jueves, 20 de julio de 2017

El punto sobre la i

Por Arturo Damm Arnal (*)
“El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de los demás.” Alberto Benegas-Lynch
El liberalismo, según mi definición, en diez palabras: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”. El liberalismo, según la definición de Benegas-Lynch, en otras diez palabras: “Respeto irrestricto a los proyectos de vida de los demás”. Respeto a los derechos de los demás, respeto a los proyectos de los otros. ¿La esencia del liberalismo? El respeto a la libertad individual y a la propiedad privada, dos caras de la misma moneda, ya que la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual. La libertad individual tiene que ver con la posibilidad de elegir fines. La propiedad privada con la posibilidad de disponer de los medios para intentar el logro del fin elegido. Sin lo segundo (posibilidad de disponer de los medios para intentar la consecución del fin) lo primero (posibilidad de elegir fines), no pasa de ser un ejercicio sin sentido, un derecho ineficaz. La propiedad privada de los medios necesarios para intentar la consecución del fin elegido es la condición de posibilidad del ejercicio de dicha libertad. Si se ha de respetar la libertad individual se debe respetar la propiedad privada. En la misma medida en la que se limita la propiedad privada se limita, no la posibilidad de elegir fines (libertad de elección), pero sí la posibilidad de intentar su consecución (libertad de acción).
Libertad de elección: no hay algo (un dictador) o algo (una ley) que prohíba elegir. Se trata de la libertad en sentido negativo: no hay alguien, no hay algo, que prohíba la elección. Libertad de acción: el agente cuenta con los medios necesarios para intentar el logro del fin elegido. Se trata de la libertad en sentido positivo: el agente sí cuenta con los medios necesarios. La libertad de elección (libertad en sentido negativo) sin la libertad de acción (libertad en sentido positivo) es estéril, libertad de acción que supone la propiedad privada. El derecho a la propiedad privada es el derecho a la libertad individual para usar, disfrutar y disponer de lo que es de uno, con un solo límite: el respeto a los derechos de los demás. El derecho a la libertad individual es el derecho a usar, disfrutar y disponer de lo que es de uno, todo lo cual supone el derecho a la propiedad privada.
Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras, derechos que son (dado por descontado el derecho a la vida), el derecho a la libertad individual y el derecho a la propiedad privada. Respetar los derechos de los demás supone respetar, de manera total y definitiva, los dos derechos: a la libertad individual y a la propiedad privada, que son dos caras de la misma moneda, algo que no todos reconocen, convencidos de que se puede limitar el segundo (por ejemplo: cobrando impuestos con fines redistributivos), sin ocasionar ninguna afectación al primero, lo cual no es cierto.
Supongamos, para empezar, un estado anarcocapitalista, sin gobierno, sin impuestos, de tal manera que los ciudadanos disponen del 100 por ciento de sus ingresos para hacer con ellos lo que les dé la gana. Su capacidad en materia de libertad de acción es del 100 por ciento: pueden disponer del 100 por ciento de lo es suyo para intentar la consecución de sus fines. Supongamos, para continuar, un estado redistribuidor, con gobierno, con un impuesto del 50 por ciento a los ingresos de la gente, cuya capacidad en materia de libertad de acción es de solamente el 50 por ciento: pueden disponer solo del 50 por ciento del ingreso generado para intentar el logro de sus fines. Supongamos, para terminar, un estado confiscatorio, con un gobierno expoliador, con un impuesto del 100 por ciento a los ingresos de la gente, cuya capacidad en materia de libertad de acción es de 0 por ciento: no disponen de nada de su ingreso para intentar la consecución de sus metas. En los tres casos hay 100 por ciento de libertad de elección. En el primero hay 100 por ciento de libertad de acción, en el segundo 50, en el tercero 0. En este último caso, ¿de que sirve la libertad de elección?

Por ello, pongamos el punto sobre la i.
(*) Arturo Damm Arnal. Economista. Artículo publicado en "Asuntos capitales" el 19 de Julio de 2017