lunes, 27 de marzo de 2017

Por favor, papá, lucha por mi educación

Por Edgardo Zablotsky (*)
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"Los maestros toman nota: los niños no pueden tomar medidas para defender sus derechos"
Al igual que en años anteriores, el comienzo de las clases escolares tuvo lugar en medio de huelgas y movilizaciones de maestros motivadas por las habituales discusiones salariales. Nada nuevo, nada extraordinario. Después de todo, ¿qué mejor predictor de la llegada del otoño que los conflictos de los maestros que dañarán principalmente a los niños que tienen menos?
Sin embargo, esta mañana leyendo en los periódicos una noticia inusual me hizo pensar en la terrible realidad educativa que enfrentaba nuestro país: una huelga general de niños, decretada por sus delegados sindicales y demandada en medio de fuertes berrinches.
En una reciente entrevista radial, un niño de 10 años, miembro de uno de los sindicatos infantiles de la provincia de Buenos Aires, dijo que "no había otra alternativa que llegar a esta situación, dada la falta de respuesta de los adultos con respecto a su deseo de ir a la escuela"
Numerosos estudios del adolescente afirman en varios medios: "La falta de respeto a la Constitución Nacional, que en el artículo 75, sub-cláusula 22, incorpora la Convención sobre los Derechos del Niño, es un hecho vergonzoso". Ante el re-cuestionamiento de los periodistas, aclaró que "el artículo 28 de la Convención reconoce explícitamente el derecho del niño a la educación".
Algunos analistas predicen un escenario de crisis si estas reivindicaciones no son reconocidas, ya que varios grupos ya han decidido no ir a jugar, mucho menos comer o acostarse cuando sus padres lo requieran, y extender estas demandas por 48 horas, aunque la medida de fuerza puede extenderse aún varios días más .
En declaraciones extraoficiales surgió la posibilidad de grandes concentraciones de niños en las áreas de juego de las plazas, acompañados por sus padres, que se enfrentarían a la extorsión por sus amenazas de llorar durante la noche, sin respetar el derecho elemental de los padres a una noche de sueño después un día de trabajo. Probablemente algún juez tendrá que intervenir ante las presentaciones ya realizadas por algunos sindicatos de padres en defensa del mencionado derecho.
El conflicto se ha intensificado en la virulencia después de que las demandas de los niños aumentaron de tono, con grupos de familias muy pobres exigiendo el estricto cumplimiento del artículo 28 de la Convención sobre los Derechos del Niño, que estipula que el derecho a la educación debe posibilitarse en condiciones de igualdad de oportunidades.
"¿Cómo es posible hablar de igualdad de oportunidades?", Preguntó una niña muy pobre y de familia trabajadora. "Ya que voy a una escuela pública no tengo clases de nuevo debido a otra huelga por los sindicatos de maestros, mientras que en otras escuelas los niños tienen clases? Cuando crezca, no sabré lo mismo que los niños que tienen clase ", se quejó, balbuceando mientras lloraba.
Es hora de volver a la realidad. ¿Cómo es posible que en un país donde las huelgas y las manifestaciones callejeras son eventos cotidianos, nunca haya oído hablar de una gran demostración callejera de padres que exigen educación para sus hijos? Está claro que el sistema educativo ha hecho a los padres tan letárgicos que no perciben el daño que sufren sus hijos al no recibir una educación adecuada.
Es obvio que los niños no pueden tomar medidas de fuerza en defensa de sus derechos. Si nuestra sociedad no privilegia su derecho a aprender, nuestros hijos y adolescentes no tendrán futuro en la sociedad del conocimiento en la que desarrollarán sus vidas y nosotros, los adultos, seremos los únicos culpables.
¿Cómo podemos ayudarlos? ¿Cómo puede el gobierno proporcionar igualdad real de oportunidades para cada niño, sin tener en cuenta la situación económica de la familia?
Los padres que deciden enviar a sus hijos a una escuela privada deberían recibir un voucher por un monto equivalente al costo de educar a un niño en una escuela pública. El gobierno continuaría subsidiando la educación, pero los recursos serán asignados a los estudiantes en lugar de ir a las escuelas. El hecho de que los padres puedan elegir qué escuela es mejor para sus hijos los colocará en una mejor posición para exigir excelencia.
El sistema no dañaría a nadie salvo a los sindicatos de maestros. Ninguna familia se vería obligada a dejar de enviar a sus hijos a la escuela pública donde estudian actualmente. Si eligen otra opción, es porque piensan que la alternativa ofrece mejores servicios educativos, o una educación más adecuada para las necesidades, gustos o aptitudes de sus hijos.
Dada la realidad educativa argentina, es hora de que nuestro gobierno lo haga - ya no hay excusas para no proveer igualdad de oportunidades para todos y cada uno de nuestros hijos.

(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado el 24 de Marzo en el Buenos Aires Herald
(Traducción del Dr. Eduardo Filgueira Lima)