martes, 11 de abril de 2017

La naturaleza monetaria de la inflación

Por Javier Milei (*)

Los argentinos tenemos una extraña pasión por abrazarnos a ideas delirantes, y pese a que estas nos hunden cada día en un mayor nivel de miseria, pedimos profundizar el mismo camino señalando que no se han implementado de modo correcto o que el proceso no ha sido aplicado en forma completa. Una de esas ideas que nos acosan a diario es la teoría no monetaria de la inflación.
En este sentido, si existiera dicha posibilidad, lo primero que se debería probar es la existencia de inflación (aumento generalizado de los precios) en una economía de trueque (sin dinero). Naturalmente, si ello no se prueba y para derivar la existencia de inflación resultara necesaria la incorporación del dinero, entonces la inflación será un fenómeno monetario. Para ello, supongamos una economía que tiene solamente dos bienes: peras y bananas. A su vez, en función de las preferencias de los individuos y el nivel de sus dotaciones de recursos, una pera se intercambia por tres bananas. Esto es, para conseguir una pera, se deben entregar tres bananas a cambio. Por lo tanto, el precio de trueque de una pera es de tres bananas. Por otra parte, el precio de las bananas sería de un tercio de una pera.
Ahora bien, supongamos que toma lugar un cambio en las preferencias de los individuos que conlleva a una mayor demanda de peras de modo tal que el precio de las mismas pasara de tres bananas a seis. Al mismo tiempo, ello implica que el precio de las bananas en términos de pera ha caído a la mitad (de 1/3 a 1/6). Así, en una economía de trueque es imposible que haya un aumento general de precios, ya que por cada incremento en uno de los precios de trueque hay una disminución de otro. Por lo tanto, desde el punto de vista matemático, no puede haber un aumento general de precios de trueque.
Frente a esta imposibilidad de generar aumento generalizados de precios ahora podemos proceder a incluir el dinero. Una forma es pensarlo en términos de la utilidad del individuo, donde como en el caso de cualquier bien, en la medida que su cantidad aumenta, la utilidad crece pero de modo decreciente. De esta manera, frente a un conjunto de precios relativos dados, la inyección de dinero hace que la utilidad marginal del dinero caiga, motivo por el cual los agentes se desprenderán del mismo para comprar el resto de los bienes de la economía, por lo cual todos los precios de la economía medidos en dinero subirán. Esto es, la suba generalizada de todos los precios (dado lo demás constante) es factible solamente si hay un incremento en la cantidad de dinero.
Una visión complementaria a esta última radica en el valor de cambio objetivo del dinero, lo cual se denomina como poder adquisitivo del dinero. Además, si el valor de cambio objetivo de un bien es su poder para adquirir una cierta cantidad de otros bienes a cambio, su precio es esta cantidad de otros bienes.
En este sentido, la moneda es una mercancía que sirve como medio general de intercambio y por ende, su utilización penetra en todo el sistema económico. A su vez, el dinero tiene su propio mercado y su poder adquisitivo en particular viene determinado por cuatro factores: (i) la demanda y (ii) oferta de bienes y servicios no monetarios que se cambian por dinero y (iii) la demanda y (iv) oferta del propio dinero.
Así, estos cuatro factores se combinan para determinar el poder adquisitivo del dinero. Bajo el presente marco, cuando se incrementa la cantidad de dinero ofrecida, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que pueden obtenerse por unidad de esa moneda se reduce también. Esto es, el dinero, igual que cualquier otro bien de la economía, cuando la oferta sube más que la demanda, su precio (poder adquisitivo) bajará. Cuando aumenta la demanda de dinero, ello implica una menor demanda del resto de bienes y servicios, por lo que al caer sus precios, el poder adquisitivo del dinero sube. Por último, cuando aumenta la oferta del resto de bienes y servicios, sus precios deben caer, por lo que el poder adquisitivo del dinero aumenta.
Finalmente, vale recordar que ese engendro llamado teoría no monetaria de la inflación se basa en tres pilares: (i) el teorema de los precios relativos, (ii) inflexibilidad de los precios a la baja y (iii) un modelo de dinero pasivo. De este modo, si se produce un cambio de preferencias que induce a un cambio de precios relativos, si el precio que debe bajar no lo hace, frente a la posibilidad de que haya desempleo, el Banco Central emite para convalidar un mayor precio monetario del precio del bien que debe subir sin que caiga el que debe caer generando así inflación.
Sin embargo, sin convalidación monetaria, este fenómeno no tendría lugar, por lo tanto, como señalaba Milton Friedman, "la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario".
(*) Javier Milei. Economista Jefe de la Fundación Acordar. Artículo publicado en El Cronista el 11 de Abril de 2017