domingo, 16 de abril de 2017

Salutación a von Mises por sus 92 años de lucha por una buena causa

Por Henry Hazlitt (*)

(Reproducido por gentileza del Barron’s National Business and Financial Weekly, número del 1 de octubre de 1973, y con autorización del Dr. Henry Hazlitt.)
El sábado pasado se ha celebrado el 92° cumpleaños de Ludwig von Mises, el más grande de los economistas analíticos de esta generación. También ha sido uno de los campeones de la empresa privada y del mercado libre.
Esos 92 años fueron admirablemente fructíferos. La American Economic Association, al conferirle en 1969 el grado de Miembro Distinguido, lo ha reconocido como autor de diecinueve obras, contando únicamente las primeras ediciones, pero de cuarenta y seis si se consideran también todas las ediciones revisadas y las traducciones a otros idiomas.

Mises ha recibido otros honores en estos últimos años. Un doctorado honorario en leyes en el Grove City College en 1957, y otro en la Universidad de New York en 1963; un doctorado honorario en ciencias políticas en la Universidad de Friburgo en 1964. Se le dedicaron además dos FestschriftenOn Freedom and Free Enterprise (Acerca de la libertad y de la libre empresa), en 1956, con ensayos de diecinueve autores, y Toward Liberty (Hacia la libertad), obra en dos volúmenes publicada en 1971 en oportunidad de su 90° cumpleaños, con contribuciones de sesenta y seis autores.
Pero esas distinciones, aun consideradas en su totalidad, apenas parecen proporcionales a sus méritos. Si alguien ha merecido el Premio Nobel de economía, ese hombre ha sido Mises. Sin embargo, en los pocos años transcurridos desde la institución de este premio se lo ha otorgado a un puñado de “economistas matemáticos”, como se los denomina; es de imaginar que esto se debe en gran parte a que los legos responsables de su adjudicación sólo se impresionan por un alarde de ininteligibles ecuaciones matemáticas que consideran verdaderamente “científicas”, y quizás a que el hecho de premiar a los economistas fundamentalmente por su talento matemático los dispensa de tomar partido sobre los principales asuntos políticos y económicos de nuestro tiempo: mercado libre vs. controles y “planificación” gubernamentales, capitalismo vs. socialismo, libertad humana vs. dictadura.
Ludwig von Mises nació el 29 de septiembre de 1881 en Lemberg, que entonces formaba parte del imperio austrohúngaro. Ingresó en la Universidad de Viena en 1900, estudió con el gran Eugen Böhm-Bawerk y obtuvo su doctorado en leyes y en economía en 1906. En 1909 comenzó a trabajar como consultor económico de la Cámara de Comercio austríaca, puesto que desempeñó hasta 1934.
En 1913, después de la publicación en el año anterior de The Theory of Money and Credit (Teoría del dinero y del crédito), fue nombrado profesor de economía en la Universidad de Viena, cargo prestigioso pero honorario que retuvo durante veinte años. Su famoso seminario dictado en Viena atrajo, entre otros, a alumnos tan brillantes como F. A. Hayek, Gottfried Haberler y Fritz Machlup.
En 1934, previendo que Hitler se apoderaría de Austria, Mises partió, recomendando a sus discípulos que hicieran lo mismo. Primero se desempeñó como profesor de relaciones económicas internacionales en el Instituto para Graduados en Estudios Internacionales en Ginebra. Viajó a los Estados Unidos en 1940.
Para entonces Mises había escrito ya varios libros, entre los cuales se contaban tres obras maestras; sólo una de ellas había sido traducida al inglés: Socialism: An Economic and Sociological AnalysisSocialismo: Análisis económico y sociológico), de modo que era prácticamente desconocido en los Estados Unidos; como la ideología que estaba en boga en ese momento era el keynesianismo, cuya consecuencia era el New Deal, fue tachado de reaccionario.
Fue, pues, difícil para él conseguir un nombramiento académico. Volvió a escribir, esta vez, Omnipotent Government (El gobierno omnipotente), historia y análisis del colapso del liberalismo alemán y del ascenso del nacionalismo y del nazismo. Sólo en 1945 obtuvo el cargo de profesor visitante en la Escuela para Graduados en Administración de Empresas de la Universidad de New York; se desempeñó allí hasta 1969.
Aunque su producción es vasta y sumamente importante, nos limitaremos a considerar aquí dos de sus tres obras maestras: The Theory of Money and Credit (Teoría del dinero y del crédito), publicada por primera vez en alemán en 1912; Socialism (El socialismo), aparecida originalmente en alemán en 1922, y Human Action (La acción humana), originada en una primera versión alemana editada en 1940.
Las contribuciones de Mises a la teoría monetaria han sido demasiadas como para hacer una enumeración completa. Entre otras cosas, logró integrar la teoría del dinero en el gran cuerpo de la teoría económica general; hasta entonces habían estado separadas, casi como si no hubiera entre ellas relación alguna.
También reconoció las falacias contenidas en las proposiciones de los denominados monetaristas, a saber, que el “nivel de precios” podría o debería ser estabilizado por los dirigentes del gobierno, que cada año aumentarían la cantidad de dinero mediante el establecimiento de cierto porcentaje. Advirtió que la inflación no podía controlarse automáticamente; que a causa de sus cambiantes efectos sobre las expectativas, un aumento en la cantidad de dinero, en sus primeras etapas, tendería a aumentar los precios en forma menos que proporcional; en las últimas, de manera más que proporcional.
