lunes, 20 de marzo de 2017

El Estado: la principal causa de la pobreza en Argentina

Por Iván Carrino (*)

No es el liberalismo, sino el estatismo el que nos hunde en la pobreza.
Recientemente se conocieron en el país nuevos datos de pobreza. La Universidad Católica Argentina, que en ausencia de un INDEC creíble tomó el rol de ser la institución referente en este tema por los últimos 10 años, divulgó sus nuevas estimaciones y puso en evidencia una cruda realidad. Tres de cada diez argentinos son pobres.
El dato conocido recientemente representa un aumento de casi 4 puntos en comparación con el año anterior y es el registro más elevado de los últimos 11 años. Una verdadera catástrofe social.
Ahora bien, mirando los números a más largo plazo, nos encontramos con que, desde el regreso de la democracia (el primer dato es de 1985, dos años después), el promedio de la pobreza en el país fue de 29,3 %. Además, también encontramos que la cantidad de pobres no muestra una tendencia a la baja (como sí lo hace en el mundo), sino que oscila en torno al promedio, con saltos bruscos cada  determinado número de años.
¿Cómo es esto posible?

Para entender por qué en Argentina hay 13 millones de personas en estado de pobreza, es necesario entender a qué se deben esos saltos bruscos que impiden que esta situación mejore con el correr del tiempo.
Si se mira el gráfico de más arriba, observamos que la pobreza superó el 30 % en 1988-1990; en 2001-2005; y también en 2016.
O sea, los aumentos fuertes de la pobreza en Argentina están directamente relacionados con las crisis económicas que el país tiene a menudo. ¿Y cuál fue la característica distintiva de esas crisis económicas? El estallido inflacionario, que hizo que los precios suban increíblemente más que los ingresos de la población.
En 1989 explotó el modelo populista de Raúl Alfonsín. Luego de décadas de inflación crónica, la emisión monetaria crecía a niveles insostenibles y los precios llegaron a subir 20.000 % anual en un mes. La economía colapsó y la pobreza se duplicó de un año a otro.
En 2002, producto de la salida de la convertibilidad, los precios treparon 40 %, mientras que los ingresos prácticamente no se movieron. El resultado fue un brutal salto de 20 puntos en la tasa de pobreza.
En 2016 sucedió lo mismo. La inflación de la ciudad de Buenos Aires marcó un aumento del 41 % anual, mientras que los salarios no treparon más allá del 30 %. La suba de 4 puntos en la tasa de pobreza puede explicarse por este fenómeno.
Como podemos observar, hay una relación directa entre inflación y pobreza, por lo que todo lo que vaya en el sentido de terminar con la inflación, será netamente positivo para mejorar la situación de los más vulnerables.
Ahora para comprender verdaderamente las causas de este fenómeno en el país, tenemos que profundizar todavía un poco más en el argumento. Después de todo, la pregunta más importante a responder es qué y quiénes son los responsables por la inflación. Ahí aparece, entonces el déficit fiscal y los políticos que gastan más de lo que ingresan como origen del problema.
El déficit fiscal genera inflación porque, para financiar el desequilibrio de las cuentas públicas, el Banco Central emite dinero en exceso que pierde poder de compra. Durante el fin de la convertibilidad, la relación no fue tan directa, pero fue el déficit lo que hizo que la convertibilidad fuera insostenible, y fue eso lo que dio origen a la tumultuosa salida que originó el estallido inflacionario.
A diferencia de lo que sucede en el mundo tomado como un todo, la pobreza en nuestro país aumenta y  —como promedio— no baja del 29 % hace 32 años. Ahora contrariamente a los que muchos quieren hacernos creer, esta situación no responde a la implementación de “políticas neoliberales”, sino a algo muy distinto.
Es el gobierno, con sus planes demagógicos, el que genera déficit fiscal. Y es el déficit el que, a la larga, termina generando crisis económicas con estallidos inflacionarios.
El verdadero liberalismo económico exige un menor rol para el gobierno y cero déficit público. Si esa receta se hubiese seguido en nuestro país, nos hubiésemos ahorrado al menos 3 crisis económicas y hoy otros serían los temas de preocupación.
A la luz de estos datos debe quedar claro que el único responsable por la pobreza es el estatismo, y que solo alejándonos de sus recetas podremos dar vuelta esta negra página de la historia argentina.

(*) Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Artículo publicado en el blog de ESEADE el 15 de marzo de 2017