otro paro mientras en otras escuelas los chicos tienen clases? “Cuando sea grande no voy a saber lo mismo que los que tienen clase”, se quejaba mientras tartamudeaba al lloriquear.
No deseo cansar al lector continuando esta mala recreación del pensamiento de los niños frente a otro síntoma de la realidad educativa que vive la Argentina. Tan sólo me pregunto cómo es posible que en un país en el cual los paros y las manifestaciones son cosas de todos los días, nunca he asistido a un paro, o aunque más no sea a una gran marcha, por la educación de nuestros niños en un marco de real igualdad de oportunidades.
Es claro que muchos padres están tan aletargados que no perciben el daño que están sufriendo sus hijos al no recibir una adecuada educación. Como sostenía aquel genio de nuestro tiempo que fue Steve Jobs: “Los padres de los estudiantes han dejado de prestar atención al servicio provisto por las escuelas conforme se fueron burocratizando y los padres tuvieron cada vez un rol menor”.

Los niños no pueden tomar medidas de fuerza en defensa de sus derechos. Si nuestra sociedad no privilegia su derecho a aprender, nuestros niños y adolescentes no tendrán futuro alguno en la sociedad del conocimiento en la cual les tocará desarrollarse y nosotros, los adultos, seremos los únicos responsables.
(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Vice-Rector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado el 22 de Marzo de 2017 en El Economista

miércoles, 22 de marzo de 2017

Cronología de un desastre educativo

Por Edgardo Zablotsky (*)

Los años pasan y nada cambia. A partir de febrero de 2012 he publicado en este espacio cuatro notas motivadas en los paros docentes que anuncian la llegada del otoño. En cada una de ellas he realizado propuestas tendientes a mejorar la educación que reciben nuestros niños, habituales víctimas de la extorsión sindical. Demás estar decir que nunca fueron siquiera consideradas por el anterior gobierno.
Hoy la crítica situación me motiva a hacerlo una vez más. Ojalá el actual gobierno evalúe la simple propuesta que he desarrollar, que minaría significativamente el poder de los sindicatos docentes, una corporación interesada en que nada cambie para mejor en la educación Argentina.
En febrero de 2012 la amenaza de paros anunciaba el próximo inicio de las clases. Representantes sindicales afirmaban que "la sensación es que no se termina de valorar lo que es el salario del docente". Estaban en lo correcto, el ser educado por un maestro no calificado provoca efectos perdurables a lo largo de toda la vida. En virtud de ello propuse la evaluación docente, la capacitación de aquellos que así lo requiriesen y el traslado a tareas fuera del aula de quienes no adquiriesen las calificaciones necesarias.
Un año más tarde la historia se repitió. Por ello sugerí aprender de otras sociedades, en particular de Holanda, un país que favorece la igualdad de oportunidades al permitir que todas las familias elijan la escuela a la que concurren sus hijos, independientemente de sus posibilidades económicas.
En marzo de 2014 comenzó un interminable paro en la provincia de Buenos Aires. Era urgente que se iniciase el ciclo lectivo pero era aún más importante que los niños adquiriesen conocimientos relevantes durante el mismo. ¿Considera usted que ello sucedió? Es claro que yo no.
Marzo de 2015 trajo consigo la amenaza de nuevos paros. Respetando el derecho de los docentes a gozar de un salario digno, cuestioné en esa ocasión que dicho salario se encontrase asociado a la antigüedad y no al mérito.
Luego del descanso que nos brindó el año pasado, aquí estamos nuevamente. Argentina requiere una verdadera revolución educativa en los hechos y no sólo en las palabras. Es imprescindible enfrentar a los sindicatos docentes en lugar de negociar con ellos.
¿Cómo hacerlo? De permitirse a los padres elegir cuál es la mejor alternativa educativa para sus hijos, se asestaría un golpe de magnitud a los sindicatos, quienes lucran del poder monopólico de la escuela pública para aquellas familias cuya realidad económica les impide considerar otras posibilidades.
Si a los estudiantes se les entrega un bono educativo con el cual financiar su educación, ya sea en una escuela pública o privada, disminuirá considerablemente el dinero que los sindicatos recaudan. Ese sería el comienzo de la verdadera revolución educativa que la Argentina requiere. ¿Se atreverá el Gobierno a llevarla a cabo?
Nadie puede estar peor por tener la oportunidad de elegir, ni siquiera un líder sindical lo puede cuestionar.
(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de número de la Academia Nacional de Educación. Vice- Rector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado el 22 de Marzo de 2017 en El Cronista

El marxismo cultural

Por Ignacio M. García Medina (*)
(*) Ignacio M. García Medina, Profesor de Gestión de Empresas, ofrece una simpática presentación en la que reflexiona sobre el asalto marxista a la educación y la cultura con numerosos ejemplos en su ponencia del 21 de julio en la XI Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana en Lanzarote. Video en el Canal Youtube del Instituto Juan de Mariana.

martes, 21 de marzo de 2017

Cronologia de la tragedia educativa un analisis sobre el conflicto docente

Por Edgardo Zablotsky (*)
Edgardo Zablosky opinó sobre el paro docente y presentó una propuesta para solucionar este problema reincidente, en una entrevista con DyN.
Zablosky expresó que la forma de mejorar la calidad educativa pasa por darle el poder a los padres de elegir donde educar a sus hijos.
(*) Edgardo Zablotsky. Consejero Académico de Libertad y Progreso, es Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago, 1992. Ejerce los cargos de Profesor Titular y Vicerrector de la Universidad del CEMA. En Noviembre 2015 fue electo Miembro de la Academia Nacional de Educación. Consultor y conferencista en políticas públicas en el área educativa, centra su interés en dos campos de research: filantropía no asistencialista y los problemas asociados a la educación en nuestro país. Video incluido en el Canal Youtube de Sitio Andino