También rechazó el concepto simplista del “nivel de precios”, puntualizando que los aumentos en la cantidad de dinero no elevarían proporcionalmente todos los precios, puesto que el dinero adicional iría a parar a personas o a industrias específicas, elevando primero sus precios e ingresos. La inflación siempre tiene como efecto la redistribución de la riqueza y de las rentas de un modo que distorsiona los incentivos y la producción, crea injusticias evidentes y engendra descontento social.
Además, por primera vez aparecen en esta obra los rudimentos de una explicación satisfactoria de los ciclos económicos. Mises demostró que el auge y la depresión no eran en modo alguno inherentes al capitalismo, como reiteradamente afirmaban los marxistas, sino que más bien tendían a ser propios de las prácticas monetarias y crediticias prevalecientes hasta ese momento (y también, en gran medida, desde entonces). El sistema fraccionario de reserva bancaria, así como el apoyo proporcionado por los bancos centrales, promueven la sobreexpansión del dinero y del crédito, lo cual hace elevar los precios y bajar artificialmente las tasas de interés, dando origen a inversiones no rentables. Finalmente, y por muy diversas razones, la pirámide invertida del crédito disminuye o se derrumba, dando lugar al pánico o a la depresión.
El socialismo, de Mises, es una de las obras clásicas de nuestro tiempo, la crítica más devastadora que se haya escrito sobre este sistema, cuya filosofía examina el autor a partir de todos los aspectos posibles: su doctrina de la violencia, así como la de la propiedad colectiva de los medios de producción; su ideal de igualdad; la solución que propone al problema de la producción y de la distribución; su funcionamiento probable en condiciones estáticas y dinámicas; sus consecuencias a nivel nacional e internacional.
Es, con mucho, la mejor y la más aplastante refutación del socialismo desde que Eugen von Böhm-Bawerk publicó su memorable obra Karl Marx and the Close of His System[86 ] Karl Marx y el fin de su sistema) en 1898. Mises va aun más lejos. Mientras que Böhm-Bawerk se limita principalmente a examinar las técnicas económicas marxistas, él escudriña en todos los sombríos aspectos del sistema.
Su contribución más destacada fue el poner de manifiesto que el socialismo debe fracasar porque es, en esencia, incapaz de resolver “el problema del cálculo económico”. Un gobierno socialista no sabe cómo distribuir el trabajo, el capital, la tierra y otros factores de producción de modo de obtener las mayores ventajas sociales. Puesto que desconoce qué bienes se producen con provecho para la sociedad y cuáles con pérdida para ésta, no puede planificar cuánto habrá de producirse de cada bien o servicio.
En resumen, según Mises la mayor dificultad para la realización del socialismo es de orden intelectual. No se trata sólo de tener buena voluntad, ni de cooperar enérgicamente sin esperar ningún provecho personal. “Ni siquiera los ángeles, si hubieran sido dotados sólo con la razón humana, podrían formar una comunidad socialista.” El capitalismo resuelve este problema del cálculo económico mediante los precios y los costos monetarios de los consumidores y de los productores de bienes, fijados por la competencia en un mercado abierto.
El extinto Oscar Lange, economista marxista que más tarde formó parte del Politburó polaco, propuso una vez, sobre la base de este único logro, que los futuros socialistas erigieran un monumento a Ludwig von Mises. Lange dijo: “Su poderoso desafío impulsó a los socialistas a reconocer la importancia de un sistema adecuado de contabilidad para guiar la asignación de recursos en una economía socialista”. Por lo menos Lange reconoció la existencia del problema y creyó que lo había resuelto. De hecho, el único modo en que los socialistas pueden resolverlo es adoptando el capitalismo.
No podemos dejar de citar un pasaje de la última página de El socialismo, de Mises, que demuestra no sólo la fuerza de su razonamiento lógico sino también la profundidad de su percepción, el poder de su liderazgo intelectual y la asombrosa perspicacia con la cual juzgó el curso futuro de los acontecimientos hace más de cuarenta años: “Cada uno de nosotros lleva sobre sus espaldas el peso de parte de la sociedad, y nadie ha sido dispensado de su cuota de responsabilidad por los demás; nadie puede hallar una vía de escape para sí mismo si la sociedad se ve arrastrada hacia la destrucción. Por consiguiente cada uno, por su propio interés, debe participar vigorosamente en la batalla intelectual. Nadie puede permanecer indiferente; del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos. Cada hombre, independientemente de su elección, ha sido obligado a tomar parte en la batalla histórica, esa contienda decisiva en la cual nos ha precipitado nuestra época”.
El eminente economista francés Jacques Rueff dijo de él: “Aquellos que lo oyeron a menudo se asombraban de verse llevados por la fuerza de su razonamiento hasta límites a los cuales, debido a la timidez propia de la naturaleza humana, nunca habrían osado llegar”.
(*) Henry Hazlitt.  Filósofo y economista liberal estadounidense, y periodista del The Wall Street Journal, el New York TimesNewsweek y The American Mercury, entre otras publicaciones. Se le reconoce a Hazlitt el haber llevado la Escuela Austríaca de Economía a las audiencias de habla inglesa. Artículo publicado por el Instituto Mises Hispano el 13 de Abril de 2017