Pobreza: cómo sacar las tres mochilas que pesan sobre los inversores

Por Gustavo Lázzari (*)

La Argentina es un país sin tiempo. Sin embargo como sociedad actuamos como si nos sobrara. Ante cada indicador económico y social discutimos las causas, los motivos y los culpables. Ríos de tinta derrochados con los ojos en la nuca.
Nos regocijamos buscando culpables y facturando responsabilidades que nunca se pagan. Quizás un psicólogo nos diga que la mejor manera de evitar el duro trabajo de encarar la solución sea perder el tiempo echando culpas.
La pobreza al 32%, inflación al 20%, crecimiento para este año con suerte al 3% son indicadores de un problema muy serio. La Argentina está en decadencia desde hace décadas.
Los historiadores deberán estudiar las causas, los motivos y quizás los responsables. Sin embargo, los gestores de política pública son los encargados de llevar a cabo las soluciones. Si los gestores hacen historia, estamos en problemas.
Sabemos lo que fue el kirchnerismo desde el punto de vista de la corrupción, el dislate económico y la brutal decadencia conceptual. El peor de los legados, sin duda. No obstante, refugiarse en la herencia es un error, un desgaste de energía inconducente.
El Gobierno debió explicitar el 11 de diciembre de 2015 el detalle del desastre recibido. No lo hizo. Ya está, pasó la oportunidad. Ahora debe encarar las soluciones para disminuir rápidamente la pobreza, bajar la inflación y encarar una senda de crecimiento sostenido. La mala noticia es que continúa con medidas inútiles como la proliferación de planes. La buena noticia es que aún se está a tiempo.
Hay tres motivos por los cuales los pobres son pobres. Más allá de causas últimas como cuestiones educativas y culturales. Los pobres son pobres porque: no tienen trabajo; trabajan pero no producen; trabajan, producen pero lo que producen no vale.
Si lo que falta es demanda de trabajo, tenemos un problema en el mercado laboral. No hay vuelta, por más que la mitología política nos diga otra cosa. Si la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, o bajan los salarios o bajan los costos laborales no salariales (legislación laboral).
Si una persona trabaja pero no produce, quiere decir que se esfuerza pero su esfuerzo no alcanza para transformar la materia. No tiene productividad. En este caso lo que falta es capital. A esa persona le falta una máquina, un bien de capital que lo ayude a producir más. Una persona que corta el pasto con la mano produce menos que lo que lograría ayudado por un tractor. La mitología política argentina pretendió solucionar la pobreza combatiendo al capital, el mejor amigo de los pobres. Nada ayuda más al trabajo que la inversión en maquinarias y equipos.
Por último, puede suceder que una persona trabaja, produce, pero lo que produce no vale. Por ejemplo, un cartonero, trabaja, carga cientos de kilos de cartón al día pero su esfuerzo vale 1,50 pesos el kilo (si tiene suerte). No tiene valor. En este caso, lo que hace falta es canalizar el esfuerzo hacia actividades más productivas. Falta apertura económica.
Por tanto, para solucionar la pobreza, contrariamente a lo que dice la liturgia política argentina, es necesario destruir las tres mochilas que pesan sobre los que invierten, crean trabajo y compiten. Esto es, la mochila fiscal, la regulatoria y la laboral.
La presión impositiva ronda el 45%-47% de los ingresos. En Argentina los impuestos son elevados, complejos y discriminatorios. No hay ni tiempo ni margen para la pinza de depilar. Debemos asumir una reforma impositiva revolucionaria. Es un delirio intentar cobrar con un sistema fiscal inviable. Debemos pensar en la derogación de la mayor parte de los impuestos nacionales y provinciales, y reemplazarlos por un impuesto único como los casos de Estonia e Irlanda, hoy los países que mayores inversiones reciben en Europa.
La mochila regulatoria frena, encarece y desanima proyectos de inversión nuevos y vigentes. La Argentina es una economía de permisos. Hay 800 mil empresas en el país que diariamente tienen que pedir permisos al Estado. Permisos para construir, comprar, vender, importar, exportar, producir, distribuir. Cada etapa productiva requiere un sello de un funcionario estatal. Para que un kilo de carne de pollo llegue a la mesa del lector, el sector avícola debió haber realizado 160 trámites diferentes. Según un estudio del Banco Mundial abrir una empresa en Argentina es cincuenta veces más caro que en Nueva Zelanda y catorce veces más engorroso. Las regulaciones condenan a un desocupado a ser piquetero antes que emprendedor. El permiso mata posibilidad.
En materia de legislación laboral, el subsidio al ausentismo, la elevada judicialización y los costos de la protección laboral disminuyen la demanda de empleo. Lejos de proteger al trabajador, la mochila laboral generó un ejército de desempleados.
La disminución de la pobreza no pasa por la distribución del ingreso ni por la proliferación de los planes sociales. Ya han demostrado el fracaso. Rotundo. La solución pasa por eliminar las mochilas que inhabilitan la productividad y el trabajo.
(*) Gustavo Lázzari. Economista y miembro de la Fundación Libertad y Progreso. Profesor universitario. Artículo publicado en INFOBAE el 21 de Marzo de 2017